Si los ‘grandes’ tuvieran alma

Si esos que llaman los ‘grandes’ tuvieran alma, se preocuparían por asuntos como este. Sabrían que ser el primero en ganar en San Mamés tiene su historia. Que son cosas que crean afición, que se cuentan los chavales, que engrandecen las leyendas. Old Trafford y esas historias, ya saben, yo estuve aquí. Pero no. Real Madrid y Barcelona parecen tener bastante con mirarse al espejo mientras ponen morritos. El derroche habitual de suficiencia. En los primeros minutos de ayer, esa actitud de despiste general, de no saber dónde está uno, la pagó cara un Barça que es ya la última víctima del fortín de San Mamés. Una muesca más en un estadio que comienza a levantar la leyenda de su predecesor con la buena costumbre de coleccionar cabelleras. Se lo dije hace un mes, el fortín es sólido y nos deja ya en puestos de Champions. A falta de la última tribuna, podemos decorar la zona con las banderas ganadas en el campo de batalla: Celta, Betis, Valencia, Villarreal, Elche, Levante. Y Barcelona. Una más.

Qué bien suena el nuevo San Mamés. Ayer lo pusimos a prueba. Y funciona. Ahí abajo debe ser la leche. Cuando bota, vibra menos que antes la tribuna aunque algunos -bromean- prefieren no hacer más pruebas hasta que esté acabado. Esa fue otra de las claves. Que San Mamés comienza a ser San Mamés. Que empezamos a creérnoslo. Que comienzan a creernos.

Pero el gran mérito del partido de ayer, que no les líen, fue del Athletic. De su ambición desmedida, de su seguridad en sí mismo, del gran papel de Muniain, de Balenziaga, de Mikel Rico… de la mezcla explosiva que confeccionó Valverde. De la fe que transmite este equipo. Qué partidazo. ‘Beti’ -qué gran silencio- estará orgulloso.

Para la gesta, también hace falta una pizca de suerte, claro está, y esos diez minutos de despiste del líder que te permiten robarle el balón al comienzo y devolvérselo en el descuento. Fue un tú a tú toda la primera parte y, luego, mejor todavía. Acabó en 1-0 pero pudo ser más si Toquero cambia medio metro la trayectoria de su cabezazo. O si Muniain no se trastabilla en el área pequeña en la primera mitad.  Y qué más da. En un partido así se dan por buenas todas las agonías, hasta esos 20 minutos de infarto del final. ¿Saben cuál es un buen motivo para no ser del Barça? Poder ganarles en una noche como la de ayer. Son cosas que no se olvidan.

El fortín sigue en pie

Es un fortín extraño, de diseño, hecho a la manera del siglo XXI. Una fortaleza que ni siquiera ha necesitado que el perímetro se concluya para empezar a dar resultados. Allí, como es natural, el Athletic se siente como en casa y eso se nota. Y es que nadie ha logrado llevarse los tres puntos del nuevo San Mamés. Desde que el Celta sufriera la primera remontada, Betis, Valencia, Villarreal y Elche han tomado el autobús de vuelta sin el honor de la primera victoria. Cinco partidos en que sólo ilicitanos y chés han logrado sumar un punto. Tampoco fue diferente el arranque liguero en el exilio forzado de Anoeta, donde los de Valverde se impusieron por 2-0. Esa exhibición de entereza en su feudo es una de las claves de que el Athleic se mantenga donde está, aferrado a la zona alta de la tabla, con 20 puntos y gozando de la quinta posición.

En las próximas semanas, el fortín será puesto a prueba. El sábado que viene el Athletic recibe al Levante en un choque aparentemente asequible. El siguiente será el Barcelona. Superar esa cita con el líder brindaría a los rojiblancos un breve oasis de tranquilidad ante Almería y Valladolid y tomar aire antes de recibir al Real Madrid. Estaríamos ya en febrero y, de no haber perdido ningún partido todavía, San Mamés habría comenzado a levantar su leyenda antes aún de tener techo. Un hito en la historia de los fortines.

Primeras luces y sombras de San Mamés

San Mamés renació ayer de sus cenizas rodeado aún de los últimos escombros de su demolición. La historia dará cuenta de que fue un tal Charles quien marcó el primer tanto con la camiseta del Celta pero los bilbaínos recordarán el partido como la primera remontada. Ha arrancado la nueva era de la Catedral y la mayoría de los socios la hemos recibido como se merece: entusiasmados ante el espectáculo del que ya nos parece uno de los estadios más bellos del mundo y orgullosos de haber visto cómo se llenaban por primera vez los asientos rojos de sus tres tribunas. Como es natural, quién más y quién menos tiene ya en la cabeza algunos de sus puntos fuertes y dos o tres cosas que se pueden mejorar.

Lo mejor

La vistosidad del estadio. Es precioso. Puestos a resaltar la parte positiva de contar sólo con tres tribunas, el hecho de que quede abierto a la ciudad, como mirando a la ciudad y dejándose ver por ella, lo hace aún más hermoso. Tiene un aire británico. Aunque quienes quedan cerca del vacío no lo notan todavía, la mayor parte del estadio parece tener una gran sonoridad.

Lo peor

El gran número de socios que se mojarán esta temporada. Están los que pagarán media cuota pero hay más. Ayer mismo pude ver asientos mojados en muchas localidades que la pagarán íntegra, basta que llueva racheado. Y las goteras ‘riegan’ todas las gradas en mayor o menor medida.

Los que estamos cerca de la tribuna por construir, vamos a pasarnos el año mirando la predicción del tiempo. Para muchas personas de edad avanzada puede imposibilitarles, incluso, acudir al estadio.

Grandes lujos

Los ascensores, los amplios pasillos, el espacio entre asientos y el que se deja frente a ellos para facilitar el paso, el gran número de vomitorios, los bares modernos, la luminosidad y los servicios, de lujo, hacen la experiencia más agradable al visitante.

La distancia: una de cal y otra de arena

A algunos les preocupaba estar menos centrados en el nuevo campo. Seguramente fue uno de los motivos que animaron al club a reacrear en 3D en su web los asientos para poder mostrar que la situación sería similar a la anterior (en relación al centro del campo y a las áreas, por ejemplo). En la mayoría de los casos, la sensación es idéntica a la del estadio anterior.

Sin embargo, hay una pega: la distancia. Para todos los que tenemos una localidad en una tribuna alta, la distancia a los jugadores se ha ampliado notablemente. Se nota especialmente en las filas altas y en los que están más escorados. La nueva tribuna está a una altura sustancialmente mayor que la antigua tribuna principal, tal y como se podía ver durante las obras y debido, en parte, a ese anillo de palcos VIP. Esperemos, por cierto, que se rentabilice porque esa zona tiene una dimensión notable (allí están ahora la mayoría de los inquilinos de la tribuna que falta por levantar). Un apunte más: la antiguas tribunas altas eran un balcón que se echaba sobre el campo. Ahora están mucho más atrás. Nos acostumbraremos a la nueva distancia pero se nota.

Asuntos temporales

Los cambios siempre conllevan algunas incomodidades transitorias pero, cuando el resultado que comienza a verse es tan satisfactorio, quizá puedan pasarse por alto. Ayer se registraron largas colas para acceder al estadio en algunas localidades. Seguramente sean fruto del periodo de adaptación a los nuevos tornos y al despiste general. Es previsible, de cualquier modo, que mejore en pocas semanas.

El videomarcador queda bastante lejos del extremo opuesto del campo. Es posible que, cuando se acaben las obras, haya otro en el lado contrario. Sería muy recomendable ampliar hasta entonces las letras y dígitos para que sean visibles desde todo el estadio (el minuto de juego planteaba ayer buenos debates en algunas zonas). Fácil de arreglar.

Los accesos a San Mamés, por otro lado, funcionaron bien hasta ultima hora. Parece que la ubicación y las arterias que conducen al estadio podrán aglutinar el tráfico de las grandes noches. Ojalá sean muchas las que nos esperan en la nueva Catedral.

Agur, San Mamés, agur


San Mamés se confundió con el humo de los fuegos pirotécnicos y fue desapareciendo, poco a poco, en la bruma de la historia. Fue después de un paseo por su gastada pero buena memoria. Después de que leyendas como Iribar y Dani volvieran a vestirse las botas, llegaron a su césped las imágenes en vídeo de algunas de sus noches más célebres. Era un breve relato de su historia que recordaba los remiendos de un estadio centenario acostumbrado a reinventarse. Como una promesa cercana. La de una Catedral llamada a resurgir de sus cenizas después del verano.

Los gritos de “¡Athletic, Athletic!” de una afición siempre fiel le acompañaron en este viaje postrero. La música solemne del Agur Jaunak, que estremece al más templado. La voz de un niño que fue la de los 50.000 niños presentes. La voz de Bizkaia por un instante.

Luego se escucharon los cánticos eternos de nuestras gradas, la de Misericordia, la de Ingenieros. Y el contagio inevitable de las tribunas. También el guiño a Bielsa de una afición señorial. Pesaban más los 1.738 partidos juntos que el último resultado. “Athletic, beti zurekin” era ya un grito unánime. Y nadie quería o podía marcharse. Confundiéndose en la humareda, San Mamés penetró en el terreno de la historia. Se sintió como en casa. Siempre fue y seguirá siendo historia. Nuestra historia.

1998, centenario, Brasil… tiempos mejores

Eran otros tiempos. El Athletic cumplía cien años y el club había echado la casa por la ventana para celebrarlo. La directiva, encabezada por José María Arrate, llevaba meses haciendo gestiones para encontrar un rival a la altura de las circunstancias. Había precedentes memorables. Lertxundi había traído en la temporada 92-93 al Milan de Capello y una victoria épica local rompió la racha de 55 partidos sin perder del indiscutible rey del fútbol en aquel tiempo. Sin embargo, el anuncio del contrincante escogido no defraudó. Brasil, vigente campeón del mundo, viajaría a Bilbao diez días antes de arrancar el Mundial de Francia, donde defendía su título. Fue un inolvidable 31 de mayo de 1998. Había 500 periodistas acreditados. Canal Plus y ETB se hicieron con los derechos de un encuentro que pudo verse en 200 países. “Estuvimos un año detrás de ellos y al final nos salió”, reconocía Domingo Guzmán, entonces vicepresidente y el encargado de los actos del centenario. “Vamos a pasar un buen rato con el campeón del mundo”, resumía con gracia el técnico Luis Fernández. Guerrero, Etxeberria y Alkorta estaban convocados con la Selección. El brazalete de capitán recaía en un fino centrocampista de Deusto: Josu Urrutia.

Han pasado quince años. El Athletic busca rival para apagar las luces de La Catedral del fútbol. Su presidente, Josu Urrutia, anunció ayer que han elegido para el adiós de San Mamés a una selección de jugadores vizcaínos. Le acompañó en la rueda de prensa el presidente de la Federación Vizcaína, Iñaki Gómez Mardones, que agradeció a Urrutia que le llamara “ayer”. Se refería al miércoles, exactamente dos semanas antes de disputarse el partido de homenaje, aunque el máximo dirigente rojiblanco explicara que llevaban “meses” dando vueltas a esa idea. Se quedaba fuera el Nacional de Uruguay, que tan sólo convencía a uno de cada diez aficionados según una encuesta publicada el martes en elcorreo.com. “Nos molesta y nos sorprende lo sucedido. No nos lo esperábamos”, se lamentaban los uruguayos tras conocer la renuncia.

Tiene suerte, Urrutia. En otros clubes y en otras latitudes habría serias dudas sobre si se alcanzaría el lleno con ese cartel. Las colas para los últimos partidos y hasta para visitar el museo del Athletic dan muestra de lo que todos sabemos: está fuera de cualquier duda que se acabará el papel. La afición sigue dando ejemplo. Por eso duele este adiós de perfil bajo. “No es serio”, apuntillan los uruguayos. Quizá tampoco sea ‘;gure estiloa’;. O quizá es que los tiempos han cambiado. Pero el viejo San Mamés merecía otros honores.

Día de nervios para los socios: benditos sean los de Este

Hoy es el primer día para elegir localidad en el nuevo San Mamés. Los socios del Athletic han empezado a morderse las uñas y algunos no dejarán de hacerlo hasta dentro de tres semanas, cuando se conozcan los listados de quiénes han optado por el cambio de asiento y quién acepta el propuesto por el club. La intranquilidad de los primeros se alargará hasta que encuentren acomodo y, si me apuran, más allá, hasta que al comienzo de la temporada 2013-14 dejen caer su cuerpo cansado en su recién estrenada butaca. Qué momentazo.

La antigüedad de todos los socios del Athletic, desvelada hoy por el club -protegida por una cifra que guarda su privacidad-, nos ha deparado curiosidades como que quien más tiempo lleva sufriendo y disfrutando en ‘La Catedral’ lo hace desde el 1 de enero de 1.937, en plena guerra civil. Y que es además, un honor compartido con otro socio. Se puede comprobar también si las fechas memorables de la historia del club, dobletes y victorias épicas, llevaron a más vizcaínos a reservar su localidad. Hagan la prueba.

Pero, amén de las anécdotas, la mayoría piensa, repiensa y cavila qué hacer. Unirse con algún amigo o familiar, mejorar la localidad para ver mejor, cambiar a un asiento más asequible… o quedarse donde está y seguir compartiendo las pipas con el de al lado. Que más vale el compañero que abrazaste en la semifinal del Sevilla que amigo por conocer.

El club ha publicado también hoy los asientos libres que quedarán en cada tribuna. Benditos sean los de Este. En la parte alta hay casi tantos asientos ocupados como disponibles (3.493 por 3.254). En la zona baja la cosa cambia. Sólo hay 851 asientos sin dueño y casi 3.000 ocupados. En Tribuna Principal Alta la cosa estará complicada: 4.149 tienen dueño y hay 1.865 disponibles. En Sur Baja, en cambio, no se prevé que tengan demasiados problemas porque hay más asientos libres que ocupados (1.276 por 1.112). Por no hablar de la Preferencia Norte un paraíso donde los 1.172 libres duplican a los 520 ocupados. Siempre dando por sentado que la mayoría se ha hecho a su tribuna -alguno hasta habrá desarrollado un extraño sentimiento de pertenencia- y que los cambios de asientos tienen más que ver con reunir a la familia que con emprender el viaje a una nueva perspectiva del estadio. Pero quién sabe.

El Athletic anima a los socios con una gracieta en el marcador que ven en 3D: victoria 2-1 sobre la Juve. No se sabe si es un guiño al caso Llorente o el recuerdo de aquella noche aciaga de los 70 en que los italianos se llevaron la final de la UEFA en San Mamés. A la mayoría le da igual. Bastante lío tiene con saber decidir dónde sentarse.

¿Qué más puede pasar en el Athletic?

¿Qué más puede pasar en este equipo? Esa es la sensación que se respira entre los socios y la afición del Athletic después del verano más turbulento que se recuerda. Ayer por la mañana sonó el último aldabonazo. Una bronca de Bielsa a Llorente en el entrenamiento matinal que acabó con el delantero expulsado de la sesión preparatoria. Es una gota más que contribuye a diluir eso que hace décadas alguien tuvo a bien llamar nuestro estilo. ‘Gure estiloa’ era una amalgama de orgullos varios, tan difusos y a la vez indiscutibles como la siempre recurrente filosofía. Un cajón de sastre donde se mezclaban goleadas remotas y jugadores excepcionales con un señorío a la hora de actuar que debía compartir cualquiera que tomara asiento en La Catedral, no digamos ya si lo hacía en el sillón de Ibaigane o defendía la camiseta rojiblanca.

Así, uno no esperaba nunca encontrarse los trapos sucios del Athletic expuestos en el telediario. Para eso estaban el Barça y el Real Madrid con sus turbulentas negociaciones de fichajes, el Atlético y el Rayo con sus presidentes disparatados, las tormentas puntuales de otrora aspirantes al título como Dépor o Valencia. Broncas que nos sonaban a otra manera de hacer las cosas. Al final, nuestro estilo no era otra cosa que la suma de lo que no pasaba en el Athletic. Por eso, hay una creciente preocupación por la rapidez con que se está dilapidando ese legado. Tras una esperanzadora primavera, el verano ha resultado dramático. Tenemos expulsados en el entrenamiento, jugadores que piden a gritos cambiar de barco, entrenadores que se pegan con el encargado de las obras y saltadores de vallas en la madrugada de Lezama, entre otros. Es evidente que falta poner orden y eso siempre ha sido tarea del presidente, que se mantiene férreo en sus silencios. Ayer quizá debería haber mediado en una bronca que afecta al entrenador que decidió mantener a última hora y al delantero que no logró renovar. Un papelón. San Mamés dictó sentencia sobre el ‘caso Llorente’. Hubo algunos pitos y más aplausos. Es posible que Urrutia haya celebrado algún domingo no tener que saltar al césped para someterse, como antaño, al dictado de la afición. Lo suyo, ahora, es la asamblea de compromisarios, para la que faltan quince días. Cuando el barco hace agua, la tropa suele mirar al capitán y reclamar que tome las riendas. Algo tendrá que hacer.

Un pase muy sufrido

Se creía hace años que agosto era un mes en que había pocas novedades y pocas noticias. El mes de la tranquilidad, óptimo para marcharse con la sensación de que todo estará igual a la vuelta. Pero los tiempos han cambiado y las noticias inundan los Ipads y Iphones en mitad de las playas. Para el Athletic, no se puede decir que esta semana sea un ejemplo de paz veraniega. Tras un arranque de Liga que mezcló voces airadas con silencios inoportunos, e inmerso ahora en la complicada renovación de Fernando Llorente, se medía hoy al Slaven croata en su feudo. Un trámite. Habida cuenta del 3-1 de la ida en San Mamés, que se complicó tras el gol de los locales. Los de Bielsa parecían adormilados, como si la cita de pretemporada les hubiera sorprendido con la casa sin barrer. El técnico se había reservado a los internacionales Llorente y Muniain pero tuvo que echar mano de ellos en el descanso. Los croatas ganaban 1-0 gracias a un gol de falta y habían metido el miedo en el cuerpo a los rojiblancos sacudiendo el poste izquierdo de Iraizoz. Bielsa decidió virar el rumbo. En el descanso dejó en el banquillo a Toquero, Ibai y Ekiza y sacó a Galarreta para acompañar a Llorente y Javi Martínez.

Los primeros compases de la segunda mitad mostraron a otro Athletic. El gol de Muniain a pase de Llorente calmó los ánimos. Luego volvieron a adelantarse los croatas gracias a un disparo que se envenenó tras golpear en la pierna de un defensa. Un poco más de preocupación. Galarreta envió fuera una ocasión clamorosa en un contragolpe. Los croatas reclamaron una mano en el área rojiblanca. Y hubo un gol anulado al Athletic por fuera de juego. Sobró sufrimiento hasta el pitido final.

Será en el Calderón

Con el gol de Diego llegó la sentencia. Se nos escapaba entre los dedos la final de la Europa League. A muchos les dio por llorar. Y, sin embargo, nunca tuvimos tan buenas razones para recuperar el aliento y sacudirnos el desánimo. Sólo es necesario levantar la cabeza. Hacia los balcones, las ventanas, las fachadas de las instituciones, las puertas de los bares y los coches. Porque Bilbao sigue siendo el epicentro de la pasión rojiblanca. Ante la derrota en Rumanía, la villa invicta, engalanada y orgullosa de su equipo, también en los malos tiempos. Es esa comunión con nuestros colores la que enamora a los turistas y dispara la envidia de nuestros vecinos: es el ingrediente más único de nuestra receta a la hora de hacer fútbol.

El día de ayer, hasta bien entrada la noche, Bilbao se reconcilió con una estampa soñada tantas veces que resultaba familiar hasta para quienes no vivieron la última gabarra. Una ciudad donde cualquier callejón y una Bizkaia donde cualquier pueblo merece ser fotografiado para la historia. Con ese mismo ánimo y también con las mismas telas, nos mediremos al Barcelona en tres semanas. Porque esta fabulosa temporada no ha acabado. Porque nos vamos al Calderón a jugarnos la Copa con el mejor Barça de todos los tiempos. Una oportunidad con la que llevábamos soñando tres décadas, una ‘vendetta’ que esperábamos desde hace tres años, una carta al aire en 90 minutos para volver a sacar la gabarra.

Los que rondamos la treintena hemos debatido más de una vez si esta bendita quinta nuestra de parados y mileuristas llegaría a verla surcar la Ría alguna vez. Los mayores recordamos la última con ojos infantiles, pero muchos sólo han podido soñarla. Esta vez teníamos todo preparado para vivirla como la habíamos soñado tantas veces. Mantengan esa idea en la cabeza. Quizá lo logremos en veinte días y sea aún más épica de lo que nos atrevíamos a soñar. En pleno adiós de Guardiola y contra pronóstico.

A por la historia

Háganme caso. No se enfríen. Ya sé que el cielo se abrió con 0-1, que el 1-1 era muy bueno, que el 2-1 complica las cosas. Tengan fe, recuerdan que este Athletic de Bielsa emociona a nuestros mayores y eso era impensable hace muy poco. Que nos queda San Mamés,esa casa grande que compartimos. Y que allí será otra historia.

Marcó Aurtenetxe en un partido que no empezó fácil. Luego tuvimos esos diez minutos malos en los que el Sporting de Lisboa remontó. El palo de amorebieta y poco más. Acabamos el partido con prisas. Casi pidiendo la hora.

Si lo pensamos con calma, cuesta creer dónde estamos. A 90 minutos de otra final. Lejos de casa esta vez, en medio de Europa.  La oportunidad de hacer historia nunca estuvo tan cerca. Sólño una vez y enfrente estaba la Juve. Ahora será el Atlético. Es la nuestra.

elcorreo.com

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