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Google y la publicidad engañosa

2010 diciembre 2
por Borja Marcos

Voy a ser breve. Lo de la publicidad en Google es surrealista.

Se anuncia una cosa llamada “groupon” que pone perlas como ésta:
Con el pequeño detalle de que:
El “Aquarium de Bilbao” no existe. El más cercano es el de Getxo y me extrañaría mucho que hagan un descuento del 70 % en una entrada que es casi gratis, 3 euros.
Luego se sorprenderán de que se empiece a mirar con lupa su modelo publicitario.

Plañicultura

2010 noviembre 3
Es curioso. Debe ser cierto lo del síndrome de Peter Pan. Algunos no crecen ni a golpes. Y si no, que se lo pregunten a los próceres de la industria cultural, empeñados en agarrarse al famoso refrán “el que no llora no mama” cual lactante a un pezón. Por si fuera poco, más que agarrarse lo muerden con saña mientras lloran a moco tendido.
Los últimos en apuntarse a la llorada son, cómo no, el mundo editorial. Ahora están “alarmados” por la llegada del libro electrónico y sobre todo del iPad. Y es que hay algo que digieren muy mal: Los cambios.
Esto ya viene de lejos. Recuerdo que a principios de los 90, antes de la llegada del gran público a Internet, un buen día explicaba en Bilbao a una librera atónita que era ridículo pretender cobrarme 12.000 ptas por un libro que en Londres se vendía por 25 libras y que, para colmo, me dieran un plazo de 3 meses. Pidiéndolo yo mismo por fax o por teléfono a una librería inglesa lo recibía en casa en una semana. “¡Es es imposible!” llegó a decirme. Así estaban las cosas en el mercado del libro.
Y así están. De hecho creo que han ido a peor. En mi opinión la raíz del problema está en que la industria cultural, y especialmente la española, está muy mal acostumbrada. Eso de la globalización era cosa de otros. Dentro de un orden, claro. Si les sale más barato imprimir en China, ¿quién se lo va a impedir? Lo que desde luego hay que impedir a toda costa es que un traidor compre un libro fuera del chiringuito porque le sale más barato. ¿A dónde vamos a ir a parar?
Quizás el caso de España sea el más llamativo de los países de nuestro entorno. Creo que estamos a la cola de Europa en cuanto a conocimiento de idiomas. No hay más que ver el prodigio de gobernantes que tenemos, muchos de ellos funcionarios preparados para la ventanilla nacional y punto pelota. Fiel reflejo de la sociedad. Y esto, claro, crea un mercado cautivo fantástico. Sudamérica está muy lejos.
No voy a justificar de ninguna manera la caradura de muchos usuarios. Pero ¿alguien se digna venderme un capítulo de una serie? Si vivo en EEUU, sí. Si vivo en España, no. ¿Puedo comprar música en la tienda online de Amazon si vivo en España? No. Los ejemplos son incontables. Y no creo que sea porque a Amazon no le de la gana.
Es imposible afirmarlo con certeza, pero estoy convencido de que la pertinaz ceguera de la industria ha favorecido, y de qué manera, el desastre de piratería que hay ahora mismo. Porque, sí, ciertamente me parece un desastre. Aparte de las repercusiones económicas, tanto películas como música o libros se han devaluado enormemente. Y, perrillas aparte, esta trivialización me parece mucho más preocupante. La gente descarga de manera compulsiva cosas que en muchos casos nunca verá, leerá o escuchará. En el caso de los libros, la gente se los intercambia en paquetes de 1000. ¿Cuánta gente ha llegado a tener en su casa más de 100 libros? ¿Cuánta gente ha leído más de 50?
Sin embargo, parece que el mundo editorial ha sido incapaz de escarmentar en cabeza ajena. En lugar de ver el libro electrónico como una buena oportunidad para aumentar las ventas con unos costes muy reducidos, no. Es una amenaza.
Dicen que equipos como el iPad son una amenaza. Curioso. Precisamente, cuando salió el iPhone hubo gente de los círculos libertario-guays e incluso algún periodista que criticaban a Apple por “establecer una cultura del pago”. No recuerdo dónde, un periodista decía que “lo primero que tuve que hacer al activar el iPad fue dar un número de tarjeta de crédito”. Como si pagar por un programa fuera algo intrínsecamente malo. Caray, si incluso lanzaron simultáneamente una tienda de libros. ¿Hay algo accesible desde España? Pues no, solamente veo contenido en el dominio público.
Desde el mismo iPad maléfico se puede acceder sin problemas a la tienda de Amazon, Kindle. También estandarte de la “cultura del pago”. ¿Dónde están las editoriales españolas? Pues en ninguna parte, es decir, en una plataforma que han montado cuyo modelo no acabo de entender. Los únicos que sí parecen haberse dado cuenta de la oportunidad son los periódicos. A través de Kindle es posible suscribirse a los periódicos de Vocento, Prisa, Unidad Editorial… Yo diría que los editores de periódicos, que ya tienen más experiencia en estas lides, están identificando estas nuevas plataformas como oportunidades.
Desde luego, el libro electrónico ofrece ventajas para la editorial. No hay costes de impresión ni distribución. En el caso del Kindle y el iPad, equipados con conexión inalámbrica, se pueden comprar publicaciones de manera instantánea desde el mismo dispositivo. Se aprieta el botón y en cuestión de un minuto tenemos la publicación disponible. Nada de compras de impulso frustradas por no haber ejemplares disponibles. Y en el caso del iPad, hablamos del que de momento es el único dispositivo en esa categoría que los analistos llaman “media tablets”, con un 95,5 % del mercado según dicen (confieso no tener ni idea de cuál es ese 4,5 %). ¿Y no se han molestado en estar presentes en ese mercado? Demencial.
Con retraso, y mucho, varias editoriales han montado una plataforma de venta de libros digitales. Pero, fieles a sus viejas costumbres, juegan al “pa tí sí, pa tí no”, como no podía ser menos. ¿Existe alguna industria más que ande haciendo el indio con acuerdos comerciales como hace la industria cultural? Hasta la Comisión Europea dijo en su día que las restricciones intracomunitarias que impone la industria musical son contrarias al Tratado de la Unión. ¿Ha servido de algo? No, porque lloriquean como industria amenazada que dicen ser, y esperan saltarse la ley impunemente o, mejor aún, que les hagan una ley a medida que les sostenga la economía del chiringuito.
He dicho que escarmentar en cabeza ajena no es el fuerte de las editoriales, cierto. Pero hay algo que sí han aprendido de la industria audiovisual: sigue con tus chapucillas de chiringuito de siempre, y, eso sí, llora, llora mucho, que te darán la leche gratis. A este paso tener una impresora en casa, por la que ya hay que pagar canon, va a ser más peligroso que tener una vietnamita en tiempos de la dictadura.
En fin, deberíamos cambiar el nombre del Ministerio de Cultura. ¿Por qué no proponemos alternativas los comentarios, votamos el mejor y mandamos una propuesta?
Yo voto por “Ministerio de Plañidura”.

Bancos en Internet: Que Dios nos asista

2010 octubre 26
por Borja Marcos
Me ha sorprendido leer en Barrapunto que España es uno de los países en cabeza en cuanto a certificaciones CMM expedidas por el SEI. Cosa que, por otra parte, tampoco me sorprende mucho. Si hay algo que carateriza a este país, que ya retrató Larra a las mil maravillas, es la proliferación de burócratas y chupatintas con sus espantosos rituales.
Y en algo parecido se ha convertido el desarrollo de software, sustituyendo a los burócratas del manguito por legiones de encorbatados consultores, muchos de los cuales, manzanillos recién salidos del cascarón, están en realidad más cualificados para hacer consultas que para contestarlas.
Llama especialmente la atención el hecho de que España sea líder en calidad de software (de eso van las crípticas siglas que he estampado más arriba). O más bien lo que en determinados círculos se conoce como calidad. Todos sabemos que vivimos tiempos estúpidos y en lugar de llamar a cada cosa por su nombre nos encanta el nelingüismo. Cuanto más eufemístico mejor. Así, estos estándares de calidad tienen más que ver con una correcta y prolija cuenta de las horas y los recursos empleados que con su verdadera calidad.
Basta darse una vuelta por las noticias, foros y demás, y resulta que los temidos errores informáticos cada vez proliferan más. Afectando, cómo no, a la facturación (eso que los guays llaman “billing” aunque hablen en la lengua de Cervantes). Y, cómo no, siempre a favor de la empresa. Sea banco, operador de telefonía o compañía eléctrica.
Pongamos un ejemplo de calidad: ¿Qué clase de procedimientos de control tiene un banco como el BBVA para controlar las medidas de seguridad de sus páginas web? Pues parece que inexistentes.
El día diecinueve de septiembre del año del señor de dos mil diez de nuestra era, uno de los certificados de su güeb seguro caducó.
El día veintiséis de octubre del mismo año, el mismo certificado continúa plantado en el mismo sitio. Parece que nadie se ha enterado. Aunque con los suelos hipotecarios que se gasta esta peña, quizás es que ¡nadie ha querido mirar!
Parecerá una tontería, pero, en estos tiempos de phishing, es fun-da-men-tal que las páginas web de los bancos estén inmaculadas, limpias de polvo y paja. ¿Qué pasa si los clientes deben acostumbrarse a saltarse el aviso de seguridad de su navegador? ¿Cómo distinguirán el caso en el que se lo pueden saltar, del caso en el que no deben?
Surrealista.

Canon: solución sin demora

2010 octubre 21
por Borja Marcos
Con el más firme afán de impedir que La Música Se Muera™, desde aquí vamos a proponer una solución al problema que atormenta a nuestra excelentísima Ministra de Industria Cultural. Sólo falta que alguien con tiempo y ganas lo plasme en un vídeo. Estaré encantado.
Y si por casualidad llega a leerlo, espero que sea indulgente y recuerde que no soy guionista.
SECUENCIA
Plano de una sala de partos. Las espaldas de la matrona y el resto del equipo reclinados sobre una camilla. Se escucha la respiración trabajosa de la madre, y una máquina emite un PIIIINNNGGGGG de forma periódica. La matrona se agacha un momento y levanta algo con su mano izquierda, mientras con la derecha da una leve palmada. Se escucha el llanto de un niño.
Corte. Plano detrás de una de las enfermeras que observa cómo la matrona deposita al niño encima de su madre. La cámara sigue a la enfermera que se acerca, y examina la cabeza del bebé.
Plano de la sala de partos, mostrando otra vez al equipo alrededor de la feliz madre. La cámara se desplaza, alejándose y atravesando la puerta a través de una abertura ventana circular de cristal. Se adivina la silueta de un hombre vestido de gris encorvado sobre la ventanilla. Solamente vemos su espalda, en ningún momento mostramos su rostro. En este momento se ve a la enfermera del plano anterior girándose hasta mirar hacia la ventanilla, mostrando ambas manos, cada una con dos dedos levantados.
Corte. Plano de un formulario sobre una carpeta. El formulario lo sujeta el tipo siniestro que veíamos encorvado sobre la ventanilla. Se ve una mano rellenando campos del formulario, en el que se lee:
OREJAS: 2
OJOS: 2
TOTAL A PAGAR: 4000€
FIN

¿Microsoft y Adobe? Ni de broma

2010 octubre 8
por Borja Marcos
¿Se creería alguien el rumor de un romance entre Aznar y Fernández de la Vega? Seguro que no. Sin embargo, el rumor del día es que Metoosot y Adobe hablan de “fusión”. Todo porque sus respectivos consejeros delegados se han tomado un café. Ni de coña, me creería antes el primer rumor. Veamos por qué .
Lo único cierto y, es más, obvio, del rumor es que tanto Adobe como Metoosoft están más que preocupados por el poder que tiene ahora Apple. En Adobe no ha caído nada bien eso de que en Apple no les guste Flash. Aunque el verdadero problema es que a un buen número de clientes de Apple tampoco nos gusta. Y eso no fue cosa de ayer. En particular, un servidor lo considera un cáncer desde que vio la primera página perpetrada con Flash allá por el año 1997. Y obviamente tengo instalados flashicidas por todas partes
Entiendo que en Adobe estén moscas, por supuesto. Por si alguien lo dudaba, los dispositivos móviles son The Next Big Thing, como dicen algunos. Y el monopolio de las herramientas para crear molestos monigotes animados y “asonados” se les escurre entre los dedos. Tiene gracia además que Adobe, cuya pericia en el campo de la tipografía y los gráficos en general nadie discutiría, quiera de repente dedicarse a las herramientas de desarrollo pretendiendo vender como tales el maldito Flash. Empiezan a recordarme el refrán de “a quien sólo tiene un martillo, todo le parece un clavo”. Se las prometían felices, supongo. Pero en fin, que me desvío. En Adobe están enfadados.
Pasemos a los queridos “amigos” (de alguien) de Redmond. Contentos no estarán, de eso estoy seguro. Excepto en los videojuegos, donde parecen haber acertado con la Xbox 360, no consiguen nada en otros mercados. Me refiero por supuesto a los dispositivos móviles. No hay slates y el que al menos en enero vendieron como su socio estratégico, Hewlett-Packard, parece haberse apeado del burro. Con los reproductores de música han hecho el ridículo en stereo. Primero fue el “Plays For Sure”, que resultó no ser “sure” en absoluto, y después el Zune. ¿Teléfonos? No mencionemos la soga en la casa del ahorcado. Por cierto, su división de videojuegos tampoco se ha recuperado aún de las pérdidas, si no me equivoco.
Es cierto que Apple domina ahora mismo el mercado de los dispositivos móviles. No por su cuota de mercado en teléfonos, que no es tan grande como la gente imagina. Pero sí desde luego porque han seguido una estrategia realmente hábil: su plataforma es una y trina. iPod, iPhone, iPad. Y como quien da primero da dos veces, caso del iPad, y, de hecho, han puesto el listón altísimo, es fácil darse cuenta de que el viejo argumento de “el 99 % de los ordenadores llevan Flash” ya no es cierto ni de broma.
A diferencia de la iTrinidad, sin embargo, Microsoft ha quedado completamente fuera de juego con tres plataformas muy distintas. Sus tres “patas” van a ser distintas, parece. Windows Phone 7 Series (o como se llame la bicha, que el nombrecito tiene tela) para los teléfonos, Windows 7 (que no tiene nada que ver, aparte del número) para las slates y Zune no-se-qué en los reproductores Zune. Y no voy a contar el defenestrado “Kin”. ¡Toma sinergia!
A no ser que pretendan que los de Apple vayan de buen rollito dedicándose a regurgitar productos mediocres como el resto de la industria, está claro que la culpa es de Adobe y Microsoft. Adobe debería haberse olvidado de Flash hace tiempo. No se puede permitir que el WWW sea un rehén de una única compañía. Sobre Microsot, ¿qué decir? Desde un monopolio es muy fácil pisotear competidores como si de moscas se tratara. Pero cuando se trata de comparar productos y elegir, queda meridianamente claro que lo que están vendiendo es, como mucho, mediocre.
Asumiendo que lo de la reunión sea cierto, y no tiene por qué no serlo, lo que sí sería absurdo sería una fusión o incluso un acuerdo, digamos, hostil para Apple. Adobe no ganaría nada con ello. ¿Microsoft? Me extraña que se pongan a integrar compañías a estas alturas. Y más una como Adobe. ¿Qué podrían pretender ganar los dos?
Los de Adobe, sin duda, estarían encantados de seguir teniendo el monopolio con Flash. Los de Microsoft supongo que estarían encantados si se obrara el milagro y pudieran repetir en los dispositivos móviles el monopolio de Windows que tantas alegrías les ha reportado en el pasado, y que sigue cubriéndoles de dinero.
Ahora supongamos que hay acuerdo. ¿Haría un acuerdo que alguno de los dos deseos se cumpliera? Yo diría que no. Pero vamos a ponernos conspiranoicos. Voy a poner aquí debajo un auténtico disparate que, sin embargo, a más de uno le resultará plausible. Ver para creer.
Supongamos que, como dicen algunos en los foros de usuarios de Mac, Adobe-Microsoft (en adelante, Microsobe) amenazan a Apple con retirar el soporte a Mac para su afamada “suite” de programas, Creative Suite. Ojo, para esto no hace falta fusionarse. Al fin y al cabo el Mac es el ordenador del diseñdor gráfico, ¿no? Según esto los de Apple deberían asustarse mucho y ceder a las presiones de Adobe.
Podrían ocurrir dos cosas: que Apple incluyera Flash en iOS y, por tanto, los de Microsobe no retirasen el soporte de Mac OS X en CS, o que Apple no cediera y lo cumplieran su amenaza.
Veamos quién gana y quién pierde. En el primer caso, es decir, Apple cede y pone Flash, probablemente la parte “Micro” de Microsobe daría saltos de alegría. Las prestaciones y en especial el consumo de batería de los dispositivos de Apple quedarían en manos de Microsobe. En este tipo de puñetas Microsoft tiene mucha experiencia, de hecho. No son un socio nada recomendable. A los hechos me remito.
¿Realmente se asustaría Apple con tal amenaza, de producirse? Yo diría que no. En primer lugar, el número de usuarios de Mac ha crecido mucho en los últimos años. ¿Cuántos de esos usuarios son clientes de Adobe? Pues en porcentaje muchos menos que antes. El Mac ya no es solamente el ordenador profesional de diseño gráfico o preimpresión. Ese tipo de usuarios ahora son una minoría. En edición de vídeo y audio el mercado está muy repartido, y Adobe no tiene demasiado peso tampoco. Además, la última versión de CS ha salido hace no demasiado tiempo. Suponiendo que tarden más o menos año y medio en sacar un hipotético CS6, queda un año. ¿Haría bajar mucho las ventas de Macintosh? Yo diría que no.
¿Qué pasaría con los clientes de Adobe si CS6 soportara únicamente Windows? Pues sospecho que buena parte de ellos se quedaría con las versiones actuales en lugar de pasarse a la nueva, algo que les obligaría a cambiarse a Windows. Algunos lo harían, seguro. Pero ¿qué pasa con los que no? ¿Cómo justificaría Adobe la pérdida de ingresos ante sus accionistas?
No parece además una buena idea eso de abandonar un mercado fiel. Los de Adobe ya hicieron el experimento con el Premiere, su programa de edición de vídeo. Decidieron no soportarlo en Mac. ¿Qué pasó? Pues que Apple lanzó una oferta asesina para captar usuarios de Final Cut Express (100 euros con la compra de un ordenador nuevo) y Final Cut Pro. No me gusta ejercer de pitoniso, pero digo yo que aquello algo tuvo que ver con el éxito actual de Final Cut Studio.
Por supuesto, habría otro peligro, gravísimo para Adobe: ¿qué pasaría si apareciera un competidor? Por ejemplo Pixelmator es un programa muy barato en comparación con Photoshop. Ya se que no son lo mismo, pero ¿no sería lógico que los desarrolladores de Pixelmator o de otro editor se pusieran las pilas al ver la oportunidad? ¿Qué pasaría si Apple comprara Pixelmator? Además de Pixelmator hay en el mercado algún otro editor que promete. Resultado: Malo para Adobe. Perderían mucho más que Apple.
En realidad Adobe ya está en una posición al menos preocupante. Muchos de sus clientes fieles están hasta las narices del caos de Creative Suite. Se supone que en una “suite” hay cierta consistencia entre los distintos programas. En el caso de CS no hay consistencia alguna. Parece que cada uno tiene más o menos su grupo de desarrollo trabajando a su aire. Algo que sí recuerda a Microsoft, curioso. Yo en su lugar me pondría las pilas. Y rápido.
En fin, ¿que se han reunido? Pues muy bien. No me parece raro. ¿Que han hablado sobre Apple? No es nada raro. Para desgracia de sus competidores, están acaparando la atención de los medios con un éxito sin precentes.
¿Que van a acordar algo? Eso ya me extraña, y mucho. Microsoft, además, está proponiendo un competidor de Flash llamado Silverlight. Y en cualquier caso estoy seguro de que no confían demasiado en que triunfe. Por si las moscas, al hablar de su próximo navegador hablan mucho de HTML5 y H.264, y si no me equivoco nada sobre Silverlight.
Ahora a ver quién tiene razón. Por supuesto Microsoft y Adobe podrían hacer algo increíblemente estúpido. Pero hasta eso iría más allá de sus últimos patinazos. Mucho más allá.

La Asamblea de Majaras: “Fuera el PDF”

2010 octubre 1
por Borja Marcos

Y veo que no solamente no soy un exagerado cuando digo que el campo de la seguridad informática está en un estado calamitoso. Qué va. Soy un optimista incurable.

Vayamos a los hechos. Publica El Mundo que una conferencia de desarrolladores de virus, “Cientos de expertos en seguridad proponen acabar con el formato PDF” . Y encima tendrán agujetas de tanto pensar, los tíos.

Veamos. En primer lugar, por lo que veo se trata de una conferencia sobre antivirus. No veo que el tema de la conferencia sea la seguridad informática, sino la mitigación de los problemas. Un tema importante, sin duda alguna, pero ¿tiene mucho sentido que quienes se dedican a mitigar incidentes digan que “hay que cargarse tal o cual cosa” sin, además proponer alternativa alguna? Por cierto, había por ahí bastante personal de Microsoft pululando. Un porcentaje apreciable de los ponentes, de hecho.

Para el lector no familiarizado con estas guerras, voy a reescribir el titular. Imaginemos que, en una convención de fabricantes de vendas, los asistentes publican un comunicado llamando a la abolición de los vehículos con ruedas, porque los motoristas y los ciclistas con muy vulnerables en caso de accidente. ¿Me he salido del tiesto? Ni medio milímetro.

Pero vayamos por partes. Es bien cierto que el formato de archivos PDF está dando bastante guerra últimamente. Pero ¿es PDF intrínsecamente inseguro? Ésta es la primera pregunta que debemos hacernos.

La verdad, un par de chapuzas sí tiene. Los de Adobe han sufrido más de una vez el síndrome del árbol de navidad. Y al querer añadir tropecientas tontadas a lo que era un fantástico formato final para páginas impresas, independiente de la impresora (no es tan obvio como parece, que se lo pregunten a los sufridos usuarios de Word) la han liado.

Ahora bien, ¿tiene sentido condenar el formato? Vamos a verlo. Aunque PDF es un formato diseñado por Adobe, éstos no son los únicos proveedores de programas que manejan PDFs. Desde hace muchos años hay proyectos completamente independientes, como GhostScript , sin duda el más conocido.

Si revisamos el historial de alertas de seguridad relacionadas con el formato PDF, veremos que en general afectan al software de Adobe, y solamente al de Adobe. Pero, un momento, ¿no hemos quedado en que el PDF es un desastre? Si los problemas fueran inhrentes al formato, entiendo que afectarían a todos los fabricantes. Pero resulta que no. Me ahorraré el chiste fácil.

Según dicen, es un estándar muy grande, “como Flash” (que de estándar tiene lo que un servidor de lagarterana del planeta Vulcano). Y por eso “atrae la atención”. Ah, ya. Obvio. Cualquier cosa que la gente use suele llamar la atención de los amigos de lo ajeno, eso no es nada nuevo. ¿No ha habido problemas relacionados con otras cosas? Pues claro.

A la hora de decir una cosa como ésa, proponer la abolición de un formato, lo primero que hay que hacer es delimitar muy bien el origen del problema. Por lo que veo, hay un producto de un fabricante (Acrobat Reader, de Adobe) que tiene muchos problemas.

Es cierto, ha habido un problema de una gravedad extrema que afectaba al iPhone, precisamente en el lector de PDFs. Pero, de manera asaz sorprendente, casi nadie se enteró en su momento, retratando el asunto como un simpático fallito que permitía a los sufridos usuarios salirse del campo de concentración de la malvada Apple. Todo por la causa. Una leve morcilla en una antena y te crucifican. Un problema crítico en el software y a la gente le parece simpático. Pero me estoy yendo por las ramas.

Tenemos un fabricante con problemas, que es Adobe. Tampoco les voy a llamar chapuceros porque están sufriendo un problema subyacente del que hablaremos en otra ocasión. Pero en definitiva se trata solamente de uno. ¿Es peligroso usar el software de PDF de otros fabricantes? Pues yo diría que no. ¿Entonces? ¿En qué quedamos? Si el criterio es la popularidad me temo que habrá que cargarse todo, empezando por Internet, que la interoperabilidad es mala, mucho. Sobre todo para ciertos fabricantes de software.

En el artículo de El Mundo aparece otra perlita curiosa, así como de refilón. Hablan del desastre de Adobe comparado con los titánicos trabajos acometidos por Microsoft para exorcizar sus demonios. Titánicos han sido, es cierto. Que han mejorado su situación, y mucho, es un hecho, a Dios gracias. Pero tengo aún una mosca revoloteando en la oreja. Se suponía que las fantásticas medidas de seguridad de Windows Vista y Windows 7 imposibilitaban, realmente dificultaban, la explotación de fallos de seguridad. Pero ¿entonces? Si es así ¿por qué sigue siendo peligroso ejecutar Acrobat Reader, de Adobe, en Windows? No lo entiendo.

En el fondo, además, va siendo hora de cuestionarse por qué están ocurriendo estas cosas, y por qué un programador de aplicaciones tiene que preocuparse de la seguridad. Se supone que estas labores son del sistema operativo. Pero, ¡oh! Eso es un rollete academicista, “teoría” me dirá algún partidario de convertir las carreras universitarias en certificaciones de fabricantes. Mitiguemos y vendamos antivirus, anti intrusos, anti evasiones y anti leches.

Imaginemos un país con un grupo terrorista operando. ¿Qué diríamos si el gobierno, en lugar de tratar de desarticularlo, se limitara a pagar más escoltas y a regalar seguros de hospitalización e inculso mortuorios a las víctimas? Pues eso es lo que está ocurriendo. Ni más, ni menos.

Mi querido Vodafone, dos puntos

2010 septiembre 20

Esta vez voy a hablar de un tema particular, pero que en mayor o menor medida resultará familiar a cualquiera que alguna vez haya tenido que hacer un trámite con una operadora de telefonía móvil. Creo que no he visto nada tan kafkiano en mi vida, y eso que he visitad la Puerta de Tannhauser alguna que otra vez. Pero vayamos a los hechos.

Allá por principios de julio, una tía mía se rompió la cadera, por lo que tuvieron que ingresarle en el hospital. Dado que se iba a tirar unos días con la operación de la cadera, más quién sabe cuánto entre recuperación y demás hierbas, decidí que era una buena idea que tuviera acceso a Internet. Iluso de mí, decidí contratar un acceso de datos a través de Vodafone.

En primer lugar, el trámite fue de locos. A pesar de estar armado de la documentación de mi tía, unos extractos bancarios, alguna que otra factura reciente suya de Vodafone, su teléfono, y, en fin, todo, todo y todo, no había manera de que hicieran el trámite. Me decían que tenían que hablar con ella. Cosa muy complicada porque es muy sorda. Insistían además en que tenía que presentarse en persona en un distribuidor de Vodafone para hacer el trámite. Ya les dije que si teníamos que llevarle en camilla.

Tras unas cuantas horas de llame a este número, llame a este otro, se me ocurrió hacer el pedido a través de la tienda online. Mucho más sencillo, le di de alta a través de la tienda oline, pedí el cacharro con sus puntos, y bla, bla, bla.

Dos semanas después recibí por fin el cacharrillo que le había pedido, un MiFi. Pero, ¡ay! los caminos de Vodafone son tortuosos y kafkianos, y no nos ha sido concedido a los simples mortales el don de los trámites sencillos. No mandaban la tarjeta SIM para el contrato de datos asociado al cacharro.

Así que, vuelta a empezar. Llamada, por aquí, llamada por allá. Llame aquí, llame allá. Al final, otra vez, “tiene que presentarse en persona en una tienda”. Y de nada servía intentar razonar y preguntar qué hacen con los clientes enfermos, si los mandan al cuerno o qué.

Mientras tanto, que la historia tiene hasta sus hilos paralelos, se me ocurrió probar el MiFi con mi tarjeta SIM (de un contrato de datos que tengo con ellos) y, ¡lo que faltaba! Cacharro defectuoso. Una vez más el tortuoso camino del cliente tratando de resolver un problema. Llamé y me dijeron que pasara por un distribuidor de Vodafone. A Bilbao me dirigí, armado con todo el follón de papeles, el cacharrito, etc, etc. Y ¿qué pasó en el distribuidor?

a) Me dijeron que allí no, que llamara a otro número

b) Me cambiaron el cacharro.

Bien, ¿cuál será la respuesta correcta? La duda ofende. Eso tras una hora de cola porque coincidí con la majarada del lanzamiento del iPhone 4 y en la tienda había unos cuantos aspirantes a iPhonizados. Eso sí, al menos hice un contrato de datos para mi tía a mi nombre. Parece que no había otra forma.

Mañana del día siguiente. Me armo de valor y llamo al número del servicio técnico que me habían proporcionado. Allí pasé una media hora explicando por qué sabía a ciencia cierta que el cacharro estaba roto. Sencillo, resulta que tengo uno idéntico, que funciona, y éste con mi tarjeta SIM decía que si quieres arroz, Catalina. Convencidos de que la cosa no andaba bien, me dieron un número de caso y me comunicaron que me llamarían para recoger el cacharro defectuoso, lo estudiarían en su laboratorio, y me enviarían uno nuevo o el mismo reparado.

Y pasó un día.

Y otro

Y otro

Y otro

Y otro más

Y más

Y más.

Recibí una llamada, comunicándome que iban a mandar a la agencia de transportes a recogerlo y preguntando el horario. “Esto es una oficina y además hay personal de 7 de la mañana a 11 de a noche”, contesté. “De acuerdo, mañana pasará el mensajero”.

Y pasó otro día

Y otro

Y otro

Y otro más.

Y volvieron a llamar, interesándose por el paquete, explicándome que pasaría el mensajero. Ya les hice notar que en teoría eso iba a ocurrir la semana anterior. Pero en fin. Que vale, que pasaran, que aquí estaba con todo listo en posición de revista.

Y pasó otro día.

Y otro más

Y otro más

Y aún otro más.

¡Y por fin algo cambió! Pero esta vez dijeron que el de la agencia de transportes afirmaba haber estado en la oficina y que le habían dicho que el paquete no estaba preparado. Cosa complicada, porque al menos aún no me han diagnosticado doble personalidad.

Explicado el asunto a la amable señorita del servicio técnico, quedamos en que me mandaban al mensajero otra vez. No se, lo mismo era Miguel Strogoff viniendo a caballo desde Siberia, a saber. Porque aún pasaron varios días. Por fin el 11 de agosto llegó el mensajero. No iba a caballo sino en furgoneta, y tampoco tenia aspecto de cosaco. Le entregué el cacharro, lo metió en un sobre, y me entregó un Papel. Al cabo de pocos días recibí una llamada del “laboratorio” de Vodafone, confirmando que efectivamente el cacharro estaba roto y comunicándome que me enviaban otro “inmediatamente”.

El verano siguió su curso, y casi me había olvidado del asunto, porque afortunadamente tenía por ahí un pinganillo USB con el que mi tía está arreglándose. Hasta que, visto que ha pasado más de un mes desde que devolví el trasto, y no he vuelto a saber nada, me he armado de valor y he decidido llamar.

Iluso de mí, llamo al servicio técnico y tras 20 minutos de “deme el número”, “el código”, etc, me comunican que vaya a la otra ventanilla, o sea, a otro número de teléfono. Llamo al otro número, y, ¡tachaaaaaan! “No podemos hacer esta consulta porque tenemos una incidencia técnica, por favor llame más tarde”.

En fin, seguiré añadiendo cosas a esta saga, porque veo que aún no se ha terminado. No obstante, me gustaría proponer algunas reflexiones sobre este misterioso y truculento negocio de la telefonía móvil.

La primera: ¿Ustedes tienen una política de responsabilidad social corporativa? Porque me da la sensación, visto lo que ha pasado con mi tía, de que a los enfermos y minusválidos, literalmente, que les den pomada. Ni que decir tiene que en uno de los casos llegé a osar pasarle el teléfono a mi tía, 75 años, alemana, y bastante sorda, y, como era normal, fue imposible que se entendiera con los del centro de llamadas. Es absolutamente inaceptable.

La segunda: Tengo verdadera curiosidad por las condiciones laborales de su personal de atención al cliente. En total me he tirado unas cuantas horas al teléfono con ellos, fácilmente OCHO. Mi padre otras tantas. A no ser que el centro de llamadas esté en un campo de trabajo de Corea del Norte, esas horas de centro de llamadas tendrán un coste. Digamos 10 euros. ¿Les ha costado 160 euros estar al teléfono conmigo?

Si es así, sinceramente, háganselo mirar. Creo que sus últimos resultados económicos no han sido muy allá que digamos. Visto lo visto, no me extraña. Cualquier trámite elemental se convierte en sinfín de llamadas.

De momento, sepan que un cliente con 13 años de antigüedad se ha dado de baja y se ha ido con la música a otra parte. Y en cuanto mi tía vuelva a casa daré de baja, obviamente, el contrato de datos de autos.

Atentamente,

Borja Marcos.

¿Más iguales que otros?

2010 septiembre 5

No deja de sorprenderme el cinismo (o la estupidez) de la industria musical. La última lindeza, cómo no, es que ven a Google como su “salvador” frente al “monopolio” de Apple en la venta de música.

¿Monopolio? Pues sí que tiene gracia. Así a bote pronto hay varias opciones para comprar descargas de música en la red. Por ejemplo, Amazon y Yahoo.
Decidí probar con Amazon.co.uk, donde de vez en cuando pido libros y DVDs que, por cierto, están mucho más asequibles que en España.
Ni corto ni perezoso, busco un grupo que me gusta, selecciono un disco, lo añado al carrito, y, ¡sorpresa!
Lo que en la lengua de Cervantes quiere decir: “Lo sentimos, no podemos procesar su pedido debido a restricciones geográficas sobre el producto que desea comprar bla bla bla”.
Y digo yo: hace unos años los de la Comisión Europea abrieron una investigación sobre el mercado de la música, el cine y esas cosas, que por cierto son contrarias al tratado de la Unión. Pero parece que o no se atreven o les da igual.
Así que, ¿monopolio? Imagino que los de Amazon estarían encantados de venderme descargas, exactamente igual que venden DVDs, libros, y todo tipo de cosas de mil amores.
¿En qué quedamos? ¿Algún amable lector de la industria discográfica puede aclararme este punto? ¿Amazon se niega a vender descargas a España o son las discográficas las que se lo han prohibido?

¡Póngame una de pulpo!

2010 julio 31

Parece que desde el maldito mundial (reconozco que suscribo al 100% la frase que leí por ahí que dice “la profesión de futbolista está, sin duda, entre las que menos aportan a la sociedad”) la vida marina ha conseguido captar parte de la atención del público y, por ende, de la prensa. Por desgracia y como era de esperar (el fútbol es como una especie de rey Midas, pero no convierte las cosas en oro precisamente) la atención ahora se torna negativa. Me refiero, cómo no, al artículo publicado por el Sr. Zarracina en la edición de hoy de El Correo, con el desafortunado título de “Comida para Peces” .

Cierto es que empieza el autor, que supongo que se imagina una suerte de salón lleno de peceras de “bola” (eso sí son peceras, un acuario es otra cosa) dejando claro que la biología marina le interesa “a la plancha”, cosa por supuesto respetabilísima. Y una vez abierto fuego, empieza, claro está, la madre de todas las excusas: la de la rentabilidad. Económica por supuesto.
Aburre, y de qué manera, ver cómo se esgrime dicha “rentabilidad” a la hora de descalificar los equipamientos culturales, deportivos, transportes públicos… Yo no se qué idea tienen algunos sobre los impuestos y los servicios públicos. Quizás se imaginan que sería posible coger el dinero de los impuestos de unos años, montar unas cuantas infraestructuras bien gestionadas, y, al cabo, digamos, de un período de tiempo, lograr el perpetuum mobile: unos servicios públicos rentables, que no necesitaran de más inyecciones de dinero público, acabando con ello con la desagradable tradición de rendir cuentas al fisco. Una nueva edad de oro, vamos. Y dos premios Nobel para quien lo consiga, claro. El de Economía y el de Física
¿Cómo se mide la rentabilidad de un servicio público y, sobre todo, de un equipamiento cultural? Realmente es muy complicado. Intentemos, por ejemplo, medir la rentabilidad de una biblioteca o de una orquesta. ¿Son rentables? Económicamente es obvio que no. Desde ese punto de vista, una biblioteca parece la obra de un imbécil. Compra libros, los cataloga y conserva, y los presta GRATIS. Vaya un negocio. O veamos la rentabilidad de un campo de fútbol (más arriba está mi opinión sobre el particular). Porque el correteo detrás de la pelotita nos cuesta una pasta más avestrúcea que gansa. 60000 euros dicen que costó hace poco el acto de colocación de la primera piedra del nuevo estadio, nada menos. ¿2 meses de presupuesto del acuario?
Instalaciones como el Acuario de Getxo son sumamente importantes. En primer lugar, en estos tiempos que corren cualquier ciudadano se ve bombardeado constantemente por noticias relacionadas con el mundo de la ciencia. En muchos casos, y cada vez más, el ciudadano deberá además tomar decisiones. ¿Qué nivel de cultura científica debería tener la ciudadanía? ¿No sería deseable que el argumento del “científico de bata blanca” del anuncio de detergente que, armado con una gráfica “de ordenador” certifica la blancura de un par de bragas quedara como lo que es, una estupidez?
Aquí entra en juego la importancia de la divulgación científica. Es curioso como en este aspecto el país ha retrocedido tanto. Hubo un tiempo en el que se editó una enciclopedia en fascículos llamada “Fauna Ibérica”, inspirada por Félix Rodríguez de la Fuente y con un impresionante equipo de naturalistas como autores. Dicen que se vendieron muchísimos ejemplares, y además era necesaria una paciencia brutal. Creo que los fascículos se publicaron a lo largo de tres años. También un programa como “El Hombre y la Tierra” cosechaba una audiencia considerable. Hoy día las televisiones públicas prácticamente no producen nada de divulgación, aunque sí informan sobre la estupidez del fútbol y los cotilleos del famoseo, que sí debe ser “rentable”.
Cuando se habla de divulgación científica creo que a la mayoría de la gente le vienen a la cabeza las ciencias, digamos, “duras”, quizás documentales como “Cosmos” de Carl Sagan, que en su día también tuvo mucha audiencia. Y eso que en Cosmos, una obra monumental, no solamente se hablaba de “el espacio”, sino que tenían cabida temas como la biodiversidad, la evolución de la vida en la Tierra, etc.
Por desgracia, parece que la biología no acaba de entrar dentro de ese esquema. “No estudies biología, que con eso vas al paro”, le dijo una prima mía a su hijo hace unos años. Cuenta Freeman Dyson que, tras haber perdido varios años de su carrera científica en la II Guerra Mundial, Francis Crick le pidió consejo sobre la orientación de su futura vida profesional. Y Dyson le recomendó que no se dedicara a la biología, porque en los siguientes 20 años no creía que hubiera gran cosa en ese campo, mientras que en física la cosa prometía mucho más. Crick hizo caso omiso a Dyson y años más tarde obtuvo un Nobel por descubrir, junto a James R. Watson y Maurice Wilkins la estructura de doble hélice del ADN. Que no, no es nada de fútbol. Ni falta que le hace.
Mientras tanto, el bombardeo de mensajes relacionados con la biología y la ecología (me refiero a la ciencia, no al ecologismo, que siempre se confunden) crece cada vez más. El planeta se calienta (o no), el stock pesquero de la anchoa está bien (o mal), el atún rojo se extingue por la sobrepesca, dicen que la población de fitoplancton (algunas microalgas incluso son esféricas, otras no) ha descendido desde los años 50, no sabemos por qué parece haber más medusas pero podría deberse entre otros factores al descenso de población de sus depredadores, y, en fin, hay innumerables cuestiones relacionadas con estos temas que están atrayendo la atención de los medios y, ciertamente, del público.
Me parece que está meridianamente claro que es imprescindible que la ciudadanía pueda adquirir al menos cierta cultura medioambiental. En el pasado otras sociedades humanas ya se han ido al traste debido entre otros factores a esa falta de comprensión(1). ¿Vamos a repetir el error a pesar de tener a nuestro alcance más información científica de calidad de la que hemos tenido en toda la historia?
Aquí es donde entra la labor de instituciones como los acuarios públicos. Conviene hacer notar sin embargo, un hecho importante, y es que hay dos concepciones de lo que puede ser un acuario público. Algo así como la diferencia entre algunos documentales lamentables producidos por Discovery Channel o National Geographic y, por poner un ejemplo, las producciones de la BBC o el mismo “El Hombre y la Tierra”. Los hay que tienen filosofía más bien de parque de atracciones, centrándose en exponer delfines haciendo tonterías (lo que sí me parece un acto de crueldad) y mostrando seres vivos empaquetados en urnas de cristal más bien estériles, y con el morbo de “el ser más venenoso del mundo”, o “el más feo”.
Sin embargo hay otra categoría de acuarios públicos dedicados a la divulgación científica, de investigación e incluso de conservación. En estos centros es frecuente que, aunque quizás las exposiciones parezcan más modestas, “ohhhhhh, pero ¿no hay un tiburón grande aquí? ¡pues vaya decepción!”, se haga un esfuerzo considerable para reproducir un biotopo en la medida de lo posible. En estos mini ecosistemas que algunos llaman microcosmos, y que desde luego no tienen nada que ver con la concepción, quizás futbolera, de la pecera de bola, podemos incluso observar los comportamientos naturales de distintas especies marinas y sus interacciones.
Como dice la sabiduría popular, en el monte no todo es orégano. Y en el mar no todo son peces. De hecho constituyen una minoría del total de especies presentes en los mares. Es más, la diversidad de las formas de vida en el mar es impresionante. Y no sólo por las especies más impresionantes y espectaculares, sino por las más pequeñas y aparentemente insignificantes y las complicadas relaciones existentes entre ellas. No en vano la vida en la Tierra surgió en el mar y lleva un buen montón de años de ventaja en la carrera evolutiva, además de presentar una variedad tremenda de biotopos.
Eso es lo que se encuentra un visitante a un acuario dedicado a la divulgación como el de Getxo. Una serie de tanques donde en la medida de lo posible se han reproducido distintos hábitats marinos. De hecho, a pesar del reducido tamaño del centro, se puede pasar cerca de una hora en el interior tomándose las cosas con un poco de calma. Muchas especies marinas no se distinguen fácilmente a primera vista y algunos animales que, por mucho que diga alguien poco informado, sí disfrutan de la intimidad que requieren, no se muestran constantemente sino que salen y entran de sus escondrijos para buscar comida, delimitar sus territorios, etc. Y lo más interesante no es ver solamente los animales más familiares, los peces, sino todas esas formas de vida extrañas o aparentemente insignificantes que pueblan los mares. Es realmente apasionante.

Sobre las críticas animalistas a los acuarios públicos, casi ni merece la pena hablar de ellas. Los colectivos animalistas pueden tener sin duda muy buenas intenciones, eso no lo dudo. Pero ese empeño en “humanizar” a especies animales que poco tienen que ver con nosotros, por no hablar de las salvajadas que han hecho a veces, como liberar hurones (lo que puede tener un efecto nefasto sobre el ecosistema) no son lo que se dice acciones muy inteligentes. De todas formas, entiendo que las críticas animalistas se refieren más bien a los delfinarios.
Me alegra enormemente que tanto la Diputación como el Ayuntamiento defiendan a capa y espada el mantenimiento de la instalación. Tengo que decir que la Diputación lleva a cabo desde hace años una estupenda labor de divulgación científica del medio marino, y tienen editados dos libros fantásticos (los cito al final) que además se pueden descargar gratis de sus páginas web.
No obstante, sí hay un par de problemas que hay que solucionar. El más grave, y que además afecta directamente a su “rentabilidad” (si la medimos en cuanto a número de visitantes) es el tamaño de las instalaciones. Un museo de este tipo necesita determinada “masa crítica” para resultar atractivo. Simplemente la tienda del Acuario de San Sebastián (que, en mi opinión, está muy por debajo del nivel del de Getxo o el de Murcia) es casi tan grande como todo el Acuario de Getxo.
El otro problema quizás es el de la promoción. Muchos habitantes del municipio, quizás por el tamaño, quizás por estar en mal sitio, quizás por ambas cosas, nunca lo han visitado. No me canso de insistir a la gente para que vaya a verlo, y hasta ahora nadie de los que me han hecho caso me ha dicho que ha tirado los míseros tres euros que cuesta la entrada.
Quizás las instituciones podrían ponerse de acuerdo para abrir una nueva fuente de recursos turísticos que, curiosamente, pueden llegar a ser rentables. Me refiero al turismo “medioambiental”. Tenemos una reserva de la biosfera. Tenemos además una importante tradición marinera. ¿Por qué no impulsar instalaciones como la de Getxo, abrir alguna instalación más con una filosofía similar? Desde hecho se me ocurre un uso mucho mejor que otro Guggenheim para las antiguas colonias de Sukarrieta.
En fin, se trata de una importante inversión a largo plazo. Una inversión en potenciar de verdad la educación medioambiental. Es algo necesario, y, es más, creo que acabará siendo una cuestión de supervivencia.

Posdatas:

P.D: Sobre las sociedades humanas que se fueron al garete en el pasado en parte por factores medioambientales, “Colapso” de Jared Diamond, es una lectura imprescindible además de ser una mezcla apasionante de historia y ecología.
Los libros de la Diputación se pueden descargar en esta página . Se trata de “Flora y Fauna Submarina de Bizkaia” y “El Litoral Marino de Bizkaia”. Aunque si aún están en las librerías, merece la pena comprarlos. Su precio es ridículo.
Tengo amistades entre el personal del acuario. Pero mi opinión sobre el mismo no tiene nada que ver con esto. De hecho les he conocido por ser un visitante asiduo, impresionado por la labor que realizan.

El iPhone y el punto “G”

2010 julio 17
por Borja Marcos

Punto “g” de garete, me refiero. Si el usuario está en una zona con señal relativamente débil y pone el dedo en el fatídico punto, la llamada se puede cortar. Según la prensa, que últimamente parece contratar pulpos en lugar de periodistas, la cosa parece tremenda, una auténtica hecatombe. Y como ahora está “in” meterse con Apple (si yo fuera Jobs evitaría escrupulosamente pasar cerca de parques, colegios o niñódromos) ahora resulta que la cosa es una inmensa chapuza.

Parece que hay un clamor ensordecedor. Pero ¿de verdad? Quitando un puñado de blogs y los habituales moluscos de la prensa, parece no ser para tanto. Ayer Steve Jobs dio una conferencia de prensa que arrojó unos datos ciertamente estremecedores: poquísima gente (un 1,55% de los usuarios) ha llamado a quejarse por problemas de cobertura, y dicen que les han devuelto poquísimos. Incluso menos que en el caso del modelo anterior, el 3GS.

¿De qué se trata entonces? Vayamos por partes. Una de las grandes novedades del último modelo, el 4, es el diseño de la antena. Los teléfonos móviles actuales llevan la antena dentro, debajo de la tapa trasera. Apple sin embargo ha optado por algo diferente: han diseñado el teléfono en forma de dos “tapas” (una es la pantalla, la otra la tapa trasera) y entre ellas han situado un “marco” metálico, de acero inoxidable, que además resulta ser la antena. Antena que, recordemos, no es una sino trina: tiene que manejar la red inalámbrica y el Bluetooth (ambos están en las mismas frecuencias, así que valen por 1), el GPS, y la parte de móvil.

Y el punto “G” (de garete, insisto) se puede ver en la parte inferior izquierda de la foto. El marco de acero está dividido en dos elementos, y hay una separación de unos 2 mm. entre los dos elementos. Si se pone el dedo en el fatídico punto, el dedo conecta las dos antenas entre sí. El efecto, dicho en términos accesibles, es que la antena “se desequilibra” y eso reduce su rendimiento.

La solución parece ser utilizar una funda. Al rodear la carcasa no solamente se impide el contacto eléctrico; además se mantiene el dedo relativamente alejado de la antena, lo que previene el problema del “cortocircuito”. Lo entrecomillo porque no es necesario un cortocircuito estricto para causar problemas.

¿Podrían haberlo evitado con una capa de barniz, por ejemplo, de epoxy? Pues quizás no. La capa de barniz es fina, de unas micras, y seguramente no separa el dedo de la antena lo suficiente como para evitar que se produzca una capacidad parásita entre el dedo y la antena.

Se me ocurren dos soluciones: Reducir el perímetro del marco metálico, dejando, digamos, 2 ó 3 mm alrededor que se cubran con un plástico, de manera que la antena quede aislada y además el dedo juguetón se mantenga a distancia, o bien aumentar la longitud del “hueco G” hasta 1,5 cm. o algo así, y rellenar el espacio con una pieza de plástico. Todo esto, claro está, a no ser que vuelvan al diseño clásico de la antena debajo de la tapa trasera, pero dudo que hagan eso.

De todas formas, ¿realmente es tanto problema? Cuando la señal no es fuerte, no conozco ningún teléfono con el que no haya que prestar atención a la forma de agarrarlo. El vetusto Nokia 6021 que uso, GSM de los viejos, tiene problemas según a qué lado de la cabeza me lo pongo si estoy en una habitación de casa donde tengo una cobertura marginal. ¿El motivo? No, no tengo una placa metálica en el cráneo: necesita estar orientado hacia la puerta. Si interpongo la cabeza en medio, la señal se va.

Si realmente las quejas son tan pocas, el rendimiento es mucho mejor que en los modelos anteriores, y solamente tiene importancia en zonas con un nivel de señal bajo, yo diría que se trata de otro “hescándalo” (“h” intencionada) más de los que últimamente está de moda publicar.

Steve, pide audiencia al Pulpo Sapientísimo, y seguro que te rediseña la antena. No le des más vueltas. Y si no recomienda al personal que enrolle una de esas pulseritas detectoras de superdotados. Seguro que se “reequilibra” la antena.