Porque Puedo
Desde este blog he manifestado más de una vez mi opinión sobre el lamentable estado de la industria cultural y su completa desconexión de la realidad. A pesar de las oportunidades de negocio que presentan las nuevas tecnologías siguen empeñados en mantener sus corralitos decimonónicos y, contra el sentido común (o al menos el mío), aprovechan cada nueva tecnología para aumentar sus márgenes en lugar de mejorar sus ventas, cuando no la sabotean abiertamente. Incluso a pesar de que el cliente no es idiota y las ventas se desploman. Luego llega el llanto…
No obstante, no me parece de recibo esa estúpida tendencia que, torpemente disfrazada de altruismo, se hace llamar “cultura libre”. Digo “disfrazada de altruismo” porque no me refiero a ideas como el copyleft o Creative Commons, que son iniciativas realmente altruistas. El autor de una obra decide compartirla voluntariamente, está en su derecho. Y es algo realmente loable.
Pero ¿qué aporta, por ejemplo, a la realización de una película, el que uno de esos águilas rojas de la cultura libre (creo que buitre sería más acertado) haya ingerido una pizza o unas palomitas mientras la veía? Pues nada. Sin embargo, después de la pizza uno queda como muy guay y muy robinjú poniendo la peli en el emule y “compartiendo” la “cultura” con los desheredados. Si al final van a dar el Príncipe de Asturias de la Concordia a los emuleros. Tiempo al tiempo.
La cosa es para troncharse de risa, pero por no llorar. Eso es altruismo. Ante la mínima crítica al fenómeno, enseguida salen los que dicen que, total, no se trata de un objeto físico, no es como robarlo porque no se elimina de ningún sitio, y por tanto no pasa nada. Digo yo que, si tan etéreo es y tan poco valioso, será fácil hacerlo. Ahora es muy fácil y barato conseguir ( y ¡pagando!) equipo suficiente para hacer producciones de calidad con muy poco presupuesto. ¿Por qué no vemos centenares o miles de producciones compartidas, esta vez de manera verdaderamente altruista, por sus creadores? Porque están ocupados comiendo pizza y viendo las creaciones de otros que “compartirán” después.
Y es que éste es el espíritu en el fondo. “Comparto” porque puedo y porque me da la gana. Si a alguien le molesta, es su problema.
Por supuesto que la llamada Ley Sinde es torpe y además sumamente peligrosa en su espíritu: se ve que la Justicia ahora es una molestia innecesaria. De hecho, creo que es una ley muy reveladora. Nuestra clase política considera más que nunca a la ciudadanía como simple ganado en su cortijo. Ganado para marcar, ganado con el que comerciar, ganado que mandar al matadero. Tanto da.
Así nos va.
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gorjer
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Borja Marcos

