El secreto de Amazon
El rumor va cobrando cada vez más fuerza. Ya se da por hecho que Amazon va a desembarcar en España. Ya tocaba, desde luego, aunque éste es un país bastante atípico en eso de la venta de libros, sujetos a un precio marcado y sin margen prácticamente para moverlos.
Sin embargo, uno se queda de piedra leyendo la prensa. O no, dado que ya sabemos que el nivel es lo que hay. En cuanto un periódico tiene que publicar algo que no es fútbol o un dictado del partido político de turno, mal andamos. No hay más que ver lo que ha publicado El País sobre Amazon. Dicen que su estrategia es vender al mínimo precio, titulando el artículo “El Walmart de Internet“. Y se habrán quedado tan anchos.
La estrategia de Amazon, señores (ir)responsables de tiendas de comercio electrónico en este nuestro país no está tanto en el precio. Si uno rasca un poco, hay cosas que se pueden encontrar mucho más baratas.
Vamos a ver cuál es el estado de la cosa en este país, para hacernos una idea. Hace un tiempo quise comprar un libro agotado para un regalo. Concretamente, la edición del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce que editó Galaxia Gutenberg. Mi librería habitual no lo consiguió, por estar descatalogado. Llamé a la editorial para ver si tenían pensado hacer otra edición, y me comunicaron que lo suyo son las tiradas pequeñas, y que no suelen reeditar.
Visto el éxito me dirigí al siguiente recurso. Se trata de una plataforma llamada Iberlibro, que enlaza con los fondos de un montón de librerías. Es posible encontrar libros tanto nuevos como de segunda mano. Y es una maravilla, la recomiendo encarecidamente, porque hay un montón de libros criando polvo en las librerías. Hice una búsqueda, y apareció un ejemplar en una librería de Astorga, donde no he estado en mi vida. Hice el pedido y al cabo de unos días, efectivamente, recibí un paquetito con el libro en cuestión. Hasta aquí ninguna queja. Se notaba que era una librería más bien pequeña, y que vendían muy pocos libros por Internet.
Ya que ese libro es un regalo estupendo, incluso para gente con la que es difícil acertar, me decidí a buscar otro ejemplar para dejar en la nevera y salvar la clásica emergencia del cumpleaños sobrevenido. Es decir, despistado.
Hice otra búsqueda, y el buscador me dijo que Casa del Libro, en Pozuelo de Alarcón, lo tenía. Una vez más, pedido al canto. Pero la cosa se torció cuando al día siguiente (o algo así) me encuentro un mensaje de la librería diciendo que “no lo tenían en stock y lo habían pedido a la editorial”. De chiste, un libro agotado y descatalogado.
No hace falta decir que puse una queja en Iberlibro. Me devolvieron el dinero pasados unos días (porque encima me lo habían cobrado, y creo que la gestión de “adelante con el cobro” la hace la librería). Pero lo que me dejó de piedra (no voy a decir indignado, que ahora tiene sus connotaciones) es que, por curiosidad, seguí haciendo la misma búsqueda durante un tiempo y allí estaba La Casa del Libro, ofrecienciendo una vez más el mismo libro, en stock, disponible.
Por supuesto es más que posible hacer un pedido con tan mala suerte que el único ejemplar que queda, en una estantería, se venda. Casualidades de la vida. Y de hecho me lo puedo creer de una librería pequeña. ¿Pero de una cadena con todo teóricamente informatizado? Es surrealista. Y es aún más surrealista, si cabe, que a pesar de no tenerlo (y no tener posibilidad alguna de coneguirlo) siguieran anunciándolo en el sistema como “disponible, en stock”.
Ahora volvamos a Amazon. Y ojo, que recomiendo encarecidamente Iberlibro. ¿Cuál es el truco? El secreto más importante es hacer la experiencia de compra fácil y rápida. Recuerdo que, desde el comienzo, era de los pocos servicios web visibles desde cualquier navegador. En los primeros tiempos de esto del comercio electrónico, por ejemplo, había muchas tiendas que osaban decirle al cliente qué sistema operativo debía utilizar para comprar. Algo que siempre se me antojó tan ridículo como negarse a vender algo a un cliente por feo. Algo así como la Hacienda de Bizkaia, que sigue exigiendo Windows. La diferencia, claro está, es que con Hacienda te insultan por feo y encima te cobran. Con Amazon (o alguna otra librería de las primeras librerías de Internet) no recuerdo que nunca ocurriera algo así.
Hacer una búsqueda en Amazon es muy rápido. El buscador funciona muy bien. Teniendo una mínima idea de lo que se busca es trivial encontrarlo. Pero con eso no es suficiente. Nuestra heroica Casa del Libro también me devolvíó rápidamente el ISBN del Diccionario. El otro secreto de Amazon es manejar muy bien sus stocks y sus previsiones, y cumplir las estimaciones la mayor parte de las veces.
Hay excepciones, claro está, y puede pasar que sean incapaces de servir un artículo agotado. A mi me pasó con un CD de música que ponía un plazo de entrega de “2 ó 3 meses”. Nunca llegó. Periódicamente mandaban un mail diciendo que lo estaban intentando conseguir, hasta que pasado un tiempo cancelaron la orden de compra. Pero bien es verdad que no lo listaban como “disponible, en stock”, y por supuesto no lo cobraron, porque no lo hacen hasta que tienen el paquete listo para salir del almacén.
Y estos son los secretos, si es que se pueden llamar así. Hacienda se puede permitir ser prepotente y discriminarme por mi marca de ordenador. Quiera o no tengo que pagar. Pero ¿una librería, habiendo competencia? Es de idiotas. ¿Es de recibo hacer un pedido y no tener ni puñetera idea de cuándo saldrá, si es que lo hace? Bueno, quizás lo tenía cuando no había competencia. Hoy día suena un poco a chiste. ¿Tiene sentido que haga falta hacer acrobacias para usar el buscador, caso de FNAC, y después encontrarme el paquete tirado encima del felpudo, como me pasó una vez? Sin competencia, puede.
En fin, no todo es el precio. Amazon no tiene todo, debido a la gran cantidad de cosas que tienen puede ser complicado buscar algo recorriendo secciones, y de ninguna manera tienen todo al mejor precio, sobre todo en libros. ¿Se puede competir con Amazon o al menos evitar ser pisoteado? Sin duda. Basta con hacer las cosas con un mínimo de profesionalidad. En Europa conozco varias librerías online especializadas en determinados temas que funcionan (que yo sepa) muy bien. Y a veces a mejores precios que Amazon.
Caray, tantos años publicándose libros de técnicas de venta y cosas similares, y aún hay gente que imagina clientes llovidos del cielo con una férrea determinación por comprar. Los hay que no espabilan.

