Creo que se puede afirmar, sin ninguna duda, que la presentación de productos de Apple de hoy marca un antes y un después, que lo que hasta ahora ha sido un matrimonio muy mal avenido, el de la industria cultural e Internet, tiene al fin la posibilidad de llegar a una reconciliación, y encima ventajosa para ambas partes.
Últimamente habían circulado extraños rumores. Amazon y Google estaban tratando de poner en marcha un servicio de “música en la nube” y andaban inmersos (o más bien flotando panza arriba, sin conseguir sumergirse) en una complicada negociación de “acuerdos de licencia” para poder aplicar dicho servicio a la reproducción de música.
La cosa sonaba francamente surrealista. ¿Por qué iba a ser necesaria una licencia para que un usuario almacenara su música en un sitio remoto y accediera a ella a través de Internet? Por otro lado, la explicación parecía sencilla. En un mundo en el que la industria cultural considera que tiene el derecho de cobrar un impuesto de cualquier cosa relacionada con la música, no olvidemos lo que pasó cuando se lanzó el iPod, que las majors quisieron pedir un porcentaje de las ventas a Apple, parecía tener cierto extraño sentido. “¿Su servicio tiene que ver con la música? Pues en ese caso, pague usted porque a mi me da la gana”.
Sin embargo, tengo que decir que me he equivocado de plano. No se qué habrán estado negociando las discográficas con Google y Amazon, pero los términos del acuerdo con Apple son realmente sorprendentes. Y tengo que decir que, para variar, incluso surrealistas pero en el buen sentido.
En lo que respecta a la música, este nuevo servicio, llamado iCloud, se basa en algo muy simple: si he comprado tal o cual canción a la tienda de Apple y, lógicamente, ellos saben que la tengo, ¿para qué voy a tener que mandarla otra vez a los servidores de Apple? Basta con que ellos añadan su copia a mi almacén de música “en la nube”. Ahorramos un montón de recursos así, y tendré mi música accesible desde donde me plazca, sin problemas.
Hasta aquí, tecnicismos legales aparte, la cosa no debería tener demasiado misterio. De hecho, era lo que pensaba que estaban negociando Amazon y Google. Y tampoco entendía por qué iba a ser necesaria una licencia. Una vez más, en un espacio surrealista todo es posible a la hora de cobrar, claro.
Sin embargo, y ésta es la novedad, Jobs ha anunciado que habrá dos fuentes de las que se nutrirá la biblioteca musical del usuario en iCloud:
- La obvia, claro está, que son las compras en la tienda iTunes.
- La novedad: iTunes buscará las canciones ripeadas (disculpen el palabro) que el usuario tenga almacenadas en su disco, localizará el equivalente en iTunes (que es muy probable que las tenga casi todas), y por un precio de 25 dólares al año, da igual que sea una o 20.000, el usuario podrá disfrutar de esas canciones desde el servicio iCloud, como si las hubiera comprado.
Entiendo que la mayor parte de esa cuota irá a parar a las discográficas, claro está. Por otro lado, es fácil darse cuenta de que la discográfica podrá tener a cambio una estadística fiable de qué canciones son las más descargadas, etc. Estoy seguro de que Apple, siendo como son extremadamente respetuosos con la privacidad, no proporcionará datos pormenorizados por usuario, pero las discográficas sí sabrán que Shakira es más popular que el Art Ensemble of Chicago en los discos duros de los usuarios.
No me voy a meter con la legitimidad del pago, porque para algunos será un chollo y para otros lo será menos. En mi caso, por poner un ejemplo, lo que hay en mi biblioteca son canciones compradas en iTunes, copias de canciones de CDs que he pagado religiosamente, y grabaciones de conciertos en directo que he hecho con permiso de los músicos y que no están publicados en ninguna parte. Pero, en definitiva, música comprada y pagada. En cualquier caso, 25 dólares al año parece un precio más que razonable por un servicio que me permita disponer de mi música en la red.
Lo extraordinario es que esa segunda opción constituye de hecho la oferta de una pipa de la paz a los usuarios por parte de la industria musical, como esas regularizaciones fiscales sin penalización que se han hecho alguna vez. ¿Tiene usted un montón de canciones en su disco? Bueno, pues me conformo con cobrar un tanto al año, creo que más que razonable, y pelillos a la mar. Porque estoy seguro de que la mayor parte de ese dinero irá a parar a las discográficas.
Creo que, en definitiva, un servicio montado de esta manera es una buena oportunidad para que muchos usuarios que, a pesar de que las descargas de música por Internet tienen un precio razonable, se niegan a comprar por cabezonería o, como diría algún modernillo new-age, “mal karma”, se animen a enterrar el hacha de guerra y las cosas vuelvan a su cauce.
Veremos cómo evoluciona la cosa, y espero que otros servicios de música como Amazon y Google, que parecen (o parecían) estar en ello puedan alcanzar acuerdos razonables. Creo que ganaremos todos: creadores, industria cultural y usuarios.