Hace no mucho estaba en un bar con unos conocidos. En un televisor, siguiendo esa moda de “decoración en movimiento”, había puesto un documental de la BBC sin sonido en el que aparecían unos caballos. No le presté más atención. Al cabo de un rato resultó que el documental se convirtió en excusa para un tema de conversación. Y es que, según uno de los presentes, el documental estaba sesgado. ¿El motivo? En el mismo aparecían unas imágenes de caballos ¡pero ningún unicornio!
Y ayer observé reacciones similares al estreno del programa “Escépticos” en ETB2. Escrito y dirigido por Jose A. Pérez (conocido entre otras cosas por ser el autor del blog “Mimesacojea”, y presentada por Luis Alfonso Gámez, autor de “Magonia”.
El programa está basado en una fórmula, en mi opinión muy efectiva, que me recuerda un poco a los que ha hecho Richard Dawkins sobre la religión y la superstición. Se trata de localizar unos cuantos ejemplos y entrevistarles. A diferencia de los programas de Dawkins, no obstante, Luis Alfonso no aparece entre estupefacto e indignado, sino más bien como un encantador de serpientes que simula mucho interés y al rato parece estar a punto de partirse de risa. Y no es para menos, porque hay que ver cómo está el percal.
Y ahí está el problema que seguramente achacarán muchos al programa. Que es “parcial” porque han seleccionado las propuestas más majaras para poner al personal en ridículo. Seguramente, defienden estos críticos, hay profesionales serios de la homeopatía, las flores de Bach, la reflexoterapia, etc.
La realidad, sin embargo, es que ni de lejos han ido a por los objetivos más obvios. Los hay mucho peores. Y desde aquí animo a los críticos a que se informen por sí mismos. Sintonicen en su radio los programas en los que se da pábulo a todo tipo de charlatanes, tratándolos como si de Premios Nobel de ciencias se tratara. Programas en los que en absoluto se les trata de poner en evidencia. En definitiva, programas magufos “de prestigio”. Y que saquen sus propias conclusiones. Eso sí, hay una diferencia: en el programa “Escepticos”, tras dar cuerda al charlatán en cuestión se ofrece un punto de vista diferente, mientras que en el programa “paranormal” de turno el presentador se limita a asentir y alabar la extraordinaria erudición del entrevistado. ¿Cuál de los dos programas está realmente sesgado?
Como ejemplos sencillos, les puedo recomendar los podcast de “Espacio en Blanco”, programa que, curiosamente, programa nuestra radio pública con nuestros impuestos, y una revista absolutamente delirante. DSalud.
Escuchen, lean, comparen. Y quizás se den cuenta de que criticar a Escépticos por no sacar charlatanes serios es un disparate comparable a criticar a Rodríguez de la Fuente por haber ocultado a la audiencia la existencia del unicornio y el Monstruo del Lago Ness.
Desde este blog he manifestado más de una vez mi opinión sobre el lamentable estado de la industria cultural y su completa desconexión de la realidad. A pesar de las oportunidades de negocio que presentan las nuevas tecnologías siguen empeñados en mantener sus corralitos decimonónicos y, contra el sentido común (o al menos el mío), aprovechan cada nueva tecnología para aumentar sus márgenes en lugar de mejorar sus ventas, cuando no la sabotean abiertamente. Incluso a pesar de que el cliente no es idiota y las ventas se desploman. Luego llega el llanto…
No obstante, no me parece de recibo esa estúpida tendencia que, torpemente disfrazada de altruismo, se hace llamar “cultura libre”. Digo “disfrazada de altruismo” porque no me refiero a ideas como el copyleft o Creative Commons, que son iniciativas realmente altruistas. El autor de una obra decide compartirla voluntariamente, está en su derecho. Y es algo realmente loable.
Pero ¿qué aporta, por ejemplo, a la realización de una película, el que uno de esos águilas rojas de la cultura libre (creo que buitre sería más acertado) haya ingerido una pizza o unas palomitas mientras la veía? Pues nada. Sin embargo, después de la pizza uno queda como muy guay y muy robinjú poniendo la peli en el emule y “compartiendo” la “cultura” con los desheredados. Si al final van a dar el Príncipe de Asturias de la Concordia a los emuleros. Tiempo al tiempo.
La cosa es para troncharse de risa, pero por no llorar. Eso es altruismo. Ante la mínima crítica al fenómeno, enseguida salen los que dicen que, total, no se trata de un objeto físico, no es como robarlo porque no se elimina de ningún sitio, y por tanto no pasa nada. Digo yo que, si tan etéreo es y tan poco valioso, será fácil hacerlo. Ahora es muy fácil y barato conseguir ( y ¡pagando!) equipo suficiente para hacer producciones de calidad con muy poco presupuesto. ¿Por qué no vemos centenares o miles de producciones compartidas, esta vez de manera verdaderamente altruista, por sus creadores? Porque están ocupados comiendo pizza y viendo las creaciones de otros que “compartirán” después.
Y es que éste es el espíritu en el fondo. “Comparto” porque puedo y porque me da la gana. Si a alguien le molesta, es su problema.
Por supuesto que la llamada Ley Sinde es torpe y además sumamente peligrosa en su espíritu: se ve que la Justicia ahora es una molestia innecesaria. De hecho, creo que es una ley muy reveladora. Nuestra clase política considera más que nunca a la ciudadanía como simple ganado en su cortijo. Ganado para marcar, ganado con el que comerciar, ganado que mandar al matadero. Tanto da.
Así nos va.
El rumor va cobrando cada vez más fuerza. Ya se da por hecho que Amazon va a desembarcar en España. Ya tocaba, desde luego, aunque éste es un país bastante atípico en eso de la venta de libros, sujetos a un precio marcado y sin margen prácticamente para moverlos.
Sin embargo, uno se queda de piedra leyendo la prensa. O no, dado que ya sabemos que el nivel es lo que hay. En cuanto un periódico tiene que publicar algo que no es fútbol o un dictado del partido político de turno, mal andamos. No hay más que ver lo que ha publicado El País sobre Amazon. Dicen que su estrategia es vender al mínimo precio, titulando el artículo “El Walmart de Internet“. Y se habrán quedado tan anchos.
La estrategia de Amazon, señores (ir)responsables de tiendas de comercio electrónico en este nuestro país no está tanto en el precio. Si uno rasca un poco, hay cosas que se pueden encontrar mucho más baratas.
Vamos a ver cuál es el estado de la cosa en este país, para hacernos una idea. Hace un tiempo quise comprar un libro agotado para un regalo. Concretamente, la edición del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce que editó Galaxia Gutenberg. Mi librería habitual no lo consiguió, por estar descatalogado. Llamé a la editorial para ver si tenían pensado hacer otra edición, y me comunicaron que lo suyo son las tiradas pequeñas, y que no suelen reeditar.
Visto el éxito me dirigí al siguiente recurso. Se trata de una plataforma llamada Iberlibro, que enlaza con los fondos de un montón de librerías. Es posible encontrar libros tanto nuevos como de segunda mano. Y es una maravilla, la recomiendo encarecidamente, porque hay un montón de libros criando polvo en las librerías. Hice una búsqueda, y apareció un ejemplar en una librería de Astorga, donde no he estado en mi vida. Hice el pedido y al cabo de unos días, efectivamente, recibí un paquetito con el libro en cuestión. Hasta aquí ninguna queja. Se notaba que era una librería más bien pequeña, y que vendían muy pocos libros por Internet.
Ya que ese libro es un regalo estupendo, incluso para gente con la que es difícil acertar, me decidí a buscar otro ejemplar para dejar en la nevera y salvar la clásica emergencia del cumpleaños sobrevenido. Es decir, despistado.
Hice otra búsqueda, y el buscador me dijo que Casa del Libro, en Pozuelo de Alarcón, lo tenía. Una vez más, pedido al canto. Pero la cosa se torció cuando al día siguiente (o algo así) me encuentro un mensaje de la librería diciendo que “no lo tenían en stock y lo habían pedido a la editorial”. De chiste, un libro agotado y descatalogado.
No hace falta decir que puse una queja en Iberlibro. Me devolvieron el dinero pasados unos días (porque encima me lo habían cobrado, y creo que la gestión de “adelante con el cobro” la hace la librería). Pero lo que me dejó de piedra (no voy a decir indignado, que ahora tiene sus connotaciones) es que, por curiosidad, seguí haciendo la misma búsqueda durante un tiempo y allí estaba La Casa del Libro, ofrecienciendo una vez más el mismo libro, en stock, disponible.
Por supuesto es más que posible hacer un pedido con tan mala suerte que el único ejemplar que queda, en una estantería, se venda. Casualidades de la vida. Y de hecho me lo puedo creer de una librería pequeña. ¿Pero de una cadena con todo teóricamente informatizado? Es surrealista. Y es aún más surrealista, si cabe, que a pesar de no tenerlo (y no tener posibilidad alguna de coneguirlo) siguieran anunciándolo en el sistema como “disponible, en stock”.
Ahora volvamos a Amazon. Y ojo, que recomiendo encarecidamente Iberlibro. ¿Cuál es el truco? El secreto más importante es hacer la experiencia de compra fácil y rápida. Recuerdo que, desde el comienzo, era de los pocos servicios web visibles desde cualquier navegador. En los primeros tiempos de esto del comercio electrónico, por ejemplo, había muchas tiendas que osaban decirle al cliente qué sistema operativo debía utilizar para comprar. Algo que siempre se me antojó tan ridículo como negarse a vender algo a un cliente por feo. Algo así como la Hacienda de Bizkaia, que sigue exigiendo Windows. La diferencia, claro está, es que con Hacienda te insultan por feo y encima te cobran. Con Amazon (o alguna otra librería de las primeras librerías de Internet) no recuerdo que nunca ocurriera algo así.
Hacer una búsqueda en Amazon es muy rápido. El buscador funciona muy bien. Teniendo una mínima idea de lo que se busca es trivial encontrarlo. Pero con eso no es suficiente. Nuestra heroica Casa del Libro también me devolvíó rápidamente el ISBN del Diccionario. El otro secreto de Amazon es manejar muy bien sus stocks y sus previsiones, y cumplir las estimaciones la mayor parte de las veces.
Hay excepciones, claro está, y puede pasar que sean incapaces de servir un artículo agotado. A mi me pasó con un CD de música que ponía un plazo de entrega de “2 ó 3 meses”. Nunca llegó. Periódicamente mandaban un mail diciendo que lo estaban intentando conseguir, hasta que pasado un tiempo cancelaron la orden de compra. Pero bien es verdad que no lo listaban como “disponible, en stock”, y por supuesto no lo cobraron, porque no lo hacen hasta que tienen el paquete listo para salir del almacén.
Y estos son los secretos, si es que se pueden llamar así. Hacienda se puede permitir ser prepotente y discriminarme por mi marca de ordenador. Quiera o no tengo que pagar. Pero ¿una librería, habiendo competencia? Es de idiotas. ¿Es de recibo hacer un pedido y no tener ni puñetera idea de cuándo saldrá, si es que lo hace? Bueno, quizás lo tenía cuando no había competencia. Hoy día suena un poco a chiste. ¿Tiene sentido que haga falta hacer acrobacias para usar el buscador, caso de FNAC, y después encontrarme el paquete tirado encima del felpudo, como me pasó una vez? Sin competencia, puede.
En fin, no todo es el precio. Amazon no tiene todo, debido a la gran cantidad de cosas que tienen puede ser complicado buscar algo recorriendo secciones, y de ninguna manera tienen todo al mejor precio, sobre todo en libros. ¿Se puede competir con Amazon o al menos evitar ser pisoteado? Sin duda. Basta con hacer las cosas con un mínimo de profesionalidad. En Europa conozco varias librerías online especializadas en determinados temas que funcionan (que yo sepa) muy bien. Y a veces a mejores precios que Amazon.
Caray, tantos años publicándose libros de técnicas de venta y cosas similares, y aún hay gente que imagina clientes llovidos del cielo con una férrea determinación por comprar. Los hay que no espabilan.
La noticia saltó por fin ayer por la noche. Tras una larga batalla con sus graves problemas de salud, Steve Jobs ha renunciado a su cargo de consejero delegado de Apple, pidiendo al consejo que le permita continuar como presidente y proponiendo a Tim Cook como sucesor en el cargo. Al poco tiempo se sabía que el consejo votó a favor de ambos nombramientos. Cosa, por otro lado, nada sorprendente. Cook era el delfín por excelencia.
Detrás queda un auténtico culebrón que ha mostrado con una claridad verdaderamente diáfana los grados de estupidez a los que puede llegar la prensa, el mundo de la bolsa, los analistas… Los mismos que discutían cada una de las controvertidas decisiones de Jobs al frente de Apple lo consideran al mismo tiempo no sólo el alma, sino el cuerpo de Apple. Como si el resto de los empleados no hiciera nada.
Esto, por supuesto, coincide con la mentalidad párvula de los periodistas en general. Adoran, como si fueran críos, la imagen del superhéroe solitario. Supongo que más de uno imaginaba a Steve Jobs programando Mac OS X a las tantas de la madrugada, cortando bloques de aluminio con los dientes para construir un prototipo del iPod… Sólo falta que perpetren una película con Kevin Costner de protagonista, con el clásico plano oteando el infinito con rostro grave subido a una antena de telefonía móvil. Quizás es que vemos demasiado la tele y leemos demasiada literatura barata con personajes obvios, no lo se.
De Steve Jobs, desde luego, se puede decir que ha revolucionado completamente el mercado de la informática y el de la electrónica de consumo. Antes de la llamémosle segunda venida de Apple, el mercado informático estaba en un estado de ruina absoluta. Los fabricantes de PCs se limitaban a producir máquinas como churros, sin ningún tipo de mejora o avance aparte de los propios de los procesadores, y todos empleando el mismo sistema operativo, sistema que a mi siempre me pareció un triste artículo de broma. No había ningún tipo de incentivo para salirse de la norma.
Unos años después del regreso de Jobs, sin embargo, Apple comenzó a despertar. Más bien el mundo se enteró de que Apple había despertado, porque, en su línea, como diría John Gruber, estaban ejecutando una compleja estrategia a largo plazo. Apple no es una compañía de bandazos, decisiones no más allá del siguiente trimestre o control de daños. Es una compañía que planifica y ejecuta estrategias a largo plazo, y lo hace con una determinación que da hasta miedo. Que se lo pregunten a sus competidores.
El que es sin discusión el mejor sistema operativo para computadores personales, Mac OS X, comenzó a gestarse a finales de los años 80 en NeXT. Yo utilicé uno en esos tiempos, y reconozco en Mac OS X montones de detalles que ya se apuntaban en 1990, ¡hace 20 años!. ¿Qué decir del iPad o el iPhone? Mientras todo el resto de fabricantes ha pretendido lanzar al mercado productos competidores paridos en cuestión de meses, con el resultado que cabía esperar, por otra parte, detrás de los productos de Apple hay un buen número de años de trabajo en el más riguroso secreto. Y seguramente no pocos prototipos se han quedado en el camino por no estar suficientemente maduros.
Tras el estreno de “El Hombre que Nunca Estuvo Allí” entrevistaron a su director de fotografía, Roger Deakins. En la entrevista explicaba que el gran reto para un director de fotografía es decidir qué es lo que no se va a ver en el plano. Y a lo largo de los años y con el diseño de algún producto a mis espaldas yo mismo he aprendido una importante lección: saber descartar características o incluso productos completos es una de las habilidades clave. Hay que saber decir “no”. Y según dicen, en eso Jobs ha sido un auténtico maestro.
No obstante, insisto, es un error pensar que el indudable éxito de Apple es obra solamente de un único personaje “kevincostneriano”. Por supuesto, alguien ha tenido que tomar las decisiones más difíciles, ha tenido que poner la cara delante de los inversores y pegar no pocos puñetazos sobre la mesa. Y ése ha sido Jobs. “Nosotros no contratamos consultorías”, dijo en una entrevista que cité en otro artículo. Y no creo que haya habido un empresario que haya ido más en contra del consenso de los gurús del cortoplacismo y la chapuza.
Dudo muchísimo que la retirada de Jobs (que por lo que parece va a seguir activo como presidente, no obstante) tenga algún efecto al menos a medio plazo sobre Apple. Por supuesto, los inversores y analistas bursátiles se asustarán como siempre. Pero hablamos de los mismos analistas que llevan años ejerciendo de “cassandros”, criticando todos los movimientos de Apple y anunciando su inminente autodestrucción.
Los inversores sabrán lo que hacen. Francamente, apostarse el dinero a la suerte de una única persona me parece de idiotas. Sorprendentemente, parece que muchos lo han hecho con Apple, dadas las reacciones que produjeron sus problemas de salud. Pero al final los hechos han hablado por sí mismos, y aun con los problemas de salud de Jobs Apple ha subido como la espuma. Y no me refiero solamente al valor en bolsa, que todos sabemos que es muy relativo. Ya han superado en beneficios a Microsoft.
Una de tantas cosas que ha hecho Jobs en Apple, además de centrarse en desarrollar los mejores productos posibles, ha sido rodearse de un extraordinario equipo humano. Equipo al que hay que atribuir buena parte del gran éxito de sus productos. Ese equipo, según parece, sigue ahí. Y estoy seguro de que la cultura empresarial cultivada por Jobs en Apple va a continuar durante mucho, mucho tiempo. Por supuesto, estoy seguro además de que aún queda mucha estrategia a largo plazo sin ejecutar.
Pero en fin, hagan sus apuestas. Yo lo tengo claro.
La homeopatía es una soberana estupidez. Pero ¿cómo explicar por qué? En ocasiones es complicado y requiere de bastante tiempo y paciencia. No todo el mundo está familiarizado con la termodinámica, la estructura de la materia, la teoría de la información y la biología. Así que desde este modesto blog voy a proponer una nueva iniciativa: “La homeopatía explicada a…” Y comenzamos con la informática, que es (al menos para mi) el ejemplo más sencillo y además el eje central de este blog.
Los potingues homeopáticos (en adelante, homeojunjes) se preparan de la siguiente manera:
1- Se toma una sustancia, a la que denominan “principio activo” y se disuelve en un disolvente. Por ejemplo, agua. Normalmente se emplean proporciones 1:10, 1:100…
2- Paso muy importante, se “dinamiza” la disolución mediante un fuerte proceso de agitación. Según los homeópatas de la línea dura, esto hace que todas las moléculas de disolvente entren en contacto con moléculas de “principio activo” y de alguna manera “se impregnen” (sea lo que sea eso de impregnar una molécula).
3- Repetir el proceso varias veces. Así, una disolución “3 CH” se ha disuelto de manera sucesiva 1:100 y “dinamizado”, que si no no vale, 3 veces.
Basta con hacer los números, como se ha explicado hasta la saciedad, para saber que es más fácil ganar el euromillones varias veces seguidas que encontrarse una molécula de “principio activo” en el frasco. Menos mal que las moléculas de agua se han “impregnado”. O eso dicen.
Veamos ahora nuestro ejemplo informático. Sería interesante que el personal se animara a probar. ¡A lo mejor resulta que la cosa funciona! Desde luego, sería una maravilla contar con una terapia antivirus que no muestre los efectos alopáticos de los antivirus actuales.
El procedimiento podría ser algo así como esto:
1- Se toman varios archivos maliciosos (o el archivo de firmas del antivirus, que al fin y al cabo contendrá fragmentos de “bishos”).
2- Para “disolverlos” 1:100 se crea un archivo 100 veces mayor que nuestra muestra maléfica, y mezclamos aleatoriamente nuestro archivo malévolo con el “disolvente”.
3- Toca “dinamizar”, algo fundamental. Tampoco es muy complicado si aplicamos un procedimiento que, repetidas veces, escoja aleatoriamente dos bytes de nuestra “disolución” y los “mezcle”, por ejemplo, haciendo un simple XOR. No se decir cuántas de esas mezclas deberíamos hacer, pero quizás mediante la experimentación se pueda alcanzar un valor ideal. Por ejemplo, podemos partir de 100 por el número de bytes de nuestra disolución. De esa manera tendríamos una probabilidad razonable de que todos los bits del “disolvente” entraran en contacto con los del “principio activo”.
Si queremos diluciones más “potentes” de varios CH, basta con repetir el proceso de manera análoga a como se hace con los homeojunjes tradicionales. Comenzamos con una porción de código malicioso, la “disolvemos” y “dinamizamos”, el resultado lo disolvemos y dinamizamos otra vez, etc.
El resultado final lo “administraríamos” simplemente almacenándolo en un archivo en el disco duro. Con esto deberíamos estar a salvo de bishos y miasmas informáticos varios.
Vaya idiotez, ¿no? De hecho esta es la idea de un artículo que alguna vez me decidiré a enviar a una revista de humor, Annals of Improbable Research. Juzguen ustedes mismos y vuelvan a leer la primera parte de este artículo donde se explica cómo se prepara un homeojunje.
Ahora espero que los fabricantes de antivirus no sean tan pérfidos como las compañías farmacéuticas, porque en ese caso estoy condenado. A ver si me va a perseguir un helicóptero negro…
Está más de moda que nunca hablar del fin de una era, referido a múltiples ámbitos, a cada cual más dispar. Pero esto no es un blog de economía ni política, así que no, no estoy hablando del capitalismo, el sistema y estas cosas. Me refiero al calamitoso estado del sector electrónico de consumo, que parece estar superando una era de oscuridad, o debería llamarlo directamente la era de la mediocridad y la estupidez.
Haga el lector un esfuerzo de imaginación y retroceda 30 años en el tiempo. Es recomendable, además, echar un vistazo a unas cuantas revistas de electrónica o informática de esa época, concretamente de la década de los 80.
Quitando unas cuantas manzanas podridas, en el sector había en general un buen número de fabricantes que vendían buenos productos, en cuyo diseño y fabricación se había invertido un considerable esfuerzo. El principal argumento para competir, además, era más bien la calidad y las prestaciones que el precio en sí. Por supuesto siempre ha habido bandas de precios y categorías de productos. Pero al menos daba la sensación de que, dentro de una gama de precio determinada, el fabricante había hecho todo lo posible por diseñar un producto superior al de la competencia.
Menuda tontería, ¿no? ¿Acaso no se hace eso ahora? Y si echamos un vistazo al estado de la industria electrónica veremos que no. Tomemos como ejemplo el mercado informático, que es quizás el ejemplo más sangrante. ¿Qué venden los fabricantes de PCs? Pues equipos en los que nada es un desarrollo propio, franquiciando todo de terceros, sistema operativo incluído, convirtiéndose en lo que se conoce como en inglés como “commodities”.
En un mercado de commodities se compite en precio, porque si comparamos, por ejemplo, varios ordenadores que no sean de Apple (que es el único fabricante con sistema operativo propio) resultan ser básicamente iguales excepto por diferencias más bien insignificantes en el aspecto físico.
He aquí, creo, la clave de la degradación del sector de la electrónica de consumo, que afecta incluso a parte del sector profesional. Los fabricantes del mal llamado “sector tecnológico” no pueden competir mediante mejor ingeniería, diseño, técnicas de fabricación, etc, y en un mercado con márgenes ridículos han tenido que dedicarse a competir en costes de logística, publicidad o gestión financiera, pero desde luego no gastando ni un duro en mejorar su producto. En un mercado así mejora sus resultados frente a la competencia quien consigue gastar un pelín menos que el vecino en papel higiénico (o en consultores, que viene a ser lo mismo), no quien tiene un producto mejor.
Lo retrató muy bien el nunca suficientemente reconocido Luis García Berlanga en “Moros y Cristianos”. La película trata (entre otras cosas) del choque entre una familia tradicional de turroneros y la modernidad en forma de publicidad. Y me encanta la escena en la que el patriarca de la familia se pregunta cómo conseguirán pagar el sobrecoste debido a la publicidad, a lo que el publicista les contesta tan tranquilo que basta con ahorrar en materia prima, sustituyendo parte de la almendra del turrón por patata.
Hay que reconocer que la presión es brutal. ¿Qué se enseña en las escuelas de negocios, MBAs y engendros similares? Pues las cosas que dicen los autodenominados gurús de la autoayuda empresarial. A Arriortua, por ejemplo, se atribuye el prodigioso descubrimiento de las técnicas para estrujar y pisotear a los proveedores, obligándoles a asumir tus propios costes so pena de quedarse sin negocio. Vaya prodigio. El personal productivo que sea lo más barato posible, a poder ser “outsourcing”, pero, eso sí, hay que mantener una impenetrable maraña de directivos para que se entretengan encargando y leyendo informes de consultores, cuando no conspirando entre ellos para ver a quién le ponen un Miró en el despacho, que viste mucho.
Ojo, no se confunda el lector. No voy a caer en la postura simple y tontorrona de meterme con los contables. Pero estaremos de acuerdo en que parece un poco surrealista que lo único que importe en una empresa de tornillos sea su dirección financiera, y el que los tornillos sean buenos o malos sea irrelevante. Y surrealista es, también, que un elevado porcentaje de las decisiones se tome basándose en informes de consultores, de firmas paradójicamente “especializadas” en consultoría sobre cualquier cosa.
Pero da la sensación de que esta época de estupidez podría llegar a su fin. Ya era hora. Como muestra pongamos dos botones: Apple y Hewlett-Packard.
Empecemos por la segunda, que esta semana ha anunciado una profunda transformación. HP comenzó siendo una de las compañías más interesantes creadas en EEUU en las últimas décadas, además de ser el clásico ejemplo de libro de compañía creada de la nada. Dos amigos, Bill Hewlett y Dave Packard la crearon empezando a trabajar en un modesto garage convertido en taller. En unos años la compañía creció hasta ser uno de los líderes en el mercado de la instrumentación electrónica, además de tener un negocio considerable en el naciente mercado informático.
En esta época dorada los productos de HP se caracterizaban por ser de una calidad extraordinaria. Daba igual que se tratara de un analizador de espectro o de una calculadora. La chapita con el logo de HP constituía en si misma una garantía de calidad. Incluso hay productos de HP que han llegado a alcanzar la categoría de legendarios. Me refiero a algo aparentemente tan insignificante como las calculadoras, que aún cuentan con un “halo” comparable al de los productos Apple, que se venden a precios inimaginables en el mercado de segunda mano, y entre las que se cuenta el modelo de calculadora más vendido de la historia a pesar de su elevado precio. Curiosamente se trata de una calculadora financiera: la HP-12C.
Desgraciadamente y como ha ocurrido con muchas compañías con un fuerte componente tecnológico, sobre todo tras su salida a bolsa, los inversores, incapaces de entender algo que no se pueda plasmar en una hoja de cálculo, empezaron a preocuparse más por volúmenes y expectativas a corto plazo que por innovación, márgenes y estrategia a largo plazo. Y se decidió que HP debería centrarse en un sector en crecimiento, el del PC con Windows, dejando más bien de lado los demás. Lo que en tiempos había sido el negocio principal y la razón de ser de HP, la instrumentación se convirtió en una “spin-off” llamada Agilent Technologies, desgajada de la compañía madre. Compraron un fabricante de PCs (Compaq) y se centraron en vender PCs compitiendo en precio e impresoras. Hasta cámaras de fotos y videocámaras venden ahora.
Obviamente no me parece mal en absoluto que un fabricante quiera diversificar y lanzar nuevas líneas de producto. Pero digo yo que no tiene sentido si no tiene nada que aportar.
Muchas “presentaciones” (en realidad odio la palabra, y en muchos casos debería emplearse “conferencias”) comienzan con frases del estilo “el mercado de los tolondrones al pil-pil tendrá en 2013 un volumen de negocio de chorrocientos mil millones de dracmas de vellón”. Hay fabricantes (los menos) que lanzan un producto al mercado confiando en hacer un buen trabajo y lanzar un buen producto que, claro está, al final coseche un dineral. Pero, ¿cuántos? Por desgracia últimamente ha sido muy frecuente el clásico razonamiento puramente financiero: “bueno, pues si consigo engañar a unos cuantos pringados para que compren algo que venda yo, me haré con un porcentaje de ese dineral del que habla el del Powerpoint”. Que alguien me explique si no por qué HP empezó a vender cámaras de fotos cuando comenzó la locura digital. Por cierto, nunca he visto a nadie con una. Supongo que las aprovecharán de regalo promocional para sus distribuidores de cartuchos de tinta, o quizás ni siquiera eso.
A estas alturas más de uno se preguntará qué tiene que ver Apple con esto. Y tiene mucho que ver. Estábamos hablando de un mercado de “commodities” en el que basta con poner logos a productos de marca blanca y resulta que aparece una compañía que se atreve a diseñar producto propio. Se caracterizan además por ignorar de forma pertinaz los consejos de los cerebros. En una entrevista para Fortune en 2008, Steve Jobs dijo que ellos no contratan consultorías ni investigaciones de mercado, que solamente lo habían hecho una vez para evitar cometer los mismos errores que Gateway en la creación de su red de tiendas.
Desde tiempos inmemoriales el mercado, los analistas, los gurús, los expertos y todo el coro de petardos ha estado asegurando que Apple no tenía ninguna posibilidad frente al resto. Que debían abandonar el desarrollo de sus sistemas y optar por la franquicia de Microsoft, etc etc. El iPad y el iPhone están, según estos mismos “expertos”, condenados desde su lanzamiento. Mas de momento el único dolor de cabeza que parece sufrir Apple, contra todos esos pronósticos, es que a veces tienen problemas para satisfacer la demanda. No pueden fabricar el suficiente volumen.
Creo que, por suerte, las cosas han cambiado, que hay un antes y un después. Se acabó la idiotez del directivo que ve la transparencia de los chorrocientos millones que moverá tal o cual nuevo mercado y anuncia tan tranquilo que en un mes sacarán un producto. Compárese el éxito del iPad (probablemente con más de 10 años de trabajo de desarrollo a sus espaldas) con los lanzamientos descerebrados de “tabletas” con Android al mes del lanzamiento del iPad. Caray, ¡fabricantes capaces de concebir un producto completamente nuevo en menos de un mes!
Y, sobre todo, gracias a Apple está quedando patente que ya está bien de pensamiento cortoplacista, centrado únicamente en la cotización de la acción en el próximo trimestre. Porque, ¿qué hacen los gurús, consultores y demás petardos ante un edificio que se quema? En vez de apagar el fuego se contentan con subir la potencia del aire acondicionado y que baje la temperatura.
A HP, a pesar de haberse intentado enmendar (creo que la compra de Palm fue un punto de inflexión), no obstante, le ha pasado factura ese cortoplacismo. Porque HP ha apostado por producto propio (las tabletas con WebOS) pero por desgracia no han madurado el asunto el tiempo suficiente, aterrizando como elefante en cacharrería en un mercado dominado por un producto maduro. Más que un movimiento estratégico ha sido una clara huida hacia adelante.
Creo que las cosas se están poniendo muy interesantes. Lamento que una de las víctimas sea una compañía con la historia de Hewlett-Packard a sus espaldas, pero, francamente, olía a muerto desde antes del mandato de Carly Fiorina. Descanse en paz.
- La obvia, claro está, que son las compras en la tienda iTunes.
- La novedad: iTunes buscará las canciones ripeadas (disculpen el palabro) que el usuario tenga almacenadas en su disco, localizará el equivalente en iTunes (que es muy probable que las tenga casi todas), y por un precio de 25 dólares al año, da igual que sea una o 20.000, el usuario podrá disfrutar de esas canciones desde el servicio iCloud, como si las hubiera comprado.

Es increíble cómo pasa el tiempo. Me descuido y llevo un montón de tiempo sin escribir ningún exabrupto, y no puede ser. Así que allá vamos: y esta vez la víctima afortunada es el mundillo Linux en general.

