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Pero ¿y el unicornio?

2011 septiembre 27
por Borja Marcos

Hace no mucho estaba en un bar con unos conocidos. En un televisor, siguiendo esa moda de “decoración en movimiento”, había puesto un documental de la BBC sin sonido en el que aparecían unos caballos. No le presté más atención. Al cabo de un rato resultó que el documental se convirtió en excusa para un tema de conversación. Y es que, según uno de los presentes, el documental estaba sesgado. ¿El motivo? En el mismo aparecían unas imágenes de caballos ¡pero ningún unicornio!

Y ayer observé reacciones similares al estreno del programa “Escépticos” en ETB2. Escrito y dirigido por Jose A. Pérez (conocido entre otras cosas por ser el autor del blog “Mimesacojea”, y presentada por Luis Alfonso Gámez, autor de “Magonia”.

El programa está basado en una fórmula, en mi opinión muy efectiva, que me recuerda un poco a los que ha hecho Richard Dawkins sobre la religión y la superstición. Se trata de localizar unos cuantos ejemplos y entrevistarles. A diferencia de los programas de Dawkins, no obstante, Luis Alfonso no aparece entre estupefacto e indignado, sino más bien como un encantador de serpientes que simula mucho interés y al rato parece estar a punto de partirse de risa. Y no es para menos, porque hay que ver cómo está el percal.

Y ahí está el problema que seguramente achacarán muchos al programa. Que es “parcial” porque han seleccionado las propuestas más majaras para poner al personal en ridículo. Seguramente, defienden estos críticos, hay profesionales serios de la homeopatía, las flores de Bach, la reflexoterapia, etc.

La realidad, sin embargo, es que ni de lejos han ido a por los objetivos más obvios. Los hay mucho peores. Y desde aquí animo a los críticos a que se informen por sí mismos. Sintonicen en su radio los programas en los que se da pábulo a todo tipo de charlatanes, tratándolos como si de Premios Nobel de ciencias se tratara. Programas en los que en absoluto se les trata de poner en evidencia. En definitiva, programas magufos “de prestigio”. Y que saquen sus propias conclusiones. Eso sí, hay una diferencia: en el programa “Escepticos”, tras dar cuerda al charlatán en cuestión se ofrece un punto de vista diferente, mientras que en el programa “paranormal” de turno el presentador se limita a asentir y alabar la extraordinaria erudición del entrevistado. ¿Cuál de los dos programas está realmente sesgado?

Como ejemplos sencillos, les puedo recomendar los podcast de “Espacio en Blanco”, programa que, curiosamente, programa nuestra radio pública con nuestros impuestos, y una revista absolutamente delirante. DSalud.

Escuchen, lean, comparen. Y quizás se den cuenta de que criticar a Escépticos por no sacar charlatanes serios es un disparate comparable a criticar a Rodríguez de la Fuente por haber ocultado a la audiencia la existencia del unicornio y el Monstruo del Lago Ness.

 

 

Porque Puedo

2011 septiembre 15
por Borja Marcos

Desde este blog he manifestado más de una vez mi opinión sobre el lamentable estado de la industria cultural y su completa desconexión de la realidad. A pesar de las oportunidades de negocio que presentan las nuevas tecnologías siguen empeñados en mantener sus corralitos decimonónicos y, contra el sentido común (o al menos el mío), aprovechan cada nueva tecnología para aumentar sus márgenes en lugar de mejorar sus ventas, cuando no la sabotean abiertamente. Incluso a pesar de que el cliente no es idiota y las ventas se desploman. Luego llega el llanto…

No obstante, no me parece de recibo esa estúpida tendencia que, torpemente disfrazada de altruismo, se hace llamar “cultura libre”.  Digo “disfrazada de altruismo” porque no me refiero a ideas como el copyleft o Creative Commons, que son iniciativas realmente altruistas. El autor de una obra decide compartirla voluntariamente, está en su derecho. Y es algo realmente loable.

Pero ¿qué aporta, por ejemplo, a la realización de una película, el que uno de esos águilas rojas de la cultura libre (creo que buitre sería más acertado) haya ingerido una pizza o unas palomitas mientras la veía? Pues nada. Sin embargo, después de la pizza uno queda como muy guay y muy robinjú poniendo la peli en el emule y “compartiendo” la “cultura” con los desheredados. Si al final van a dar el Príncipe de Asturias de la Concordia a los emuleros. Tiempo al tiempo.

La cosa es para troncharse de risa, pero por no llorar. Eso es altruismo. Ante la mínima crítica al fenómeno, enseguida salen los que dicen que, total, no se trata de un objeto físico, no es como robarlo porque no se elimina de ningún sitio, y por tanto no pasa nada. Digo yo que, si tan etéreo es y tan poco valioso, será fácil hacerlo. Ahora es muy fácil y barato conseguir ( y ¡pagando!) equipo suficiente para hacer producciones de calidad con muy poco presupuesto. ¿Por qué no vemos centenares o miles de producciones compartidas, esta vez de manera verdaderamente altruista, por sus creadores? Porque están ocupados comiendo pizza y viendo las creaciones de otros que “compartirán” después.

Y es que éste es el espíritu en el fondo. “Comparto” porque puedo y porque me da la gana. Si a alguien le molesta, es su problema.

Por supuesto que la llamada Ley Sinde es torpe y además sumamente peligrosa en su espíritu: se ve que la Justicia ahora es una molestia innecesaria. De hecho, creo que es una ley muy reveladora. Nuestra clase política considera más que nunca a la ciudadanía como simple ganado en su cortijo. Ganado para marcar, ganado con el que comerciar, ganado que mandar al matadero. Tanto da.

Así nos va.

 

El secreto de Amazon

2011 septiembre 7

El rumor va cobrando cada vez más fuerza. Ya se da por hecho que Amazon va a desembarcar en España. Ya tocaba, desde luego, aunque éste es un país bastante atípico en eso de la venta de libros, sujetos a un precio marcado y sin margen prácticamente para moverlos.

Sin embargo, uno se queda de piedra leyendo la prensa. O no, dado que ya sabemos que el nivel es lo que hay. En cuanto un periódico tiene que publicar algo que no es fútbol o un dictado del partido político de turno, mal andamos. No hay más que ver lo que ha publicado El País sobre Amazon. Dicen que su estrategia es vender al mínimo precio, titulando el artículo “El Walmart de Internet“. Y se habrán quedado tan anchos.

La estrategia de Amazon, señores (ir)responsables de tiendas de comercio electrónico en este nuestro país no está tanto en el precio. Si uno rasca un poco, hay cosas que se pueden encontrar mucho más baratas.

Vamos a ver cuál es el estado de la cosa en este país, para hacernos una idea. Hace un tiempo quise comprar un libro agotado para un regalo. Concretamente, la edición del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce que editó Galaxia Gutenberg. Mi librería habitual no lo consiguió, por estar descatalogado. Llamé a la editorial para ver si tenían pensado hacer otra edición, y me comunicaron que lo suyo son las tiradas pequeñas, y que no suelen reeditar.

Visto el éxito me dirigí al siguiente recurso. Se trata de una plataforma llamada Iberlibro, que enlaza con los fondos de un montón de librerías. Es posible encontrar libros tanto nuevos como de segunda mano. Y es una maravilla, la recomiendo encarecidamente, porque hay un montón de libros criando polvo en las librerías. Hice una búsqueda, y apareció un ejemplar en una librería de Astorga, donde no he estado en mi vida. Hice el pedido y al cabo de unos días, efectivamente, recibí un paquetito con el libro en cuestión. Hasta aquí ninguna queja. Se notaba que era una librería más bien pequeña, y que vendían muy pocos libros por Internet.

Ya que ese libro es un regalo estupendo, incluso para gente con la que es difícil acertar, me decidí a buscar otro ejemplar para dejar en la nevera y salvar la clásica emergencia del cumpleaños sobrevenido. Es decir, despistado.

Hice otra búsqueda, y el buscador me dijo que Casa del Libro, en Pozuelo de Alarcón, lo tenía. Una vez más, pedido al canto. Pero la cosa se torció cuando al día siguiente (o algo así) me encuentro un mensaje de la librería diciendo que “no lo tenían en stock y lo habían pedido a la editorial”. De chiste, un libro agotado y descatalogado.

No hace falta decir que puse una queja en Iberlibro. Me devolvieron el dinero pasados unos días (porque encima me lo habían cobrado, y creo que la gestión de “adelante con el cobro” la hace la librería). Pero lo que me dejó de piedra (no voy a decir indignado, que ahora tiene sus connotaciones) es que, por curiosidad, seguí haciendo la misma búsqueda durante un tiempo y allí estaba La Casa del Libro, ofrecienciendo una vez más el mismo libro, en stock, disponible.

Por supuesto es más que posible hacer un pedido con tan mala suerte que el único ejemplar que queda, en una estantería, se venda. Casualidades de la vida. Y de hecho me lo puedo creer de una librería pequeña. ¿Pero de una cadena con todo teóricamente informatizado? Es surrealista. Y es aún más surrealista, si cabe, que a pesar de no tenerlo (y no tener posibilidad alguna de coneguirlo) siguieran anunciándolo en el sistema como “disponible, en stock”.

Ahora volvamos a Amazon. Y ojo, que recomiendo encarecidamente Iberlibro. ¿Cuál es el truco? El secreto más importante es hacer la experiencia de compra fácil y rápida. Recuerdo que, desde el comienzo, era de los pocos servicios web visibles desde cualquier navegador. En los primeros tiempos de esto del comercio electrónico, por ejemplo, había muchas tiendas que osaban decirle al cliente qué sistema operativo debía utilizar para comprar. Algo que siempre se me antojó tan ridículo como negarse a vender algo a un cliente por feo. Algo así como la Hacienda de Bizkaia, que sigue exigiendo Windows. La diferencia, claro está, es que con Hacienda te insultan por feo y encima te cobran. Con Amazon (o alguna otra librería de las primeras librerías de Internet) no recuerdo que nunca ocurriera algo así.

Hacer una búsqueda en Amazon es muy rápido. El buscador funciona muy bien. Teniendo una mínima idea de lo que se busca es trivial encontrarlo. Pero con eso no es suficiente. Nuestra heroica Casa del Libro también me devolvíó rápidamente el ISBN del Diccionario. El otro secreto de Amazon es manejar muy bien sus stocks y sus previsiones, y cumplir las estimaciones la mayor parte de las veces.

Hay excepciones, claro está, y puede pasar que sean incapaces de servir un artículo agotado. A mi me pasó con un CD de música que ponía un plazo de entrega de “2 ó 3 meses”. Nunca llegó. Periódicamente mandaban un mail diciendo que lo estaban intentando conseguir, hasta que pasado un tiempo cancelaron la orden de compra. Pero bien es verdad que no lo listaban como “disponible, en stock”, y por supuesto no lo cobraron, porque no lo hacen hasta que tienen el paquete listo para salir del almacén.

Y estos son los secretos, si es que se pueden llamar así. Hacienda se puede permitir ser prepotente y discriminarme por mi marca de ordenador. Quiera o no tengo que pagar. Pero ¿una librería, habiendo competencia? Es de idiotas. ¿Es de recibo hacer un pedido y no tener ni puñetera idea de cuándo saldrá, si es que lo hace? Bueno, quizás lo tenía cuando no había competencia. Hoy día suena un poco a chiste. ¿Tiene sentido que haga falta hacer acrobacias para usar el buscador, caso de FNAC, y después encontrarme el paquete tirado encima del felpudo, como me pasó una vez? Sin competencia, puede.

En fin, no todo es el precio. Amazon no tiene todo, debido a la gran cantidad de cosas que tienen puede ser complicado buscar algo recorriendo secciones, y de ninguna manera tienen todo al mejor precio, sobre todo en libros. ¿Se puede competir con Amazon o al menos evitar ser pisoteado? Sin duda. Basta con hacer las cosas con un mínimo de profesionalidad. En Europa conozco varias librerías online especializadas en determinados temas que funcionan (que yo sepa) muy bien. Y a veces a mejores precios que Amazon.

Caray, tantos años publicándose libros de técnicas de venta y cosas similares, y aún hay gente que imagina clientes llovidos del cielo con una férrea determinación por comprar. Los hay que no espabilan.

 

¿Y qué va a pasar con Apple? Pues nada.

2011 agosto 25
por Borja Marcos

La noticia saltó por fin ayer por la noche. Tras una larga batalla con sus graves problemas de salud, Steve Jobs ha renunciado a su cargo de consejero delegado de Apple, pidiendo al consejo que le permita continuar como presidente y proponiendo a Tim Cook como sucesor en el cargo. Al poco tiempo se sabía que el consejo votó a favor de ambos nombramientos. Cosa, por otro lado, nada sorprendente. Cook era el delfín por excelencia.

 

Detrás queda un auténtico culebrón que ha mostrado con una claridad verdaderamente diáfana los grados de estupidez a los que puede llegar la prensa, el mundo de la bolsa, los analistas… Los mismos que discutían cada una de las controvertidas decisiones de Jobs al frente de Apple lo consideran al mismo tiempo no sólo el alma, sino el cuerpo de Apple. Como si el resto de los empleados no hiciera nada.

 

Esto, por supuesto, coincide con la mentalidad párvula de los periodistas en general. Adoran, como si fueran críos, la imagen del superhéroe solitario. Supongo que más de uno imaginaba a Steve Jobs programando Mac OS X a las tantas de la madrugada, cortando bloques de aluminio con los dientes para construir un prototipo del iPod… Sólo falta que perpetren una película con Kevin Costner de protagonista, con el clásico plano oteando el infinito con rostro grave subido a una antena de telefonía móvil. Quizás es que vemos demasiado la tele y leemos demasiada literatura barata con personajes obvios, no lo se.

 

De Steve Jobs, desde luego, se puede decir que ha revolucionado completamente el mercado de la informática y el de la electrónica de consumo. Antes de la llamémosle segunda venida de Apple, el mercado informático estaba en un estado de ruina absoluta. Los fabricantes de PCs se limitaban a producir máquinas como churros, sin ningún tipo de mejora o avance aparte de los propios de los procesadores, y todos empleando el mismo sistema operativo, sistema que a mi siempre me pareció un triste artículo de broma. No había ningún tipo de incentivo para salirse de la norma.

 

Unos años después del regreso de Jobs, sin embargo, Apple comenzó a despertar. Más bien el mundo se enteró de que Apple había despertado, porque, en su línea, como diría John Gruber, estaban ejecutando una compleja estrategia a largo plazo. Apple no es una compañía de bandazos, decisiones no más allá del siguiente trimestre o control de daños. Es una compañía que planifica y ejecuta estrategias a largo plazo, y lo hace con una determinación que da hasta miedo. Que se lo pregunten a sus competidores.

 

El que es sin discusión el mejor sistema operativo para computadores personales, Mac OS X, comenzó a gestarse a finales de los años 80 en NeXT. Yo utilicé uno en esos tiempos, y reconozco en Mac OS X montones de detalles que ya se apuntaban en 1990, ¡hace 20 años!. ¿Qué decir del iPad o el iPhone? Mientras todo el resto de fabricantes ha pretendido lanzar al mercado productos competidores paridos en cuestión de meses, con el resultado que cabía esperar, por otra parte, detrás de los productos de Apple hay un buen número de años de trabajo en el más riguroso secreto. Y seguramente no pocos prototipos se han quedado en el camino por no estar suficientemente maduros.

 

Tras el estreno de “El Hombre que Nunca Estuvo Allí” entrevistaron a su director de fotografía, Roger Deakins. En la entrevista explicaba que el gran reto para un director de fotografía es decidir qué es lo que no se va a ver en el plano. Y a lo largo de los años y con el diseño de algún producto a mis espaldas yo mismo he aprendido una importante lección: saber descartar características o incluso productos completos es una de las habilidades clave. Hay que saber decir “no”. Y según dicen, en eso Jobs ha sido un auténtico maestro.

 

No obstante, insisto, es un error pensar que el indudable éxito de Apple es obra solamente de un único personaje “kevincostneriano”. Por supuesto, alguien ha tenido que tomar las decisiones más difíciles, ha tenido que poner la cara delante de los inversores y pegar no pocos puñetazos sobre la mesa. Y ése ha sido Jobs. “Nosotros no contratamos consultorías”, dijo en una entrevista que cité en otro artículo. Y no creo que haya habido un empresario que haya ido más en contra del consenso de los gurús del cortoplacismo y la chapuza.

 

Dudo muchísimo que la retirada de Jobs (que por lo que parece va a seguir activo como presidente, no obstante) tenga algún efecto al menos a medio plazo sobre Apple. Por supuesto, los inversores y analistas bursátiles se asustarán como siempre. Pero hablamos de los mismos analistas que llevan años ejerciendo de “cassandros”, criticando todos los movimientos de Apple y anunciando su inminente autodestrucción.

 

Los inversores sabrán lo que hacen. Francamente, apostarse el dinero a la suerte de una única persona me parece de idiotas. Sorprendentemente, parece que muchos lo han hecho con Apple, dadas las reacciones que produjeron sus problemas de salud. Pero al final los hechos han hablado por sí mismos, y aun con los problemas de salud de Jobs Apple ha subido como la espuma. Y no me refiero solamente al valor en bolsa, que todos sabemos que es muy relativo. Ya han superado en beneficios a Microsoft.

 

Una de tantas cosas que ha hecho Jobs en Apple, además de centrarse en desarrollar los mejores productos posibles, ha sido rodearse de un extraordinario equipo humano. Equipo al que hay que atribuir buena parte del gran éxito de sus productos. Ese equipo, según parece, sigue ahí. Y estoy seguro de que la cultura empresarial cultivada por Jobs en Apple va a continuar durante mucho, mucho tiempo. Por supuesto, estoy seguro además de que aún queda mucha estrategia a largo plazo sin ejecutar.

 

Pero en fin, hagan sus apuestas. Yo lo tengo claro.

 

Homeopatía contada a un informático

2011 agosto 22

La homeopatía es una soberana estupidez. Pero ¿cómo explicar por qué? En ocasiones es complicado y requiere de bastante tiempo y paciencia. No todo el mundo está familiarizado con la termodinámica, la estructura de la materia, la teoría de la información y la biología. Así que desde este modesto blog voy a proponer una nueva iniciativa: “La homeopatía explicada a…” Y comenzamos con la informática, que es (al menos para mi) el ejemplo más sencillo y además el eje central de este blog.

Los potingues homeopáticos (en adelante, homeojunjes) se preparan de la siguiente manera:

1- Se toma una sustancia, a la que denominan “principio activo” y se disuelve en un disolvente. Por ejemplo, agua. Normalmente se emplean proporciones 1:10, 1:100…

2- Paso muy importante, se “dinamiza” la disolución mediante un fuerte proceso de agitación. Según los homeópatas de la línea dura, esto hace que todas las moléculas de disolvente entren en contacto con moléculas de “principio activo” y de alguna manera “se impregnen” (sea lo que sea eso de impregnar una molécula).

3- Repetir el proceso varias veces. Así, una disolución “3 CH” se ha disuelto de manera sucesiva 1:100 y “dinamizado”, que si no no vale, 3 veces.

Basta con hacer los números, como se ha explicado hasta la saciedad, para saber que es más fácil ganar el euromillones varias veces seguidas que encontrarse una molécula de “principio activo” en el frasco. Menos mal que las moléculas de agua se han “impregnado”. O eso dicen.

Veamos ahora nuestro ejemplo informático. Sería interesante que el personal se animara a probar. ¡A lo mejor resulta que la cosa funciona! Desde luego, sería una maravilla contar con una terapia antivirus que no muestre los efectos alopáticos de los antivirus actuales.

El procedimiento podría ser algo así como esto:

1- Se toman varios archivos maliciosos (o el archivo de firmas del antivirus, que al fin y al cabo contendrá fragmentos de “bishos”).

2- Para “disolverlos” 1:100 se crea un archivo 100 veces mayor que nuestra muestra maléfica, y mezclamos aleatoriamente nuestro archivo malévolo con el “disolvente”.

3- Toca “dinamizar”, algo fundamental. Tampoco es muy complicado si aplicamos un procedimiento que, repetidas veces, escoja aleatoriamente dos bytes de nuestra “disolución” y los “mezcle”, por ejemplo, haciendo un simple XOR. No se decir cuántas de esas mezclas deberíamos hacer, pero quizás mediante la experimentación se pueda alcanzar un valor ideal. Por ejemplo, podemos partir de 100 por el número de bytes de nuestra disolución. De esa manera tendríamos una probabilidad razonable de que todos los bits del “disolvente” entraran en contacto con los del “principio activo”.

Si queremos diluciones más “potentes” de varios CH, basta con repetir el proceso de manera análoga a como se hace con los homeojunjes tradicionales. Comenzamos con una porción de código malicioso, la “disolvemos” y “dinamizamos”, el resultado lo disolvemos y dinamizamos otra vez, etc.

El resultado final lo “administraríamos” simplemente almacenándolo en un archivo en el disco duro. Con esto deberíamos estar a salvo de bishos y miasmas informáticos varios.

Vaya idiotez, ¿no? De hecho esta es la idea de un artículo que alguna vez me decidiré a enviar a una revista de humor, Annals of Improbable Research. Juzguen ustedes mismos y vuelvan a leer la primera parte de este artículo donde se explica cómo se prepara un homeojunje.

Ahora espero que los fabricantes de antivirus no sean tan pérfidos como las compañías farmacéuticas, porque en ese caso estoy condenado. A ver si me va a perseguir un helicóptero negro…

 

Moros y Cristianos, o la industria electrónica según Berlanga

2011 agosto 19

Está más de moda que nunca hablar del fin de una era, referido a múltiples ámbitos, a cada cual más dispar. Pero esto no es un blog de economía ni política, así que no, no estoy hablando del capitalismo, el sistema y estas cosas. Me refiero al calamitoso estado del sector electrónico de consumo, que parece estar superando una era de oscuridad, o debería llamarlo directamente la era de la mediocridad y la estupidez.

 

Haga el lector un esfuerzo de imaginación y retroceda 30 años en el tiempo. Es recomendable, además, echar un vistazo a unas cuantas revistas de electrónica o informática de esa época, concretamente de la década de los 80.

 

Quitando unas cuantas manzanas podridas, en el sector había en general un buen número de fabricantes que vendían buenos productos, en cuyo diseño y fabricación se había invertido un considerable esfuerzo. El principal argumento para competir, además, era más bien la calidad y las prestaciones que el precio en sí. Por supuesto siempre ha habido bandas de precios y categorías de productos. Pero al menos daba la sensación de que, dentro de una gama de precio determinada, el fabricante había hecho todo lo posible por diseñar un producto superior al de la competencia.

 

Menuda tontería, ¿no? ¿Acaso no se hace eso ahora? Y si echamos un vistazo al estado de la industria electrónica veremos que no. Tomemos como ejemplo el mercado informático, que es quizás el ejemplo más sangrante. ¿Qué venden los fabricantes de PCs? Pues equipos en los que nada es un desarrollo propio, franquiciando todo de terceros, sistema operativo incluído, convirtiéndose en lo que se conoce como en inglés como “commodities”.

En un mercado de commodities se compite en precio, porque si comparamos, por ejemplo, varios ordenadores que no sean de Apple (que es el único fabricante con sistema operativo propio) resultan ser básicamente iguales excepto por diferencias más bien insignificantes en el aspecto físico.

He aquí, creo, la clave de la degradación del sector de la electrónica de consumo, que afecta incluso a parte del sector profesional. Los fabricantes del mal llamado “sector tecnológico” no pueden competir mediante mejor ingeniería, diseño, técnicas de fabricación, etc, y en un mercado con márgenes ridículos han tenido que dedicarse a competir en costes de logística, publicidad o gestión financiera, pero desde luego no gastando ni un duro en mejorar su producto. En un mercado así mejora sus resultados frente a la competencia quien consigue gastar un pelín menos que el vecino en papel higiénico (o en consultores, que viene a ser lo mismo), no quien tiene un producto mejor.

Lo retrató muy bien el nunca suficientemente reconocido Luis García Berlanga en “Moros y Cristianos”. La película trata (entre otras cosas) del choque entre una familia tradicional de turroneros y la modernidad en forma de publicidad. Y me encanta la escena en la que el patriarca de la familia se pregunta cómo conseguirán pagar el sobrecoste debido a la publicidad, a lo que el publicista les contesta tan tranquilo que basta con ahorrar en materia prima, sustituyendo parte de la almendra del turrón por patata.

Hay que reconocer que la presión es brutal. ¿Qué se enseña en las escuelas de negocios, MBAs y engendros similares? Pues las cosas que dicen los autodenominados gurús de la autoayuda empresarial. A Arriortua, por ejemplo, se atribuye el prodigioso descubrimiento de las técnicas para estrujar y pisotear a los proveedores, obligándoles a asumir tus propios costes so pena de quedarse sin negocio. Vaya prodigio. El personal productivo que sea lo más barato posible, a poder ser “outsourcing”, pero, eso sí, hay que mantener una impenetrable maraña de directivos para que se entretengan encargando y leyendo informes de consultores, cuando no conspirando entre ellos para ver a quién le ponen un Miró en el despacho, que viste mucho.

Ojo, no se confunda el lector. No voy a caer en la postura simple y tontorrona de meterme con los contables. Pero estaremos de acuerdo en que parece un poco surrealista que lo único que importe en una empresa de tornillos sea su dirección financiera, y el que los tornillos sean buenos o malos sea irrelevante. Y surrealista es, también, que un elevado porcentaje de las decisiones se tome basándose en informes de consultores, de firmas paradójicamente “especializadas” en consultoría sobre cualquier cosa.

Pero da la sensación de que esta época de estupidez podría llegar a su fin. Ya era hora. Como muestra pongamos dos botones: Apple y Hewlett-Packard.

Empecemos por la segunda, que esta semana ha anunciado una profunda transformación. HP comenzó siendo una de las compañías más interesantes creadas en EEUU en las últimas décadas, además de ser el clásico ejemplo de libro de compañía creada de la nada. Dos amigos, Bill Hewlett y Dave Packard la crearon empezando a trabajar en un modesto garage convertido en taller. En unos años la compañía creció hasta ser uno de los líderes en el mercado de la instrumentación electrónica, además de tener un negocio considerable en el naciente mercado informático.

 

En esta época dorada los productos de HP se caracterizaban por ser de una calidad extraordinaria. Daba igual que se tratara de un analizador de espectro o de una calculadora. La chapita con el logo de HP constituía en si misma una garantía de calidad. Incluso hay productos de HP que han llegado a alcanzar la categoría de legendarios. Me refiero a algo aparentemente tan insignificante como las calculadoras, que aún cuentan con un “halo” comparable al de los productos Apple, que se venden a precios inimaginables en el mercado de segunda mano, y entre las que se cuenta el modelo de calculadora más vendido de la historia a pesar de su elevado precio.  Curiosamente se trata de una calculadora financiera: la HP-12C.

 

Desgraciadamente y como ha ocurrido con muchas compañías con un fuerte componente tecnológico, sobre todo tras su salida a bolsa, los inversores, incapaces de entender algo que no se pueda plasmar en una hoja de cálculo, empezaron a preocuparse más por volúmenes y expectativas a corto plazo que por innovación, márgenes y estrategia a largo plazo. Y se decidió que HP debería centrarse en un sector en crecimiento, el del PC con Windows, dejando más bien de lado los demás. Lo que en tiempos había sido el negocio principal y la razón de ser de HP, la instrumentación se convirtió en una “spin-off” llamada Agilent Technologies, desgajada de la compañía madre. Compraron un fabricante de PCs (Compaq) y se centraron en vender PCs compitiendo en precio e impresoras. Hasta cámaras de fotos y videocámaras venden ahora.

 

Obviamente no me parece mal en absoluto que un fabricante quiera diversificar y lanzar nuevas líneas de producto. Pero digo yo que no tiene sentido si no tiene nada que aportar.

 

Muchas “presentaciones” (en realidad odio la palabra, y en muchos casos debería emplearse “conferencias”) comienzan con frases del estilo “el mercado de los tolondrones al pil-pil tendrá en 2013 un volumen de negocio de chorrocientos mil millones de dracmas de vellón”. Hay fabricantes (los menos) que lanzan un producto al mercado confiando en hacer un buen trabajo y lanzar un buen producto que, claro está, al final coseche un dineral. Pero, ¿cuántos? Por desgracia últimamente ha sido muy frecuente el clásico razonamiento puramente financiero: “bueno, pues si consigo engañar a unos cuantos pringados para que compren algo que venda yo, me haré con un porcentaje de ese dineral del que habla el del Powerpoint”. Que alguien me explique si no por qué HP empezó a vender cámaras de fotos cuando comenzó la locura digital. Por cierto, nunca he visto a nadie con una. Supongo que las aprovecharán de regalo promocional para sus distribuidores de cartuchos de tinta, o quizás ni siquiera eso.

 

A estas alturas más de uno se preguntará qué tiene que ver Apple con esto. Y tiene mucho que ver. Estábamos hablando de un mercado de “commodities” en el que basta con poner logos a productos de marca blanca y resulta que aparece una compañía que se atreve a diseñar producto propio. Se caracterizan además por ignorar de forma pertinaz los consejos de los cerebros. En una entrevista para Fortune en 2008, Steve Jobs dijo que ellos no contratan consultorías ni investigaciones de mercado, que solamente lo habían hecho una vez para evitar cometer los mismos errores que Gateway en la creación de su red de tiendas.

 

Desde tiempos inmemoriales el mercado, los analistas, los gurús, los expertos y todo el coro de petardos ha estado asegurando que Apple no tenía ninguna posibilidad frente al resto. Que debían abandonar el desarrollo de sus sistemas y optar por la franquicia de Microsoft, etc etc. El iPad y el iPhone están, según estos mismos “expertos”, condenados desde su lanzamiento. Mas de momento el único dolor de cabeza que parece sufrir Apple, contra todos esos pronósticos, es que a veces tienen problemas para satisfacer la demanda. No pueden fabricar el suficiente volumen.

 

Creo que, por suerte, las cosas han cambiado, que hay un antes y un después. Se acabó la idiotez del directivo que ve la transparencia de los chorrocientos millones que moverá tal o cual nuevo mercado y anuncia tan tranquilo que en un mes sacarán un producto. Compárese el éxito del iPad (probablemente con más de 10 años de trabajo de desarrollo a sus espaldas) con los lanzamientos descerebrados de “tabletas” con Android al mes del lanzamiento del iPad. Caray, ¡fabricantes capaces de concebir un producto completamente nuevo en menos de un mes!

Y, sobre todo, gracias a Apple está quedando patente que ya está bien de pensamiento cortoplacista, centrado únicamente en la cotización de la acción en el próximo trimestre. Porque, ¿qué hacen los gurús, consultores y demás petardos ante un edificio que se quema? En vez de apagar el fuego se contentan con subir la potencia del aire acondicionado y que baje la temperatura.

A HP, a pesar de haberse intentado enmendar (creo que la compra de Palm fue un punto de inflexión), no obstante, le ha pasado factura ese cortoplacismo.  Porque HP ha apostado por producto propio (las tabletas con WebOS) pero por desgracia no han madurado el asunto el tiempo suficiente, aterrizando como elefante en cacharrería en un mercado dominado por un producto maduro. Más que un movimiento estratégico ha sido una clara huida hacia adelante.

Creo que las cosas se están poniendo muy interesantes. Lamento que una de las víctimas sea una compañía con la historia de Hewlett-Packard a sus espaldas, pero, francamente, olía a muerto desde antes del mandato de Carly Fiorina. Descanse en paz.

 

Industria musical e Internet: ¿volver a empezar?

2011 junio 6
Creo que se puede afirmar, sin ninguna duda, que la presentación de productos de Apple de hoy marca un antes y un después, que lo que hasta ahora ha sido un matrimonio muy mal avenido, el de la industria cultural e Internet, tiene al fin la posibilidad de llegar a una reconciliación, y encima ventajosa para ambas partes.
Últimamente habían circulado extraños rumores. Amazon y Google estaban tratando de poner en marcha un servicio de “música en la nube” y andaban inmersos (o más bien flotando panza arriba, sin conseguir sumergirse) en una complicada negociación de “acuerdos de licencia” para poder aplicar dicho servicio a la reproducción de música.
La cosa sonaba francamente surrealista. ¿Por qué iba a ser necesaria una licencia para que un usuario almacenara su música en un sitio remoto y accediera a ella a través de Internet? Por otro lado, la explicación parecía sencilla. En un mundo en el que la industria cultural considera que tiene el derecho de cobrar un impuesto de cualquier cosa relacionada con la música, no olvidemos lo que pasó cuando se lanzó el iPod, que las majors quisieron pedir un porcentaje de las ventas a Apple, parecía tener cierto extraño sentido. “¿Su servicio tiene que ver con la música? Pues en ese caso, pague usted porque a mi me da la gana”.
Sin embargo, tengo que decir que me he equivocado de plano. No se qué habrán estado negociando las discográficas con Google y Amazon, pero los términos del acuerdo con Apple son realmente sorprendentes. Y tengo que decir que, para variar, incluso surrealistas pero en el buen sentido.
En lo que respecta a la música, este nuevo servicio, llamado iCloud, se basa en algo muy simple: si he comprado tal o cual canción a la tienda de Apple y, lógicamente, ellos saben que la tengo, ¿para qué voy a tener que mandarla otra vez a los servidores de Apple? Basta con que ellos añadan su copia a mi almacén de música “en la nube”. Ahorramos un montón de recursos así, y tendré mi música accesible desde donde me plazca, sin problemas.
Hasta aquí, tecnicismos legales aparte, la cosa no debería tener demasiado misterio. De hecho, era lo que pensaba que estaban negociando Amazon y Google. Y tampoco entendía por qué iba a ser necesaria una licencia. Una vez más, en un espacio surrealista todo es posible a la hora de cobrar, claro.
Sin embargo, y ésta es la novedad, Jobs ha anunciado que habrá dos fuentes de las que se nutrirá la biblioteca musical del usuario en iCloud:
  • La obvia, claro está, que son las compras en la tienda iTunes.
  • La novedad: iTunes buscará las canciones ripeadas (disculpen el palabro) que el usuario tenga almacenadas en su disco, localizará el equivalente en iTunes (que es muy probable que las tenga casi todas), y por un precio de 25 dólares al año, da igual que sea una o 20.000, el usuario podrá disfrutar de esas canciones desde el servicio iCloud, como si las hubiera comprado.
Entiendo que la mayor parte de esa cuota irá a parar a las discográficas, claro está. Por otro lado, es fácil darse cuenta de que la discográfica podrá tener a cambio una estadística fiable de qué canciones son las más descargadas, etc. Estoy seguro de que Apple, siendo como son extremadamente respetuosos con la privacidad, no proporcionará datos pormenorizados por usuario, pero las discográficas sí sabrán que Shakira es más popular que el Art Ensemble of Chicago en los discos duros de los usuarios.
No me voy a meter con la legitimidad del pago, porque para algunos será un chollo y para otros lo será menos. En mi caso, por poner un ejemplo, lo que hay en mi biblioteca son canciones compradas en iTunes, copias de canciones de CDs que he pagado religiosamente, y grabaciones de conciertos en directo que he hecho con permiso de los músicos y que no están publicados en ninguna parte. Pero, en definitiva, música comprada y pagada. En cualquier caso, 25 dólares al año parece un precio más que razonable por un servicio que me permita disponer de mi música en la red.
Lo extraordinario es que esa segunda opción constituye de hecho la oferta de una pipa de la paz a los usuarios por parte de la industria musical, como esas regularizaciones fiscales sin penalización que se han hecho alguna vez. ¿Tiene usted un montón de canciones en su disco? Bueno, pues me conformo con cobrar un tanto al año, creo que más que razonable, y pelillos a la mar. Porque estoy seguro de que la mayor parte de ese dinero irá a parar a las discográficas.
Creo que, en definitiva, un servicio montado de esta manera es una buena oportunidad para que muchos usuarios que, a pesar de que las descargas de música por Internet tienen un precio razonable, se niegan a comprar por cabezonería o, como diría algún modernillo new-age, “mal karma”, se animen a enterrar el hacha de guerra y las cosas vuelvan a su cauce.
Veremos cómo evoluciona la cosa, y espero que otros servicios de música como Amazon y Google, que parecen (o parecían) estar en ello puedan alcanzar acuerdos razonables. Creo que ganaremos todos: creadores, industria cultural y usuarios.

This is London

2011 marzo 21
por Borja Marcos
Creo que todos estaremos de acuerdo sobre el papel de la prensa para garantizar las libertades en un estado democrático. Para ser verdaderamente libre, la ciudadanía necesita una información veraz, rigurosa y objetiva. Lo de “objetiva” es un poco más complicado, pero esa es otra historia y no es el tema del artículo. Supongamos que la vaca es esférica, que decía el chiste.
Esta pasada semana, sin embargo, me ha venido a la cabeza una imagen muy cinematográfica: imagínense a un miembro de la resistencia francesa sintonizando su radio hasta escuchar el famoso saludo “This is London”. El histórico saludo radiofónico de la BBC. Y es que he tenido que recurrir a la BBC para ver una información mínimamente razonable sobre el incidente accidente nuclear en Japón provocado por el tsunami.
¿La BBC? Sí, eso he dicho. Porque la cobertura de los medios españoles ha sido sencillamente vergonzante. Pura basura sensacionalista. Desconozco qué pasaba por la cabeza de los sujetos, presuntos periodistas, que aporreaban las teclas en las redacciones, hablando de chernobiles, explosiones atómicas, y todo tipo de catástrofes. Porque desde el primer momento la central de Fukushima estaba condenada. “Es nuclear, luego es obvio va a ser un desastre y además nos mienten”, habrá sido la idea más presente en los cráneos de los presuntos periodistas.
La prensa no se ha molestado en consultar a los expertos. O quizás sí, voy a aventurar, y han descartado muchos testimonios por “interesados” y “encubridores”. Y en su lugar se han dedicado a publicar despropósitos precisamente de gente con conocidas posturas militantes, o políticos con claros intereses electorales (el Comisario Europeo de la Energía), según parece abogado y economista . Un verdadero experto, vamos. Menudo rigor.
No nos engañemos, la situación ha sido y es grave. Pero parece ser que van a conseguir controlarlo. Y cuando, al comienzo de la crisis, aún quedaban muchas cosas por intentar, los profesionales de la información seria y rigurosa sentenciaron y condenaron a priori, sin más zarandajas. ¿Es nuclear? (me estoy repitiendo a propósito) Pues ya está, va a estallar. Es obvio.
Ya se que el periodismo científico es “una tontada para friquis”, y que lo única que importa de verdad son los insultos de los políticos, el fútbol y, cuando éste no da para más, incluso el metafútbol (vease el revuelo mamario en las portadas de los digitales hace no mucho tiempo).
Lo que han hecho los medios de comunicación españoles durante esta crisis no tiene nada que ver con la imagen heroica de los periodistas que desvelaron el Watergate, y de hecho la mera comparación constituye un grave insulto al periodismo. Tiene que ver de hecho, todo, con la edificante imagen que les pego a continuación. Imagínense a esa horda de fanáticos quemando libros de Física.
Corrección: He sustituido la palabra “incidente”, empleada incorrectamente, por “accidente”. Muchas gracias a Luis, que ha señalado amablemente el error.

Estos del Linux no se enteran

2011 marzo 9
por Borja Marcos

Es increíble cómo pasa el tiempo. Me descuido y llevo un montón de tiempo sin escribir ningún exabrupto, y no puede ser. Así que allá vamos: y esta vez la víctima afortunada es el mundillo Linux en general.

Quizás a más de uno le sorprenda por qué tengo tanta manía a Linux. La cosa viene de lejos. Por resumir, digamos que para alguien que lleva más de 20 años trabajando con sistemas Unix de varios pelajes, la cosa del Linux es sencillamente una abominación. Uno se encuentra con un sistema que parece Unix, lo que en principio crea ya una buena disposición de entrada, para a continuación sufrir una demoledora decepción: es un desastre. Incluso en muchos casos peor que Windows.
Y el caso es que considero necesario echar un vistazo de vez en cuando al estado de la cuestión. Con Microsoft de momento fuera de juego y sin saber aún si Hewlett-Packard va a resurgir de sus cenizas y lanzar algo interesante de verdad (WebOS) o la cosa se va a quedar en un arranque de caballo y parada de burro, la única alternativa a Apple ahora mismo es, por desgracia, algún Linux en alguna de sus distintas encarnaciones. Android en teléfonos o esa cosa que llaman media-tablets, Ubuntu u otro en Netbooks, etc. Un sistema en el que deposité muchas esperanzas, Chrome OS, de Google, de momento tiene muy mala pinta. Veremos si me sorprenden.
Llegados a este punto, como acabo de mentar a Apple, más de uno ya estará pensando “¡fanboi!” (sí, lo escriben terminado en “i” latina). De hecho, por dios, ¿cómo se me ocurre criticar a Linux cuando todos sabemos que es sin duda la salvación? Pues no, nada más lejos de la realidad. Cliente satisfecho, sí. Y también preocupado porque no veo ninguna alternativa que sea mínimamente decente.
Casualmente, además, estas navidades me tocó un flamante Netbook en un sorteo, así que pensé que era una oportunidad de oro para ver si, efectivamente, en el mundo Linux habían mejorado un poco las cosas. Aproveché, además, para probar un poco Windows 7, dado que, cómo no, traía una licencia “starter” instalada. Mi paciencia, por desgracia, no duró más de una tarde. Al día siguiente estaba ya mirando qué opciones me ofrecía Linux, en opinión de algunos tan injustamente desterrado del mercado masivo de Netbooks, sin duda por las arteras tácticas de Microsoft.
Iluso de mi.
Nota: téngase en cuenta en el relato que sigue que todo esto lo hice en modo usuario. Mi idea era comprobar si estos sistemas son útiles para un usuario normal, no profesional de la informática o que, sencillamente, no quiere ejercer de tal cada vez que quiere mandar un mail con la palabra “PATATA”. Algo que no debería ser ciencia espacial.
El primer obstáculo con el que me encontré fue la simple y llana instalación. Empezando por la descarga. Hoy día todos tenemos una colección de pendrives, así que es estúpido desperdiciar un CD en una instalación. Consulté, por tanto, las instrucciones de descarga y copia a un pendrive, y las seguí al pie de la letra. Resultado: no arrancó.
Y he ahí el primer acierto clamoroso. En realidad ya sabía que no arrancaría, pero hemos dicho que estaba en modo USER. En un mundo razonable, a un usuario le debería importar un pito que una imagen esté en formato ISO9660 o esté en formato de disco duro para arrancar de un pendrive. Pero no, en el mundo Linux un usuario tiene que preocuparse de estos detalles, aunque se la refanfinflen. Si no, parece que es un pringado que no merece alcancar el estado de gracia pingüinil.
Strike 1, que diría Sheldon en Big Bang Theory. Me pregunto cuánta gente no ha pasado de esta fase. Descargar imagen, copiar al pendrive, intentar arrancar, ver que no funciona, y descartarlo con un suspiro “pues será que Linux no funciona en este ordenador”.
Una vez grabado un CD, procedí a arrancar e instalar. El sistema elegido era Ubuntu para Netbooks. Y he de reconocer que en principio la instalación me causó una buena impresión. No ofrecía casi opciones. Aún está vívida en mi memoria mi primera instalación de Linux, allá por el año 94 ó 95, cuando el sistema (Slackware) no ofrecía una instalación básica, sino que me obligaba a instalar todo o, por el contrario, contestar si quería instalar cosas tan básicas como el “diff” y un tipo de letra Klingon para el TeX. Pero me estoy desviando.
Y aquí llego el Strike 2. El sistema me ofrecía una opción (no seleccionada por defecto) de “instalar paquetes propietarios“. Acompañado, además, de algún comentario disuasorio, como dando a entender que, bueno, eso no era buena idea. Como usuario que era en ese momento, seguí adelante. Y supongo que en este momento algún avispado lector habrá pensado: “toooma, te quedaste sin inalámbrica”.
Me pregunto también cuánta gente habrá desistido en esta fase. Pasado el inconveniente del pendrive, y una vez instalado, uno de los elementos más importantes de un netbook no funciona. A la porra. Vuelta a Windows, habrá dicho más de uno.
Una vez más abandoné mi “modo usuario” y rearranqué la instalación, decidido esta vez a seleccionar la bárbara y atroz opción del “software propietario”, a ver si sonaba la flauta. Y sonó. Esta vez me encontré con que sí tenía inalámbrica. Aun así, me pudo la curiosidad y me encontré un signo más de estupidez licenciológica. Cómo no. En el registro de errores del sistema (al que me dirigí para ver qué modelo de controlador inalámbrico tenía) me encontré varios mensajes de aviso, como si fueran gravísimos errores, que me advertían de que el controlador de marras subvertía la virnigidad licenciológica del núcleo.
En fin, no me voy a extender esto, pero imagine el lector la que se liaría si en la etiqueta de un alimento se encontrara una advervencia como ésta: “ATENCIÓN: SI A USTED LE GUSTAN LOS PERROS, SEPA QUE ESTE PRODUCTO HA SIDO ELABORADO POR PERSONAL ENTRE EL CUAL SE ENCUENTRAN AMANTES DE LOS GATOS.”
Suena ridículo, ¿eh? Claro que sí. Pero es así como ve el mundo un adepto de la Iglesia de la Licenciología. Uno le cuenta algo así como “estoy probando un programa que está muy bien, hace esto, esto y lo otro”. Y el licenciólogo, antes que cualquier otra cosa pregunta: “Pero eso, ¿qué licencia tiene?” Así, como suena.
Llevábamos ya dos strikes. Instrucciones de instalación deficientes y estupidez licenciológica en la instalación. Pero al menos conseguí instalarlo y me hice el propósito de utilizarlo un par de días, a ver qué tal me defendía con él.
Y llegamos al strike 3. Realmente hay que empeñarse, y con ahinco, en abrazar la fe verdadera del Linux. Era sencillamente insufrible. Un netbook es un portátil muy pequeño donde en general uno tampoco va a hacer cosas muy complicadas. Pero los responsables de la cosa no parecen haberlo entendido. Llegué a extrañar Windows, que de hecho me había sacado de quicio.
Descartado Ubuntu (un CD a la basura) probé Kubuntu. Siempre me pareció ridícula la guerrita Gnome/KDE. Pero es que además ambos han parido monstruos. Ni siquiera voy a comentarlo, de puro demencial.
Estaba ya preguntándome si, después de todo, sería capaz de encontrar un sistema que me permitiera usar un Netbook como un simple usuario, cuando me encontré con algo que parecía prometedor: Jolicloud.
Después del fiasco, todo hay que decirlo, había bajado mi listón de usuario considerablemente, y directamente grabé un CD con la imagen. Instalé y en principio me sorprendió agradablemente. Tiene un escritorio limpio, pensado para llevar un puñadito de aplicaciones, que es para lo que sirve un Netbook, y no complicarse mucho la vida. De hecho, me recordó vagamente a lo que quiere llegar a ser el (de momento) vaporoso Chrome OS.
Los problemas empezaron en cuanto traté de utilizarlo. Ya se que muchos usuarios de Linux, lo he repetido hasta la saciedad, ven su sistema como un divertido bonsai electrónico. Instalan programas, borran programas, actualizan programas, vuelven a empezar. Pero en la vida de casi todo ordenador llega el momento en el que, vaya, es necesario utilizarlo para algo.
Y aquí llegó el escándalo. El navegador de Google, Chrome, cascaba al acceder ¡a la propia página de Google! Otra de las aplicaciones, el acceso directo al correo electrónico de Google, tenía la curiosa obsesión de fallar de vez en cuando. Mientras desde otros ordenadores de la red podía acceder a Gmail sin problemas, el pobrecico Jolicloud se quedeba reintentando, reintentando, reintentando, hasta que unos minutos después me decía que Gmail no funcionaba y que probara a refrescar. Refrescaba, y, ¡voila! por fin volvía a la vida. Aunque, ¿tiene sentido tener que esperar 5 minutos para poder acceder al correo? Yo diría que no.
Así ha quedado la cosa, esperando a que apareciera algo interesante, hasta que hoy ha salido una nueva versión del Jolicloud, rebautizado ahora como Joli OS. La versión 1.2. Ni corto ni perezoso, he ido a la sección del escritorio donde se instalan las actualizaciones, he seleccionado “comprobar”, me ha dicho que tenía 155 actualizaciones pendientes, he dicho que actualice, se ha quedado “actualizando” un minuto, me ha dicho que mi sistema “ya está sincronizado”
Y así me he quedado, en un eterno bucle, tratando de actualizar el sistema. Selecciono la actualización, confirmo, dice que está todo, pero por supuesto no lo está, y todo esto sin el más mínimo mensaje de error. Se hace el sueco con una sonrisa de oreja a oreja. Al final buscando por Google me he encontrado con gente que ha tenido estos problemas y ha tenido que abrir un terminal, y ejecutar una cosa llamada “update-manager” a mano, cosa que acabo de hacer. Lo que me pregunto es si funcionará, porque me ha advertido sobre la imposibilidad de verificar la integridad de los paquetes, y bla, bla, bla. Intuitivo, vamos.
Hasta aquí mi nosecuantésimo intento con algún Linux. Hasta ahora en todos los casos he pinchdo en hueso. Y, claro, mientras voy haciendo estos experimentos, con los que llevo hoy unas dos horas entre pitos y flautas, no dejo de preguntarme cómo es posible que la comunidad del Linux se sorprenda de que los usuarios les hayan dado la espalda.
“Que coman bollos” dijo María Antonieta días antes de ser decapitada. Quizás también era usuaria de Linux. ¿Estaba patentada la guillotina?

Correos: Huir como de la peste

2011 enero 5
(A este paso voy a convertir este blog en una plataforma de denuncias, feliz 2011)
Se acabó lo que se daba. Hubo un tiempo, reciente, en el que el servicio de correos de este país funcionaba realmente bien. No era raro que paquetes procedentes, por ejemplo, de EEUU, llegaran puntualmente en el plazo de una semana, trámite de aduana incluído. Pero todo lo bueno tiene que acabar, que si no nuestros gobernantes nos malcrían. Además, la cosa pinta mal y huele aún peor.
Resulta que por algún extraño motivo nuestro gobierno ha decidido centralizar todos los trámites aduaneros de la península en una aduana central en Madrid. De repente, así, porque a Alguien le da la real (o más bien republicana, aunque sea wannabe) gana, es menester hacer el trámite de aduana siguiendo una de estas tres opciones:
1) Presentarse en Madrid. ¿Es esto legal? Al menos es irregular. Quien me envía el paquete ha pagado por entregar un paquete en mi casita.
2) Contratar a un agente de aduanas para que haga el trámite. Cosa surrealista para un paquete de poco valor.
3) Hacerlo con “la empresa que ofrece Correos”. Esto sí que es divertido. Basta con poner el nombre de la mentada empresa en Google y aparecen todo tipo de historias de terror sobre paquetes desaparecidos, retrasos de muchas semanas, devoluciones por “no poder contactar con el destinatario, etc”.
Y aquí sí puedo afirmar en voz alta, sin ningún género de duda que, tufillo o pestazo aparte, parece que se está cometiendo como mínimo una ilegalidad flagrante. Y puede que más de una. Veamos por qué.
Si uno se dirige al web de Correos (www.correos.es) y busca la información necesaria sobre los trámites de aduana, verá lo siguiente:
Es decir, me dicen que me dirija a un web llamado www.adtpostales.com. ¿Y qué es tal cosa? Misterio misterioso. Ahí está el problema. Si no me equivoco la legislación española es tajante al respecto, todo web que se emplea en una actividad de comercio electrónico debe incluir sus datos de contacto, incluyendo su CIF y demás sacramentos. Eso de www.adtpostales.com lo es, dado que me van a cobrar por hacerme el trámite de aduana. (No se por qué no lo llaman Odtpostales, sería más apropiado). El único dato que encuentro es el nombre “SPEEDTRANS INTERNACIONAL”. No se si es SL o SA. No se su CIF. No se su dirección postal. No se cómo ponerme en contacto con ellos, aparte de un número de fax.
Si me meto en el apartado “Conózcanos” del web, me encuentro con esto:
“CONOZCA MÁS SOBRE ADT POSTALES…. Si ha recibido un envío postal procedente de fuera de la Unión Europea o procedente de Canarias / Ceuta / Melilla y debido a ello debe realizar los trámites aduaneros correspondientes. Puede utilizar los servicios de SPEEDTRANS INTERNACIONAL, Agente de Aduanas autorizado de CORREOS.”
¿Algún amable lector puede explicarme cómo se pone una denuncia por este motivo? He preguntado al Ministerio de Industria, pero dudo que me contesten. Y dudo mucho más que les sancionen. Es más, si no fuera porque está enlazado desde el web de Correos, si recibiera un mensaje de correo con las instrucciones para pagar dando como referencia esa página web, lo denunciaría a la Policía sin dudarlo; he visto páginas de estafa muchísimo más creíbles que esa.
Sería de agradecer, además, saber cómo se ha hecho el proceso de adjudicación por el cual Correos, que es una sociedad estatal, ha otorgado a estos de Speedtrans un monopolio de facto. Porque ¿qué pasa con las agencias de aduanas que no están en Madrid?
Para el Gobierno Vasco (y el resto de autonómicos): ¿Y esta animalada? ¿No pasa nada? Para una cosa que estaría mejor descentralizada aunque solamente fuera por volumen de trabajo, ¿lo centralizan de golpe y porrazo y paz y amor hermano?
Finalmente, me pregunto si es legítimo el que se retenga un paquete hasta que pague los impuestos. No tengo absolutamente ningún problema en pagarlos, no soy un chorizo de los que abundan en este país e incluso llegan a ejercer cargos públicos. Basta con que me emitan un recibo y aquí paz y después gloria. Hasta pueden sancionarme si no lo pago. Pero ¿retener un envío dirigido a mi dirección personal?
En fin, buen país de pandereta en el que nos ha tocado vivir. E insisto, pago mis impuestos. Pero por lo que parece nuestra Agencia Tributaria es como el perro del hortelano. No parece tener prisa por cobrar y retiene un paquete de mi propiedad porque les da la gana. Desde luego, Correos no es fiable. Se lo he hecho saber a la compañía a la que hice el pedido. Mejor que adviertan a sus usuarios que Correos no es fiable.
P.D: Que sí que es navidad, que estarán hasta las narices de trabajo con menos personal. Es lo malo de vivir en un país con pleno empleo. No encuentran mano de obra para cubrir la demanda de trabajo.
P.D.2: dicen por ahí que la empresa de marras está ubicada en una nave de Correos. Me recuerda al Puerto de Gibraltar, donde un tipo que vendía gasolina y licores andaba como pez en el agua por la oficina de la capitanía, entre los oficiales británicos perfectamente uniformados. Tenía un aspecto de república bananera impresionante.