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Lui (17): Hiroshima cultural

2009 octubre 19
por Íñigo Domínguez

Lo bueno de estar unos días fuera de Italia es que se da tiempo suficiente para que, al regreso, todo siga como estaba, no obstante lo que pueda parecer de lejos. A Berlusconi le han negado la inmunidad judicial, pero ya anda enredando para inventarse otra cosa. Abreviar las prescripciones de sus procesos y cosas así.

Qué semana la de nuestro hombre. Terrible. Para alguien que se cree supermán perder la inmunidad viene a ser como que le pongan delante unas albóndigas de kriptonita. Se vuelve uno como los demás, sujeto a las leyes humanas, y a merced de sus enemigos. Porque no se engañen, Italia está totalmente tomada por los bolcheviques. A su lado Cuba es sólo un parque temático. Pero mejor lo explica él mismo:


Síntesis: Es la primera reacción de Berlusconi a la noticia de que el Tribunal Constitucional ha rechazado la ley que le dotaba de inmunidad juidicia. El titular que se ve en la parte inferior de la imagen (“Queste cose mi fanno un baffo”) es una frase concluyente que dijo al respecto. Quiere decir “A mí esto me importa un pepino”, como tradujeron las agencias en plan fino, o si se prefiere una versión más coloquial, “A mí esto me la suda”:

«Nada, no pasa nada, vamos adelante, hemos gobernado cinco años con o sin laudo (laudo Alfano, el nombre de la ley de inmunidad, n. del r.). Yo nunca he creído en esto, porque con un Tribunal Constitucional con once jueces de izquierda era imposible que aprobaran esto. Después de todo, quiero decir, ¿la síntesis cuál es? «Menos mal que está Silvio» (título de una de las canciones que le exaltan, n. del r.), porque si no estuviera Silvio con todo su gobierno y con el apoyo del 70% de los italianos, estaría en manos de una izquierda que haría de nuestro país lo que todos sabéis. Así que, vamos bien. Tenemos una minoría de magistrados rojos organizadísima, que usa la Justicia con fines de lucha política. Tenemos el 72% de la prensa que es de izquierda, todos los espacios de análisis y debate de la televisión pública, pagados con el dinero de todos, que son de izquierda, nos toman el pelo también con los espectáculos cómicos, el jefe del Estado ya sabéis de que parte está y tenemos once en el Tribunal Constitucional, elegidos de los tres jefes de Estado de la izquierda, que hacen del Tribunal Constitucional no un órgano de garantía, sino político. Nosotros vamos adelante. Los procesos que me caerán encima en Milán son auténticas farsas. Yo me sustraeré algunas horas del cuidado de la cosa pública para ir allí y desmentirlos a todos. A mí estas cosas me cargan, a los italianos les cargan ¡Viva Italia, viva Berlusconi!»

FIN

Bueno, en Italia se bordeó la alarma institucional porque, por un momento, parecía que iba a arremeter contra algún árbitro menchevique por pitar contra el Milan, pero por fortuna se detuvo a tiempo. El desahogo no tuvo mayores consecuencias.

Ya ven que para dar por descontado el rechazo a la ley no se puede decir que lo haya encajado bien. Pero es normal, se había tomado sus molestias. Berlusconi tenía muchas promesas electorales cuando llegó al poder, pero la ley de inmunidad, que no era una de ellas, fue una de las primeras cosas que hizo: el Gobierno se formó el 7 de mayo de 2008 y ya estaba aprobada en consejo de ministros el 26 de junio. Le corría prisa porque el juicio del caso Mills en el que está acusado de corrupción estaba a punto de ser visto para sentencia. El tiempo le ha dado la razón, las cosas como son: justo después de saltar en marcha del proceso con la inmunidad, a Mills, abogado británico que hacía trapicheos para sus empresas, le cayeron cuatro años y medio por dejarse comprar por el actual primer ministro para mentir en sus testimonios y protegerle. Está a punto de salir la sentencia de segundo grado.

Berlusconi ahora vuelve al banquillo a varios procesos, pero es casi seguro que en el de Mills, el más apremiante, le salvará la prescripción. Con los demás ya se irá inventando algo. Está todo calculado. Como ven, pese a ser rechazada, la ley de inmunidad ya ha hecho su servicio en los pocos meses que ha estado activa. En 2003 fue igual: se acercaba la sentencia del caso SME, Berlusconi se aprobó una ley de inmunidad, el proceso siguió sin él, evitó la resolución y aunque luego fue declarada inconstitucional ya había ganado tiempo para salvar la situación.

Volviendo al hilo, Berlusconi se había tomado más molestias con la dichosa ley. Por ejemplo, había invitado a cenar a dos de los jueces del Tribunal Constitucional. No se escandalicen, hombre, que sólo es una cena. También el otro día, cuando salió Patrizia D’Addario en ‘Annozero’, programa de la RAI, pasaron antes por su casa a repasar la lección el director de ‘Libero’, Maurizio Belpietro, presente luego en el debate del programa para defenderlo a capa y espada, y el ínclito Bruno Vespa, que dedicó su espacio justo después a desmontar el anterior. Pero bueno, de todos modos estuvo bien porque por fin, después de cuatro meses de hablar de esta chica en toda Italia y todo el mundo, un espectador que sólo viera la RAI o las cadenas de Berlusconi -es decir, todas- aún no sabía qué cara tenía. Un jubilado cualquiera de Tomelloso sabe más del tema que un italiano medio.

La semana ha seguido con otra de esas cosas que un país normal habrían hecho dimitir a un primer ministro: una condena a Fininvest, el imperio mediático de Berlusconi, por corrupción en la compra de la editorial Mondadori en 1990. Es la sentencia civil, una indemnización de 750 millones, por haber corrompido un juez para que les adjudicara la empresa -que hoy es el primer grupo editorial italiano- en la disputa con otro comprador. Era Carlo de Benedetti, propietario de ‘La Repubblica’, principal diario de oposición. La condena penal ya estableció que Berlusconi era el corruptor del caso, aunque de grado simple y por tanto se benefició de las atenuantes y, gracias a ellas, de la prescripción. Su abogado, Cesare Previti, se comió estoicamente el marrón, como en el caso IMI Sir, y finalmente fue condenado en 2007 a año y medio de cárcel.

Nadie en Italia ha insinuado ni de lejos que esto, en fin, es un poco grave tratándose de una empresa del primer ministro, por mucho que ahora la dirija su hija, y que, a lo mejor, sólo a lo mejor, debería, no ya dimitir, sino al menos decir algo.

Pero miren, en cambio, lo que salió en un programa matinal de Canale 5, una de las cadenas de Berlusconi. Es un vídeo exclusivo del juez Mesiano, el magistrado que firmó la sentencia. Una auténtica bomba, oigan:


Síntesis: El presentador exhibe un ejemplar de ‘Il Giornale’, diario de la familia Berlusconi, que da la noticia de la promoción del juez Masiano a los pocos días de la sentencia y critica que de él «no se recuerdan sentencias, sino extravagancias por las calles de Milán». «Y nosotros tenemos estas imágenes exclusivas que ahora les mostramos», dice el locutor.

Y entonces, con música trepidante de los Red Hot Chilli Peppers, vemos algo increíble: el juez Masiano pasea por Milán, se fuma unos pitillos mientras espera en la puerta de su peluquero de toda la vida, se afeita y luego se sienta en un banco. Ver para creer. La voz de la cronista ahonda aún más en los detalles:

«Han pasado poco más de 24 horas desde que con su sentencia ha condenado a Fininvest a una de las indemnizaciones más altas de la historia de Italia y aquí tenemos al juez Raimondo Messiano en su fin de semana alejado de los papelotes del tribunal. Se quita la toga y se mete en el papel de un simple ciudadano. Claro, no de un ciudadano cualquiera, a sus extravagancias en realidad ya nos hemos acostumbrado. Pasea el hombre Raimondo Mesiano por las calles milanesas. Delante de su peluquero de confianza espera su turno. Es impaciente, no consigue estar quieto. Adelante y atrás. Se para, aspira su cigarrillo y, otra vez, adelante y atrás. Quizás no sabe todavía que el Consejo Superior de la Magistratura lo va a promover con la máxima nota y un bonito aumento de sueldo. Él va adelante y atrás, adelante y atrás. Se relaja sólo con la barba y al cortarse el pelo. Terminada la toilette continúa su paseo. Sólo se para dos veces: en el semáforo y poco después para fumar el enésimo cigarrillo de la mañana, como si fuera una publicidad al revés. Antes de salir de nuestro campo visual nos regala otra extravagancia: mirad, sentado en un banco, camisa, pantalón azul, zapato blanco y calcetines turquesa, de esos que en el tribunal no es el caso de lucir»

Suerte que “salió del campo visual”, porque si no a lo mejor hasta le pillan leyendo un libro o cualquier otro acto subversivo. No, no piensen que les falta alguna clave oculta esencial para comprenderlo. Esto es todo. Yo tampoco entiendo nada. Menos mal que al final del vídeo interviene el presentador:

«Obviamente no queremos dar juicios ni sacar conclusiones, pero también leyendo el artículo, lo que sale a la luz es que entre las extravagancias del personaje y la promoción del CSM hay algo que no funciona ¿no?». Entonces opina el co-director de ‘Il Giornale’, Alessandro Sallusti, que añade más detalles escabrosos. A las «extravagancias físicas» del juez se suma un escándalo judicial: ¡tiene pendiente desde 2006 un juicio por una tubería de agua rota en una comunidad de vecinos y lo ha pospuesto a 2011! Hay más: asegura que en una cena brindó con los amigos en un restaurante tras la condena de Berlusconi. «El restaurante es conocido y hay testigos», advierte, para exigir a continuación la suspensión del juez o, al menos, retirarle la posibilidad de juzgar a Berlusconi y, como ya lo ha hecho, anular la sentencia.

FIN

Claro, como no están vacunados a lo mejor les parece un poco fuerte, pero la Italia de la tele de Berlusconi es así. Y como el ambiente está muy envenenado, como contábamos el otro día en el retroscena, ya saca toda la artillería. Al día siguiente de una sentencia en su contra una de sus teles manda un equipo a seguir y espiar al juez, y se las arreglan para presentarlo como un desequilibrado porque lleva calcetines azul turquesa. Eso es lo cómodo de cómo se lo ha montado nuestro admirado magnate. En otro país el proceso de mamoneo de los medios es más alambicado y se pierde tiempo.

Un pequeño dato alusivo: según un reciente sondeo de Ipsos, el 54% de los italianos se informa principalmente a través de la televisióny considera que la información es fiable. El 25% se informa por los periódicos, el 12% por Internet y el 3% por la radio.

De todos modos, una de las moralejas más evidentes que a mí se me queda de todos estos eventos es que lo peor de cualquier poder son los pelotas ¿no les parece? Algún día tendremos que hablar del arte de la adulación en Italia. Pero aún no han visto nada. Esto nos lleva a la peor noticia de la semana, con mucho, para Silvio Berlusconi: le han dado el Nobel de la Paz a Obama. ¿Y qué?, dirán ustedes. Hombre, es que él se presentaba. ¿Cómo, no lo sabían? ¡Pero si se cae por su propio peso! Aquí tienen el vídeo-clip del comité de apoyo, porque tienen canción y todo. Maravilloso.


Conmovedor ¿verdad? Como ‘La bella y la bestia’. “Hay un presidenteeee, siempreeee presenteeee…” Ése es mi pasaje favorito, aunque no creo que se refiera a su permanente protagonismo mediático. Si van a la página web del comité oficial (http://silvioperilnobel.sitonline.it) y superan la visión de la tropa de pelotas que lo integra, verán que fue constituido en abril «para derrotar el Hiroshima cultural que está minando la base de nuestros valores morales, la paz y el sistema económico, político, cultural y para presentar la candidatura de Silvio Berlusconi al Premio Nobel de la Paz». Aunque ahora que me fijo se presenta para 2010. Menos mal, no todo está perdido. Todos juntos: “Silviooo Silviooo grande eeeeè!”.

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