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“Humillante y desastroso”

2015 julio 15
por Íñigo Domínguez

 

 

“¿Alguna vez viste un desastre más espléndido?”, con esa frase termina la película ‘Zorba el griego’. Luego los dos protagonistas, un griego golfo y el extranjero al que le roba el dinero con falsas promesas, se mueren de risa completamente arruinados. Hace una semana la música de Zorba, el célebre ‘sirtaki’ de Theodorakis, se oía y se bailaba en la plaza Syntagma de Atenas. En la fiesta por el resultado del referéndum, que rechazó un plan de ajuste de la UE. Pero ayer el Gobierno griego tragó con uno muchísimo peor. “Es humillante y desastroso”, musitaron fuentes de la delegación griega en la amarga noche de Bruselas. Igual podían haber dicho cautivos y desarmados. Al final consiguieron limarlo un poco, pero fue un avasallamiento en todos los frentes. Los griegos se fueron a dormir sin saber si se despertarían en Europa o abandonados a su suerte en el Egeo. Ayer por la mañana, minutos antes de la apertura de los mercados, conocieron su sentencia.

En la calle había normalidad porque los cajeros, que en teoría se quedaban ayer sin dinero, resulta que ahora tienen suficiente hasta el jueves. Aunque el corralito sigue ‘sine die’, los bancos continuarán cerrados. Con el país pendiente como en un parto, por fin salió Alexis Tsipras de la cumbre más larga de la historia comunitaria, 17 horas. Bastante aseado y entero para lo que llevaba encima -al menos dos de tres noches sin dormir-, hizo una serena evaluación de los daños: “El acuerdo es difícil pero evitamos el proyecto de transferir activos públicos al extranjero. Hemos evitado el estrangulamiento financiero y el colapso del sistema bancario. Logramos la reestructuración de la deuda y financiación segura a medio plazo”. Son los últimos consuelos, muy ciertos, de Grecia para ver el vaso medio lleno. El compromiso de revisar la deuda, en realidad, ya existe desde 2012, para cuando Grecia aplicara sus reformas, pero la UE lo incumplió el año pasado. Se dice poco.

El punto más conflictivo fue la creación de ese fondo de 50.000 millones, como casa de empeños de las joyas de la familia, que en un principio se situó en Luxemburgo. Parecía broma, siendo el paraíso fiscal del escándalo de cientos de empresas que evadían impuestos con el beneplácito del Gobierno, dirigido durante casi veinte años por el actual presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Pero iba en serio. Al final han conseguido que al menos el fondo esté en Grecia. El primer ministro italiano, Matteo Renzi, confesó ayer que también se opuso “porque hubiera sido una humillación”. El presidente francés, Francois Hollande, consideró que “la soberanía griega se ha preservado” y dijo que Tsipras había sido “valiente”.

De todos modos hay serias dudas sobre la utilidad de este fondo, pues debe alimentarse de privatizaciones y el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) admitió el mes pasado que hasta ahora han sido un fracaso. Desde 2011 sólo se han obtenido 7.700 millones, aunque han cobrado menos de la mitad. Pero ahora aspiran a recabar 50.000. Según los cálculos del FMI, a este ritmo harían falta cien años.

La lista de condiciones que se deben aprobar en tres días cuando no se han hecho en cinco años -“Un catálogo de la crueldad”, para el propio semanario alemán ‘Der Spiegel’- empieza así en los chistes que ya corren por Atenas: “Primera, acabar con el sida en el mundo. Segunda, resolver el conflicto israelí-palestino…”. Y en este plan. Es decir, muchos griegos piensan que les quieren echar y les han planteado exigencias irrealizables. Cuentan que en la reunión de anoche, en un momento de tensión, Tsipras se hartó, se quitó la chaqueta y la ofreció a Merkel y compañía: “¿Queréis quedaros también con esta?”. No salió en pelotas pero casi. La viñeta de un diario heleno le retrataba bajando del avión vestido con un barril pero orgulloso de haberse resistido hasta el final a ponerse una corbata.

Tsipras usó ayer un lenguaje bélico al describir “una dura batalla” y “un combate difícil” contra “algunos círculos ultraconservadores europeos”. Pero para guerra la que tiene ahora en casa. Debe hacer tragar el plan a su partido, la coalición de extrema izquierda Syriza, y aprobarlo en el Parlamento. Se esperan muchas deserciones y, como ocurrió el sábado al votarse el inicio de la negociación en Bruselas, será la oposición la que le salve los muebles. Nueva Democracia (ND) y los socialisats del PASOK, los dos partidos tradicionales y responsables de la crisis por crear un país ineficaz, corrupto y clientelar durante décadas, anunciaron ayer que le apoyarán. También To Potami (El Río), la nueva formación de centro. Las tres siglas saludaron con alivio el acuerdo.

En Syriza es otra cosa. Tsipras reconoció que las medidas aceptadas “son recesivas”, pero promete que “ahora el peso de las medidas se repartirá mejor en la sociedad”, hará pagar “a la oligarquía que llevó el país a esto” y se atraerán nuevas inversiones. Pero sus críticos no lo ven así. “El acuerdo es humillante para Grecia y su pueblo, es más duro, restablece la Troika y convierte el país en una colonia”, declaró la plataforma del núcleo duro del partido. Tiene 40 diputados de 149, en un Parlamento de 300. Los 13 de Griegos Independientes, los ultranacionalistas socios de Tsipras, también votarán en contra. Para rematarlo, por la tarde apareció en las redes sociales el exministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, como Pepito Grillo, y dijo: “Cuando el Banco Central Europeo cerró los bancos yo quería una moneda paralela y parar el pago de la deuda”. No es probable que guarde silencio a partir de ahora y animará la fiesta.

El guión previsto es: votación trágica en el Parlamento, hoy o mañana, fractura y escisiones en Syriza, crisis de Gobierno con remodelación de carteras, que quizá incluyan a miembros de la oposición, y elecciones anticipadas en breve. En los sondeos Tsipras sigue siendo el vencedor, con un 38% de los votos. En la calle la gente más o menos le defiende. Hay quien le odia, pero la mayoría cree que ha hecho lo que ha podido. En cuanto al referéndum, ninguneado en Bruselas, en general se aprecia que preguntaran a la gente.

Anoche era el momento de comprobar hasta dónde llega la ira del sector social más levantisco. Había una manifestación contra el plan que, a última hora, trascurría sin incidentes, con poca gente y hasta meláncolica. No se presentaron los ‘black block’. El país está agotado y quiere pasar página. Con otro Gobierno, de los partidos tradicionales, Atenas estaría ardiendo desde hace días, pero Tsipras ha contado, hasta ahora, con la confianza colectiva de que no es un vendido. Como único líder visible, y el único creíble, es un factor de estabilidad. Sería tranquilizador suponer que en la UE son conscientes de ello.

Las impresiones de ayer en la prensa y en la calle eran las que circulan por Europa, pero más pesimistas. Que es un acuerdo agónico que no puede ocultar profundas laceraciones y problemas en la UE que dejarán huella. Francia, que ayudó a Grecia a elaborar su propuesta, desautorizada. Alemania sobrada y malvada, a hacer daño, como si creyera en su superioridad moral. Schauble, el más malo, claro está. Pero lo peor es la conciencia fatalista de que la deuda, como advierten muchos expertos, es imposible de pagar y Grecia con estas recetas miopes seguirá ahogándose sin remedio y necesitando rescates periódicos. Que dentro de unos meses, un año, estaremos igual. Y que en medio del caos y el orgullo nacional herido, el partido neonazi Amanecer Dorado, tercer partido de Grecia, sigue esperando su momento.

 

La escena final de ‘Zorba el griego’ (1964), de Michael Cacoyannis, con Atnthony Quinn y Alan Bates:

 

(Publicado en El Correo)

Nunca en domingo

2015 julio 13

 

Es conocido lo que escribió Kafka en su diario el día que estalló la Primera Guerra Mundial: que se iba a la piscina. En un día tan dramático como ayer, los griegos optaron por irse a la playa. Porque el día sería dramático, y en Bruselas regular, pero desde luego en Atenas salió uno estupendo. A pesar de los topicazos que se oyen sobre Grecia se ha descuidado bastante el cine. Y ahí está ‘Nunca en domingo’, un éxito mundial de 1960, de Jules Dassin, con una guapísima Melina Mercouri. Es la historia de una puta del Pireo que no es para nada desgraciada, sino muy alegre, y que trabaja todos los días menos el domingo, que es sólo para divertirse. Trasladado a la situación política actual, y que se perdone la expresión, digamos que a los griegos nadie les puede joder el domingo. Quizá en Bruselas estén pensando en eso, en echarles de Europa y tal vez esta semana Grecia se hunda, pero no este domingo. Al menos quedan los placeres de la vida, y eso no se lo pueden quitar.

Fotis, un señor de 57 años, pregunta repantingado en una tumbona: “¿Qué me importa a mí lo que piense un finlandés?”. Y no cualquier finlandés, sino los Verdaderos Finlandeses, el partido ultraconservador que empuja a su país a echar a Grecia de la UE. ¿Dónde están al menos los falsos finlandeses cuando se les necesita? Fotis deja caer, como con desdén, una frase definitiva: “Ya ves, es el país con más suicidios de Europa”. Viene a decir que los finlandeses no saben vivir, no como los griegos, y qué vas a esperar de gente así. Este es el famoso abismo cultural entre norte y sur que se notaba ayer en la UE.

En realidad Finlandia no es el primer país de la lista de suicidios, antes están Letonia y Lituania, pero para el caso es lo mismo, los tres están entre los más duros con Atenas en las negociaciones. La crisis, no obstante, ha disparado los suicidios un 35% en Grecia desde 2010. En esto la austeridad sí parece que está dando grandes pasos hacia la cohesión europea.

Por la mañana en Atenas sólo había inmigrantes y turistas. Algunos equipos de televisión se desesperaban porque desde la redacción les pedían imágenes de gente en los cajeros y tensión en los bancos. Pero no había. Es el clásico problema de plantearse los problemas desde el pueblo de uno, como pasa en España, que ya están metiendo a Grecia en la campaña electoral. Como si tuviera algo que ver. Así nacen luego las incomprensiones y en la UE cada uno va a lo suyo.

Yendo al tranvía de la playa desde los barrios alejados del centro sólo se ven paquistaníes, bengalíes, chinos. Matando el rato en su día libre, o con sus tiendas abiertas, las únicas. Un paquistaní de Metaxourgio te corta el pelo y te afeita por cinco euros. En torno al mercado central hay más animación, es una zona de comercios de inmigrantes. Los únicos griegos son toxicómanos, tirados en los soportales. Durante la crisis la heroína ha vuelto con fuerza a Atenas. Los paquistaníes de la calle Sofokleus cuentan que los neonazis de Amanecer Dorado últimamente no van por allí a darles palizas. Pero están preocupados por lo que pueda ocurrir si la situación degenera. Con el orgullo nacional herido suele pasar. Y Grecia, pese a la playa del domingo, no es tanto mediterránea como balcánica, se suele olvidar.

Cerca de Monastiraki se ve ya a los turistas tomando capuchinos. Si Grecia sale del euro sólo podrá agarrarse a esto: turismo y exportaciones. Pero suponen el 18% y el 32% de su economía respectivamente, poco para sostener el país. Los sacrificios de estos cinco años siguen sin ser suficientes: han recortado gastos y subido impuestos en una cantidad equivalente al 30% del PIB, según el analista Ian Bremmer, y han mandado a casa 267.000 funcionarios. Ahora quedan unos 685.000. Pero parece que no basta.

El protagonista de ‘Nunca en domingo’ era un estadounidense obsesionado con el orden que intentaba redimir a la chica porque veía en ella un símbolo de la decadencia de Grecia. Le salía mal. Es más, el actor, que era el director, se casó con la actriz y se quedó a vivir en Atenas. Mercouri llegó a ser ministra de Cultura y cuando le dieron a Atlanta los Juegos Olímpicos de 1996 dijo con desprecio: “Han preferido la Coca Cola al Partenón”. Son muy suyos.

En la plaza Syntagma, cerca de la parada del tranvía, un anciano sentado en la acera, en calcetines, mete minúsculas bolitas de colores en un hilo. Tarda muchísimo en meter cada una. Son collares que vendía a un euro. El tranvía sale justo enfrente del Parlamento. “No, hoy no es gratis, mañana sí”, aclara la vendedora de billetes. Cuesta 1,60. El domingo es un día serio en Grecia, las medidas excepcionales del corralito, como el transporte gratuito, son para el resto de la semana.

Al mar se llega en media hora y luego hay otra media a lo largo de las playas. Se alternan zonas populares, donde se come el bocata, con clubes de tenis y puertos deportivos con yates y veleros. Según el plan de ajuste de Tsipras, las embarcaciones de más de cinco metros pagarán una tasa de lujo, así que muchos estarán ahora con la cinta métrica. También quiere hacer pagar, por fin, a los armadores, la oligarquía dueña de la primera flota del mundo y que no paga impuestos. Pero amenazan con irse a Chipre o Singapur. Son los del tranvía los que pagan.

Parada en Marina Alimou para preguntar un poco. “Nos hemos rendido, este es un plan peor que el del referéndum y ahora nos piden más, ¿quieren o no quieren humillarnos?”, se pregunta Christos, universitario. “¿Desconfianza? Claro que la hay, pero porque tienen un prejuicio ideológico con Tsipras. Para ellos es un peligroso comunista y quieren aplastarle, castigarle para que aprendan los demás. Ha cometido errores, pero desde el principio han ido a por él, sin ceder en nada. Esto ya no es sobre Europa o las reglas, es guerra política a gran escala”, sentencia. Precisa que no votó a Tsipras. Luego se va a bañar, porque se ha calentado.

Lo cierto es que nada más bajar del tranvía se oyen pajaritos y cigarras, huele a pinos y corre la brisa, la angustia de la crisis se evapora. Después de 36 estaciones, en Asklipio Voulas, fin de trayecto. Si uno se deja llevar por la masa, que es lo normal en este momento, acaba en el Beach Bar, un garito de moda. ¿Qué hay al final de este largo camino del tranvía? Un fiestón a reventar de gente con música a todo volumen. Chicas en bikini que se hacen selfis y tipos musculosos que miran sus móviles. La caña, 4,50 euros. El gin-tonic, 7 en vaso de plástico. Aquí la crisis no existe. En el horizonte sólo se divisan siluetas de islas. Dentro de cada país europeo pasa como en Europa: cada vez ocurre más que pobres y ricos, según les haya tocado o no la crisis, forman dos mundos más distantes que no se conocen, no se tocan y no se comprenden.

Por la tarde en el tranvía de regreso el clima es distinto. Los niños duermen sin saber, ni falta que hace, que ese futuro tan negro de Grecia es suyo. Sus padres tienen los ojos medio cerrados de cansancio y la mirada perdida. Saben que al día siguiente es lunes. Al volver a Syntagma el viejecito sigue en el mismo sitio tras pasar el domingo metiendo bolitas.

 

La canción, que aún se oye en las calles de Atenas, ganó el Óscar a la mejor música y canción original.

Melina Mercouri fue premiada como mejor actriz en el festival de Cannes.

 

(Publicado en El Correo)

 

El Gobierno griego se tambalea y se temen elecciones

2015 julio 12
por Íñigo Domínguez

El Gobierno de Alexis Tsipras puede tener los días contados. Aunque haya acuerdo con la UE, y con un futuro complicado en cualquier caso, Grecia ya tiene otro problema añadido: es muy posible que no cuente con la estabilidad política deseable para gestionarlo en los próximos meses. Incluso puede haber elecciones anticipadas en otoño, cuando no han pasado ni seis meses de las últimas.

El sector más radical del partido de Tsipras, la coalición de extrema izquierda Syriza, dejó ayer patente su descontento con el plan de ajuste de 12.000 millones que el Ejecutivo empezó a negociar ayer en Bruselas. Lo hizo de madrugada en el Parlamento de Atenas, donde se votaba el apoyo al primer ministro y su propuesta en estas cruciales conversaciones. Fue una de esas inverosímiles sesiones griegas de discursos interminables y por fin se votó a las 3.30 de la mañana. La cámara respaldó a Tsipras por amplia mayoría, 251 votos de 300, pero dentro de Syriza las cuentas no salieron: dos diputados votaron en contra, ocho se abstuvieron y siete estaban ausentes.

Hay más, porque otros 15 parlamentarios del partido aclararon que no estaban de acuerdo con las concesiones realizadas y que habían votado a favor a regañadientes sólo para salvar al Gobierno. Total, 32 diputados revueltos que amenazan con recortar el apoyo del grupo de Syriza de los actuales 149 escaños a 117. Entre los que se abstuvieron hay dos ministros y la propia portavoz del grupo, Zoe Konstantopoulou.

El ala dura de Syriza aún es más amplia, cuenta con 40 diputados, incluido el propio ministro de Finanzas, Euclides Tsakalotos, y tiene capacidad de boicotear la línea política de Tsipras. De hecho la ha condicionado mucho estos meses. La votación de ayer sólo ha sido un preámbulo, con salvas de aviso, de la batalla que se abriría luego. El Parlamento sólo ha aprobado dar mandato al líder griego para negociar un pacto, con la base de la propuesta presentada. Después, si por fin hay acuerdo en Bruselas, habrá que votarlo y es entonces donde todo puede saltar por los aires.

El partido de Tsipras obtuvo 149 escaños en las elecciones del pasado mes de enero, a dos de la mayoría absoluta, y tuvo que pactar con la formación ultraconservadora Griegos Independientes. Cedió la cartera de Defensa a su líder, el lenguaraz Panos Kammennos. Sus 13 diputados ayer se portaron bien y respaldaron a Tsipras, pero su cabecilla tronó en el Parlamento: “¡Si votáramos con nuestra conciencia diríamos ‘no’ a los chantajes a nuestra patria!”. También por ahí late malestar, y Kammenos es un oportunista redomado que puede cambiar de bando si le conviene.

En realidad, con los números en la mano, tres partidos de la oposición salvaron ayer los muebles y proporcionaron a Tsipras una apariencia de solidez institucional para negociar en Bruselas. Lo cierto es que las dos formaciones del Ejecutivo se quedaron en 145 escaños y el resto los pusieron el partido conservador Nueva Democracia (ND), el socialista PASOK y la nueva fuerza de centro To Potami (El Río). Tsipras ya había firmado con ellos el lunes una declaración de unidad nacional para asegurarse la tranquilidad en el Parlamento, consciente de los problemas internos de su partido.

Naturalmente, esto sólo puede ser una solución provisional en una situación de emergencia. La prioridad es salvar a Grecia hoy y evitar la ruina, pues mañana los bancos se quedarán sin dinero y esperan una inyección in extremis de liquidez del Banco Central Europeo (BCE). Si Tsipras logra cerrar un acuerdo en Bruselas tampoco podrá descansar demasiado, porque tendrá que arreglar el lío que tiene en casa. Por supuesto, si al final se rompe el diálogo con la UE, el apocalipsis que se prevé en Grecia cambiará todas las previones y problemas.

Los analistas griegos llevan dos días maquinando todo tipo de hipótesis sobre qué ocurrirá en el Gobierno si Grecia cierra hoy un acuerdo. La clave es cuál va a ser ahora la estrategia de Tsipras con el núcleo crítico de su partido. Las disensiones son familiares en Syriza, una coalición de trece siglas que van de socialdemócratas a marxistas puros. El poder les ha cohesionado y quitan hierro a las discusiones asegurando que es sana democracia interna. Quizá hasta ahora. Tsipras puede dialogar con los disidentes, domesticarlos o incluso eliminarlos, lo que degeneraría en una escisión y un desplazamiento de Syriza hacia el centro, como gran partido de consenso. Desde luego Tsipras es el único líder visible en Grecia en este momento, con la oposición devastada, y si es hábil puede instalarse en el poder muchos años.

En este escenario, y si hoy todo acaba bien, se da casi por hecho que se aproxima una crisis de Gobierno esta semana o la que viene con el cambio de algunos ministros. Quizá salgan los dos del ala radical que se abstuvieron ayer y Tsipras podría optar por ceder alguna cartera a la oposición. Otra alternativa es un nuevo Ejecutivo de unidad nacional, con todos los partidos favorables a seguir en el euro, pero Tsipras ya adelantó el viernes, en la discusión con los parlamentarios de Syriza, que no estaba dispuesto a seguir a cualquier precio como jefe de un Gobierno técnico. Por eso en el horizonte se vislumbran elecciones anticipadas. Grecia necesita estabilidad para aplicar reformas decisivas y, si llega a un acuerdo con la UE, aplicar las medidas pactadas. Los sondeos, en todo, caso apuntan que en unos comicios ganaría Tsipras, lo que podría reforzarle. Mucho más aún si se sacude de encima el sector crítico de su partido.

(Publicado en El Correo)

 

Empezarán a morir delfines

2015 julio 12
por Íñigo Domínguez

Cada vez es más difícil hacer comprender la magnitud de la crisis en Grecia. Parecen agotados los argumentos y que el drama humano ya no conmueve. En las tertulias se oyen comentarios desdeñosos hacia los griegos, como si se lo merecieran, y las negociaciones se estiran hasta el infinito. Pero el mundo digital enseña sabiamente que las noticias más vistas son los vídeos de animales, y en eso la sensibilidad europea es homogénea, así que ahí va esta: el zoo de Atenas se está quedando sin comida y si esto sigue así algunos animales empezarán a morir. Los delfines empezarán a morir. Ciertas especies de monos empezarán a morir. También los flamencos. Esto es así, deben saberlo en Bruselas. Deben correr la voz los medios sensacionalistas europeos que se mofan del pueblo griego. Los animales del zoo, en cambio, no tienen culpa de nada. Y son 2.200, y de 400 especies.

“Si continúa el bloqueo de capitales dentro de dos semanas tendremos problemas para alimentar a los animales. Se está acabando, por ejemplo, la comida de los monos, de los flamencos y de algunas aves. Tienen regímenes de comida especial que normalmente importamos, pero ahora no está llegando. Tienes que pagar en el acto, ahora nadie te da 60 días de crédito. Los delfines, por ejemplo, comen pescado congelado, arenques, que aquí no hay, y los traemos desde Holanda, nos quedan como mucho para cuatro semanas”, explica Jean Jacques Lesueur, fundador y dueño del Parque Zoológico Attica, un área de 20 hectáreas que se halla en las afueras de Atenas. No contempla trasladar a los animales a otro zoo porque requiere un proceso burocrático complicado.

Lesueur es un amable señor francés que lleva 45 años viviendo en Grecia, abrió el parque en 2000 y ahora sufre por ver las penalidades del país. Este zoo es el más importante de los Balcanes, junto a los de Sofía y Tirana, y ha notado mucho el impacto de la crisis. Los griegos, como es natural, ya se gastan el dinero en lo indispensable y las visitas al recinto han caído un 50%. Trabajan en esta empresa 70 personas, pero si al final no hay acuerdo con la UE o no abren los bancos su propietario teme que mañana tendrá que despedir a 15 ó 20 empleados. Aunque eso es el drama humano que ya no es noticia. Cada día es un goteo de señales de declive. Por ejemplo, en las tiendas empiezan a aceptar la moneda búlgara, el lev, sobre todo en las localidades fronterizas con este país. Del mismo modo se hace acopio de oro y productos electrónicos, como bienes refugio. Ayer se estimaba que los bancos griegos ya necesitan una recapitalización de 25.000 millones de euros. Pero estos números quizá ya no hacen mella. Los delfines, los monos, los flamencos: el tiempo se acaba.

(Publicado en El Correo)

Tsipras cede en casi todo

2015 julio 11
por Íñigo Domínguez

 

El salto mortal con pirueta de Alexis Tsipras le ha dejado más o menos donde estaba, pero con el mérito de haberse ganado a su público, o al menos eso espera, y que le reconozcan su valor. En el referéndum del pasado domingo un 61% de los votantes griegos dijo ‘no’ al plan de ayuda de los acreedores que estaba sobre la mesa a finales de junio. Tsipras prometió negociar uno mejor, tener un acuerdo en 48 horas y reabrir los bancos. Las tres cosas han resultado falsas: el nuevo plan enviado a Bruselas poco antes de la medianoche del jueves es más o menos igual para los griegos, con enormes ajustes por 12.000 millones en dos años, ha transcurrido ya una semana agónica a la espera de la jornada decisiva de hoy y los bancos siguen cerrados. Les queda dinero hasta el lunes y, aunque haya acuerdo, no está nada claro que vayan a abrir. Y aún así ahora es el mejor escenario posible para Grecia. Y aunque parezca mentira, mejor para Tsipras de lo que era antes del referéndum.

Si hay acuerdo, Grecia obtendrá su tercer plan de rescate en cinco años. Unos 50.000 millones en tres años, que se sumarán a los 240.000 ya recibidos. Pero el otro cálculo que hace Tsipras es que cada uno de ellos, con sus duras medidas de austeridad, ha significado la caída de un gobierno heleno. El de 2010 hundió al Ejecutivo socialista de Papandreu y el de 2012, al conservador de Samaras. El primer ministro de Syriza, coalición de extrema izquierda, quiere sobrevivir y romper esa regla. Su baza es que ha peleado hasta el borde del abismo, que no ha tenido mas remedio y que al menos no se ha bajado los pantalones a la primera.

El único caramelo dentro de esta amarga medicina que puede exhibir ante los griegos, y al ala dura de su partido que le atosiga, es una próxima reestructuración de la deuda, ya cerca de un 180%, con nuevos plazos e intereses, pues esta semana se ha fraguado un tímido consenso inicial sobre ello. A partir de ahora, si finalmente la UE firma, empezará la particular batalla de Tsipras contra su desgaste político interno, porque la cruda verdad es, como se preveía, que se presentan nuevos años de austeridad. Su primer reto es vender este plan a los que dijieron ‘no’ tras montar el gran número del referéndum. Si esto lo hubiera hecho uno de los Gobiernos anteriores Atenas probablemente ya estaría en llamas. Y aún no debe descartarse.

Número arriba, número abajo, los 20 folios de la propuesta griega, aceptan o se acercan mucho a la mayor parte de las últimas indicaciones europeas. Contempla subidas de IVA e impuestos, aunque menos recortes de gasto de lo que se prefiere en Bruselas. Algunas concesiones cruciales de Tsipras: el fin del 30% de descuento del IVA en las islas a partir de octubre, una medida que favorecía el turismo en lugares como Mikonos o Santorini, aunque las más remotas aún mantendrán ventajas; la campaña de privatizaciones que había bloqueado, como los puertos del Pireo y Salónica, los aeropuertos regionales y la zona de la vieja terminal de Atenas, aunque sigue dejando fuera el coloso eléctrico DEI, línea roja del núcleo duro de Syriza; se mantiene la impopular tasa sobre inmuebles durante 2016; suben los impuestos societarios del 26 al 28% y se gravan los bienes de lujo, como una tasa sobre los yates que asciende del 10% al 13%. También, por fin, aumenta la fiscalidad sobre los armadores, con un incremento del impuesto sobre el tonelaje de los buques.

El Ejecutivo griego, que asegura un nuevo impulso contra la corrupción y la evasión fiscal, ha intentado mantener posiciones en otros capítulos delicados. La cuestión laboral, por ejemplo, quedaría aplazada al otoño. Tsipras aún quiere cumplir su promesa electoral de abolir los despidos colectivos, aprobados por el anterior Gobierno de Samaras, y restaurar los contratos nacionales. También pretende subir el salario mínimo a 751 euros. Otro dossier complicado para el líder heleno es recortar en Defensa. Es el presupuesto más alto de la UE, un 2,4%, por su histórica tensión con Turquía, pero ahí es donde le tiene agarrado por la solapa su anómalo socio, el partido ultraconservador Griegos Independientes, que le garantiza la mayoría parlamentaria. La UE pedía un tijeretazo de 400 millones, pero Tsipras ha reculado incluso de su última oferta: sólo ha llegado a 100 este año y 200 el que viene.

La principal batalla, sin duda, son las pensiones, el punto más conflictivo a nivel social y el más atacado por los acreedores, la Comisión, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Grecia es el país europeo que mayor porcentaje de su PIB destina a esta partida, un 16,2%, seguida de Italia y Francia. En España, por ejemplo, es un 11,8%. Holanda es la última, con un 6,9%. Lo que ocurre es que en el desastre económico es la principal fuente de ingresos para la mitad de los hogares griegos y el 45% de las pensiones están por debajo del umbral de pobreza, 665 euros. Atenas ya las ha recortado un 30% de media desde 2009 y ha eliminado muchos de los absurdos privilegios que había consentido en el pasado. Pero al final ha aceptado todo lo que estaba en la mesa antes del referéndum, aunque no ha hecho más cesiones: suprimir las últimas prejubilaciones y otros suplementos, congelar las pensiones hasta 2021 y retrasar la edad de retirada hasta los 67 años en 2022. Ahora es de 63 para los hombres y 59 para las mujeres. La UE pretendía un recorte total del 1% del PIB en este apartado y Grecia lo asumirá a partir de 2016.

En total, el plan es peor que los 8.000 millones de ajustes que el Gobierno griego había previsto para este año y el que viene. La razón es que la economía ha empeorado. Pensaban crecer un 0,5% y ahora temen una recesión del 3%. Es otro efecto perverso de estos cinco meses de incertidumbre y, como puntilla, de estas dos semanas, de momento, de corralito.

 

Tsipras logra aplacar a los duros, pero Vaorufakis se las pira

La desorientación, la desilusión y la resignación de gran parte del pueblo griego eran patentes ayer en la plaza de Syntagma, situada frente al Parlamento y centro de las celebraciones del domingo por el triunfo del ‘no’ en el referéndum. Ayer había una manifestación convocada por los votantes de aquel ‘no’ que fue algo desangelada, pues ya tiene otro significado: ahora les venden casi el mismo paquete en otro envoltorio y les piden un ‘sí’. Era un lío, porque esta gente quiere seguir en Europa pero el ‘no’ se asociaba ayer inevitablemente con un rechazo al nuevo plan del Gobierno que, a esa hora, se sometía a la aprobación del Parlamento. Para colmo al mismo tiempo confluyeron en la plaza otras dos protestas, de comunistas y sindicatos y siglas de extrema izquierda, que sí están en contra de todo acuerdo e incluso quieren salir del euro. Cayó la noche y la muchedumbre esperaba a última hora de ayer el desenlace sin que el descontento se hubiera traducido en incidentes. El referéndum también ha sido una suerte de desahogo final, una catarsis nacional que ha dejado a todo el mundo muy cansado, rendido a lo que sea. Si Tsipras lo hizo por eso parece que le ha salido muy bien.

El Parlamento debatía anoche el vía libre para que el Gobierno griego negocie su propuesta en Bruselas. Era un gesto de seriedad muy conveniente para la jornada decisiva de hoy y, a la espera de una votación de madrugada, se daba por hecho, pues tanto los dos partidos del Gobierno como casi toda la oposición confirmaron su apoyo. Durante la sesión el nuevo ministro de Finanzas, Euclides Tsakalotos, defendió que el último plan es mejor que el rechazado en el referéndum. “Muchas de la demandas griegas van a ser aceptadas”, aseguró, y entre ellas citó una aspiración helena: que 27.000 millones de euros de bonos griegos del Banco Central Europeo (BCE) puedan pasar al fondo de ayuda del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MES). Tsakalotos también sostuvo que los ajustes “se repartirán de forma más equitativa”.

El primer ministro, Alexis Tsipras, debía lidiar ayer con la misma confusión de la calle dentro de su partido, la coalición de extrema izquierda Syriza, donde el ala más radical está muy revuelta con el nuevo plan. Sabedor de este malestar, Tsipras obtuvo el lunes un pacto de unidad nacional con casi toda la oposición, salvo los neonazis de Amanecer Dorado y los comunistas, para no tener sustos en el Parlamento. Pero, naturalmente, desea reducir al mínimo la disidencia interna. Por eso reunió ayer a sus parlamentarios a las ocho de la mañana para cerrar filas. “O seguimos todos juntos o nos vamos todos juntos, no tengo la intención de ser jefe de un Gobierno técnico”, advirtió ante el riesgo de una crisis del Ejecutivo por divisiones internas. “Tenemos un mandato para arrancar un acuerdo mejor, no para sacar a Grecia del euro”.

Al menos tres diputados de Syriza, según medios griegos, se negaban anoche a apoyar el plan, pero el resto asumió la disciplina de voto. El ala dura, que aglutina a unos 40 diputados de un total de 149, en un hemiciclo de 300 escaños, lo asumió de forma pragmática, por el momento: “Votamos a favor de delegar en el Gobierno, no del plan en sí”. Hubo una ausencia más muy significativa: el hasta ahora ministro de Finanzas, el controvertido Yanis Varoufakis, anunció que no asistiría a la votación por “motivos familiares”. Sin embargo fue cazado por los fotógrafos en el ferry de la isla de Aegina, donde tiene una casa. Al final el plan fue aprobado, pero fallaron 17 diputados de Syriza: 8 abstenciones, 2 votos en contra y 7 ausencias.

Lo que debe de pensar Varoufakis y lo que se piensa en el núcleo duro de Syriza está claro, lo dijo ayer su líder, el ministro de Energía, Panayotis Lafazanis: “El plan no está en línea con nuestro programa y no ofrece ninguna perspectiva para la economía. El ‘no’ del pueblo en el referéndum no puede traducirse en un ‘sí’ humillante”. La batalla interna del partido de Tsipras queda aplazada hasta la aprobación definitiva del plan, si hoy recibe el visto bueno del resto de la UE, y anuncia las graves tensiones que pueden sacudir en breve el Gobierno griego. Con el riesgo de elecciones anticipadas, aunque los sondeos vuelven a dar como claro ganador a Tsipras. En todo caso, más caos en el horizonte en Grecia.

(Publicado en El Correo)

La dura negociación de Tsipras… en casa

2015 julio 10
por Íñigo Domínguez

El Gobierno griego se desvive ahora por agradar a sus acreedores europeos en busca de un acuerdo. La paradoja, muy previsible por otra parte, es que luego debe vender en casa como un logro algo que, en principio, es peor que la propuesta rechazada heroicamente en el referéndum del domingo. En este teatro del absurdo donde se mezclan lances emotivos y cálculos técnicos el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, al menos ya ha conseguido moverse con total legitimidad popular para hacer lo que le parezca, pero no debe olvidarse que tiene dos frentes abiertos. Sólo se habla del externo, el europeo, pero el interno también es fino.

En caso de acuerdo, no sólo será Angela Merkel y otros líderes europeos quienes deban superar luego el trámite de sus parlamentos nacionales. También Tsipras, y no será tan fácil, porque sus principales críticos están en su propio partido. Syriza, la coalición de extrema izquierda del primer ministro, es una unión de trece siglas de un amplio espectro ideológico, no siempre armónico. La llamada ala dura, unos 40 diputados de un total de 149, ha sido el principal acicate para tensar la negociación en Bruselas estos cinco meses. Es más, algunos analistas creen que Tsipras convocó el reférendum para imponerse dentro de su partido.

Ayer esas dos almas emergieron nítidamente nada más empezar la mañana. El portavoz del Ejecutivo, Gavriil Sakelaridis, se despertó muy optimista y veía el acuerdo al alcance de la mano: “Si todo va bien puede que no sea necesaria ni la cumbre del domingo”. El viceministro de Finanzas, Dimitris Mardas, declaró también que “un mal acuerdo es mejor que ninguno”. Pero luego apareció el cabecilla del núcleo duro, Panayiotis Lafazanis, y pisó el freno: “No queremos un tercer rescate que traiga más austeridad y sufrimiento al pueblo griego. Sabemos que a estas alturas todas las opciones son duras, pero las peores, las más humillantes, significarían la rendición del país, y eso nunca lo aceptaremos”.

Ahora se aprecia bien cómo se movió Tsipras el lunes, al día siguiente del referéndum. Sus dos decisiones de ese día preparaban este escenario. Forzó la dimisión del ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, no sólo porque nadie le soportaba en Europa, sino porque su sustituto, Euclides Tsakalotos, es un influyente exponente del ala dura de Syriza. Será Tsakalotos, uno de los suyos, quien firme el acuerdo y deba convencer de sus bondades al resto de camaradas. El segundo gesto de Tsipras fue reunir a todos los partidos de la oposición, salvo el neonazi Amanecer Dorado, que firmaron una declaración de unidad nacional para apoyar un acuerdo con la UE. Sólo los comunistas se negaron. Es decir, Tsipras puede permitirse un paquete de votos en contra de su propio partido en el parlamento, porque el resto de fuerzas le salvará los muebles.

El presidente provisional del partido conservador Nueva Democracia (ND), segunda formación del país, Vangelis Meimarakis, confirmó ayer que respaldará al Gobierno. Lo ocurrido en ND es significativo del éxito total de la estrategia de Tsipras en el plano interno: este partido pidió el ‘sí’ en el referéndum y el resultado hizo dimitir a su líder, Antonis Samaras.

El centro y la derecha tienen mucho interés en que Tsipras vuelva de Bruselas con un acuerdo. En un miedo que se palpa en cualquier conversación con empresarios o gente de clase alta: temen que una salida del euro se traduzca en medidas de emergencia como nacionalizar bancos y grandes compañías, e incluso una deriva autoritaria para aplacar la agitación social. En fin, una especie de Venezuela mediterránea. De momento se da por hecho que los bancos no abrirán ni el lunes ni en varias semanas.

Stavros Theodorakis, periodista y líder de To Potami, el nuevo partido que sería algo así como Ciudadanos, no ha dudado en advertir del riesgo de “una democracia controlada de estilo ruso”: “En Syriza hay importantes dirigentes a quienes este tipo de régimen les gusta mucho. No creo que Tsipras cometa el error de hacerles caso, pero Grecia no puede ser una democracia si sale de Europa”.

En este panorama guarda silencio un sector normalmente muy ruidoso, los violentos grupos anarquistas y antisistema que han salido a quemar Atenas en los momentos de tensión en los últimos años. Desde que Tsipras llegó al poder, en enero, han estado muy tranquilos. La semana pasada, en la última manifestación por el ‘no’ en la plaza de Syntagma, aparecieron por primera vez en escena y tuvo lugar la primera carga policial de un Gobierno de extrema izquierda griego. Si hay acuerdo con la UE y no les gusta, tras el subidón patriótico del reférendum, quizá salgan a expresar su opinión del mejor modo que conocen.

 (Publicado en El Correo)

Los alemanes van a venir

2015 julio 9

 

Los gobiernos y las agencias de viajes europeos están aconsejando a los turistas que van a Grecia, aunque se están disparando las cancelaciones, que se lleven dinero contante en abundancia y reservas de medicinas. Circulan en los medios fotos de estanterías vacías en los supermercados de Atenas. Falsa alarma: no es fácil encontrar farmacias o tiendas desabastecidas en la capital griega. “Es verdad que hubo cierto pánico cuando se cerraron los bancos y algunos productos, la pasta, la harina, el azúcar, se acabaron porque la gente acaparó de todo. Supongo que las fotos se hicieron esos días. Pero desde entonces no hay problema, no falta nada”, dice el director de un supermercado de Atenas indicando las baldas llenas. Luego señala al cielo: “Lo que pasará a partir del domingo, si no hay acuerdo con Europa, sólo Dios lo sabe”.

Es un supermercado de la cadena AB, Alfa Beta Vassilopoulos, la segunda del país con 350 establecimientos. En realidad desde los noventa pertenece a la multinacional belga Delhaize, presente en tres continentes, y puede aguantar bien, de momento, el impacto del corralito. Los plátanos, de Ecuador, están a 1,60 euros. El litro de leche, belga, de marca blanca, 0,98. Hasta las patatas son importadas: 0,64, de Chipre, cinco céntimos más baratas que las griegas. El litro más barato de aceite heleno, tercer productor mundial, está a 5,80 euros. Grecia importa la mayor parte de lo que consume y si se alarga el bloqueo de capitales el engranaje se atascará rápido, por no hablar de lo que pasará si sale del euro.

Los bancos, cerrados el lunes 29 de junio, iban a reabrir sus puertas este martes, luego se aplazó a hoy y ayer, hasta el próximo lunes. Pero nadie en Atenas cree que vaya a ser en semanas, la gente los asaltaría para vaciar las cuentas corrientes. El Gobierno va anunciando las prórrogas con cuentagotas, para no asustar. “Mira, yo no me asusto, porque dinero ya no tenemos, media Grecia ya es pobre desde hace cinco años para acá, nos iremos arreglando”, dice Danae, ama de casa. Se las arreglan, por ejemplo, no pagando impuestos. El otro día terminó el plazo de la declaración de la renta y solo dio señales de vida un tercio de los ciudadanos. El Gobierno ha tenido que ampliarlo hasta el 27 de julio. La compañía eléctrica nacional, DEI, ha confirmado que las facturas no pagadas están abriendo un agujero de 20 millones de euros al día. La patronal advirtió ayer que el consumo del pequeño comercio ha caído en estos días un 70%.

Los griegos esperan que su primer ministro, Alexis Tsipras, negocie bien, o mal, o lo que sea, pero que cierre un acuerdo y acabe el domingo con este estado de excepción. Sobre lo que vendrá después nadie se hace ilusiones. “No, no hay problemas de suministro, de momento, pero le puedo decir que la mitad de las 11.000 farmacias que hay en Grecia cerrará si el Gobierno acepta las imposiciones de Bruselas: quieren que bajemos un 40% el precio de las medicinas. Empezaremos a cerrar, liberalizarán la venta en supermercados y vendrán cadenas alemanas, o de donde sea, a hacerse con el negocio”, opina Giorgios Papaxarisis, un farmacéutico del céntrico barrio de Ambelokipi. Apunta que las ventas han bajado de 5.700 millones en 2010 a 1.500 el año pasado. “Están experimentando con nosotros un modelo de explotación que luego aplicarán en España y otros países del sur”.

Es el mismo razonamiento que hacía a esa hora Tsipras ante el Parlamento europeo, denunciando que Grecia ha sido usada como conejillo de indias de las recetas de austeridad. Una de sus primeras decisiones al ganar las elecciones en enero fue paralizar las privatizaciones de los 14 aeropuertos regionales griegos, con gran enfado de Alemania. Porque incumplía lo pactado con la troika, pero quizá también porque iban a ir a parar a la empresa germana Fraport, que gestiona el aeropuerto de Frankfurt.

Este barrio bien de Atenas votó ‘sí’ en masa en el referéndum, pero piensan más o menos como Tsipras, hay ideas comunes y compartidas por muchos griegos. Este pueblo es dado a paranoias de conspiraciones exteriores, porque ha vivido históricamente en guardia esperando al enemigo, desde los persas al imperio otomano, de los fascistas italianos a a los actuales vecinos turcos. También, es cierto, se resiste a la modernización y a la globalización. Pero los médicos de este barrio acomodado ya están cobrando 800 euros al mes y no quieren seguir bajando. “Pretenden reducirnos a ser Bulgaria o Albania, mano de obra barata en una Europa a dos velocidades”, se queja Papaxarisis. Y ya te compras pisos en Atenas o en islas paradisiacas por precios ridículos. Alemania, odiada desde la ocupación nazi y demonizada hasta la saciedad en estos años, es la cara visible, sea verdad o no, de todos estos miedos.

Yannis Karalis, dueño de una amplia zapatería, piensa igual. Como ejemplo muestra unas pilas de cajas: “Mira, marcas españolas, Raquel Pérez, Viguera, Liberitae, Plakton, si esto sigue así no podré importarlas más, y perderán este mercado. Malo para España ¿no? Pero en cambio mira esta otra, Marco Tozzi. No, no es italiana, Italia era la número uno pero ya fabrican en Albania o Pakistán. Esta marca la ha comprado una compañía alemana, algo rarísimo, porque no es lo suyo y se están metiendo. Estos podrán seguir llegando, y luego vendrán a abrir sus tiendas. ¡Es un proyecto de colonización alemana!”. Aquí están convencidos, como en ‘Bienvenido, Mister Marshall’, de que los alemanes van a venir. O, más bien, como en otra película, que ya están aquí. Era una con título alemán: de ‘poltern’, hacer ruido, y ‘geist’, espíritu. En España se llamó ‘Fenómenos extraños’.

(Publicado en El Correo)

La lista de regalos de ‘Bienvenido, Mister Marshall’ (1953), de Luis García Berlanga:


 

Por cierto, Grecia entró en el Plan Marshall, España no y pasó décadas de autarquía y proteccionismo. Decidieron meter a Grecia, y de hecho fue la primera en recibir dinero, por su valor y peligro estratégico, en los Balcanes, en el límite con Oriente y el bloque soviético. Ahora Estados Unidos también presiona para salvar a Grecia por las mismas razones. La película de Berlanga es de 1953 que, dicho sea de paso, fue el año en que se perdonó a Alemania el 60% de su deuda de la Segunda Guerra Mundial.

 

Plan B en Atenas

2015 julio 8
por Íñigo Domínguez

La prioridad absoluta de Grecia es reabrir los bancos, cerrados ya desde hace nueve días, y transmitir una señal de vuelta a la normalidad. Para ello necesita una luz verde política desde Bruselas al Banco Central Europeo (BCE) y que éste reanude el flujo de liquidez de emergencia. Sin él, los bancos griegos, que solo dan un máximo de 60 euros en los cajeros, se quedarán sin dinero hoy o mañana. Quizá algún día más, es un misterio. El Gobierno anunció que los bancos abrirían mañana, pero hay muchas dudas sobre ello. Hoy debería disiparlas y mucho dependerá de una nueva reunión del BCE a lo largo del día.

La negociación con la UE es, por tanto, una contrarreloj. Pero ¿qué ocurre si el dinero se agota antes de llegar a un acuerdo? “No tenemos un ‘plan B’, de verdad”, repetía anteayer, en confianza, un miembro del equipo de Gobierno, cercano a Tsipras, encontrado por azar en un restaurante de moda de Atenas. En la capital griega nadie se lo cree y abundan los rumores. Las hipótesis de un ‘plan B’ contemplan la emisión de pagarés, o IOU, en sus siglas en inglés -de ‘I owe you’ (‘yo te debo’)-, para paliar la falta de efectivo. El Estado empezaría a pagar pensiones y salarios públicos con una parte en euros, un 30%, y un 70% en pagarés. De este modo entrarían en el mercado.

En la práctica es una moneda paralela, aunque de carácter provisional, un parche mientras llega dinero fresco. Puede sonar a chino, pero el propio exministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, en su escrito de dimisión del lunes, apuntaba a esta hipótesis si el BCE cerraba su grifo de liquidez, así como un informe de Barclays sobre los efectos de un ‘no’ en el referéndum. El BCE, de todos modos, ya ha advertido que sería un recurso chapucero que viola las reglas y “llevaría a la salida del euro”. Pero algo tendrán que inventarse en Grecia si realmente se acaba el dinero. Hay precedentes históricos, poco edificantes. El más reciente, en California en 2009, tras la quiebra del estado, o durante la prueba de una moneda única entre la República Checa y Eslovaquia en los noventa. Y por supuesto en el funesto corralito de Argentina en 2002.

En Atenas se hacen estas cábalas mientras la vida económica se sigue deteriorando día a día. Muchas compañías extranjeras ya no aceptan los pagos con tarjeta de crédito de cuentas griegas, pues temen estar cobrando humo. Por ejemplo Apple y sus productos: no se pueden comprar canciones en iTunes o bajar aplicaciones en el iPhone. También varias compañías aéreas, que bloquean las operaciones por Internet e incluso exigen pagos al contado a agencias de viajes locales. Un periodista griego hacía ayer esta reflexión: “Este verano había pensado con mi novia irnos de vacaciones y tener un hijo. Pero no nos vamos de vacaciones, ya no podemos, y de momento creo que no tendremos un niño”.

El riesgo de una inminente escasez de bienes de primera necesidad y medicinas ha llevado a la UE a pensar en serio en el envío de ayuda humanitaria, un paso increíble dentro de un país de los 27. Según algunos medios, la Comisión ya ha puesto en marcha un plan urgente con los fondos que generalmente destina a la cooperación, y podría aplicarlo en cuestión de días. Ya no es un tabú y el propio vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, lo admitió el lunes: “Tenemos que prepararnos para enviar ayuda humanitaria a Grecia”. Podría ser necesario incluso aunque haya un acuerdo.

La enésima fecha de ultimátum impepinable es ahora el 20 de julio. Ese día vence la devolución de 3.500 millones prestados por el BCE y no pagarlos supone automáticamente el fin de la financiación de esta entidad y, por tanto, la quiebra. En Grecia se teme que los tiempos se alarguen ante la sospecha de que la UE venderá muy cara la salida de la crisis. Los griegos creen que lo último que desean en Bruselas es que el Gobierno de extrema izquierda de Alexis Tsipras aparezca como el vencedor de este pulso. Sobre todo cuando se quiere dar un aviso en la piel de los griegos al resto de países con formaciones de izquierda o contestatarias que han surgido en Europa, como España y el caso de Podemos. Forzar el cierre de los bancos en Grecia antes del referéndum no ha servido para aterrorizar a los griegos. A eso se refería el exministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, cuando acusó a los acreedores de “terrorismo”, de querer infundir terror en los ciudadanos.

Reina una gran incomprensión mutua. Los griegos se sienten solos en Europa y se asombran, no sólo de que no se comprenda su agónica situación, sino de que los bulos que corren por ahí estén funcionando. Que no quieren hacer reformas cuando llevan cinco años haciendo casi todo lo que les piden y no ha servido de nada, salvo hundir un 26% su PIB. Que otros países que han aplicado recetas de austeridad, como España, aunque hayan sido caricias comparado con las de Grecia, se quejen cuando la debacle griega es un caso único: la tasa de pobreza infantil es del 40%. Que les han dado 240.000 millones cuando en realidad el 80% simplemente ha salido por otra puerta para volver a los bancos alemanes, franceses y el resto de acreedores. Que Tsipras, que lleva cinco meses, ha llevado el país a la ruina cuando es responsabilidad de los partidos tradicionales que han gobernado durante décadas. Y a él le han elegido para cambiar y que haga lo que está haciendo. En este momento no hay otro líder en Grecia.

(Publicado en El Correo) 

 

Grecia aguanta en la cola del cajero

2015 julio 7
por Íñigo Domínguez

El anciano trastea confuso con las teclas del cajero automático. Es la primera vez que maneja la tarjeta, porque hasta ahora nunca la ha usado, prefería ir a la ventanilla como siempre. Pero desde hace una semana no puede, los bancos están cerrados y sólo es posible sacar dinero del cajero. Máximo, 60 euros. Pero ayer ya era difícil, porque escasean los billetes de 20, y entonces sólo dan de 50. En la práctica ese es el verdadero límite, un grado más de restricción. Pero aún hay otros. El hombre se aleja del cajero abatido y sin dinero.

-Sólo dan de 50.

-Pues saque 50.

-No puedo. Es que tengo menos en el banco.

El dinero contante se acaba en Grecia y de todos modos a muchos griegos ya les queda muy poco. Las colas en los cajeros cumplían ayer su primera semana, tras la congelación de capitales y el inicio del llamado ‘corralito’, la expresión acuñada en la crisis de Argentina en 2001. Estas colas son el perfecto termómetro de la progresiva erosión del sistema. Gráficamente, todavía más el cajero de plaza Syntagma, en Atenas, que está en los bajos del destartalado edificio del ministerio de Economía y Finanzas. Ayer por una puerta salía por última vez Yanis Varoufakis, el ministro que acababa de dimitir, cuyo despacho está en el sexto piso, y por el otro lado la gente hacía cola para seguir vaciando las arcas griegas.

Stratis, de 45 años, funcionario público prueba a sacar 60 euros, pero le dan 50. Se gira para menear la cabeza a los que están esperando detrás. Luego lo intenta con la tarjeta de su mujer, pero no tiene éxito. “Es una que no usábamos nunca, de la misma cuenta, pero ahora la hemos buscado por toda la casa para poder sacar dos veces, porque el límite de 60 euros es por persona. Pero no funciona, debe de ser porque no la ha utilizado en los últimos seis meses y en ese caso queda cancelada”, se lamenta. Tienen dos niños y de momento van tirando. Cree que el acuerdo con la UE es “muy difícil” y no quiere pensar en qué pasará en los próximos días. Se vive día a día.

Empieza a no ser fácil hablar con la gente de las colas de los cajeros, porque a algunos ya les molestan los periodistas. Se sienten como monos del zoo y tampoco quieren mostrar en público sus penurias. En los cajeros del centro es frecuente ver cámaras y frente a algunos de la plaza de Syntagma, al lado de los hoteles donde se alojan y han montados sus estudios las grandes cadenas, se hacen sistemáticamente los directos televisivos. Los locutores hablan a la cámara mientras señalan a atenienses silenciosos que bajan la mirada, con el monedero en la mano, y esperan su turno. Las colas para la subsistencia, un elemento visual de países en conflicto o en vías de desarrollo, forman ya parte del paisaje en un país de la UE, y que lleva en ella desde 1981. Y Europa ya casi lo ha asimilado.

Katerina, de 70 años, jubilada, es una griega que vive desde hace años en Australia y ha vuelto estos días a su país. Sabía lo que se avecinaba y, como la mayoría, había tomado precauciones. En Grecia casi todo el mundo ha sacado antes el dinero del banco y lo tiene en casa. Por eso han aumentado los robos en hogares, dicho sea de paso. Esta mujer se trajo una reserva en la maleta pero pensaba luego tirar de los cajeros, porque su cuenta es extranjera y, en teoría, es estos casos no hay limitación de disponibilidad. “Pero no, no me dejan sacar. Es el tercer cajero que pruebo hoy. He ido pidiendo cada vez menos, a ver si había suerte y nada. Acabo de pedir 200 y tampoco”. Ella cree que esto va para largo, pese a lo que diga el Gobierno, y que los bancos van a seguir cerrados todavía mucho tiempo. No se hace ilusiones.

A su lado está su amiga Ioanna, de 60 años, ama de casa. Cuenta que cada vez que va al cajero se pasa la espera musitando improperios y juramentos contra los políticos y la Unión Europea. “Nunca pensé que llegaríamos a esto”, confiesa. Las dos amigas se van juntas, cogidas del brazo. Detrás de ellas aguarda una abogada de 56 años que admite no tener problemas económicos ni deudas. “Estoy tranquila, de momento, sacando día a día 50 euros, intentando no dejarme llevar por el pánico, pero la esperanza no me va a durar mucho tiempo”, comenta.

Ciudad arriba, en el barrio adinerado de Kolonakis, se respira un ambiente distinto. También hay colas en los cajeros, pero en los cafés y terrazas de moda el tema de conversación es de otro nivel. Aquí muchos juegan en otra liga. Lo que les preocupa son las cajas de seguridad de los bancos. Corre el rumor de que, en caso de emergencia, el Gobierno ordenará abrirlas e incluir el contante que encuentre dentro de ellas en las cuentas corrientes de sus propietarios. Es un sustrato de dinero oculto que afloraría como otra solución de urgencia, pero en este barrio conservador, donde la mayoría votó ‘sí’ en el referéndum, se palpa indignación. “Sería demasiado, pasarían la línea de hasta dónde puede llegar el Estado, y sobre todo un Gobierno de comunistas radicales”, apunta un empresario náutico.

Pero todo esto es el nivel doméstico de la liquidez y, aunque se vea menos que las colas en los cajeros, es en el plano de la gran economía nacional donde la situación empieza a ser dramática. Fábricas, industria y grandes compañías están prácticamente paradas, con sus cuentas bloqueadas y las importaciones paralizadas. Esto quiere decir que en breve, si no llega una solución para Grecia, pueden empezar a faltar bienes básicos. Un empresario que importa cereales para piensos de animales cuenta que tiene tres barcos esperando para descargar en el puerto del Pireo desde hace cuatro días, pero no les puede pagar “Esto es el PIB que se está cayendo día tras día, el país está parado y las empresas comienzan a tener graves pérdidas”, asegura alarmado. En la psicosis general se llega a hablar de racionamiento. Si el cuadro sigue degenerando en Grecia pronto habrá una economía casi de guerra.

En realidad las grandes fortunas y clases altas de Grecia hace tiempo que han sacado su dinero del país, y buena parte son residentes fiscales en Londres o Chipre. Pero los efectos de la profunda crisis, que dura más de cinco años, también se sienten en Kolonakis. La calle peatonal Miloni, que hasta hace poco era la más viva y popular con sus terrazas y bares de diseño, ayer estaba medio desierta. “Han cerrado al menos cuatro establecimientos y si te sales del entorno de la plaza central del barrio no paras de ver tiendas que han tenido que abandonar”, explica un vecino. Los demás se sienten como en la resistencia.

(Publicado en El Correo)

Grecia se planta, Europa decide

2015 julio 6

 

El pueblo griego dijo ayer ‘no’ al último plan de ayuda de sus acreedores, un ‘no’ contundente, con un 60% de los votos, pero temerario o suicida según se mire, una definición que deberá concretar ahora la Unión Europea, a quien en realidad pasa la última palabra. Al resto de la UE o, más bien en este imperfecto entramado político, a Alemania y Francia -Angela Merkel y Francois Hollande se reúnen esta tarde- corresponde ahora la responsabilidad de hundir o no a Grecia. Si no exclusivamente a Alemania. Todo depende de una llave, la que abre el canal de emergencia de dinero desde el Banco Central Europeo (BCE), cuyo consejo se reúne hoy. Sin esa liquidez el país heleno, que ya ha tenido los bancos cerrados la semana pasada, se quedará sin fondos hoy o mañana y entrará en el caos.

Los mercados hablarán hoy rápido de lo que opinan de esta entrada tan abrupta en un terreno desconocido. El peor escenario posible ya ha llegado, y está al alcance de la mano. Si realmente la UE quiere echar a Grecia lo tiene que decidir ahora, es el momento de la verdad después de tanto tacticismo y cinco meses de pésima negociación, por ambas partes, con el Gobierno de extrema izquierda de Alexis Tsipras. Si no, deberá cambiarse el registro y llegar a un acuerdo, algo que también supone un dilema muy complejo. Ni siquiera la propuesta que votaron ayer los griegos estaba ya sobre la mesa, habría que inventarse otra.

Es el momento de la imaginación, o la altura de miras, para salir de un callejón sin salida que se veía venir desde hace cinco años, cuando estalló la crisis griega. Ya ha pasado un lustro de recetas brutales de austeridad, que se han cumplido, que no han funcionado, que han supuesto la mayor destrucción de riqueza de un país occidental en tiempos de paz. Los griegos ayer votaron casi por instinto animal de supervivencia, han dejado de usar la lógica. Se supone que Europa también debería hacer caso ahora a los sentimientos.

No cabe duda de que este referéndum agónico es una victoria política de Tsipras, agotado e inflado físicamente estos días, pero sí hay muchas sobre para qué le puede servir. El Gobierno griego aseguraba ayer que enviaba una delegación anoche mismo a Bruselas a negociar y a cerrar un acuerdo en 48 horas, porque desde el punto de vista heleno su voto significa que quieren el euro y seguir en la UE, pero en condiciones que permitan una vida digna. Sin embargo este desenlace ideal es pura ilusión. Se mueve en el mismo plano que el referéndum, un voto con un sentido más emocional y simbólico que literal traducido como “una fiesta de la democracia”. Fueron las palabras de Tsipras tras votar: “Desde mañana abrimos un camino para todos los pueblos de Europa, hoy la democracia derrota el miedo”. Ayer en la plaza de Syntagma, en Atenas, había ambiente de verbena, con música ‘sirtaki’ y vendedores de salchichas. Tsipras podía ya haber dicho ‘no’, él personalmente, lo mismo que el referéndum, pero ha querido que lo digan los griegos, porque será difícil que todo un pueblo quede como el malo o el tonto de la película. Tsipras quiere que Europa asuma ese papel, si se atreve, y ese es el filme que comienza hoy. Es como si el referéndum pasara a la UE, que ahora se debe preguntar: ¿hundimos o no a Grecia?

El primer clímax dramático de esta nueva fase será la reunión de hoy del consejo del BCE. No obstante, su presidente, Mario Draghi, ya ha dejado claro que no piensa asumir una decisión tan política con la que deberían apechugar otros. El consejo está muy dividido entre duros y menos duros, porque aplicar las reglas querría decir cortar definitivamente la financiación y decretar la quiebra de Grecia. Eso mientras el Eurogrupo ha decidido no reunirse hoy, a la espera de que Merkel y Hollande cenen juntos esat noche en París. Ya empieza a ganarse tiempo, o perderse, porque en teoría no lo hay. Draghi, a su pesar, se ve de nuevo obligado a ser un protagonista central europeo. Según la prensa griega, anoche mantuvo una conversación telefónica con el primer ministro griego, Alexis Tsipras, para encontrar una fórmula que permita abrir los bancos griegos, al menos una vía de transición. El portavoz del Ejecutivo confirmó que han pedido a Draghi mantener la vía de liquidez del BCE. “Nuestra prioridad es abrir lo bancos”, dijo Tsipras en mensaje a la nación tras conocer el resultado del referéndum.

“Nuestros acreedores se tienen que dar cuenta de que la realidad ha cambiado”, dijo ayer uno de los jefes del equipo de negociación griegos, Euclid Tsakalotos. Debe recordarse que cuando se rompió la baraja, el acuerdo en realidad estaba muy cerca, las diferencias no eran para tanto. Verdaderamente, han aumentado, y mucho, con la ruptura y, es más, Alemania ha dicho que ahora sería peor. Esto era hasta ayer, queda saber si el juego ha cambiado realmente en algo. Grecia pretende ahora imponer finalmente que es imposible pagar su monumental deuda pública, un 176%, y debe ser reestructurada como primer paso para sanear el país, como opina también, por otra parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI). De hecho, fue uno de los puntos más importantes del mensaje de ayer de Tsipras: quieren que entre en la negociación.

Luego haría falta pactar un tercer plan de rescate, unos 50.000 millones de euros según el FMI. Evidentemente mucho tienen que cambiar las cosas para que sus interlocutores -Comisión, BCE y FMI, acepten este nuevo plan. Y esa es la clave: deberían levantarse esta mañana de otra manera. Por mucho que les fastidie que los griegos se salgan con la suya, porque el deterioro de relaciones entre las partes ha llegado al plano personal, y ahora deban hacer lo que muchos han jurado que no iban a hacer, volver a negociar y a ceder.

El rostro más visible de la negociación griega, el ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, que ha acusado de “terrorismo” a sus interlocutores, habló así tras depositar su voto: “Durante cinco años los errores increíbles del Eurogrupo han conducido a ultimátum insensatos, sobre los que el pueblo no podía pronunciarse. Hoy el pueblo se ha pronunciado”. Por la noche fue el primero del Gobierno en salir ante los micrófonos, en camiseta: “El ‘no’ es una gran ‘sí’ a una Europa democrática. El corazón de la UE bate hoy aquí, en Grecia”. Pese a toda la épica escénica de que es capaz Varoufakis, que es mucha, es innegable que ha sido un pulso que puede marcar el rumbo y las inercias de la UE.

Al margen de números y reglas, para que algo cambie tendría que entrar en juego la política con mayúsculas. Mirar, por ejemplo, el mapa y preguntarse si realmente a Europa le interesa crear un agujero negro en Grecia, un país de los Balcanes, que tiene frontera con Turquía, próximo a la guerra de Siria y, como nación ortodoxa, a la órbita rusa. Estados Unidos, desde luego, está muy interesado en que Grecia no se quede fuera de control.

Por otro lado los votantes más aterrorizados del ‘sí’ temían ayer efectos apocalípticos: abandono de la UE, emisión de moneda propia, nacionalización de banca y grandes empresas… Es decir, una especie de estado bolivariano en el Mediterráneo. Es para preguntarse si a la UE le atrae una hipótesis de trabajo de este tipo. Considerando, además, que en Bruselas y muchos otros países, empezando por España, preocupa mucho la lectura que se hace de la crisis griega en cada país, con partidos similares a Syriza. Podemos, en el caso español. El Gobierno griego aseguró ayer que no tiene planes “B” para emitir una moneda paralela.

Ya antes del fin de la consulta se oyeron ayer voces que abrían a una nuevo clima, de mayor amplitud de miras. El ministro de Economía francés, Emmanuel Macron, invitó a los 27 a no castigar y humillar a Grecia como se hizo con Alemania tras la Primera Guerra Mundial. “Con cualquier resultado tenemos que retomar las negociaciones políticas. No podemos repetir el Tratado de Versalles”. El miembro francés del BCE, Benoir Courè, también se mostró por abrir la mano: “El BCE ha dicho bien claro que si es necesario hacer más, hará más”. Francia está haciendo ya el papel de poli bueno y le tocará convencer a Alemania. La cena de hoy de Hollade y Merkel, dos personas que deciden el futuro de Europa en los postres, será la escena crucial de este trágico culebrón.

El ministro de Economía alemán, Sigmar Gabriel, el primero en hablar ayer de su equipo, seguía en sus trece: “Los puentes están rotos, es difícilmente imaginable una nueva negociación”. Angela Merkel tiene ante sí la dura decisión de afrontar la impopularidad interna o asumir en persona la responsabilidad de la quiebra de Grecia. Sin embargo anoche el Bundesbank se pronunció de forma trascendental. Su presidente, Jens Weidmann, advirtió que la salida de Grecia del euro, idea con la que se ha jugado seriamente hasta anteayer, abriría un boquete superior a sus 14.400 millones de reserva. Son argumentos convincentes que hasta ahora se había reservado.

Hoy arranca una semana decisiva para Grecia y Europa, la más malditamente interesante en décadas. Ayer se barajaban de nuevo todas las cartas de una partida interminable. La explosión de sincera alegría ayer en Syntagma hacía pensar que era imposible que fuera, en realidad, el inicio de su peor pesadilla. Pero algunas pesadillas empiezan así.

(Publicado en El Correo)

elcorreo.com

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