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El miedo atenaza a Atenas

2015 julio 4
por Íñigo Domínguez
El jolgorio del verano no ayuda a crear atmóferas trágicas y Atenas ayer ofrecía una imagen de despreocupada normalidad. Más aún porque ya hay rebajas. En Zara o Stradiovarius, en el centro, había cola para pagar. Las terrazas estaba llenas y la gente paseaba con sus granizados de café en vasos de plástico, un clásico de Atenas. Las noticias de Grecia son tremendas, es cierto, pero predomina más bien la dificultad de saber la verdad. ¿Se acaban los billetes de 20 euros? Ayer un cajero del centro los daba. ¿Filas en los cajeros? Hay alguna, sí, pero nada espectacular. ¿Racionamiento de gasolina? Al menos en una gasolinera del barrio de Monastiraki lo negaban. ¿Supermercados con estanterías vacías? El Carrefour de plaza Omonia estaba como siempre. ¿Escasez de medicinas? En un par de farmacias aseguran que de momento no hay problemas de nada. Pero una cosa es verdad: preguntas y todo el mundo tiene miedo. Porque nadie sabe cuál es la verdad, ya se han perdido en la macroeconomía y las mentiras de los políticos, y nadie sabe qué pasará el lunes, salga lo que salga.
La capa de normalidad que envuelve Atenas es engañosa. Basta rascar y se descubre que cada cual lo vive como un penoso dilema, como si tuvieran que decidir de qué manera se quieren suicidar, con un ‘sí’ o con un ‘no’, ahora o en incómodos plazos. Es innegable que hay una abrumadora maquinaria de propaganda del ‘sí’ en televisión. Todos los canales son propiedad de grandes empresas o magnates y esto hace posible milagros como el de la cadena Skai, la principal, que el otro día dedicó un programa especial de ocho horas al referéndum, con cuatro mesas de debate, sin un solo invitado que defendiera el ‘no’.
La disyuntiva puede estar fracturando aún más la sociedad griega en un choque de clases. Si se piensa que un 35% de la población vive bajo el umbral de pobreza y no tiene nada que perder se puede comprender que no vean el riesgo del ‘no’. Quien sobrevive en la miseria y no entiende de números vota por instinto. Dora, una señora que ayer vendía pañuelos de papel en la puerta de una iglesia, dirá ‘no’. “A Tsipras le voté para que haga lo que está haciendo, no dejar que nos humillen más y defender a su gente”, explica. Cinco años de planes de austeridad, que el propio FMI ha considerado un error, han moldeado este tipo de votante.
El miedo a los que están desesperados está causando el pánico en los demás. “He visto bajar a manifestarse por el ‘sí’ a amigos y conocidos que en su vida habían pisado la calle para protestar por nada, gente que ni me imaginaba”, cuenta un empresario, muy preocupado porque “todo está parado y no puedes importar materia prima”. En las clases aún medio altas o círculos intelectuales -246 profesores universitarios de economía han pedido el voto al ‘sí’- exaspera la sensación de que están en juego problemas que buena parte de la población no acierta a comprender. “Creo que el voto por el ‘no’ es el más fácil, un desahogo, porque mucha gente piensa: ‘Que se joda la Merkel y luego me voy a la playa’. Es un error, porque piensan que luego la vida seguirá como siempre, pero ya no va a ser así. El ‘sí’ es más difícil, tienes que reconocer que la austeridad va a continuar, que tu nivel de vida va a seguir bajando, pero creo que es la última oportunidad para no acabar siendo del tercer mundo”, opina Aquiles Hekimoglu, analista del semanario ‘To Vima’.
La campaña del ‘no’ también hace de las suyas. Un cartel que se ve por Atenas muestra la cara del ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäubel con la frase: “¡Durante cinco años ha bebido tu sangre!”. Los pasquines del ‘no’ copian incluso los que se idearon en Chile en el referéndum contra Pinochet, equiparando ambas cruzadas. El Gobierno griego ha esgrimido impactantes gráficos sobre el incremento entre 2010 y 2014 del número de suicidios -un 35%- y de casos de depresión -un 270%-, y recordando cuántos ciudadanos han perdido la sanidad gratuita al quedarse sin trabajo: 2,5 millones de personas. Es fácil adivinar lo que votarán.
Hay un núcleo de voto que se olvida en los cálculos: el partido neonazi Alba Dorada también apoya el ‘no’, y en las últimas elecciones fue la tercera fuerza más votada. A ellos les viene bien el caos. Igual de inquietante es otro fenómeno en un país que vivió en los setenta la ‘dictadura de los coroneles’: la primera vez que alguien menciona el peligro de un enfrentamiento civil piensas que exagera, la segunda te sorprendes, pero a la tercera es como para preocuparse. El ministro de Defensa, el elemento ultraconservador insertado en el equipo de Tsipras, ha dicho una frase que ha causado impresión: “Las fuerzas armadas están aquí para asegurar la estabilidad del territorio nacional”. Más leña para avivar la tensión.
 Anoche Atenas se dividió en dos manifestaciones. Una por el ‘no’ en la plaza de Syntagma, a la que se unió Tsipras poco antes de las nueve de la noche y en donde habló un representante de Podemos. “¡Democracia es poder decidir vuestro futuro sin chantajes y con libertad! ¡No se puede votar con miedo! ¡Los que están demostrando miedo a la democracia son Merkel, Lagarde, Draghi y Juncker!”", proclamó. Para sellar la amistad de su formación con Syriza lanzó un lema de ‘La bola de cristal’, cita que probablemente se le escapó al grueso del auditorio: “¡Solo no puedes, con amigos, sí!”. Fue un matiz cómico involuntario en el drama. A solo medio kilómetro, había otro acto masivo por el ‘sí’. Las dos movilizaciones estaban separadas por un imponente dispositivo de seguridad. Ir de una a otra mostraba a un país partido en dos, solo unido por el miedo a lo desconocido.
(Publicado en El Correo)

Kuwait: el terror visto desde el otro lado

2015 junio 30
por Íñigo Domínguez

Crónica desde Kuwait.


Kuwait está conmocionado por el brutal atentado del viernes y los kuwaitíes sienten que su tranquilo país se ha visto arrastrado de nuevo en un asunto terrible, ajeno y venenoso. “No puedo decir que me haya sorprendido, sabía que nos tocaría, pero el momento ha llegado y sabemos que nos esperan tiempos difíciles”, dice Usama, veterano ejecutivo de banca, fumando en una ‘diwaniya’. Es la tradicional tertulia de hombres en un salón apartado de la casa, el lugar esencial para la conversación entre los kuwaitíes. En la de Usama, donde asistían la noche del sábado una quincena de personas de alto nivel social, todos seguían en la tele el funeral de los 27 fallecidos. Hubo un muerto más si se suma el kamikaze y 227 heridos, de los que 40 seguían ayer hospitalizados. Esa ceremonia fue una respuesta ejemplar al atentado y una clave en una parte central de la batalla contra el Ejército Islámico (EI) que Occidente, presa del pánico, olvida considerar.

 
La mayoría suní de Kuwait, dos tercios de la población, ofreció el sábado la Gran Mezquita de la capital para celebrar el funeral de las víctimas chíies. Una muchedumbre acudió en masa al acto, pese a una temperatura infernal de 45 grados, y gritaba frases de este tipo: “¡No suníes, no chíies, unidad, unidad nacional!”. Los fieles suníes, como muestra de solidaridad, acudieron también a rezar a los templos chíies, mezclados unos con otros. Es una potente señal de unidad que encara abiertamente la división que pretende azuzar EI, una fuerza de fanáticos suníes que considera herejes a los chíies, y los odia igual o más que a los occidentales.

El atentado en la mezquita del Imán Al Sadiq quedó eclipsado el viernes por los ataques en Túnez y Francia, pero merece mucha atención. La distorsión del punto de vista europeo, aumentado por el miedo, hace creer que el EI apunta obsesivamente contra Occidente, cuando en realidad la mayor parte de sus víctimas son otros musulmanes. De hecho en los medios árabes el viernes se veía al revés: el ataque de Túnez era una noticia secundaria. Cada uno lo ve desde su lado.

El principal tablero de juego del yihadismo es una guerra fratricida dentro del islam, y para la inmensa mayoría de los musulmanes resulta aún más terrorífico e incomprensible, si cabe, que para los europeos. “Este asesino ha matado hombres, ancianos y niños musulmanes, en viernes, el día sagrado, en Ramadán, el mes sagrado, en el momento de la oración y en una mezquita. ¡Es imposible imaginar algo más absurdo y sacrílego para un musulmán, y estos lunáticos lo hacen en nombre del islam! No tiene ningún sentido”, dice Fahed, un potente hombre de negocios suní.

El ministerio de Interior kuwaití reveló ayer la identidad del suicida: es un saudí nacido en 1992, llamado Fahad Suleiman Abdulmohsen Al-Gabbaa, que llegó a la ciudad por avión la misma mañana del atentado. Las medidas de seguridad del aeropuerto de Kuwait, desde luego, dejan bastante que desear. Es evidente que contaba con una red de apoyo local. La Policía, que ha identificado al conductor del coche que le llevó hasta la mezquita, ha efectuado “numerosos” arrestos.

Kuwait, pese a las apariencias por su rigidez religiosa es una de las sociedades más abiertas de los países del Golfo Pérsico, con una doble moral en privado bastante asumida, y tiene una especie de democracia con una Constitución desde los sesenta. Ser uno de los países mas ricos del mundo -con el 10% de las reservas de petróleo- y tan diminuto les da una permanente paranoia de fragilidad ante sus colosales vecinos: Irak, Arabia Saudí -la gran potencia suní-, e Irán -su alter ego chií-. El atentado ha enaltecido el sentimiento nacional como recuerdo de los trances del pasado, desde la guerra de Irán e Irak en los ochenta a la invasión de Sadam Hussein en 1990. Ahora temen entrar de nuevo en otra fase de inestabilidad, y tienen razones para preocuparse.

Este atentado confirma que EI está penetrando en el Golfo, pues ya se han registrado dos atentados contra mezquitas en la propia Arabia Saudí, en la franja oriental de población chií. Es la zona fronteriza con el pequeño estado de Bahrein, que tiene una peculiaridad: es el único de mayoría chií de la región, aunque el poder es suní. Fue el único país de la zona que tuvo su primavera árabe en 2011, sofocada por los tanques saudíes, y desde entonces las tensiones entre ambas comunidades son constantes, aunque no se hable nada de ello. Hay frecuentes protestas y enfrentamientos. En las calles se ven barricadas y tanques apostados. Tras el atentado de Kuwait, en Bahrein crece la convicción de que los siguientes son ellos. Las mujeres y los niños han dejado de acudir a las mezquitas y se han colocado cámaras en los templos. Ayer corría el rumor, y la redes sociales lo rebotaban, de que el día más temido es el próximo viernes 3 de julio. Mientras tanto en Yemen, en el sur de la península arábiga, Arabia e Irán se están enfrentando mediante intermediarios en su particular tablero en una guerra civil.

Ante este panorama, la pregunta más incómoda que se puede hacer ahora mismo en Kuwait es cómo es posible, tal como apuntan los expertos, que de este país, a través de donantes privados, partan los principales canales de financiación del EI, junto con Catar y Arabia Saudí. Los kuwaitíes tienen siempre la misma respuesta. Señalan a las numerosas organizaciones humanitarias y de caridad, asentadas en el precepto islámico de la limosna, una red no siempre controlada de las que se desviarían fondos a propósitos distintos a los declarados. Al margen de que, por supuesto, todos consideran el Ejército Islámico un invento de la CIA. Conspiraciones o no, lo cierto es que además de unidad, Kuwait necesita ahora tomárselo en serio y una buena Policía.

 
(Publicado en El Correo)

Italia y Francia se pelean en la frontera

2015 junio 17
por Íñigo Domínguez

El continuo aplazamiento de decisiones sobre la inmigración que tenían que haberse tomando hace años ha llevado a que, ante la emergencia, cada país de la UE empiece a ir por libre. A pequeña escala el caos europeo se ve esta semana en la frontera entre Italia y Francia en Ventimiglia, al borde del Mediterráneo. Los gendarmes de la aduana están mandando de vuelta a todos aquellos extranjeros, de origen africano o asiático, que no tienen los papeles en regla. Es decir, han tapado el coladero.

Unos trescientos africanos, entre ellos mujeres y niños, se han acampado esta semana en los parques de Ventimiglia y hasta en los escollos de la orilla del mar. Ayer fueron desalojados a la fuerza por la Policía. El Gobierno de centroizquierda de Matteo Renzi, que debe lidiar con un problema de imagen y orden público, un maná para los partidos populistas y de extrema derecha, ha acusado a Francia de no respetar el Tratado de Schengen, la libre circulación de personas dentro de la UE. Pero Francia, que a su vez ha evacuado estos días dos campamentos de extranjeros en el centro de París, replicó a su vez que el Gobierno de Roma no cumple su deber de identificación y control de los inmigrantes irregulares.

La tensión se ha disparado muy rápido, con declaraciones ácidas, sobre todo ante la certeza de que esto va para largo. El plan de la Comisión para redistribuir por la UE a 40.000 eritreos y sirios acogidos por Italia y Grecia sigue empantanado, porque muchos países rechazan un sistema de reparto de cuotas. Era para ya, para julio, porque se acordó en abril en el clima emotivo del gran naufragio de ese mes con 800 muertos, pero ahora parece que se retrasa hasta septiembre.

Los ministros de Interior comunitarios reunidos ayer no decidieron nada, como estaba previsto, y todo queda pendiente para la cumbre de jefes de Gobierno del 25 y 26 de junio. Se apunta a pactar al menos una distribución de base voluntaria, no obligatoria, para que este asunto no termine en un nuevo fracaso europeo. Al mismo tiempo se intentan potenciar las repatriaciones de aquellas personas que no tendrían derecho a asilo y emigran, como se dice en la UE, “solo por razones económicas”. Italia sólo ejecuta realmente al 20,9% de las órdenes de expulsión que emite contra extranjeros en situación irregular y de ahí la desconfianza del resto de socios europeos. Aunque Francia está más o menos igual y la media comunitaria es del 40%.

En el cruce de chulerías con el Gobierno francés Renzi ha dicho de forma intimidatoria que tiene “un plan B, en el que Italia actuará sola, si Europa no elige el camino de la solidaridad”. Consiste esencialmente en ponerse tontos. Por ejemplo, Italia dejaría pasar a todos los inmigrantes con un permiso provisional para que circulen por la UE. Incluso se plantea rechazar el desembarco de aquellos extrtanjeros rescatados en aguas internacionales por naves de otros países europeos, con el pretexto de que deben pedir asilo en esos estados, pues el buque ya se considera territorio nacional. Seguramente es un farol para presionar para una solución, pero denota cómo está el patio.

Hasta ahora miles de inmigrantes desembarcan en Italia desde Libia y tras abandonar los centros de acogida viajan por Europa hasta los países del norte, su verdadera meta. La semana pasada Alemania cerró sus fronteras por la cumbre del G-7 en Baviera y este flujo subterráneo se colapsó y se hizo visible. Cientos de africanos quedaron atascados en las grandes estaciones de tren italianas, en Roma y Milán, y también en Bolzano, en la frontera con Austria, a la espera de que se abrieran de nuevo las puertas. Ahora Francia ha hecho casi lo mismo pero sin ninguna excusa, a las claras. Es más, el Ejecutivo de París afirma que desde el inicio del año ha rechazado 6.000 extranjeros en situación irregular de un total de 8.000 que intentaban entrar desde Italia.

En este panorama de confusión lo más claro son los números, y algo habrá que hacer. En lo que va de año, hasta ayer, han desembarcado en Italia 57.000 personas,  que ya son 3.000 más que el año pasado a estas alturas, cuando la cifra final llegó a 170.000. El 60% han solicitado asilo. En Italia ya hay 80.000 personas alojadas en centros de residencia, esperando respuesta a su petición de asilo. A veces esperan hasta dos años. Pero se calcula que otros 50.000 han desaparecido. Es decir, han preferido largarse a Europa. Según el Tratado de Dublín se debe pedir asilo en el primer país europeo que se pisa, pero muchos extranjeros no quieren hacerlo en Italia, sino en países más ricos y con mejor asistencia. Por eso en Ventimiglia y en las estaciones de tren la mayoría son eritreos, somalíes, sirios, sudaneses… Gente que huye de guerras o regímenes tiránicos, refugiados con todas las letras.

(Publicado en El Correo)

La revolución verde de Francisco

2015 junio 16
por Íñigo Domínguez

‘Laudato si’, la nueva encíclica sobre ecología del Papa que se publicará oficialmente el jueves fue filtrada ayer al semanario italiano ‘L’Espresso’, que la colgó íntegra en su web. Eran 191 páginas, con 246 parágrafos, en italiano. El Vaticano se apresuró a advertir que no es el texto final, pero sí confirmó que se trata de un borrador. Ya maquetado y con el aspecto definitivo de la Tipografía Vaticana, tenía toda la pinta de ser una versión casi cerrada y desde luego es una lectura de enorme interés. Y en todo caso crea la expectación por comprobar las diferencias con el resultado final. Sobre todo porque contiene afirmaciones subversivas con la potencia de una bomba y una crítica feroz contra el actual sistema económico, pues Francisco liga estrechamente el problema ambiental con el social y político.

Si se confirma este borrador, de una primera lectura se puede decir que estamos ante uno de los textos de mayor impacto de los Papas en las últimas décadas. No solo porque su intención declarada es influir en la próxima y decisiva Cumbre del Clima de París, a final de año. También porque Bergoglio pide una “conversión ecológica” incluso a aquellos cristianos que “se burlan” de las previsiones catastróficas, que ya no se pueden afrontar “ni con desprecio ni con ironía”. Se refiere a los políticos y partidos conservadores que miran con desdén toda política ambiental. Por eso la operación cultural que propone el Papa en el mundo cristiano, y en la derecha, es de primer orden.

Francisco pone por primera vez como prioridad absoluta de la Iglesia la defensa del medio ambiente, que en su opinión implica necesariamente una defensa de los pobres y una crítica integral del sistema: “El ambiente natural y el humano se degradan juntos”. La frase más repetida es “todo está relacionado”. “Hay que escuchar tanto el grito de la Tierra como el de los pobres”, apunta. El Papa pide de forma urgente un “cambio de estilo de vida, de producción y de consumo”.

El título de la encíclica procede del canto de las criaturas de San Francisco de Asís e impresiona ver también al Papa ensalzar hasta los gusanos y las algas. Lo enlaza con la economía y del mismo modo censura el aborto, por ir contra “la acogida de los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos e inoporturnos”. La idea de fondo es una de sus denuncias frecuentes: la crítica a la “cultura del descarte”.

Debe recordarse que esta encíclica es, en realidad, la primera de Francisco: la anterior, ‘Lumen fidei’, fue un texto heredado de Benedicto XVI que apenas retocó. Esta vez el texto, al menos en el borrador, es puro Bergoglio de principio a fin. Es muy denso, lleno de titulares y frases asombrosas. Siempre con la reserva que merece su condición de borrador, el primer capítulo, “Lo que está pasando en nuestra casa” es casi un manifiesto político sobre la situación del planeta, que repasa con detalle todos los desastres ambientales. Un ejemplo de sus andanadas: “Existe una verdadera deuda ecológica del Norte con el Sur (…). La deuda externa se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica (…) La tierra de los pobres del Sur es rica, pero el acceso a la propiedad de los recursos les está prohibido por un sistema de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perverso (…) Es indispensable crear un sistema normativo antes de que las nuevas formas de poder del paradigma tecnoeconómico acaben por destruir no solo la política, sino también la libertad y la justicia”.

¿Qué dirán los sectores más conservadores que acusan al Papa de ser comunista cuando lean lo siguiente, si al final se mantiene?: “La tradición cristiana no ha reconocido nunca como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada”. Francisco exige “una subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes”. Ataca con dureza “la sumisión de los políticos y los técnicos a la finanza”, también zurra a los medios de comunicación, que contribuyen a que no haya “una conciencia de los problemas de los excluidos, que son la mayor parte del planeta”. Llama a recuperar la dignidad del trabajo y “poner límites al poder financiero”: “Renunciar a invertir en las personas por un mayor beneficio es un pésimo negocio para la sociedad”.

En uno de los pasajes más revolucionarios el Papa desconfíe de la gran política nacional, “focalizada en resultados inmediatos por interés electoral” y que describe prácticamente como esclava de los poderes económicos y la corrupción. Es ún más interesante que para cambiar las cosas reclame movilizaciones a escala local, para impulsar “la decisión política bajo la presión de la población”. Atención a la frase: “Si los ciudadanos no controlan el poder político -nacional, regional y municipal- tampoco es posible luchar contra los daños ambientales”, sentencia.

El poder político y económico, señala, “enmascara” los problemas ambientales. Por ejemplo el ‘efecto invernadero’ por la emisión de gases y el calentamiento del planeta. A todo ello el Papa le da su bendición, tomando partido en el debate, por haber “un consenso científico muy consistente”. También se mete en el berenjenal de los transgénicos, ante los que admite que es “difícil emitir un juicio”, pero no deja de criticar el poder de los monopolios que los producen, sus efectos negativos entre los campesinos pobres y reclama más “investigación autónoma” que permita aclarar las ideas en este campo.

Del mismo modo anima a ser consumidor responsable y crítico para corregir los abusos de las empresas y azota a las compañías que solo buscan el beneficio económico. Hasta se mete a opinar en detalle sobre cómo deberían hacerse los informes de impacto ambiental. “¿Se puede negar la bellaza de un avión o un rascacielos?”, se pregunta el Papa para reconocer los efectos positivos del progreso humano. “Nadie quiere volver a las cavernas, pero es indispensable ralentizar la marcha”, aconseja.

Francisco hace autocrítica, porque tras atacar el “exceso de antropocentrismo” de la modernidad, reconoce que el cristianismo también ha presentado “una concepción errada” de la creación, como “el sueño prometeico de dominación del mundo”, como si la naturaleza estuviera a disposición del hombre. Bergoglio alterna diatriba política con reflexiones teológicas, porque reivindica la voz de la fe en un debate abierto a todos. En un pasaje llamativo analiza la figura de Jesús, en armonía con el mundo. Lo describe como alguien pegado a lo físico “y distante de las filosofías que despreciaban el cuerpo, la materia y la realidad de este mundo”. Añade con pesar que estos “dualismos malsanos” han tenido gran influencia en pensadores cristianos “y han deformado el Evangelio”. El Papa propone, como única solución esencial, “sobriedad y humildad”. “La paz interior está muy ligada a la cura de la ecología y del bien común”, advierte. Termina con una “oración por nuestra tierra”. El jueves se conocerá el texto oficial.

(Publicado en El Correo)

Putin hace amigos en Italia

2015 junio 11

A los dos días de la cumbre del G-7 que ha dejado fuera a Vladimir Putin e incluso le ha amenazado con nuevas sanciones, el presidente ruso ha calculado perfectamente que una visita a Italia, donde siempre le tratan bien, le da una imagen muy alejada del apestado. Con el primer ministro, Matteo Renzi, comiendo una dorada y unos ravioli en la Expo de Milán, y haciendo algún chiste de fútbol, y por la tarde con el Papa, autoridad moral a nivel internacional. A los dos sitios llegó una hora tarde, quizá para demostrar que hay confianza, nada de asedio diplomático.

Putin preparó el terreno con una larga e interesante entrevista publicada el sábado en el ‘Corriere della Sera’ cuyo mensaje principal era: “No soy un agresor”. La segunda idea era que sabía que podía confiar en Italia, que con Moscú siempre ha ido por libre. De hecho no hay ningún italiano en la lista negra de 90 políticos europeos vetados por el Kremlin. Los dos países ha tenido una histórica relación especial e Italia es el mejor aliado europeo de Moscú junto a Grecia, Hungría y Eslovaquia. La FIAT ya abrió fábricas en Rusia en los sesenta, en plena Guerra Fría, y la era de Berlusconi creó una empatía total y personal, no siempre clara ni digerible en todos sus términos, entre el polémico magnate y el líder ruso. De hecho ayer, terminada la agenda oficial, Putin cerró la jornada con una entrevista privada con el exCavaliere. En principio se habló de una cena, pero al final se vieron en una sala del aeropuerto de Roma.

Los negocios siguen mandando y, lejos de la postura severa de Estados Unidos y el bloque occidental, Renzi y Putin vinieron a decir ayer que las sanciones a Rusia son un engorro, y a ver si se soluciona eso. Renzi no lo dijo así, por supuesto, pero ahí estaba asintiendo cuando Putin habló muy clarito: “Si no se retiran las sanciones contra Rusia las empresas italianas perderán contratos por mil millones de euros. Podríamos encontrar otros socios, pero sería una pena renunciar a la colaboración con Italia”. Los dos estaba muy cariacontecidos por la pena que les daba.

Italia es el segundo socio comercial europeo de Rusia, después de Alemania, y el cuarto del mundo. Más de 400 empresas italianas trabajan en ese país y las inversiones rusas en Italia son de 3.000 millones de euros. Un millón de turistas rusos pasan por Roma, Venecia y demás ciudades con encanto cada año. Son cifras que Putin fue citando una detrás de otra. “Con Renzi hemos hablado de que las sanciones no pueden ser un obstáculo real. O se eliminan o se modifican para apoyar a las empresas que quieren colaborar con nosotros. Y esto vale para los contratos firmados en campo militar y tecnológico”, apuntó el jefe del Kremlin. También citó, naturalmente, los intereses italianos en el campo del gas, que cubre el 40% de la demanda energética nacional.

Renzi no podía jalearle allí mismo en público y se mantuvo en el papel que le correspondía de rival adusto de la otra parte, pero no dejó de señalar que, entre los 28 países de la Unión Europea, no todos están de acuerdo sobre el bloqueo económico. Se mostró optimista sobre una futura normalización de relaciones y apostó, en sintonía con Putin, en superar la crisis de Ucrania con una completa aplicación del acuerdo ‘Minsk 2′, que prevé reformas legales en ese país que cuenten con los territorios separatistas.

El primer ministro italiano ya fue contracorriente el pasado 5 de marzo cuando viajó a Moscú, rompiendo el vacío europeo, y se reunió con Putin durante nada menos que tres horas. Ya entonces dijo que las sanciones eran “un problema”. Un mes más tarde, el 17 de abril, habría advertido a Obama en su visita a la Casa Blanca que pretendía tener “manos libres” y cierta autonomía en su relación con Rusia, según la prensa italiana. Y en eso está.

Por la tarde, Putin pasó 50 minutos con Francisco, bastante para las costumbres vaticanas. Era el segundo encuentro entre ambos. El anterior fue el 25 de noviembre de 2013 cuando el principal asunto sobre la mesa era Siria. En este dossier el Papa y el líder ruso sellaron un interés común en evitar una intervención militar y en proteger a la minorías cristianas de Oriente Medio. Putin descubrió un aliado interesante, muy autónomo en el tablero internacional, que ha seguido con atención y ya aprecia abiertamente. Su mediación en la cuestión de Cuba no ha hecho más que darle puntos. No le ve como una pieza más que se debe dar por descontada en el frente occidental, sino que va por libre, incluso mucho más que Italia.

Ahora el asunto sobre la mesa es Ucrania y lo cierto es que Bergoglio ha mantenido una postura equidistante, en aras de la paz y el diálogo, que ha agradado a Moscú. Esto le ha convertido en un interlocutor único y precioso en Occidente para el Kremlin, del que puede presumir en este momento de ostracismo diplomático. De ahí la visita de ayer, solicitada por Moscú en las últimas semanas e insertada en la agenda del Papa. Francisco está muy interesado en saber de primera mano, y sinceramente, qué se propone Putin en Ucrania. Solo así puede echarle una mano y buscar una mediación. El comunicado del Vaticano apuntó luego que el Papa pidió al líder ruso “un esfuerzo grande y sincero por la paz”.

Pese a la enorme presión de los católicos ucranianos para que se pusiera de su parte el pontífice nunca lo ha hecho. El arzobispo Sviatoslav Shevchuk, jefe de la Iglesia grecocatólica de Kiev ha tratado por todos los medios de que el Papa se alineara contra Putin y los separatistas prorrusos, de fe ortodoxa, pero no ha habido manera. ¿Por qué? En el Vaticano piensan en términos de una guerra fratricida entre cristianos, algo que deploran, porque al margen de los católicos incluso es una guerra entre ortodoxos, y tampoco quieren una nueva Guerra Fría. Su mayor interés, por otra parte, es salvaguardar las delicadas relaciones con la Iglesia ortodoxa rusa, la más importante de esta confesión, que han mejorado en los últimos tiempos. Y en este momento política y religión son dos caras de la misma moneda en Rusia.

El sueño de los papas del siglo XX ha sido una visita a Moscú y Francisco no es menos. El patriarca Kirill ha elogiado recientemente la postura del Papa sobre Ucrania y no es descabellado pensar que Putin pueda influir en el jefe de la Iglesia ortodoxa para que invite por fin a Francisco a Rusia. “Creo que el Papa tiene tal autoridad en el mundo que encontrará el modo de obtener comprensión con todas las personas de la Tierra, al margen de sus creencias religiosas”, dijo Putin en abril sobre Francisco. Él desde luego espera beneficiarse de ese talento en sus difíciles relaciones con Occidente.

(Publicado en El Correo)

El señor del hotel vuelve a casa

2015 junio 4
por Íñigo Domínguez
Benítez ha pasado dos años en un hotel que ni siquiera estaba en Nápoles, sino a treinta kilómetros, en medio de la nada. Normal que ahora se sienta como en casa. Un hotel de habitaciones decentes pero normalitas, con colchas naranjas, que cuestan 60 euros con pensión completa, aunque él ha estado en un loft que sería más mono. Benítez es un emigrante del fútbol y hasta tiene cara de españolito. Cuando se marchó, hace una década, fue para currar. Ha sentido el exilio en Inglaterra e Italia como una misión, un largo peregrinaje del que debía regresar por la puerta grande, como los indianos o los que vuelven al pueblo con un cochazo. Ayer se presentó en Madrid con un avión privado.
En Nápoles decían que vivía como un cura. Un maníaco del trabajo. El campo de entrenamiento estaba al lado del hotel y Rafa se pasaba el día del hotel al trabajo y del trabajo al hotel. Ahora ha llegado el momento de volver del hotel a casa. También en el Real Madrid quieren alguien de casa. Todos se han puesto muy hogareños. Pero en Nápoles deja a la gente cabreada: quintos, fuera de la Champions y eliminados en semifinales de Europa League con un tal Dnipro. Ayer él recordaba los 104 goles que ha marcado el Nápoles, un hito. Pero en la ciudad citan más otro número, el 54, los goles que se ha comido este año, otro récord. Es como en la Roma, donde alucinan con que Luis Enrique sea entrenador del Barcelona. El ‘Calcio’ sin duda trae suerte a los técnicos españoles.

Benítez ha dejado en Nápoles un aura de caballero ibérico, serio, trabajador y también muy cabezota. Poco dúctil, poco italiano en la ciudad más italiana de todas, en el club anárquico de Maradona. Siempre jugaba con 4-2-3-1, cayera quien cayera y su defensa ha sido un colador. Lo comprobó el Athletic en verano al apearle de la eliminatoria de Champions. En estos tres meses Benítez ha perdido todos los partidos fuera de casa salvo dos: un empate y una victoria con dos descendidos. Quizá ya andaba muy distraído con el cierre de su contrato, pensando en largarse por fin del hotel, un edificio de ladrillo anónimo, funcional, aunque tiene tres piscinas y dos pistas de tenis. Billar y ping pong. Pero es de esos donde no ha acabado de cuajar lo del campo de golf porque queda a desmano.

Rafa solía comer y cenar en el restaurante. Si no le conocías y te lo encontrabas podías haberle tomado por un señor del hotel, un viajante majete. Alguna vez pediría un club sandwich en la habitación y así es difícil bajar tripa. Luego, a lo suyo: ordenador, vídeos, teléfono, reuniones, esquemas, dibujos, mucho entrenamiento sin balón. Alguna paella los domingos, con su equipo, pero simple, sin pescado, porque no le gusta. Era una rutina imparable, cartesiana, funcionarial, la carrera de una vida que tenía que acabar con premio. En 2005 llegó uno, el momento más loco de una vida de escuadra y cartabón: la famosa final de la Champions del Liverpool contra el Milan, donde remontó un 3-0 en el descanso. Nadie sabe gran cosa de Benítez, que es misterioso de puro normal, pero eso sí. Es el de la final de Estambul. Eso llena un currículum.

Desde entonces a lo mejor le llaman por eso, a ver si se repite aquella chispa mágica, como si tuviera que volver a surgir por estadística o Benítez tuviera un secreto, aunque no se sabe cuál es. Florentino quizá haya consultado un laboratorio suizo de cálculo que le dice que este año será el bueno de Benítez, el de la segunda chispa. Luego ganó títulos en el Inter, el Chelsea y el Nápoles, pero casi nunca de los gordos. Es verdad que tampoco le han dado las mejores plantillas y ahora tiene la gran ocasión de probar esquemas infalibles con los jugadores más perfectos, un ideal científico en el que todo debería funcionar.

Su currículum arranca con unos inicios prometedores en el Castilla y el Parla, truncados por el número 10, de cuyo nombre ni se acuerda, de la selección de Canadá, un país inexistente en el fútbol, y encima en una Universiada, la competición más anodina que se pueda imaginar. Fue como una maldición de grisura. Su rodilla derecha se rompió en una entrada por detrás y con 26 años se hizo entrenador. Admiraba al Milan de Sacchi y fotocopiaba apuntes emocionado en la escuela de la federación italiana en Coverciano. El trabajo duro le llevó por el banquillo del Valladolid, del Osasuna, del Extremadura. Perseveró y por fin triunfó en Valencia, con dos ligas entre 2002 y 2004. Luego se fue al extranjero, algo que entonces era muy osado en España. Fue el primer entrenador español de la Premier. Un pionero, abrió un camino internacional a Torres y Xabi Alonso.

En Inglaterra hizo su segunda casa. Su mujer y sus hijas nunca fueron a Nápoles. Benítez acabó formando parte de la peculiar estirpe de los entrenadores de hotel, quizá su forma más pura y también la más aburrida. Como Irureta o Bielsa, con un punto ermitaño y de anulación personal por el trabajo. Ha estado fuera once años. Los mismos que pasó su padre de botones hasta que se convirtió en director comercial de una cadena de hoteles. Benítez cree en el trabajo, el sacrificio, los números y los ascensos. Seguramente poco en las casualidades, pero lo cierto es que tras batir a Ancelotti en Estambul, el gran momento de su carrera, ahora le quita el puesto que siempre había soñado. Esperando que ahí salte esa nueva chispa, el salto al hiperespacio galáctico fruto de años de algoritmos. Los periodistas italianos dicen que parece soso, pero que es tan listo como Mourinho, o más. Quizá él mismo oculte una chispa que lucha por salir cuando se le sonrojan los mofletes.

(Publicado en El Correo) 

En descapotable en la Feria del Libro de Madrid

2015 mayo 26
por Íñigo Domínguez

Queridos lectores, el próximo domingo, día 31 de mayo, estaré de las 13.00 a las 14.00 horas en la gloriosa Feria del Libro de Madrid, en el parque del Retiro, para firmar libros, saludar, hablar mal del Gobierno o lo que sea. Todo para vender la moto, sin salir del mundo de la automoción, con motivo de la reciente publicación de mi libro Mediterráneo descapotable.

Me alojaré en la ya legendaria caseta número 173, de Libros del KO, la editorial que ha tenido a bien publicar Mediterráneo descapotable y mi anterior libro, Crónicas de la Mafia, en 2014.

Aprovecho para avisar a los lectores romanos e italianos, e incluso turistas de paso, que el libro ya está a la venta en la Libreria Spagnola de Piazza Navona, en Roma.

¡Hasta pronto!

Un día tonto en la Expo

2015 mayo 11
por Íñigo Domínguez

La huelga de esta semana del colegio de mi hijo en Roma cae justo el día que voy a la Expo de Milán, así que me lo tengo que llevar. Pero bueno, insisten en que es para las familias. La alcaldesa de la ciudad, Letizia Moratti, presentó en su día la Expo 2015, dedicada a la alimentación, de esta manera: “Es un proyecto que se propone no solo objetivos de crecimiento económico, sino de refuerzo del diálogo intercultural y de responsabilidad social hacia los países afectados por el drama del hambre y la pobreza, Milán debe ser un hito crucial, un punto de referencia para Italia y el mundo entero, una propuesta coral y compartida de los nuevos paradigmas para la existencia del mundo”. Pero mejor al niño no se lo digo, perdería credibilidad. Le cuento que es una especie de parque de atracciones sobre la comida. No sabía lo acertado que estaba.

La Expo está en un descampado donde iba a salir barato porque no necesitaba regeneración ambiental. Luego encontraron amianto yotras porquerías y todo se complicó. Es una historia significativa. Fue la primera obra que se adjudicó -en 2011, tres años y medio después de ser asignada la Expo- y debía preparar el terreno para construir lo demás. La acaban de terminar y el presupuesto ha subido de 58,5 a 127,5 millones. A los seis meses desmontarán todo y no se sabe qué va a ser de este lugar.

Como se temía, terminar la Expo a tiempo ha sido un estrés y aún se ven currelas por los rincones o trabajos a medias cuando uno dobla una esquina. En marzo, mes y medio antes de la inauguración del pasado 1 de mayo solo estaban oficialmente acabados el 9% de los trabajos. También se veía venir, y así ha sido, que sería un bebedero de patos para la corrupción y la mafia. Normal: estaba en juego un botín de 1.300 millones de dinero público italiano. Ha habido varios escándalos y arrestos, la rutina de siempre. El pabellón insignia, el de Italia, el más grande, cinco pisos, ha estado a la altura de las expectativas: en octubre fue detenido su responsable y el coste se ha desmadrado de 62 a 96 millones. En total, se calcula que la Expo ha costado 14.000 millones, y menos mal que buena parte de los proyectos, un montón de asombrosas maquetas de ciencia ficción, se ha caído por el camino. Pero todo sea por fomentar la reflexión sobre la agricultura y el hambre en el mundo.

Entramos dispuestos a concienciarnos de lo que sea y lo primero que se ve, por este orden, es un pabellón de Cáritas, otro de la catedral del Milán y una fabulosa tienda de helados de una marca famosa. Sí, se han colado grandes marcas, como patrocinadores. El niño va para allá atraído por un futbolín, pero cuesta 50 céntimos. Descubriremos que no hay nada gratis, nadie te ofrece pinchitos autóctonos. Pagas la entrada y luego es cosa tuya. De hecho hay una completa red de cajeros, una de las cosas más cuidadas, no tanto los lugares donde descansar o las fuentes gratuitas, que están más escondidos. El precio de los billetes varía. Un paquete familiar para dos adultos y un niño vale, por ejemplo, 84,50 euros.

Los 152 pabellones se extienden por una avenida de kilómetro y medio. En el primero, de la República Checa, te recibe un bar con el orgullo nacional, su cerveza. La caña más pequeña, cuatro euros. Dentro hay una exposición de algo, pero no parece gran cosa y nos largamos. Será igual en casi todos los pabellones: un montaje más o menos apañado sobre algún producto local y luego visite nuestro bar o llévese algo de la tienda. La verdad, así es difícil transmitir a los chavales el valor de las acciones desinteresadas, y la Expo parecía el lugar adecuado. En algunos casos es descarado: según sales del pabellón de Vietnam hay un indio que te intenta convencer de que entres al suyo por una puerta lateral. Dentro solo hay un mercadillo de baratijas a cinco euros y puedes regatear. Se supone que aquello va del arroz basmati, pero hay que leer unos paneles y da pereza. Uno piensa que todavía le queda un kilómetro y hay 145 países para ver. Qué diría la pobre alcaldesa Moratti si lo supiera: el factor didáctico y cultural que tanto debía movernos a cambiar el mundo a los visitantes se ha delegado en un telón de fondo de carteles, fotos, pantallas táctiles y vídeos que, sin duda, deben de ser interesantísimos, pero de los que pasa todo el mundo.

Para comprobar si el cutrerío es solo cosa de pobres, vamos al pabellón gastronómico de Reino Unido, un expo-oxímoron. Han puesto un pradito con una gran bola de alambres. Nos cuentan que todo está dedicado a la abeja, ese valioso insecto -aunque esto ya lo sabía hasta mi hijo- y la cosa representa una colmena. Es más, cada lucecita está conectada a una abeja real de un enjambre que por lo visto anda por Nottingham y refleja su actividad. El niño me mira para saber si puede reírse o es una cosa seria de mayores. Esto es lo que hacen en los pabellones de los países ricos: chorradas más caras. Pedimos un agua mineral, una auténtica ‘Ty nant’ de Gales, dos euros. El sandwich de ‘roastbeef’ cuesta nueve.

Desistimos de ser serios y vamos al de Brasil. Dicen que es el más divertido. Han colocado una red elástica gigantesca donde la gente salta y se hace fotos. Debajo se ven parterres con plantas. Me explican que intentan transmitir el respeto por los cultivos, sobrevolando grácilmente sobre ellos. Dudo que la multitud pille la idea, pero al menos se lo pasa bien. Luego hay vídeos con las espectaculares cifras de Brasil en la exportación de pollos. Dicen que el de Japón está muy bien, pero hay bastante cola, y eso que es entre semana y no hay una gran masificación. Nos alejamos corriendo de otros que pone “Yo siento Eslovenia” o “Respira Austria”.

Para comer algo optamos por el de España, porque el niño quiere tortilla y croquetas. Pasamos la exposición-pretexto, una breve confusión de vídeos y música donde se ve a Adriá y cocineros famosos, y llegamos a la zona restaurante. Hay tres: una terraza, un bar de raciones y uno VIP, todos llenos. Curioseo en el pijo: espalda de cordero lechal de Valladolid, 32 euros. También hay una tienda como esas de gourmet caras de los aeropuertos, con vinos y conservas, un señor cortando jamón -”Spanish National Treasure”, dice un cartel- a razón de 40 euros los 100 gramos y un chico que vende chuletones donostiarras a 124 euros el kilo. Comemos en la terraza con atronadoras sevillanas, aunque luego ponen ‘Lobo Hombre en París’ y otros éxitos de los ochenta. Pagamos 49 euros por cuatro raciones, una fanta y una caña. Intentamos mantenernos lejos del gasto medio de 500 euros por toda la estancia que espera de nosotros la organización.

Por razones que se me escapan, quizá para denunciar el problema de la obesidad, a lo largo de la avenida hay varios puestos expositivos de TechnoGym, una marca de aparatos de gimnasia y cintas para correr. “Móvamonos por un mundo mejor”, proclaman, como en un musical. Hay muchas más cosas que no sabes bien qué hacen allí: enfrente del pabellón de España está el de la Santa Sede, con un cuadro de la última cena, muy bien visto, y fotos y vídeos sobre “las heridas del planeta”: los conflictos, los desequilibrios y el rechazo de Dios, entre otros. Cada uno vende lo suyo. Aquí al menos no hay bar.

En el público vagante hay un fuerte premodominio de excursiones escolares. Pasan comiendo patatas fritas y guarradas tóxicas, probablemente sin ninguna denominación de origen. Pero hay lugares solitarios, como los ‘cluster’, poblados de pabellones pequeños para países sin pasta, agrupados temáticamente por productos: arroz, cereales, tubérculos… Casi todos están cerrados. En el del cacao nos explican que aún no ha llegado la mercancía. Sí ha llegado y sí están abiertas las tiendas de marcas buenas alusivas al tema, una heladería de Pernigotti y una gran tienda de Lindt, donde no nos dejan entrar con el helado, y eso que es de chocolate de Costa de Marfil del mismísimo ‘cluster’ del cacao. El del café está dominado por la marca Illy. Tienen un gran bar y oyes la voz de su dueño, que aparece en una pantalla mirando pensativo el mar tropical. Luego te asomas al caseto cafetero de Timor Est, por ejemplo, y ves a dos azafatos aburridos enfrascados en sus móviles entre cuatro posters turísticos. No pueden competir.

Ni siquiera los Estados Unidos se han currado nada del otro mundo y solo han puesto furgonetas que venden hamburguesas. La más barata 8 euros. En una entrañable metáfora de nuestro tiempo detrás del pabellón de Estados Unidos está el de las Empresas Unidas de China. Al lado el de Coca Cola, que no podía faltar en todo lo que sea hacer el mundo más feliz. Al cabo de cinco horas, cansados y sudorosos, nos vamos. Entonces descubrimos el pabellón más monumental, el de la ONU. Se llama Pabellón Cero, quizá porque por aquí la reflexión se acerca al cero absoluto. Es el recinto más aparente y trabajado, pero no deja de ser una acumulación artística de colosales obviedades: el hombre domestica los animales, la sociedad era rural y ahora es urbana, tiramos mucha comida…

Es desalentador que ni siquiera haya ese pique entre países por ver quién hace la tontería más grande. El sultanato de Omán se ha marcado un castillo, pero en general se nota un cansancio planetario por estos eventos, una inercia de los Estados por estar, porque cómo no vas a estar, pero es como si no se lo creyeran. Y hacen bien, con esta crisis galopante se han gastado 1.000 millones en pabellones y ya es suficientemente escandaloso. Ya no es como en la Expo de París en 1889 con la torre Eiffel, habría que asumirlo. Milán solo competía con Esmirna y su tema “Nuevos caminos para un mundo mejor, salud para todos”. Y si hubiera ganado todos se habrían inventado algo. Este gran camelo metafísico quizá tenga sentido, como publicidad y turismo, para la ciudad organizadora, aunque debe llegar la cuenta final, y para los que hacen negocio. La gente, misteriosamente, sigue yendo: se esperan 20 millones de visitantes, 15 de ellos italianos. También con la Expo de Sevilla en 1992 parecías tonto si no ibas. Se impone el efecto ombligo: la prensa italiana lo presenta a bombo y platillo como una fabulosa Disneylandia filosófica donde se deciden los destinos del mundo. Es obsceno que con la misma facilidad que se derrochan montañas de dinero se manoseen conceptos sacros como el hambre o la comida. Si ya las cumbres serias sobre el tema a veces parecen inútiles, qué decir de una gran feria de productos regionales.

Le pido un balance a mi hijo: lo mejor era la cama elástica de Brasil hasta que le dieron un fantástico globo de colores en el McDonalds, que era con diferencia el lugar -ellos lo llaman restaurante- más lleno de todos. En el globo pone “Feliz comida”. Llamamos la atención en el tren y nadie cree que venimos de la Expo.

 

 

La gran ensalada de la Expo

2015 mayo 1
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por Íñigo Domínguez

Italia probablemente lo conseguirá una vez más, pero está sufriendo para llegar hoy al estreno mundial de la Expo 2015 de Milán, entre retrasos, escándalos de corrupción, infiltración mafiosa, la paranoia de la seguridad por temor a atentados y las protestas de movimientos contrarios a estos circos que ayer se llevaron parte de las fotos. Estos grandilocuentes eventos de borrosa utilidad se siguen realizando periódicamente, aunque nadie, salvo el país organizador, sepa bien los motivos y esté al corriente de que se celebra. Tras la última de Shangai en 2010 ahora le toca a Milán durante seis meses, hasta el 31 de octubre, y para que el mundo se entere ayer hubo un concierto en la plaza del Duomo de Andrea Bocelli y el pianista Lang Lang. También un gran fiestón de Armani, por sus 40 años, con un nivel alto de famosos, de Tom Cruise y Leonardo Di Caprio a Cate Blanchet y Sophia Loren. Dio el toque de glamour necesario para ser noticia en todo el planeta.

La Expo 2015, en realidad, es otra cosa, está dedicada a la alimentación. En Italia han pensado que es realmente un terreno muy suyo que podían utilizar magníficamente como escaparate internacional de la imagen del país. Esperan que sirva para dar un impulso y una alegría a una nación en recesión y declive moral. Políticamente el Gobierno de Matteo Renzi lo querría vender como un hito que marca el inicio de la recuperación económica italiana, que aún está por ver. La prensa ya se ha lanzado en esos titulares de “Milán, centro del mundo” o “El mundo mira hacia Milán”, cuando fuera de aquí casi nadie sabe nada de esto. Luego servirá para muchos otros del estilo, tipo “Albacete seduce a Milán” o “Italia se rinde a Albacete” en el periódico local correspondiente cuando le toque pasar a una delegación de la ciudad presumiendo de sus dulces típicos.

De momento, obviamente, para Milán ha supuesto un arreón urbanístico y de pelotazos de ladrillo en Rho, una zona de las afueras, a unos 15 kilómetros del centro. No obstante, se ha trabajado mucho estos meses el envoltorio filosófico, con una gran dispersión de espesísimos y variados debates de consumo interno sobre todo lo que rodea la comida, de la biodiversidad y el ‘slow food’ al hambre pura y dura. El lema es “Nutrir el planeta, energía para la vida”. Qué duda cabe que es una cuestión de primer orden y sería estupendo que se abriera un debate serio. Pero ha sido inevitable que se hagan chistes con el contraste de los miles de inmigrantes de África que Europa se resiste a salvar en las costas italianas mientras celebra en Milán un banquete de proporciones planetarias, con 140 pabellones de países con sus excelencias culinarias, en el que entre plato y plato se piensa en cómo resolver el hambre en el mundo. Se esperan 20 millones de visitantes.

El pabellón de España, por ejemplo, empieza su agenda con un evento sobre conservas gallegas y luego venga catas de vinos con la semana de La Rioja y después la del cava para seguir con la de Navarra y así sucesivamente, por comunidades autónomas. Promoción turística y gastronómica con un bar de tapas permanente. La entrada para visitar estos 1,1 millones de metros cuadrados de canapés y copas de todas las banderas, una fiesta del paladar, costará para dos adultos y un niño, ejemplo de paquete familiar, 69 euros. Más lo que luego uno se gaste dentro. Habrá mil cochecitos de niño gratis a disposición de las familias y 14 zonas infantiles.

Estos seis meses rodeará la Expo un intenso calendario de actividades culturales paralelas, como una temporada estival de la Scala, la apertura del nuevo museo de la Piedad Rondanini de Miguel Ángel o un espectáculo inédito del Cirque du Soleil. Pero además de comer y pasarlo bien el objetivo teórico es hacer cavilar sobre la comida, cómo se produce, cómo se comercia y qué estamos haciendo mal. Porque el dato más repetido en los dossieres es que en un mundo con 7.300 millones habitantes se producen alimentos para 12.000 millones de personas pero hay 820 millones que no tienen casi nada que llevarse a la boca. En el plano ideológico ya se ha abierto una buena batalla. Por ejemplo, los críticos con la globalización y las organizaciones que defienden los movimientos campesinos consideran un despropósito cosas como que Coca Cola y McDonalds figuren entre los patrocinadores. En su opinión es todo una farsa. La organización, por su parte, esgrime la Carta de Milán, un manifiesto elaborado en los meses precedentes para “crear líneas de actuación para tener en el futuro comida sana, segura, sostenible y suficiente para todos”. Aunque es lo que intenta hacer la FAO, la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, con sede en Roma, desde hace 70 años.

Compaginar estómago y cerebro, placer y reflexión, comilonas e ideas, negocio y cooperación es tal vez una empresa demasiado ambiciosa, sofisticada o cercana al cinismo como para creérsela, pero es el desafío de la Expo de Milán. Una ensalada fabulosa. A ver qué sale, y si es comestible.

 

Drones y bombardeos contra los barcos de las mafias en Libia

2015 abril 22
por Íñigo Domínguez

La estrategia que impulsa Italia para atajar el descomunal flujo de inmigrantes que se embarcan a la desesperada hacia Europa desde Libia pasa por pararlos allí antes de que salgan. Tras el terrible naufragio con unos 850 muertos, según las últimas estimaciones, y ante el consejo extraordinario que se celebrará mañana en Bruselas,  la idea que plantea el Ejecutivo de Matteo Renzi y que estudia la UE es atacar las bases y embarcaciones de los traficantes en los puertos libios. Para ello el Gobierno de Roma apunta al uso de drones espía para localizar los puntos exactos y ataques posteriores con drones o aviación militar para destruirlos.

La propia portavoz de la Comisión en materia de inmigración, Natasha Bertaud, confirmó ayer abiertamente que piensan en una “operación militar” contra las mafias que organizan los viajes y confirmó que esa es la línea. Aunque no entró en detalles, mucho menos en hablar de drones, y todo se decidirá el jueves. Tampoco concretó nada sobre esto el plan de diez puntos aprobado el lunes en el consejo de ministros de Exteriores e Interior, que hablaba de un “esfuerzo sistemático para capturar y destruir las embarcaciones utilizadas por los traficantes”.

A nadie se le pasa por la cabeza una acción militar terrestre en Libia, así que las opciones son de mar y aire. En cualquier caso necesitará de un aval de la ONU, un requisito complejo que no se consigue de la noche a la mañana. La UE ya se está moviendo para obtener un mandato de Naciones Unidas, lo ha dicho la alta representante de Política Exterior, la italiana Federica Mogherini. La presidencia de turno del Consejo de Seguridad es de Jordania, sensible a la cuestión, y se espera al menos una declaración en tiempo breve. Para la resolución la espera será más larga.

Entretanto, en el frente diplomático y siempre con la meta de cerrar en origen las rutas de inmigración, la UE quiere llegar a acuerdos con los países que hacen frontera con Libia, de modo que sea allí donde se corte la vía de paso. Son seis, y bastante complicados: Túnez, Argelia, Niger, Chad, Sudán y Egipto. Se supone que ya están en ello.

El modelo que inspirará la intervención militar será el de la operación Atalanta, el despliegue de naves militares en la costa de Somalia y el Oceáno Índico que desde 2008 protege a los pesqueros y mercantes europeos. España lo conoce bien por los ataques y secuestros a atuneros vascos que sufrió en 2008 y 2009. El esfuerzo internacional, amparado en resoluciones de la ONU, logró amortiguar el problema. La operación comenzó con vigilancia y arrestos en alta mar, pero al final ha llegado a acciones contra las bases logísticas de los piratas en la costa somalí.

La situación libia no es igual, pero las naves de los traficantes están en el punto de mira porque se sospecha que empiezan a tener problemas para encontrarlas. Zarpan decenas de barcos cada día, desde hace varios años, y la flota comenzaría a escasear, opinan en Frontex, la agencia europea de vigilancia de fronteras. Las embarcaciones cada vez son más viejas, ruinosas y más atestadas de gente. Es más, en la última semana los contrabandistas han disparado en dos ocasiones a las naves de rescate para recuperar los botes vacíos, una vez que los inmigrantes habían sido salvados. Es decir, llegan a seguir a distancia a las embarcaciones para intentar llevarlas a puerto de nuevo y volver a usarlas.

En Italia, que tiene un papel protagonista en esta crisis, Renzi era ayer optimista sobre la acogida a sus pretensiones, pues ha captado cierto cambio de mentalidad y que “por primera vez, toda Europa se ha mostrado atenta y solidaria”. Pronto se sabrá si es uno de sus faroles, y si la emotividad del naufragio dura más de dos días en Bruselas. Italia pide el secuestro y destrucción de barcos con uso de drones y aviación militar, misiones de policía en los lugares de donde parten, una acción de policía coordinada entre países de la UE, centros de acogida en los países de origen de los inmigrantes para crear corredores humanitarios y trabajar por estabilizar Libia. En este último aspecto, el decisivo, está volcado el delegado especial de la  ONU, el español Bernardino León, que negocia con las partes de la guerra civil en este país y en este momento es moderadamente optimista de lograr resultados a corto plazo.

Italia también ha arrancado la promesa de que se reforzará la ridícula operación Tritón, reducida al control de fronteras y con escasos medios, que el pasado 1 de noviembre sustituyó catastróficamente a la llamada Mare Nostrum, que el año anterior logró salvar a 170.000 personas. La UE piensa en doblar el presupuesto de Tritón de 2,9 millones a 6, pero es que Mare Nostrum recibía 9. También se estudia ampliar el radio de acción más allá del límite de las 30 millas fijado ahora, pero habrá que ver si llega a las 50 y más allá de Mare Nostrum. Es decir, la pregunta es si la UE va a sacar la pata de donde la metió o va a disimular.

Otro eterno deseo de Italia, siempre rechazado y que ha vuelto a repetir esta vez, es poder repartir entre los 28 países comunitarios parte de los inmigrantes que recibe y formulan peticiones de asilo. Supone saltarse el tratado de Dublín que impone que sea solicitado en el primer país que se pisa y que el intereasado resida en él mientras espera. Italia hospeda ahora a 70.000 personas que están en esta situación. Sin embargo, la tragedia ha abierto esta vez una pequeña fisura en el frente europeo contrario a esta medida y el lunes se barajó hacer un experimento con 5.000 personas. No es mucho, pero sí tendría un gran valor político si saliera adelante, pues sería la primera vez que se da un mínimo paso de solidaridad en esta dirección. Pero hay que esperar al jueves, porque el plan puede acabar en el cesto de la basura.

Los países del norte suelen acusar a Italia de quejica: en 2014 Alemania tuvo 173.00 peticiones de asilo y Suecia, 75.000, y no piden ayuda a nadie, frente a las 63.000 de Italia. España atendió 5.900. El problema es que la repentina avalancha de desembarcos colapsa el sistema en los centros de acogida en Italia. En ese sentido la UE sí se plantea enviar a Sicilia refuerzos de funcionarios comunitarios para agilizar las tramitaciones de asilo. También se exige un esfuerzo para tomar las huellas digitales a todos los que llegan. Ya se debería hacer ahora, pero en la práctica Italia es un coladero y miles de inmigrantes luego hacen perder su pista. Esto ha creado muchos roces entre la UE e Italia: de los 170.000 rescatados en 2014 luego ‘desaparecieron’ unos 65.000. Del mismo modo en Bruselas piensan en devoluciones y repatriaciones de quien no tenga derecho a asilo. Mañana, la solución. Al menos sobre el papel, mientras miles de personas se siguen lanzando al Mediterráneo cada día.

 

“El capitán estaba borracho y fumaba hachís”

“El capitán bebía vino, estaba borracho y fumaba hachís mientras estaba al timón, poco antes de que el barco se hundiera”, ha contado uno de los 28 supervivientes del desastre del domingo. El número de muertos estimado finalmente por la Fiscalía de Catania, que investiga el caso, es de 850. Ese capitán, por sorpresa, estaba entre los náufragos rescatados y fue detenido ayer, junto a otro cómplice. Se llaman Mohammed Alì Malek, tunecino, de 27 años, y Mahmud Bikhit, sirio, de 25. Han sido identificados y acusados por los otros pasajeros salvados (son los de la foto).

El estado de ebriedad del capitán habría contribuido a que sus maniobras fueran erróneas al acercarse al mercante luso ‘King Jacob’, que se disponía a ayudarles. Es más, también es posible que causara el accidente al abandonar el puente para mezclarse y esconderse entre la multitud  e intentar salvarse. Por tanto, esta es la conclusión de los fiscales italianos, el barco no se no habría hundido solo porque el pasaje se abalanzó sobre un lado por el ansia de ser rescatado. Ayer apuntaban que también chocó contra el buque portugués, y parte de la responsabilidad es del capitán. El mercante no tendría culpa alguna y además tiene experiencia en este tipo de situaciones porque ha participado ya en cuatro operaciones de auxilio con la guardia costera.

Los testimonios confirmarían también que había cientos de personas encerradas en la bodega del viejo pesquero, de no más de 30 metros de eslora. Los supervivientes son eritreos, somalíes, sudaneses y bengalíes. Pasaron un mes encerrados en una especie de granja y zarparon de un puerto cercano a Tripoli la noche del 16 de abril. Su travesía duró tres días hasta el momento de la tragedia.

(Publicado en El Correo)

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