momentos…

Hay  momentos…

Regentanz  de J. Otal.

 ”Tres cosas atesoro y nunca me desprendo de ellas:

La primera es la compasión.

La segunda es la fragilidad.

Y la tercera es no atreverme a estar frente al mundo. La prudencia como solución de cualquier conflicto”.

Palabras de Sun Tzu en el libro “El arte de la guerra” en la edición de José Ramón Avillón.

Hay momentos en los que una música especial mientras contemplamos la Luna pueden convertirse en tan sólo…los momentos. Tan sólo eso.

La prudencia: un bien escaso…

una mujer…

” A veces una mujer encuentra los restos de un barco hecho pedazos y decide hacer de ellos un hombre sano. En ocasiones lo consigue. Otras veces una mujer conoce a un hombre sano y decide hacerlo pedazos. Siempre lo consigue”.

Cesare Pavese.

 

Éste es uno de los párrafos que he leído de un nuevo libro. El viaje de regreso al Campamento casi siempre tiene para mí escala técnica en la librería del aeropuerto. En muchas ocasiones tan sólo repaso las portadas o compro alguna revista, pero en otras ocasiones no puedo resistirme a comprar algún libro que me llama desde la estantería.

En esta ocasión “La mujer de papel” del autor Guillaume Musso me hacía señales de humo.

Por otro lado “una mujer 10″ coincidía en la portada de una revista, aquella que se anuncia diciendo: la revista para hombres que todas las mujeres deben leer.

Pongamos un poco de un poco de música… a tanto cruce de caminos.

 

el futuro…

El futuro…

 

Fotografía de Martin Stranka.
 
 
“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”.
 
Victor Hugo.
 
 
Mientras reflexiono sobre estas palabras suena la música…

la música…

“Sin la música la vida sería un error”…

Friedrich Nietzsche.

Pêché d´envie.

 

 

Peter Pan…

“El hombre Peter Pan es una compleja mezcla de necesidades contrapuestas. Mientras por un lado necesita sentirse querido y admirado, por otro tiene dificultades para mantener relaciones estables porque eso significaría actuar con un nivel de responsabilidad y capacidad de autocrítica que no ha desarrollado. Ése es en síntesis el gran problema del hombre Peter Pan: es un adulto que renuncia a crecer para satisfacer sus necesidades de niño, sin caer en la cuenta de que los adultos también pueden disfrutar placeres y vivir aventuras. La diferencia es que éstos saben que eso no puede conseguirse de forma gratuita porque, en el mundo de los adultos, las cosas no se consiguen sin esfuerzo ni el amor es incondicional; por eso hay tantos hombres que refieren mantenerse en la infancia”.

-dice Antoni Bolinches en su libro “Peter Pan puede crecer”.

Escultura hiperrealista de Ron Mueck.

LLevaba varias semanas sin leer ningún libro. No conseguía concentrarme, así que había aparcado un poco la lectura. Todos los veranos la temática de algunos libros se convierte en todo un clásico. Recetas gastronómicas, autopsias, espías, viajes…Decidí acercarme a la librería del pueblo con la intención de fisgar un poco y puede que hacer una compra compulsiva. Novelas, libros de autoayuda…todos parecían una oferta golosa. Entre ellos un pequeño libro me llamaba la atención: ya estamos con el temita de siempre¡¡¡. Hombres y mujeres parecemos enfrentados, cuando en realidad lo que casi todos buscamos es estar juntos (a ratos). El síndrome de Peter Pan me llamaba rabiosamente. No sé si lo que buscaba era encontrar las claves o tan sólo las autoafirmaciones, no lo tengo muy claro. Tras comprar y leer el libro lo que sí tengo claro es que no quiero ser ni Wendy ni Campanilla, tan sólo yo misma.

No me pude resistir y como casi todos los veranos, un libro de Donna Leon espera en mi mesilla de noche:

“El sabor de Venecia”.

A la mesa con Brunetti.


Si deseas que tus sueños se hagan realidad: despierta¡¡¡.


Ambrose Bierce.


Una interesante frase magistral escrita a modo de reseña en el libro.

ces petits riens…

Those little things…

Ces petits riens…

Tres versiones de una misma canción…


La vida tiene diferentes versiones y todas pueden ser interesantes.

lo que yo quiero…

Amour, joie, bonne humeur…

Amor, alegría, buen humor…



Fotografía de Michael Papendieck.

Todo lo que yo quiero lo encuentro contado y cantado en una canción.

Je veux…

como los demás…

-Las mujeres se enamoran de uno porque les pareces diferente. Y luego hacen todo lo posible para que nos volvamos como los demás…

Pierre Szalowski.

The traveller at the lonely bus stop…

Fotografía de Ralph Graef.

La música titulada “Tabú” del autor Remo Anzovino en un inquietante vídeo…

pies planos…


Tras el cristal de la ventanilla tan sólo se adivinaban unas pequeñas luces. Era ya de noche. A esa hora en la que algunas personas vuelven de regreso al hogar tras una larga jornada de trabajo. Otras, tras un recorrido por diferentes medios de transporte junto a su compañera de piso y otras, tras una actividad para ampliar un CV que les acompañará el resto de sus vidas.

Éramos cuatro personas. Cuatro en medio de muchas más. Pero mi atención tan sólo se centraba en nosotros cuatro. Ése era mi círculo en un vagón de metro, de regreso a casa, ya entrada la noche. Miento, éramos cinco. Lola también cuenta como personaje.

No me gusta escuchar las conversaciones en el tren, en el bus. No me gustan porque en su inmensa mayoría son conversaciones demasiado privadas como para hacerlas públicas en voz alta y sin el consentimiento de aquellos que no quieren ni oir ni escuchar nada. Pero en esta ocasión la conversación me fue atrapando a la vez que nuestro cículo se fue haciendo más íntimo. No recuerdo al resto de pasajeros, ya no me interesaban. Mi atención se centraba en el espacio y contenido de dos asientos de metro enfrentados a otros dos. De mi lado: codo con codo. Del otro: en algunos momentos nuestras rodillas y pies se chocaban. Un micromundo muy surrealista.

Al principio del viaje: estaba sentada una chica joven. Lola y yo llegamos y desplegamos nuestro protocolo. Una vez ya sentadas, la tercera persona se aproximó: otra chica joven. Ellas se conocían y ya comenzaron una conversación sobre sus actividades. La primera chica era de color. Su aspecto era muy exótico y atractivo.

La conversación se centraría en la danza, pero en disciplinas muy diferentes…

La chica de color: se había decantado por el circo y preparaba su cuerpo para el trapecio, barra, cuerda y cinta…

.

Sus explicaciones cada vez eran más apasionadas. El tipo de ejercicios, la importancia de la espalda. Al tiempo que hablaba, su cuerpo iba adoptando diferentes posturas. Señalaba los diferentes hematomas que tenía en piernas y brazos. Estábamos solos sin estarlo. La otra chica: comenzó a expresarse también con su cuerpo. Lola miraba a un lado y a otro pero no se movía, estaba tan alucinada como yo. Éramos tres y nuestras vidas parecían y de seguro eran… muy diferentes.

En la siguiente estación: un chico se incorporó a nuestro espacio. Un chico alto, joven, rubio y guapo. LLevaba un atuendo un poco alternativo, muy alejado de hombre con corbata. Se ayudaba de dos muletas para caminar ya que llevaba una pierna totalmente vendada. Lola le saludó, a lo que inmediatamente pregunté:

-te molesta?

-no, no te preocupes, contestó. El tuteo me agradó.

El grupo no podía ser más surrealista, incluída yo misma.

La conversación continuaba y ahora era aquel chico el que también se interesaba por ella. Todos nos ibamos atrapando. El trapecio y la cinta parecerían indispensables en nuestras vidas a raíz de aquel momento, dada la energía e ilusión que aquella chica nos transmitía.

Lola miraba a un lado y a otro. En este momento comenzó a interesarse por mi compañero de asiento y él respondía acariciándola en la cabeza. Fue en este momento cuando me fijé que llevaba una de esas pulseras blancas con tu nombre escrito en letras negras de los ingresos hospitalarios. En mi película interior ya deduje que le habían dado el alta y volvía de regreso a su casa.

De esta manera los momentos se sucedían y vistos desde fuera por el resto de pasajeros… haríamos un conjunto curioso.

Mi compañero echó su mano derecha hacia atrás, buscaba en su cintura. En ese momento sacó una navaja considerable y tras abrirla mientras yo alucinaba, cortó aquella pulsera hospitalaria. Luego guardó la navaja en el mismo lugar secreto y la pulsera en un bolsillo.

En ese instante pensé interiormente: lo que nos faltaba¡¡¡. Menos mal que no le molesta la perra.

Las dos chicas continuaban la conversación y en ese punto ambas concluyeron entre risas que tenían mucho más en común…

los pies planos y la dificultad para arquearlos…


Fotografías de Michael Papendieck.

Y rebobinando la escena del principio: fue el chico el que llegó en primer lugar a su estación de destino para desaparecer caminando con sus muletas. Luego, fue una de las chicas, la que había llegado en tercer lugar. Lola y yo nos bajamos en nuestra estación y al mirar hacia atrás vimos que el metro se alejaba, quedando la chica de color mirando por la ventanilla…

A veces los círculos tan reducidos en los que nos movemos no nos dejan ver la existencia de vidas tan interesantes y diferentes…

una nueva hornada…


Una nueva hornada

El verano se adivina calentito y no sólo en lo metereológico. Lo más serio y preocupante es que seguramente el otoño y el invierno se sucedan llenos de incertidumbres, pesares y frustraciones.

Fotografía de Martin Stranka.

Una buena pregunta, aunque no sé si políticamente correcta, sería:

-qué opinan los pacientes???.

Puede que no se trate de hacerse una sola pregunta. Hay muchas más…

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