Cuando se trata de vencer al amor…
Fotografía de Caras Ionut.
Gritar mi voz…
Camino y camino…
Inventar horizontes nuevos…
Camino y camino…
Hasta romper mi voz y vencer al amor.
Cuando se trata de vencer al amor…
Fotografía de Caras Ionut.
Gritar mi voz…
Camino y camino…
Inventar horizontes nuevos…
Camino y camino…
Hasta romper mi voz y vencer al amor.
En estos días de balances, de sumas y restas entre el “debe” y el “haber”, me quedo con una fotografía muy interesante de Michael Papendieck que agrupa todos mis deseos para el 2.012.
Si en lo visual el rojo parece mi color favorito para mí misma y para todas las personas que aprecio, amo o me interesan…el sentido, la forma y el fondo lo ponen algunos valores que admiro profundamente y que deseo se hagan extensivos a todas aquellas personas que lean mi mensaje. Más allá de los deseos primarios de salud, paz y amor…están los deseos “tipo envoltorio” tan importantes o más que los primarios. Deseos que si dejamos son capaces en sí mismos de colarse por nuestros poros sin que nos demos cuenta. Deseos de una vida llena de imaginación, de creatividad, de esforzarnos más allá de lo puramente cotidiano, de envolver nuestras vidas con un film transparente de esfuerzo e inteligencia para conseguir entre todos hacer realidad la magia de la flexibilidad. La flexibilidad necesaria para llegar a final de mes con un salario algo reducido. La flexibilidad ante todo aquello que el futuro nos proponga. La flexibilidad necesaria para no desilusionarnos ante nadie ni nada. La magia de sonreir en los momentos más difíciles y la magia de compartir nuestra existencia instante a instante lejos de lo polìticamente correcto y sólo porque sí con las personas que decidamos e incluso con nosotros mismos.
Flexibilidad necesaria y compartida por igual entre obligaciones y libertades sin perder el punto necesario de rebeldía.
Porque la vida es mágica, en el 2.012 mi mayor deseo para todos es que no dejemos olvidados en el día a día el rojo, la flexibilidad y la creatividad en todo aquello en lo que decidamos embarcarnos o sumergirnos porque de seguro detrás de todo ello, agazapada en la sombra igual que un claro-oscuro…estará la felicidad, la nuestra, la de todos…por efímera, cambiante e ilusoria que en ocasiones nos parezca.
Un abrazoooooo de osoooooooooooo a todos¡¡¡.
Mi paciente, a su corta edad, resultaría un paciente estricto, inquisitivo y desprovisto de compasión. El acompañante, su padre…un hombre joven, amable, risueño, hasta incluso atractivo.
-De dónde eres? me preguntó.
-Por qué? tanto se nota? respondí.
-De Bilbao centro, continué diciendo esbozando una sonrisa nada forzada.
La situación era surrealista.
Su hijo precisaba de mis servicios. Se trataba de hacer una cura que yo misma decidí días antes controlar su evolución en el Servicio de Urgencias. No se trataba de ningún trato de favor, tan sólo de propio interés por ver la evolución de una cura que yo misma había iniciado. Pero mi paciente, mi paciente nada inglés, me mostraría su lado oscuro: enfurruñado me miraba, no descuidaba ninguno de mis movimientos, ni mucho menos de los pasos a seguir en la cura y posterior vendaje. Su cara lo decía todo…aquello no era de su agrado. Finalizado el trabajo el padre amablemente me dió las gracias, sonrió y dijo: da las gracias. El paciente, su hijo, no estaba decidido a hacerlo, más bien no estaba en nada de acuerdo con el resultado. Él quería un vendaje ligerito.
Muchos pacientes desean un resultado diferente al que se obtiene tras una cura o un vendaje ya que su pensamiento sobre lo que se debe o no debe hacer, reposo o actividad, discrepa mucho de los consejos sanitarios.
Feliz y contenta decidí desaprender lo aprendido. Deshacer lo realizado. Al más puro estilo Penélope…deshice el vendaje y la cura.
El padre no sabía qué decir: no le hagas caso. Sonreía casi casi avergonzado.
-Si esto es una cámara oculta no me extañaría nada, le dije ente risas.
El padre se echó a reir, la situación era totalmente surrealista. Un niño de 11 años me decía, me comentaba, noooo más bien me ordenaba cómo quería su cura y su vendaje.
-Tú de mayor vas a ser ingeniero¡¡¡ le dije.
El padre comenzó a reir abiertamente.
-Su abuelo y sus tíos son ingenieros. Él va para ingeniero, me comentó.

Sin saberlo, el niño-paciente-futuro ingeniero me alegró la guardia. Llevaba muchas horas de guardia a mis espaldas. Llevaba muchas guardias en una misma semana a mis espaldas. Llevaba mucha, incluso demasiada carga emocional a mis espaldas en un día que quedará marcado en el calendario familiar y en el calendario personal por un evento al que no sólo no me habían invitado. Un evento en el que yo no sería la protagonista principal, pero puede que sí la sufridora principal…una boda que lejos de dejarme indiferente, dejaba mi músculo cardíaco un poco afectado y necesitado de un sten…uno más.
Nos despedimos amablemente, giré la cabeza y comenté al resto de pacientes que seguían desde los boxes nuestra conversación:
-algún paciente más quiere decirme cómo lo quiere???
Las risas duraron un buen rato.
Por suerte el sonido de las risas y el recuerdo de una sonrisa hacen olvidar a cualquiera la idea de vivir “abrazado a la tristeza”, vivir un amore sin amore.
La memoria no nos serviría de nada…
si fuera rigurosamente fiel.
PAUL VALÉRY.

Foto de Julia Stone.
Esta frase magistral engloba mucho más de lo que aparenta. Todos nosotros podemos moldearla a nuestro antojo. Quién no ha trepado a un árbol? Quién no ha hecho locuras? Quién no las ha olvidado o intentado hacerlo? Quién no ha soñado con tocar las estrellas? Quién no ha amado alguna vez ???
Frase y música se dan la mano mientras suena all of me… Una combinación que puede ser fascinante.
Ella no es mi amiga. Ella no es mi cómplice, ni mi confidente. Yo no le he contado mi vida. No nos conocemos y por otra parte pienso que escribe sobre mí. Puede que esté confundida y yo no sea la protagonista de su escrito y tan sólo se trate de un estereotipo. Puede que yo me haya comportado siguiendo un estereotipo marcado ya con anterioridad. Un papel que yo no he querido, ni solicitado. En ningún lugar he escrito un “solicita y expone” con mi propia firma queriendo hacer mío un personaje hueco…una carcasa.
Al leer una opinión en papel impreso venían a mi memoria algunas sensaciones nada tranquilizadoras. En algún sueño perdido en el tiempo había adoptado el papel de un insecto. Una mujer joven dibujaba a su antojo una figura y no era yo. Ella me perseguía con su trazo. La figura salía del dibujo y terminaba por devorarme…

Espido Freire escribe:
“Ella, él, con gesto impávido, continúa observando. Si es necesario, niega todo. Llega el golpe. El ataque, el robo, la firma de papeles, el abandono, el trabajo que esa persona obtiene y nos quita, la herencia enajenada, el marido seducido. Aún doloridos, incrédulos, hemos de afrontar dos heridas: la de la realidad. Lo que antes poseíamos ya no nos pertenece. La del alma. Aquella persona que tanta molestia se tomó en convertirse en nuestro todo nunca vio en nosostros otra cosa que un medio. Vacilantes, vemos cómo se alejan sin inmutarse, seguros de sí mismos, al acecho de otra presa. No éramos nada, no importábamos nada, jugaron con nosotros, nos alejaron de su lado como si fuéramos únicamente la carcasa de un animal ya devorado. Y, poco a poco, hay que volver a ser una persona”.
Ya en el control de equipajes nos habíamos fijado el uno en el otro. Más tarde la tienda de revistas y libros sería nuestro lugar de encuentro, nuestro meeting point. Yo miraba de reojo cuáles eran sus gustos, en qué secciones se detenía e interiormente daba mi aprobación. Él miraba abiertamente aquello que yo ojeaba ( de echar un ojo). Lo que quiere decir que él miraba que yo le miraba y yo miraba que él me miraba, al margen de aquello que hojeábamos entre las manos o en las estanterías.
Casualmente coincidimos en el mismo vuelo. Prometo que no cambié mi billete. Las casualidades, ésas que en ocasiones comento que no existen, hicieron que nuestras miradas volvieran a sorprenderse a la entrada del avión. Nuestros asientos serían en diferentes filas y yo daría por finalizada la aventura.
El avión finalizó su aterrizaje en un lugar indeterminado en medio de la nada. Lejos, muy lejos del finger. Un autobus nos esperaba a pie de escalerilla. Y es ahí precisamente cuando nuestras vidas se entrecruzaron, fuertemente agarrados a una barra cromada y en tan sólo medio metro cuadrado.
-Qué bien os arregláis¡¡¡ dijo. Y así comenzó una conversación que duró lo que duró el trayecto entre el avión en medio de la nada y la puerta de la terminal T1. Diez minutos muy divertidos.
Pero no todas las historias tienen un final feliz y ésta sería una de ellas. No sé cómo pudo hacer un comentario tan desafortunado…
-Ya le comentaré a mi mujer lo que hemos hablado, ella tiene un perro que pesa kilo y medio, así que también podrá viajar con él. Éstas fueron sus palabras mágicas que rompieron todo el hechizo. Cómo pudo decirme eso???.
Aquel hombre no era consciente del significado de sus palabras.
Nos despedimos amablemente y tanto Lola como yo alijeramos el paso sabiendo que atrás dejábamos una historia truncada. El destino nos había fallado en esta ocasión.
Cómo pudo hablarme de aquella manera…un perro de kilo y medio¡¡¡
Ahora, mientras recuerdo su atuendo casual, su aspecto amable, los cuchicheos de sus acompañantes, y aquellas palabras imborrables…Lola y yo escuchamos un poco de música…
“La vida sólo puede ser comprendida hacia atrás, pero ha de ser vivida hacia adelante”.
Frase de Sören Aabye Kierkegaard.
Fotografía de Ben Goossens.
Esta frase en formato de mensaje en mi móvil y la oportunidad del momento… me devolvían el interés por las SINCRONICIDADES¡¡¡.
Fuera llovía, dentro sonaba la música…
“Cuando el día ha sido largo y tu noche sea solitaria”…dice la canción.

Fotografía de Ralph Graef.
Continúa diciendo la canción: “a veces…es tiempo de cantar.
Los nuevos cambios me llevarán a disfrutar de una vida social intensa. Dicen que los cambios siempre son a mejor.
No sé quién lo dice…

Fotografía de Michael Papendieck.
El tiempo pasa y las fechas se van sucediendo. Pronto llegarán las tardes de otoño en casa, los puentes, más tarde las Navidades. Esta reflexión parece un “déjà vu”. Pero este año los cambios incluirán toda una cartelera de nuevas actividades… de entradas y salidas. Nuevas citas, conocer personas interesantes, intercambiar opiniones, reflexiones y seguramente muchas RISAS.
Este año liberaré a mis hijas de todo protocolo navideño. Nada de comidas con la mamma. La mamma tiene planes de “altura”. He pensado que nada mejor que acudir al hogar familiar del Presidente de la Generalitat por el Día de Navidad. Degustaré una deliciosa comida con su familia y puede que también beba alguna copa de cava. En momentos de crisis y de recortes siempre hay que ser optimista y reforzar lo positivo.
Mi trabajo es puramente vocacional y si se decide un recorte en la paga extra navideña me sentiré bendecida por su barita mágica.
También tengo pensado incrementar mis habilidades creativas: nada de regalos navideños convencionales. Buscando nuevas tendencias me decantaré por la PAPIROFLEXIA. Puede que utilice para ello no sólo papeles de colores fascinantes, también el sobre y documento de la nueva nómina.
Y retomando la idea “vocacional”…acudiré a mi banco-amigo y le comentaré en una comida distendida de trabajo EN CASA DE SU DIRECTOR: ”que dado el carácter vocacional de mi trabajo y los nuevos sacrificios en bien de la sociedad que proponen algunos políticos, entiendan que la hipoteca la podré pagar en otra vida”. Espero que en caso de existir la reencarnación, no me reencarne en nadie con aspiraciones vocacionales Y SÍ CON ASPIRACIONES TERRENALES. Estoy convencida de que mi banco-amigo lo entenderá y se alineará con los nuevos cambios y me incluirá en un nuevo “PROYECTO VOCACIONAL”. No tengo NINGUNA DUDA¡¡¡.
En lugar de “beber para olvidar”, escucharé música para olvidar…
Hay momentos…

Regentanz de J. Otal.
”Tres cosas atesoro y nunca me desprendo de ellas:
La primera es la compasión.
La segunda es la fragilidad.
Y la tercera es no atreverme a estar frente al mundo. La prudencia como solución de cualquier conflicto”.
Palabras de Sun Tzu en el libro “El arte de la guerra” en la edición de José Ramón Avillón.
Hay momentos en los que una música especial mientras contemplamos la Luna pueden convertirse en tan sólo…los momentos. Tan sólo eso.
La prudencia: un bien escaso…

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