Historias del emepé (Parte II)

Un joven mexicano y su esposa llegan a Tijuana desde Houston para tomar posesión de una herencia. El legado son unos terrenos baldíos en las afueras de la ciudad, por lo que todo el mundo se sorprende cuando el joven anuncia que ya los ha vendido por 800,000 dólares, suma desproporcionada para el valor real del predio. En la escritura de venta se inscribe la operación en pesos, y el joven recibe un maletín llenito de dólares, en billetes de 20. Extraños compradores…

En el aeropuerto el joven es retenido, su maleta registrada, y unos 400,000 dólares salen a la luz. Su esposa pasa el control sin ser detectada y se embarca camino de Houston dejando a su esposo detenido en la aduana. Llueven las preguntas: ¿De dónde salió el dinero? ¿Por qué una suma tan grande en billetes pequeños? ¿A dónde llevabas la lana?

Las respuestas parecen robustas: Vendí unos terrenos, y aquí está la escritura. Yo no sé si son billetes grandes o pequeños, pero es dinero. A Houston, porque vivo allá y tengo permiso de residencia.

El joven es consignado, y el dinero confiscado. El abogado reclama el dinero dentro del plazo previsto por la Ley (90 días), por lo que este no pasará a ser distribuido entre la PGR, el Consejo de la Judicatura y la Secretaría de Educación (modus operandi habitual con el dinero sospechoso que no se reclama). Entonces, el emepé se dirige al letrado de la defensa y le explica que “el joven ya dijo que con cuánto le arreglamos. Así que van a ser 200,000 pesos”.

El abogado no tiene nada que objetar si así quiere su cliente que se gestione el caso, pero entonces alguien llega desde Houston… y está enojada.

La esposa dice que “no manches, 200,000 pesos. Eso es muy caro, no, no, les damos 10,000 pesos y ya”. El abogado, sorprendido, le explica que fue su esposo quien ofreció la soución y aprobó la suma, pero la Doña replica que no, que ni madres, que la lana es de ellos y es legal.

El abogado retorna al emepé, informa al Licenciado del asunto, y este responde “pues nada, lo consignamos a él por relación con narcotraficantes mientras investigamos el tema, y además la consignamos a ella también por la lana que sacó del país”. A estas alturas de la investigación, el joven ya ha contado todo lo que sabe y los judiciales han comprobado que la dirección del comprador de los terrenos es ficticia. Además, hay registros en aduanas de viajes de aquel sujeto desde Tijuana a Colombia. El tema pinta mal para los jóvenes esposos.

Finalmente, la esposa ya no aguanta más el reclusorio y la novia que le ha salido en él quiere pasar a mayores. Aceptan pagar, y ahora se van a Houston, con 200,000 pesos menos en la cartera y algunas explicaciones que dar a… ¿A quién?

Fin.

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