Historias del emepé (Parte II)

Un joven mexicano y su esposa llegan a Tijuana desde Houston para tomar posesión de una herencia. El legado son unos terrenos baldíos en las afueras de la ciudad, por lo que todo el mundo se sorprende cuando el joven anuncia que ya los ha vendido por 800,000 dólares, suma desproporcionada para el valor real del predio. En la escritura de venta se inscribe la operación en pesos, y el joven recibe un maletín llenito de dólares, en billetes de 20. Extraños compradores…

En el aeropuerto el joven es retenido, su maleta registrada, y unos 400,000 dólares salen a la luz. Su esposa pasa el control sin ser detectada y se embarca camino de Houston dejando a su esposo detenido en la aduana. Llueven las preguntas: ¿De dónde salió el dinero? ¿Por qué una suma tan grande en billetes pequeños? ¿A dónde llevabas la lana?

Las respuestas parecen robustas: Vendí unos terrenos, y aquí está la escritura. Yo no sé si son billetes grandes o pequeños, pero es dinero. A Houston, porque vivo allá y tengo permiso de residencia.

El joven es consignado, y el dinero confiscado. El abogado reclama el dinero dentro del plazo previsto por la Ley (90 días), por lo que este no pasará a ser distribuido entre la PGR, el Consejo de la Judicatura y la Secretaría de Educación (modus operandi habitual con el dinero sospechoso que no se reclama). Entonces, el emepé se dirige al letrado de la defensa y le explica que “el joven ya dijo que con cuánto le arreglamos. Así que van a ser 200,000 pesos”.

El abogado no tiene nada que objetar si así quiere su cliente que se gestione el caso, pero entonces alguien llega desde Houston… y está enojada.

La esposa dice que “no manches, 200,000 pesos. Eso es muy caro, no, no, les damos 10,000 pesos y ya”. El abogado, sorprendido, le explica que fue su esposo quien ofreció la soución y aprobó la suma, pero la Doña replica que no, que ni madres, que la lana es de ellos y es legal.

El abogado retorna al emepé, informa al Licenciado del asunto, y este responde “pues nada, lo consignamos a él por relación con narcotraficantes mientras investigamos el tema, y además la consignamos a ella también por la lana que sacó del país”. A estas alturas de la investigación, el joven ya ha contado todo lo que sabe y los judiciales han comprobado que la dirección del comprador de los terrenos es ficticia. Además, hay registros en aduanas de viajes de aquel sujeto desde Tijuana a Colombia. El tema pinta mal para los jóvenes esposos.

Finalmente, la esposa ya no aguanta más el reclusorio y la novia que le ha salido en él quiere pasar a mayores. Aceptan pagar, y ahora se van a Houston, con 200,000 pesos menos en la cartera y algunas explicaciones que dar a… ¿A quién?

Fin.

Historias del emepé Parte 1

Inicio con este artículo una serie de historias sobre el MP de todos los mexicanos. Es el “emepé”, o Ministerio Público, el edificio público que generalmente comparte instalaciones con las Delegaciones (una suerte de ayuntamientos de barrio), y en el que trabajan los funcionarios de guardia del poder judicial mexicano, algó así como nuestra “Primera Instancia”.

Suele ser lugar común de amenaza (“te voy a llevar al emepé”); misterio (“el tema está en el emepé, pero no sé más”); broma etílica (“del antro al emepé”); susurro interesado (“ahí tengo yo un cuate en el emepé que nos puede ayudar”); titular de prensa (“El 90 por ciento de los Ministerios Públicos no aprueba los tests de capacidad”); etc, etc.

Un Señor muy respetable de la bella ciudad de Guadalajara conduce su camioneta de lujo una noche de sábado. En un control de alcoholemia, el caballlero es retenido y su vehículo registrado, no sin enfado y groserías por parte del ilustre tapatío. Un oficial de policía emerge de la guantera de la camioneta del Licenciado con una cajita de medicamentos en la mano. “Órale mi lic, ahora sí que vamos al emepé”. Al llegar al “emepé”, el funcionario es “informado” en voz baja y al oído por el agente, mientras el simpar jalisciense emite protesta tras protesta. “¡Cómo se atreven! Me arrestan por llevar un medicamento de mi esposa en el carro! ¡Se van a enterar de quién soy yo!”.

La “Licenciada” mira de arriba a abajo al volcánico señor, dedica un gesto de cómplice aprobación al policía (que desaparece sigilosamente), e invita al encausado a sentarse y relajarse. “¿Le puedo invitar a un café?”, ofrece respetuosa la “Licenciada”. “Vaya a chingar a su madre con su café”, responde el honorable.

“Verá, Sr. X”, prosigue la “emepé” sin inmutarse, “el medicamento que porta Vd. sirve para adelgazar, ¿no?”

“Así es. Para coger no es”, contesta furibundo el acusado.

“No, para coger no. Pero si se toma una de estas cada dos horas, pues el efecto es parecido… Son anfetaminas, y Usted, mi lic, lleva más de la dosis permitida por la Ley para consumo propio, así que ahora mismo lo voy a acusar de transporte y tráfico de estupefacientes. ¿Cómo ve?”.

El abogado del ilustre tapatío llega al poco, y en un aparte aconseja a su cliente que:

1. Pague unos 5,000 pesos para salir de allí.

2. Si no, entre que llega el Doctor, que declara que hay una receta, que se recupera la receta, que llega la mujer a pesarse en la romana de la gasolinera de al lado para demostrar que, en efecto, es una vaca Holstein y no es capaz de hacer dieta… mientras todo eso, la “emepé” le puede tener 48 horas detenido.

3. Y ahorita mismo te disculpas con la “emepé”, porque de lo contrario ni 5, ni 10, ni 20… Al reclusorio, y pechito con pechito con los “motorolos”.

El ilustre baja la cabeza, se disculpa, e ingenuo pregunta: “…y, dónde lo arreglamos”.

“Pues aquí mi lic, ¿dónde quiere? ¿En Los Pinos?”

Fin.

Al rescate mis valientes

Cuando el equipo económico de Bush anunció un plan de rescate de 700.000 millones de dólares para salvar a empresas como Bear Sterns, Fanny Mae, Freddie Mac, etc (aunque en el camino se quedara Lehman Brothers), la brillante idea de la Casa Blanca tuvo que pasar por el filtro de las Cámaras de Representantes y el Senado. El proceso se extendió a lo largo de más de dos semanas, e incluso se enfrentó a una primera votación en contra que provocó una caída espectacular en Wall Street. La transparencia que reclama un Estado de Derecho conlleva ciertos daños colaterales, como ejemplifica aquella caída de Wall Street, pero cuando finalmente los legisladores aprobaron el plan de Paulson y Bernanke, las Bolsas rebotaron… Más tarde llegaron las críticas, el debate público, los editoriales y también las “revisiones” del plan por parte del ejecutivo de la Avenida Potomac. Pero entre toda esta avalancha de información, que probablemente creó más psicosis que tranquilidad, al final quedó la sensación de que el pueblo estaba informado y que el proceso democrático se había cumplido.

En México, hacia el mes de octubre, comenzaron a encenderse focos rojos en los despachos financieros de empresas emblemáticas. Cemex (tercer productor mundial de cemento), Comercial Mexicana (líder mexicano de la distribución comercial), Vitro (otro líder mundial en la fabrticación de vidrio), y una media docena más (Arrendadora Banregio, Unifin, Coppel…), comenzaron a llamar al teléfono rojo de Los Pinos. Para no aburrir al respetable con explicaciones económicas (que ni yo mismo domino), el denominador común de los problemas financieros de estas empresas es que sus directores financieros se pasaron todo el año especulando en mercados de riesgo asociados a contratos de instrumentos derivados. Estos son contratos por los cuales las empresas se comprometen a comprar o vender en una fecha futura un determinado activo que pueden ser bienes básicos (petróleo, gas…) o monedas, a un valor que se fija en el momento de la negociación. Pues bien, a todos los directores financieros de las empresas mencionadas les pillaron con los pantalones bajados cuando el peso se derrumbó un 20 por ciento en una semana.

El 13 de octubre, el secretario de Economía declaraba en televisión que “el rescate de empresas mexicanas en deficultades estaba descartado”… El Partido del Trabajo llegó a reclamar en el Congreso que se prohibiera expresamente toda maniobra legislativa en este sentido, y ahí murió el debate. Ante el derrumbre del peso, y la falta de dólares en el mercado, el Gobierno comenzó a subastar cada pocos días sus reservas de la divisa. El objetivo era evitar un desastre mayor: la economía mexicana es muy deficitaria en su balanza comercial, y depende totalmente del dólar. En agosto el billete verde llegó a cotizar a 9.75 pesos, un caramelito para los mercados que compraron a la espera del lógico rebote (durante años la moneda azteca ha girado en torno a los 11 dólares, probablemente en coma inducido). Pero el rebote fue hasta más de 14 pesos, y el batacazo monumental.

Sólo dos días después del anuncio del Secretario de Economía, en una reunión secreta en el despacho de Agustín Carstens, Secretario de Hacienda y estrella del ejecutivo de Calderón, se pusieron sobre la mesa las cartas de CEMEX, Comercial Mexicana, Vitro y otras… Carstens llegó a declarar, para inmediatamente autorectificarse, que “algunas empresas especuladoras eran las culpables del desplome del peso”.

El día 23 de octubre, la Banca de Desarrollo anunció un “pa-que-te-rescates” de 50,000 millones de pesos, y el Secretario de Economía calladito.
Secretario olvidadizo.

En el caso de CEMEX, la compra de la australiana Rinker por 14,250 millones de dólares, y que se le atragantó, sumada a la expropiación en Venezuela, la caída del sector de la construcción en todo el mundo pero sobre todo en Estados Unidos, y los arriesgados envites del equipo financiero, se integraron en cóctel C4. Diez días después de la reunión en Palacio Nacional, CEMEX obtuvo 500 millones de dólares de Nacional Financiera (Nafin) para soportar la deuda de 700 millones que arrastraba como resultado sólo de su exposición a los derivados. Los bancos que financian a la empresa cementera siguen haciendo malabarismos para apoyar a la empresa en su indigestión australiana. Un poco de oxígeno acaba de llegar a las altas cumbres de CEMEX: el anuncio de desarrollos infraestructurales a lo “New Deal” de Obama ha provocado una subida espectacular de las acciones de CEMEX.

Algunos expertos financieros susurran que Vitro se merece quebrar por tontos. “Les veníamos avisando desde el año pasado, y nada, ellos necios”. Una empresa con más de 1,242 millones de pesos en pérdidas al finalizar el tercer trimestre, y sin un chavo en la caja como resultado de su exposición a los derivados, obtuvo el 6 de noviembre de Bancomext unos 100 millones de dólares, que al cambio corresponde casi al monto total de sus pérdidas. No se sabe aún qué trofeo se llevan los directivos de la compañía, que exporta a 50 países y es uno de los puntales de la economía mexicana.

La Comer tampoco se quedó atrás: el 30 de octubre Nafin le pasó unos 3,000 millones de pesitos para que la empresa pudiera pagar a sus más de 6,000 proveedores. La Comer también recibió otro crédito de más de 3,000 millones por parte de una “instutución de banca múltiple”. La deuda del icono de Monterrey ascendía a 2,000 millones de pesos después de que sólo la exposición al mercado de derivados la aumentara en 1,080 millones.

… Y estos son sólo algunos ejemplos. El verdadero problema no es el rescate. El Gobierno sabe que debe sostener el empleo y el peso, no hay otra. El verdadero problema es que, mientras el plan de rescate de Bush monopolizó las noticias a todas horas desde su presentación, pasando por la aprobación en el legislativo, hasta su análisis posterior, en las noticias de la mañana de Televisa apenas nos contaron algo entre interesantes comerciales, nutritivas noticias del espectáculo, y aleccionadoras fotos de baches en las calles que envían los televidentes. Por la noche, aunque nos dieron un poquito más, tampoco nos empacharon. Y en San Lázaro, mutis. “Ya pasaremos factura en las elecciones”.

Lo último es que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores anuncia que las empresas que cotizan en el parqué de la Avenida Reforma deberán presentar un informe sobre su exposición al mercado de derivados al finalizar este año. ¡Uf! Menos mal, los ciudadanos podremos acceder a informes de 100 páginas escritos por economistas que iluminarán nuestras dudas. ¿O no?

Cómo afectarán los 50,000 millones del plan de rescate mexicano a los planes de inversión en educación y otros expedientes sociales de desarrollo, o a los impuestos indirectos, o a los directos que pagan las empresas, es algo que probablemente nunca sabremos (a menos que Loret de Mola o alguno de sus colegas se equivoquen y se pongan a informar). Pero lo que es seguro es que algún sitio va a salir ese dinero.

El inconsciente colectivo

“La vida se me ha aparecido siempre como una planta que vive de su rizoma. Su vida propia no es perceptible, se esconde en el rizoma. Lo que es visible sobre la tierra dura sólo un verano. Luego se marchita. Es un fenómeno efímero. Si se medita el infinito devenir y perecer de la vida y de las culturas se recibe la impresión de la nada absoluta; pero yo no he perdido nunca el sentimiento de algo que vive y permanece bajo el eterno cambio. Lo que se ve es la flor, y ésta perece. El rizoma permanece.”
Jung, formulador del inconsciente colectivo, y gran escritor… Quinientos años antes, el emperador poeta Nezahualcoyotl insistía una y otra vez en lo efímero de la vida humana, y en la permanencia de la obra: “No acabarán mis flores, no cesarán mis cantos. Yo cantor los elevo, se reparten, se esparcen. Aun cuando las flores se marchitan y amarillecen, serán llevadas allá, al interior de la casa del ave de las plumas de oro.”

México sufre desde hace años una epidemia de miedo colectivo. El miedo a la pobreza, al secuestro, a la infección… Mi esposa insiste en desinfectar toda la verdura que comemos, sabiamente, y nunca bebe agua del grifo. Otros sí beben del grifo, y nunca les he visto enfermos en tres años. Algunos dicen que desde el terremoto de 1985, cuando todo el sistema hidráulico de la ciudad se rompió y se mezclaron aguas potables con aguas negras, el agua del DF es p`rácticamente venenosa. Lo cierto es que, según un empresario dedicado a la distribución de agua embotellada, es un agua de alta calidad. ¿Quién tiene razón? Y ya puestos, ¿quién se arriesga poblar sus intestinos con tenias y amebas?

El 4 de noviembre de 2008, a las 19.30h., un avión Learjet se estrellaba en el barrio más noble del Distrito Federal. El Presidente Felipe Calderón, que estaba inaugurando unas viviendas de protección social en Guadalajara, Estado de Jalisco, fue informado minutos después. “Póngame en contacto con el Secretario de Gobernación, a lo que su asistente contestió: “Señor, Juan Camilo iba en el avión”.

Un mes después de la tragedia que sacudió el país, después de que se filtraran a la prensa las últimas palabras de los pilotos del Learjet sin haber terminado con el análisis de las cajas negras, y tras semanas de conjeturas y debates de café y ascensor, comienza a definirse la “historia oficial”. Calderón fue entrevistado hace unos días por el periodista estrella de la televisión mexicana y en horario de máxima audiencia, para decir que “al principio, con el calor del momento, pensé en un atentado… Pero después las indagaciones no sugieren otra alternativa que no sea el accidente”. Punto y final a otro Expediente X en la historia de la política mexicana…

Juan Camilo Mouriño era uno de los hombres más cercanos al presidente, artífice de su campaña presidencial y negociador en los momentos más difíciles del sexenio de Calderón. Cuando el PAN ganó las elecciones, en medio de una fuerte polémica y acusaciones de robo electoral por parte de los perredistas de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), los diputados de este partido se conjuraron para impedir que el “presidente espúreo” (su insulto favorito) subiera al primer estrado de la Nación para prestar juramento. Para ello, los perredistas ocuparon durante días y noches el estrado de la Cámara de Diputados, prometiendo resistencia y pelea si el “espúreo” se atrevía a aparecer en San Lázaro. Mouriño negoció con el PRI, el tercer partido del país, para lograr el quórum necesario en la cámara, y que Calderón llegara al estrado y protestara servir, obedecer y proteger la Constitución. Calderón ganó su primera batalla, y el PRD nunca perdonó a Mouriño su brilante golpe de estrategia.

Dos años después, siendo Mouriño Secretario de Gobernación, López Obrador encabezó una agresiva campaña en medio contera él, anunciando que se disponía a presentar pruebas de corrupción y cohecho a favor de los negocios de su familia (dueños de empresas de transporte y distribución de gasolina en Campeche) cuando era alto funcionario de la Secretaría de Energía. AMLO se paseó por radiodifusoras y televisiones con unos papeles en las manos, unos contratos de concesión a favor de las empresas del padre de Mouriño, en las que Juan Camilo fungía como representante legal. AMLo y el PRD presentaron una denuncia formal por corrupción ante la Procuraduría General de la República, y se estableció una Comisión investigadora en San Lázaro. De las pesquisas del procurador y de la comisión no se extrajo ningún indicio de corrupción. Básicamente, eran los contratos de renovación de las concesiones de las gasolineras, y que el representante legal de la empresa debe firmar. Los contratos eran legales, y lo único que sucedió fue que Mouriño cayó en la trampa de la difamación (Difama, que algo queda, es una de las estrategias favoritas de la política mexicana). Los medio lo declararon difunto político, y comenzaron a correr rumores sobre un posible futuro como gobernador de Campeche.

Todos los rumores fueron acallados aquella tarde de noviembre, o más bien, fueron sustituídos por otros. Junto a Mouriño viajaba el “zar antidrogas” José Luis Santiago Vasconcelos. Hombre fuerte del ejecutivo en la guerra contra la droga, reconocido por militares (el ejército le obsequió un funeral marcial con honores), y muy probablemente hombre de confianza la CIA y la DEA en México, Vasconcelos ya no dirigía la unidad especial de investigación de delincuencia organizada (SIEDO), pero su sombra seguía siendo larga y pesada, y su nombre sonaba como candidato a sustituir a Mouriño al frente de la Secretaría de Gobernación. Demasiadas casualidades.

El narco ya no dialoga con el gobierno, como lo hizo durante setenta años de priismo. Hoy la guerra es abierta, y comienza a derivar hacia actos de terrorismo como el lanzamiento de granadas contra civiles en una plaza pública de Michoacán el pasado 15 de septiembre. Vivo en Polanco, a escasos 500 metros del lugar en el que cayó el avión. Sobre el barrio vuelan aviones cada dos minutos en su maniobra de acercamiento por el Oeste al aeropuerto internacional. El caos fue total aquella tarde, todas las calles principales de Polanco estaban bloqueadas, con ambulancias, patrullas y camiones de bomberos en trasiego continuo. Cuando se supo que el Secretario de Gobernación viajaba en el avión con parte de su equipo, el inconsciente colectivo jungiano despertó en sospechas de ataque del narco. Hasta el Presidente, cuando se dirigió a la nación una hora después del “avionazo”, tenía dificultades para reprimir su ira. Ni en el primer discurso, ni en el del día después, Calderón mencionó nunca la palabra “accidente”. “Seguiremos luchando más que nunca por el país”, dijo emocionado dos horas después de la muerte de su amigo.

La investigación fue encomendada a Luis Téllez, secretario de Comunicaciones y Transportes y destacado economista, pero al que se le desconocían sus dotes de investigador criminal. Las sospechas seguían bullendo en el inconsciente colectivo, y cuando el presentador estrella de la TV dijo que “el avión había caído en llamas” en el telediario de la noche, el país entró en shock. Investigadores estadounidenses de la Agencia Federal de Aviación, del FBI, y los mismos especialistas británicos que participaron en las investigaciones tras el accidente del avión de Spanair en Barajas, llegaron al día siguiente al lugar de los hechos. Las cajas negras fueron rescatadas y enviadas a Estados Unidos para su análisis, y aunque aún no hay informe oficial, sí se filtró a la prensa las grabaciones de cabina. Al parecer, los pilotos forcejean con una turbulencia del avión que les precede (un B777 de Mexicana procedente de Buenos Aires) en la maniobra de acercamiento. Incapaces de dominar el aparato, lo último que registra la grabación es un “Diosito…” desesperado.

A partir de aquí, acusaciones de que los pilotos eran novatos; o que no lo eran, pero eran unos conocidos imprudentes que no respetaban la distancia de seguridad; que si había dos helicópteros sospechosos en ruta de intercepción con el Learjet de Mouriño; que si testigos vieron una llamarada azul invadiendo la cabina del avión cuando este caía… todo es muy confuso. Pero de nuevo, el inconsciente colectivo mexicano dice: demasiada casualidad. El informe oficial fragua la teoría del accidente, inducido por la entrada del Learjet en la turbulencia de otro avión.

La lista de magnicidios en la historia mexicana es tan larga como la cola de fieles que acuden a la basílica de la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre. Si Mouriño hubiera muerto por un ataque del narco, México se enfrentaría a una crisis nacional de dimensiones desconocidas. Colombia tiene mucho que contar al respecto (el cartel de Medellín derribó un avión de pasajeros y mató a más de 160 personas para eliminar a un funcionario público demasiado celoso de su trabajo). ¿Qué pasaría con todo el dinero que ha prometido EE.UU. para contribuir en la lucha contra el narco, si los legisladores mexicanos, tan celosos de proteger las fronteras patrias frente al imperialista del Norte, tuvieran la sospecha de que podemos acabar en un “plan Colombia” con tropas de élite americanas actuando en suelo mexicano? ¿Y qué pasaría con un gobierno que puede proteger a sus ministros? ¿Cómo puede prometer que protegerá a sus ciudadanos?

Al menos, el accidente ha servido para reiniciar el debate sobre la construcción de un aeropuerto en las afueras de la ciudad…

Las tablas de la política

Suele decirse de la persona experimentada y dominadora de su medio que “tiene tablas”. Es una expresión del teatro que se refiere a los actores veteranos que se mueven bien en el entramado de tablas del escenario. En México, los políticos también tienen tablas, y aunque muchos de los diputados que pululan por la cámara de San Lázaro apenas saben escribir su nombre, lo cierto es que todos quieren tener tablas, o más precisamente, todos quieren tener algo que ver con las tablas. No, no se desespere querido lector, “ahorita llego”.

En 1976 tomó posesión uno de los presidentes más controvertidos de la historia de México: José López Portillo. Hombre culto, descendiente de navarros de Caparroso, López Portillo era un romanticón irremediable. Cuando se encontraba en la cúspide de su mandato, aupado el país al primer puesto mundial de exportadores de petróleo gracias al yacimiento de Cantarel, segundo en el mundo, el presidente cayó en la senda de los excesos. Terció para que el papa visitara México, y en concreto la residencia oficial de Los Pinos, para que diera la bendición a su anciana mamá. Poco le importó que la superlaica constitución mexicana prohibiera el uso de espacio públicos para actos religiosos, y que, de hecho, México no tuviera por aquel entonces relaciones diplomáticas con el Vaticano. Su esposa presionó para que se creara la Filarmónica de la Ciudad de México, con ella como pianista solista de temas populares del grupo Mocedades. Pobló los despachos gubernamentales con hijos, hermanos, primos y amigos. No supo aprovechar uno de los momentos históricos de mayor potencial de desarrollo, y terminó sumiendo al país en la bancarrota que afloraría con los gobiernos de De La Madrid, primero, y Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo después. Amante de las artes, coleccionista de libros (30.000 volúmenes en su biblioteca privada), López Portillo mantuvo un tórrido romance, y nada clandestino, con la actriz Sasha Montenegro.

Alexandra Asimovic Popovic, de nombre artístico Sasha Montenegro, llegó a México procedente de su natal Yugoslavia y pasando previamente por Argentina. Estrella de películas cómicas de destape, exuberante y desinhibida importación artística, Sasha se casó con López Portillo cuando ya tenía dos hijos con él, y una vez fallecida su primera esposa. Sólo dos años después del enlace, el anciano expresidente solicita el divorcio por “maltrato físico y verbal” por parte de su esposa. En su último discurso ante el Congreso como presidente, López Portillo lloraba y aporreaba el escaño con el puño. Como decía, un romanticón.

“Defenderé a mi Sasha como un perro”, López Portillo.

Han sido incontables los casos de relaciones entre el poder político y la farándula. El de López Portillo es quizás el más sonado. En 2008 han saltado a la palestra dos historias más, con su consecuente impacto en los medios.

A principios de este año, Santiago Creel Miranda, líder los conservadores del Partido de Acción Nacional en el Senado, registró con su apellido a la niña Constanza Creel González, procreada tres años antes a raíz de su relación con la actriz Edith González, y cuando todavía estaba casado. El acta fue filtrada a la prensa, y pocos días después el presidente del PAN pidió a Creel que abandonara su puesto de presidente del Senado, justo en uno de los momentos más cruciales de la legislatura, el debate sobre la reforma petrolera. Sonaron campanas de muerto en la carrera política de un hombre que pudo ser presidente de la República.

Edith González, aventuras en el Senado de la República


Santiago Creel Miranda es bisnieto, nieto e hijo de hombres importantes en la historia de México, desde el Porfiriato hasta la época actual. Incluso una región de la sierra Tarahumara lleva su apellido en honor de su bisabuelo. Criado en el seno de una familia ultracatólica, sospechoso de pertenecer a la organización secreta El Yunque, educado en la preparatoria Motolinía, del Opus Dei, las estructuras conservadoras del PAN no podían permitir que Creel fuera candidato a la presidencia en 2006. El puesto fue para Felipe Calderón, que como todos saben es hoy el presidente de México. Creel era la preferencia del saliente presidente Vicente Fox, pero ni la tradición del “tapado” le sirvió al candidato adúltero. Cuando la niña crezca, tendrán que explicarle, supongo que de alguna forma creativa, por qué su acta de nacimiento dice que nació en diciembre de 2008, cuando en realidad vino al mundo en 2004.

Enrique Peña Nieto es uno de los políticos más populares del país. Una reciente encuesta nacional señalaba que, de celebrarse hoy las elecciones presidenciales, Peña Nieto ganaría con más del 46 por ciento de los votos. Además, es el gobernador más conocido por los mexicanos (68 por ciento). Gobernador del populoso Estado de México, miembro del PRI, Peña Nieto se enfrentó a un desastroso acontecimiento al inicio de su legislatura, pero que supo capear con gran habilidad política. Una aparentemente rutinaria intervención policial en un mercado popular de flores en la localidad de San Salvador de Atenco se descontroló para terminar en revuelta popular, la muerte de varias personas, entre ellas un joven de catorce años, y acusaciones de desmanes policiales por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Peña Nieto es uno de los pocos políticos que han firmado acuerdos de colaboración con entidades regidas por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), concretamente con su vecino Marcelo Ebrard, presidente del Distrito Federal. Asimismo, Peña Nieto se ha destacado por defender la reforma petrolera, proponer un plan desarrollo educativo, así como un programa de once puntos para resolver el problema de la inseguridad nacional. Por tanto, su capacidad de gestión en momentos difíciles, su habilidad negociadora, y su activismo en los temas que más preocupan a los mexicanos, han puesto su nombre en el primer puesto de las quinielas presidenciales para el 2012. Además, es un joven apuesto, lo que garantiza un fuerte apoyo femenino. A menos que…

Era pronto por la tarde, el 11 de enero de 2007, cuando un helicóptero medicalizado aterrizaba en la azotea del hospital ABC de la Ciudad de México. A bordo viajaban Mónica Pretelini, su esposo Enrique Peña Nieto, y el médico de la familia. Mónica sufría una crisis epiléptica y un paro respiratorio que la llevarían a la muerte esa misma noche. La opinión pública asiste consternada a la tragedia de un joven político, padre de tres hijos pequeños. La popularidad de Peña Nieto sube como la espuma. Pero, ¿y si la muerte de Mónica Pretelini no hubiera sido resultado de una antigua enfermedad? ¿Y si Mónica hubiera decidido acabar con su vida? ¿Y si Enrique no fuera tan buen padre y esposo?

Un mando policial me decía hace unos días que la policía mexicana era la mejor del mundo: “Siempre encontramos a los criminales porque este es un país de chismosos. Todo se sabe”. Mónica Pretelini era hija de una familia adinerada, criada en la exclusiva colonia de Lomas de Tecamachalco. Casada durante trece años con Enrique Peña Nieto, los primeros reportes tras su muerte hablan de crisis depresivas y medicación desde dos años antes. Quizás porque es joven, guapo y poderoso, o quizás porque uno de los deportes nacionales en México, a falta de éxitos de la selección de fútbol, es el chismorreo, lo cierto es que los rumores de que Peña Nieto mantenía romances con actrices y conductoras de televisión le acompañaron casi desde el principio de su mandato. Uno de los más sonados lo relacionaban con la actriz Angélica Rivera, alias “La Gaviota” por su papel en la telenovela “Destilando Amor”, cuando aún vivía Mónica Pretelini. Tras ocho meses de luto, la joven promesa de la política mexicana comenzó a dejarse ver en lugares públicos con Angélica, hasta que el pasado 6 de septiembre acudieron juntos al bautizo del hijo de un amigo, “oficializando” así su relación. Enrique y Angélica se conocieron, aparentemente, el pasado mes de julio, cuando el Gobierno del Estado de México contrató a la actriz como imagen de sus logros ejecutivos. Poco después ya se les veía cenando juntos en conocidos restaurantes del DF. Ella está divorciada, y también es madre de tres hijos.

Angélica Rivera, reina del Maguey en el Estado de México.


¿Resistirá la carrera de Peña Nieto a la rumorología popular? ¿Perdonarán las moralistas a su paladín? ¿Aflorará el corporativismo femenino en defensa de la finada? La respuesta, dentro de cuatro años.

Narcoterrorismo

El 15 de septiembre es la noche del grito de independencia en México. Se trata de la fiesta nacional, y México, tan necesitado de refuerzos emocionales, lo celebra masivamente en los zócalos de todas las ciudades. A las 23.00h., 110 millones de gargantas se coordinan para gritar “¡ Viva México!”, para luego proseguir la fiesta hasta la madrugada bien sustentados con pozole (una poderosa sopa de carne de cerdo, maíz, cebolla, rábano, orégano y chile piquín) y tequila. Pero el pasado lunes, el grito de independencia en el zócalo de la ciudad de Michoacán se convirtió en alarido de horror. Unos desconocidos, disfrazados de policías, lanzaron una granada a la multitud que provocó la muerte a ocho personas y heridas y mutilaciones a una veintena más. Los medios de comunicación, los analistas, los políticos, los ciudadanos, ya no detienen sus lenguas al pronunciar la palabra “terrorismo”, aunque ligeramente adaptada a las circunstancias: “narcoterrorismo”.

Durante setenta años, el PRI gobernó el país apoyado en los siguientes pilares: un sistema electoral que regía a su mejor acomodo para ganar sistemáticamente todas las elecciones por mayoría absoluta; un control férreo de los sindicatos de trabajadores; un sistema de clientelismo para mantener a raya a medios de comunicación y a la clase empresarial; y un diálogo subterráneo con los señores del narcotráfico. Durante decenios, los gobernantes mexicanos mantuvieron una política de “laissez faire, laissez passer” con el narco, a cambio de paz en las calles, y, por qué no, alguna que otra “obra social” (carreteras, pavimentado de calles e infraestructuras son aportaciones de los carteles al sistema, sobre todo en el norte de la República).

Pero en el año 2000, con el relevo del PRI por parte del conservador PAN y su estrella mediática Vicente Fox, este equilibrio comienza resquebrajarse. Fox no quiso, no supo, o no pudo, mantener esta relación de fuerzas, y los señores de la mota y la coca reaccionaron “indignados” ante la insólita “ingerencia” del gobierno federal en “sus asuntos”. Sin embargo, el sexenio de Fox no pasó de ser un “quiero y no puedo”, inmovilizado por un congreso opositor en el que no contaba con mayoría, y por unas pétreas estructuras administrativas, políticas y sindicales heredadas de setenta años de priismo. El también panista Felipe Calderón, sucesor de Fox y actual presidente, llegó a la silla del Palacio Nacional como disidente dentro de su propio partido. Pronto desveló los ejes de su política: empleo, educación y seguridad.

Si Fox rompió los lazos con el narco, aunque no llegó a actuar contra él de forma contundente, Calderón tiró por la calle de en medio, y para superar la corrupción policial, sacó al ejército a la calle. Los mexicanos asisten aún atónitos a la presencia de militares en retenes de seguridad en calles y carreteras, hecho insólito y preocupante en un país que aún se cura las heridas de la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968. Los carteles del Golfo y del Pacífico comenzaron lanzando advertencias públicas en forma de pancartas: “No se meta donde no le llaman, Felipillo”. Pronto pasaron a matar policías, siendo la decapitación su método favorito. Las cabezas eran enviadas en paquetes postales con mensajes, o directamente depositadas a las puertas de las comisarías. Una noche, unos desconocidos hicieron rodar varias cabezas humanas a los pies de una muchedumbre que atestaba la pista de baile de una discoteca. El narco se estaba “comunicando” con el gobierno, rotos ya los canales tradicionales. La respuesta de Calderón fue el refuerzo de la colaboración de México con los Estados Unidos y la recepción de miles de millones de dólares para la compra de equipos y armas, acompañada de varias detenciones de cabecillas importantes de los carteles.

Hasta el pasado lunes, el narco había dirigido sus acciones hacia miembros rivales de otras bandas, policías, soldados y algún que otro representante popular con enlaces sospechosos. El ataque de Michoacán fue indiscriminado, contra civiles. El mensaje, subliminal, está en la elección de la ciudad del atentado: es la cuna de Felipe Calderón y uno de los bastiones del PAN. México entra así, oficialmente, en la lista de países que sufren el terrorismo. ¿Será este el legado de Felipe Calderón?

Muchos coinciden en que el PRI, agazapado y contemplativo ante el desgaste del gobierno panista, es el gran beneficiario político de esta situación. Hoy, el principal temor de los mexicanos es ser secuestrados. El crimen organizado se infiltra profundamente en las estructuras policiales. El reciente caso de Fernando Martí, joven de catorce años, hijo de un magnate de la distribución de artículos deportivos, que fue secuestrado y asesinado por una banda encabezada y compuesta por policías, es la gota que derrama el vaso de un grupo de poder importante: la oligarquía empresarial.

Voces populares, y algún alto cargo policial con el que he podido hablar, piden el retorno al sistema férreo de los setentas: lucha total y “sin preguntas” contra los secuestradores; diálogo clandestino con el narco para que sólo se maten entre ellos.

En este ruido de sables, el PRI encabeza las encuestas para volver a ocupar la residencia de Los Pinos en 2012.

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