Suele decirse de la persona experimentada y dominadora de su medio que “tiene tablas”. Es una expresión del teatro que se refiere a los actores veteranos que se mueven bien en el entramado de tablas del escenario. En México, los políticos también tienen tablas, y aunque muchos de los diputados que pululan por la cámara de San Lázaro apenas saben escribir su nombre, lo cierto es que todos quieren tener tablas, o más precisamente, todos quieren tener algo que ver con las tablas. No, no se desespere querido lector, “ahorita llego”.
En 1976 tomó posesión uno de los presidentes más controvertidos de la historia de México: José López Portillo. Hombre culto, descendiente de navarros de Caparroso, López Portillo era un romanticón irremediable. Cuando se encontraba en la cúspide de su mandato, aupado el país al primer puesto mundial de exportadores de petróleo gracias al yacimiento de Cantarel, segundo en el mundo, el presidente cayó en la senda de los excesos. Terció para que el papa visitara México, y en concreto la residencia oficial de Los Pinos, para que diera la bendición a su anciana mamá. Poco le importó que la superlaica constitución mexicana prohibiera el uso de espacio públicos para actos religiosos, y que, de hecho, México no tuviera por aquel entonces relaciones diplomáticas con el Vaticano. Su esposa presionó para que se creara la Filarmónica de la Ciudad de México, con ella como pianista solista de temas populares del grupo Mocedades. Pobló los despachos gubernamentales con hijos, hermanos, primos y amigos. No supo aprovechar uno de los momentos históricos de mayor potencial de desarrollo, y terminó sumiendo al país en la bancarrota que afloraría con los gobiernos de De La Madrid, primero, y Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo después. Amante de las artes, coleccionista de libros (30.000 volúmenes en su biblioteca privada), López Portillo mantuvo un tórrido romance, y nada clandestino, con la actriz Sasha Montenegro.
Alexandra Asimovic Popovic, de nombre artístico Sasha Montenegro, llegó a México procedente de su natal Yugoslavia y pasando previamente por Argentina. Estrella de películas cómicas de destape, exuberante y desinhibida importación artística, Sasha se casó con López Portillo cuando ya tenía dos hijos con él, y una vez fallecida su primera esposa. Sólo dos años después del enlace, el anciano expresidente solicita el divorcio por “maltrato físico y verbal” por parte de su esposa. En su último discurso ante el Congreso como presidente, López Portillo lloraba y aporreaba el escaño con el puño. Como decía, un romanticón.
“Defenderé a mi Sasha como un perro”, López Portillo.
Han sido incontables los casos de relaciones entre el poder político y la farándula. El de López Portillo es quizás el más sonado. En 2008 han saltado a la palestra dos historias más, con su consecuente impacto en los medios.
A principios de este año, Santiago Creel Miranda, líder los conservadores del Partido de Acción Nacional en el Senado, registró con su apellido a la niña Constanza Creel González, procreada tres años antes a raíz de su relación con la actriz Edith González, y cuando todavía estaba casado. El acta fue filtrada a la prensa, y pocos días después el presidente del PAN pidió a Creel que abandonara su puesto de presidente del Senado, justo en uno de los momentos más cruciales de la legislatura, el debate sobre la reforma petrolera. Sonaron campanas de muerto en la carrera política de un hombre que pudo ser presidente de la República.
Edith González, aventuras en el Senado de la República
Santiago Creel Miranda es bisnieto, nieto e hijo de hombres importantes en la historia de México, desde el Porfiriato hasta la época actual. Incluso una región de la sierra Tarahumara lleva su apellido en honor de su bisabuelo. Criado en el seno de una familia ultracatólica, sospechoso de pertenecer a la organización secreta El Yunque, educado en la preparatoria Motolinía, del Opus Dei, las estructuras conservadoras del PAN no podían permitir que Creel fuera candidato a la presidencia en 2006. El puesto fue para Felipe Calderón, que como todos saben es hoy el presidente de México. Creel era la preferencia del saliente presidente Vicente Fox, pero ni la tradición del “tapado” le sirvió al candidato adúltero. Cuando la niña crezca, tendrán que explicarle, supongo que de alguna forma creativa, por qué su acta de nacimiento dice que nació en diciembre de 2008, cuando en realidad vino al mundo en 2004.
Enrique Peña Nieto es uno de los políticos más populares del país. Una reciente encuesta nacional señalaba que, de celebrarse hoy las elecciones presidenciales, Peña Nieto ganaría con más del 46 por ciento de los votos. Además, es el gobernador más conocido por los mexicanos (68 por ciento). Gobernador del populoso Estado de México, miembro del PRI, Peña Nieto se enfrentó a un desastroso acontecimiento al inicio de su legislatura, pero que supo capear con gran habilidad política. Una aparentemente rutinaria intervención policial en un mercado popular de flores en la localidad de San Salvador de Atenco se descontroló para terminar en revuelta popular, la muerte de varias personas, entre ellas un joven de catorce años, y acusaciones de desmanes policiales por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Peña Nieto es uno de los pocos políticos que han firmado acuerdos de colaboración con entidades regidas por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), concretamente con su vecino Marcelo Ebrard, presidente del Distrito Federal. Asimismo, Peña Nieto se ha destacado por defender la reforma petrolera, proponer un plan desarrollo educativo, así como un programa de once puntos para resolver el problema de la inseguridad nacional. Por tanto, su capacidad de gestión en momentos difíciles, su habilidad negociadora, y su activismo en los temas que más preocupan a los mexicanos, han puesto su nombre en el primer puesto de las quinielas presidenciales para el 2012. Además, es un joven apuesto, lo que garantiza un fuerte apoyo femenino. A menos que…
Era pronto por la tarde, el 11 de enero de 2007, cuando un helicóptero medicalizado aterrizaba en la azotea del hospital ABC de la Ciudad de México. A bordo viajaban Mónica Pretelini, su esposo Enrique Peña Nieto, y el médico de la familia. Mónica sufría una crisis epiléptica y un paro respiratorio que la llevarían a la muerte esa misma noche. La opinión pública asiste consternada a la tragedia de un joven político, padre de tres hijos pequeños. La popularidad de Peña Nieto sube como la espuma. Pero, ¿y si la muerte de Mónica Pretelini no hubiera sido resultado de una antigua enfermedad? ¿Y si Mónica hubiera decidido acabar con su vida? ¿Y si Enrique no fuera tan buen padre y esposo?
Un mando policial me decía hace unos días que la policía mexicana era la mejor del mundo: “Siempre encontramos a los criminales porque este es un país de chismosos. Todo se sabe”. Mónica Pretelini era hija de una familia adinerada, criada en la exclusiva colonia de Lomas de Tecamachalco. Casada durante trece años con Enrique Peña Nieto, los primeros reportes tras su muerte hablan de crisis depresivas y medicación desde dos años antes. Quizás porque es joven, guapo y poderoso, o quizás porque uno de los deportes nacionales en México, a falta de éxitos de la selección de fútbol, es el chismorreo, lo cierto es que los rumores de que Peña Nieto mantenía romances con actrices y conductoras de televisión le acompañaron casi desde el principio de su mandato. Uno de los más sonados lo relacionaban con la actriz Angélica Rivera, alias “La Gaviota” por su papel en la telenovela “Destilando Amor”, cuando aún vivía Mónica Pretelini. Tras ocho meses de luto, la joven promesa de la política mexicana comenzó a dejarse ver en lugares públicos con Angélica, hasta que el pasado 6 de septiembre acudieron juntos al bautizo del hijo de un amigo, “oficializando” así su relación. Enrique y Angélica se conocieron, aparentemente, el pasado mes de julio, cuando el Gobierno del Estado de México contrató a la actriz como imagen de sus logros ejecutivos. Poco después ya se les veía cenando juntos en conocidos restaurantes del DF. Ella está divorciada, y también es madre de tres hijos.
Angélica Rivera, reina del Maguey en el Estado de México.
¿Resistirá la carrera de Peña Nieto a la rumorología popular? ¿Perdonarán las moralistas a su paladín? ¿Aflorará el corporativismo femenino en defensa de la finada? La respuesta, dentro de cuatro años.