‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’ Noooo, gracias… ni regalado
Me quedé de piedra. Lo confieso. Ver a nuestra paisana Natalia en compañía de Isidoro, repasando las estrellas del paseo de Benidorm es para mear y no echar gota. No sólo no conocían a José Luis López Vázquez o Paco Rabal, ni a Verónica Forqué, Maribel Verdú, Marisa Paredes o Jorge Sanz… sino que se permitían el lujo de bromear con sus apellidos “A esta le gusta la verdura, este tendrá un buen rabo, este es primo de Alejandro Sanz y a este López Vázquez le conocerán en su casa…” Las bromas con los apellidos iban sucediéndose hasta que llegaron a Andrés Pajares y Natalia dijo “este me suena un poco”. a lo que Isidro le contestó “Por Dios, es super famoso ¿No lo conoces? ¡No digas que no conoces a Pajares que la gente se va a reir de ti!” Bueno, sí, como si no llevásemos media hora larga y cuatro capítulos a la espalda tronchándonos con vuestros alardes de incultura y la oda al chonismo más vulgar que se ha visto (bueno, sin llegar a los límites de ‘Gandía Shore’).
El caso es que en el mismo capítulo, la otra aspirante del vendedor de zapatos de Almansa le preguntaba a Natalia si Swarovski era una palabra en Euskera… Ahí ya me di cuenta del nivel de las aspirantes. Y no porque la una hable con un cordero y no sepa que la palabra dromedario existe y que además es el nombre que recibe un animal, o la otra diga que estudia “Derecho paramental”, o la de más allá se haya operado hasta el lóbulo de las orejas. Sino porque eso hoy en día, y en la televisión se hoy en día, desgraciadamente, sienta cátedra. Y ojo, yo adoro ese programa, me lo paso en grande, soy fan de cada una de las madres, de cada “tronista” y de cada pretendienta/e. Pero empiezo a creer que Rafa Mora ha hecho tanto mal por la sociedad como las hombreras en su día.
El programa está muy bien hecho, tiene una factura impecable. Habría que dar unos cincuenta TPs de Oro a los compañeros que se ocupan del sonido y los efectos especiales, las canciones están muy bien escogidas… pero ahora que todos cumplimos a rajatabla todo lo que se ve en la tele, vivo con miedo a que nuestros hijos se conviertan en eso que ven cada jueves por la noche y que además va por ahí alardeando de su incultura.
Volviendo al programa, jamás pensé que el nivel de “tróspidos” de esta segunda edición pudiera superar al de la primera. Pero casi no puedo recordar de los primeros hijos más que al streeper-químico, al periodista-modelo ocasional y poco más… Sin embargo ahora, además de Mary (a madre de Pedriño), a quién considero una artista revelación, no puedo dejar de pensar en que Paqui, Isabel y Toñi también podrían convertirse en las Chicas de Oro del siglo XXI y abanderar causas perdidas.
Paqui es una sargento que tiene a los mellizos sometidos a su gesto de “te corto el cuello” cada vez que pone su índice a la altura del gaznate. Isabel se perfila el labio como si no hubiera un mañana y estoy seguro de que como dijo en la primera gala “en su coño y en su jaranda, nadie manda”. Toñi, la madre de Mister Ken Altea vive enamorada de su hijo y por muchos Ferrero Rocher que se coma, nunca llegará a convertirse en la Preysler que lleva dentro. Y la buena de Mary, es que no tengo palabras. Admiro profundamente el amor que siente por su hijo, las conversaciones que ambos mantienen y me quedo con su frase “soy tu madre y no quiero que nadie te haga sufrir”. Es lo más bonito que he visto en televisión desde que Roser le cedió su puesto a Carmen Miriam en ‘Popstars, todo por un sueño’ (Y lo hizo porque ya había firmado un contrato para cantar en solitario, que en el mundo del “txow bisnes”, como diría Estela Reynolds, nada se hace altruistamente.
Ardo en deseos de ver cómo termina el programa. Qué candidata/o elige cada uno, qué rebote se agarra Isabel (la madre del escupefuegos) en la última gala… y me asaltan algunas preguntas: ¿Logrará Luján dejar de parecer un travesti? ¿Aparecerá Isabel sin perfilador de labios en alguna gala? ¿Concursará Priscilla en ‘Waku Waku’? Ahora, te digo una cosa, si alguna de esas madres me pregunta “¿Quiéres casarte con mi hijo?”, casi seguro que respondería “nooo, ni regalado!!”

