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Pelea de gatas en el desenlace de ‘Paquirri’

2009 octubre 1

Tal y como se veía venir se vio. Luz Valdenebro encarno a la perfecta Isabel Pantoja y le comió todo el terreno a Antonio Velázquez en el desenlace de ‘Paquirri’. Si en la primera entrega Carmina Ordóñez era la dueña y señora del argumento, en esta segunda la Pantoja no sólo lo ha sido del argumento sino también de la finca Cantora.


Ya nos daba igual que el torero agonizase en la ambulancia o que no llegaran al hospital de Córdoba. Los 3.369.000 de espectadores que vieron anoche el final de la miniserie dedicada a la vida del torero se morían de ganas por ver cómo Valdenebro se enfundaba el pantalón de pinzas y se ataba la coleta pantojil para interpretar a la viuda del diestro. Por supuesto eso nos da una idea de lo que fue aquel matrimonio, que parecía mágico, y deja entrever los rumores que circularon -y circulan- sobre la posibilidad de que el torero fuese a separarse de la tonadillera antes de su muerte. Una Pantoja celosa de la Ordóñez, que se muere por un paparazzi y una exclusiva -lo que son las cosas, hoy los aborrece-, metiendo las cámaras en Cantora, organizando la boda del siglo, valorada en 4 millones de pesetas… Metiendo a su madre y a su familia en la finca y en las vidas de ambos.


Los guionistas han conseguido que la Panto pareciese una bicha desde el momento uno, dejando en muy buen lugar a la primera mujer de Francisco Rivera. Huraña, envidiosa, así era Isabel según el retrato que pudimos ver anoche en el segundo capítulo. Siempre celosa de Carmina, no invitó a los hermanos de Paquirrín a su bautizo. Metió a toda la prensa en su boda, cambió todo lo que en Cantora podía recordar a su rival… Viendo cómo ha evolucionado la Pantoja, ¿Por qué no me sorprende este comportamiento? Esa madre, metida en todo, esa cola de caballo, ese pelo chungo de gitana, esas uñas, los maquillajes, el jersey hortera que llevaba en el ensayo del teatro, la gafa ancha tan característica, la oda a su virginidad… Es que la estaba viendo 25 años atrás y podemos decir que de aquellos polvos vienen estos lodos… Lo que es hoy ya se venía fraguando en el pasado. Ambiciosa recelosa de la familia Rivera (que por lo que vimos anoche tampoco le tenía demasiada simpatía a la cantante…) Increíble.

Y en mitad de todo eso, Paquirri se muere. Yo voy más allá, continuaría con la trama posterior, la reaparición de la Panto con la presencia de los Reyes, su relación con Encarna Sánchez, el matrimonio de Carmen con Julián Contreras… la pelea por la herencia, la suspuesta desaparición de todas las joyas y el dinero de la caja fuerte de Paco, las disputas por los trajes de luces y los capotes… si hay argumento para rato. ¿Es que nadie se da cuenta que la muerte del maestro es sólo la punta del iceberg? Un detonante que puso en jaque a todos los protagonistas de esta historia? Yo la continuaba. No hasta nuestros días, pero sí hasta que se templaron los ánimos entre los Riveras, los Ordóñez y los Pantoja. Eché de menos la presencia de Agustín o Bernardo, pero me colmó de satisfacción ver a una Lolita fresca, llena de sinvergonzonería, que se enamora del torero (ex marido de su mejor amiga, Carmina) y que ve cómo la después él la deja por la virginal Isabel Pantoja. Lo mejor de todo, las lágimas de Paco como queriéndose arrepentir de haber dejado a Carmina. Algo que a la Panto de verdad le tiene que haber olido a cuerno quemado…

Ay, qué miniserie. De lo mejorcito que he visto. Casi ni hice zapping para ver a Juanjo Puigcorbé intentando resolver el misterio del crimen de los Marqueses de Urquijo (con Felix Gómez -’Herederos’-, en el papel de Rafi Escobedo…) o los romances juveniles de ‘Física o química’, que anoche obtuvieron 2.328.000 y 2.931.000 de espectadores respectivamente. Ayer Francisco Rivera, ‘Paquirri’, salió de nuevo por la puerta grande, pero esta vez en los rankings de audiencia. Por los viejos tiempos.