Un príncipe con más morro que un plato de callos
Nunca pensé que viviría para ver a Will Smith rapeando “el torito bravo” de El Fary. Y sin embargo todos tuvimos la ocasión de verlo hace una par de noches en ‘El Hormiguero’ de Cuatro. Grande Pablo Motos.
Pero más grande aún es Will Smith. El prolífico actor (y uno de los más taquilleros, además) hizo gala de su buen humor y su naturalidad ante las cámaras de Cuatro. Pero el chaval ya apuntaba maneras (odio esta expresión, creedme, la detesto, pero es que sale sola), vamos, que se veía venir.
Aunque su primer éxito no fue ‘Men in Black’ o ‘Wild Wild West’, sino una sitcom de la NBC que veía la luz en 1990, aunque nosotros no pudimos verla en Antena 3 hasta (y cuidado que rima…) 1993. Se titulaba ‘El Príncipe de Bel Air’ y en ella el joven Will revolucionaba a toda su estirada familia. El argumento no era nada del otro mundo, harta de las fechorías de su hijo, la madre del protagonista lo enviaba a pasar una larga temporada con sus tíos y primos de la jet para ver si rodeado de lujos lograba enderezarse. Pero con Will pasaba lo mismo que con las manzanas del cesto: cuando hay una podrida, poco a poco se van estropeando las demás.
Así que Will llegaba a Bel Air (en un taxi que olía a cuadra) y lejos de aprender una educación, labrarse un porvenir y codearse con lo más granado de la sociedad, arrastraba en sus travesuras a sus primos, al mayordomo y a su mejor amigo, Jazz.
Los primos eran lo mejor. Karyn Parsons era Hilary, la mayor, una niñata que no era más pija porque no sudaba Chanel nº 5. Carlton, el mediano, interpretado por Alfonso Ribeiro, reunía las las tres i: ingenuo, insulso e imbécil, lo que le convertía siempre en blanco de las burlas de su primo. Por último estaba la dulce Ashley (Tatiana M. Ali), que de mayor se ha convertido en una explosiva cantante… Aunque en la 3ª temporada los tíos de Will, Vivian y Phillip tenían un 4º hijo, Nicky.
La serie enseguida se hizo un hueco en la parrilla de la privada, aunque terminó pasando como con el culo de Amor (Gran Hermano 9), que lo poco gusta y lo mucho cansa, y Antena 3 repitió los capítulos de ‘El Príncipe de Bel Air’ tanto o más que los de ‘Cosas de casa’, ‘El Equipo A’ y ‘El coche fantástico’.
Pero a los fans nos daba igual, era comenzar a oír los acordes de “Al oeste de Filadelfia vivía y crecía sin hacer mucho caso de la policía…” y sentarnos en el sofá (o en la mesa, que siempre la programaban a la hora de comer) dispuestos a reir a mandíbula abierta.
Bueno, me estoy acordando de mi momento favorito, cuando en la 4ª temporada cambiaban a la tía Vivian (la interpretaron dos actrices diferentes), pero claro, la mansión también cambiaba a lo largo de la serie y de pronto las escaleras aparecían dentro o fuera del salón, la cocina era inmensa y tenía cristaleras que comunicaban con el jardín, o minúscula y con una puerta con visillos que daba al patio de atrás. Lo sorprendente era que Jazz (el amigo de Will, un Luisma como otro cualquiera), se daba cuenta del cambio de actrices en el papel de Vivian y hacía un chiste al respecto, algo tipo “cómo ha cambiado la tía Vivian desde el año pasado”…
Y qué me decís de aquel mayordomo al que Will conseguía engañar con un falso sorteo de la lotería grabado en vídeo. El pobre Geoffrey, al creerse millonario se despedía después de haberse explayado a gusto con sus jefes para más tarde disculparse y regresar a su sumiso trabajo al descubrir que todo había sido un engaño.
Pero el top hits de momentazos de ‘El Príncipe de Bel Air’ no era ningún chiste de Will ni la aparición de Tyra Banks, sino los pasos de baile que se marcaba Carlton (cara cartón) a ritmo de Tom Jones. Inconfundible. Eran buenos tiempos.

