Derribo de Kukutza: el problema sí es cultural

El problema de Kukutza es un problema cultural. Es un problema de la cultura de un consistorio que hace oidos sordos a una inmensa minoría de usuarios de un barrio, Rekalde, popular e histórico. Sí es un problema cultural: el problema de una cultura basada en una industria de la cultura centrada en la búsqueda del máximo beneficio, y si no se consigue, es mejor que no haya actividades.

El cierre y posterior derribo del Gaztetxe Kukutza, y subsiguientes algaradas callejeras me crea una gran preocupación. Bilbao llega una década intentando ser global, pero pierde oportunidades de dar ejemplo al mundo. Con el derribo de Kukutza ha perdido una de esas oportunidades que llevan los sociólogos a los congresos. Las algaradas han rubricado las pesquisas subjetivas que partían del ayuntamiento acerca de los supuestos usuarios del espacio.

Lo que ha pasado es alarmante. Me parece triste comprobar como Bilbao se sumerge cada vez más en el pensamiento único global y en la falta de pluraridad reinante a toda escala.

 En esta matrix global, como la llaman los teóricos, los corpativismos locales ponen cara de inocentes y le echan la culpa a las multinacionales y la crisis mundial, para seguir manteniendo el dominio sobre su población y convencernos de que es bueno vivir donde dichas élites gobiernan. Las élites locales dejan claro a quién deben ayudar.

En definitiva:

  1.  En Euskadi no puede haber más innovación que la centralizada y controlada, ni más diversión que la de locales caros y de marcas reconocidas.
  2. Que no se ayuda en la resolución de complejidades, a colectivos de alternativos, o gente diferente, y/o con parientes en el entorno radical.

 Que no, que si no es para especular, el ayuntamiento no recalifica, ni pacta, ni ayuda, ni media, ni expropia nada, ni ayuda a la GIGANTE colectividad que estaba detrás de Kukutza. 13 años se ha mantenido en pie constituyendose en una instutición popular a toda regla. Que me salten al cuello los sociólogos que lo nieguen y que citen sus bases teóricas para contradecirme.

 Veo un Bilbao cada vez más polarizado, que hibrida mal con la globalización, de la que copia lo peor y lo fusiona con un corporativismo local ñoño, aterrado, costumbrista y estático. Un corporativismo local que corre el riesgo de pecar de arrogancia. El ejemplo nos lo brinda el señor alcalde. Resulta que clama al cumplimiento de la ley, y luego se suelta una de: “ les daremos pasta si alquilan algo”.Con esa frase se nota que en el consistorio parece que se decide a dedo si se concede ayudas o no.

 Seámos serios: No ha habido ningún interés por el clamor de una inmensa pluralidad ¿minoritaria? porque no había dinero que rascar en el asunto y sí complejidad que resolver.

 Lástima. Larga vida a la gente que sale de “copas entre semana” al pachú o pachín y a las actividades reguladas. Mientras se anega una vez más la espontaneidad y la innovación no institucional. O tal vez es mejor que la gente se quede en casa viendo series de televisión que se bajan por internet. A lo que aspiran con su sueldo de mileurista, ese sueldo que retoma el dicho de “de casa al trabajo, y del trabajo a casa”.

 Que los poderes locales sigan buscando premios internacionales para fletar ese barco llamado Bilbao. Decíamos hace meses que Kukutza podría haber sido un aliciente para dar un ejemplo al mundo de planificación ciudadana y urbanística. Es obvio que al corporativismo local ni se ha percatado, que precisamente uno de los premios a los que aspira Bilbao, tiene como bases la resolución de conflictos vecinales.

 

 

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