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KAIROS

2012 abril 21

“-¿Y esa cabellera que desciende hasta tu frente?

-Es para ser cogida fácilmente por el primero que me encuentre.

-Observo que no tienes un solo cabello en la parte posterior de la cabeza.

-A fin de que ninguno de aquellos que me hayan dejado pasar sin cogerme pueda luego hacerlo”.

 

(Kairos: pequeño y veloz dios alado de la mitología que representa la importancia de aprovechar el “momento justo” y tener “la suerte de cara”, pues no puede perseguirse).

 La felicidad adopta una sola forma, pero el éxito sigue rutas diferentes. Al menos tres:

 1.- Fama. Popularidad efímera basada en saber venderse más que en aportar una creación excepcional. Basta con representar en el teatro del mundo el papel de un ídolo que las masas aplaudan y necesiten adorar. El sonoro auge de quienes siguen esta vía con frecuencia termina en una sorda caída.

 2.- Prestigio. Gloria duradera recogida tras duro y admirable trabajo, por parte de personas muy capacitadas y esforzadas en alguna disciplina; pero poco dadas a auto promocionarse. Muchas veces es necesaria la intervención de un Mecenas para que a estas almas abnegadas no les llegue el reconocimiento a título póstumo.

 Cada tipo de prosperidad tiene su inconveniente. La primera por el breve disfrute de un triunfo amargado con la privación de privacidad; pues quienes perseguían un público terminan huyendo de él, pero asfixiados por su cohorte de aduladores. El segundo exige tal entrega que el premio supone hipotecar casi toda la vida a un elevado interés.

 3.- Oportunidad (Kairos). Hay otra suerte, la del acierto en el “momento justo”, la ocasión irrepetible. Cuando acontecen tales momentos de fortuna la ganancia es rápida, gratuita, permanente y sin efectos colaterales (diferente al “pelotazo” que puede dar con tus huesos en la cárcel). Además, no es algo que se pueda crear sino que sale a tu encuentro.

 La ocasión la pintan calva –por detrás- y no es cuestión de perseguirla ansiosos, pues fluye impredecible y libre en un mundo de abundantes “casualidades”. Hemos de estar atentos y decididos a actuar; centrados más en los sucesos que nos rodean que preocupados por nuestras preocupaciones.

 Quien atrapa a Kairos por su mechón encuentra la inefable experiencia de un giro sorprendente del destino; cual Edmundo Dantés convertido en Conde de Montecristo tras la inesperada llegada a su celda del Abate Faria.

 Por difícil que sea la situación el hado siempre puede aparecer “de cara”, así que mantente alerta y…

Te salvarás por los pelos.

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