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REINICIAR

2012 febrero 17

“Cuando quieres una cosa, todo el universo conspira para ayudarte a conseguirla”, le había dicho. Le gustaría saber cómo podía ser verdad aquello. Estaba en un mercado vacío, sin un céntimo en el bolsillo. Sintió de repente que él podía contemplar el mundo como una pobre víctima de un ladrón o como un aventurero en busca de un tesoro. “Soy un aventurero en busca de un tesoro”, pensó. ( “El alquimista”, Paulo Cohelo).

 

Creíamos poder evitar el sufrimiento creando una plataforma sólida de bienestar económico, relaciones y creencias. Pero la realidad es muy otra, porque sufrimos al construirla y sufrimos con la perspectiva de su destrucción. Saber que toda pérdida de riqueza, confianza y valores termina por superarse no evita el temor a las dificultades.

Para nuestra desgracia, sabemos autoengañarnos muy bien y por ese camino  hemos llegado donde hemos llegado. Podemos volver a cerrar los ojos para soñar con un futuro desahogado, en lugar de abrirlos a la pesadilla presente. También podemos buscar culpables o refugiarnos en la excusa de que otros lo tienen más fácil y con menos limitaciones. E incluso podemos seguir esperando a que alguien nos señale el camino, nos diga qué hacer o, mejor aún, nos lo resuelva… sin dolor.

Pero la vida ha vuelto a empujarnos fuera del “área de seguridad”; expulsándonos de un Paraíso de Bienestar que, lleno de autosatisfacción y  falsa seguridad,  nos  había debilitado. Hay que volver a ponerse en forma porque hemos perdido capacidad de superación, esfuerzo y sacrificio. El asunto es reinventarse y recomenzar, mudando completamente por dentro y por fuera, en visión y acción. Eso sí es cambiar: 

  • Aceptar la cruda realidad, sobre todo cuando ingenuamente habíamos aceptado soñar un privilegiado mundo feliz del que  hemos sido bruscamente despertados. No esperemos a  caer de la cama y tocar fondo.
  • También necesitaremos el valor que se adquiere haciendo lo que sabemos que hay que hacer. Las dificultades siempre se superan afrontándolas, pese al  miedo.

Las personas funcionamos con expectativas y, cuando no parece haber salida o estamos atascados, hemos de recuperar el equilibrio justo entre esperanza y temor. ¿Cómo?  Con la solución del informático: apagar y encender.

¡Reiníciate! y empieza de cero otra vez.

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