REGAR EL TALENTO
Hace muchos años, un conocido retomó nuestra relación, tras una fase de alejamiento social por su parte. Con diversos argumentos describió muy seriamente el gran cambio en él acontecido, concluyendo que “ya no era el mismo”.
Era tan grande su convencimiento e ilusión, que no fui capaz de llevarle la contraria. Después, le confié mi opinión a otro amigo común:
-“No he querido desanimarle, pero… ¡nadie cambia por dentro!”
La palabra educcere (educación) fue muy bien construida por nuestros antepasados, ya que significa “sacar del interior”, por lo que su objetivo es hacer crecer la semilla genética que todos portamos y nadie puede cambiar. El que esa simiente no pueda sustituirse, no significa que no podamos alterar el riego de pensamientos que la convierte en fruto o pudre.
Carl Sagan describió el tremendo poder de dos tipos extremos de pensamiento:
- El que se basa en la consideración de hechos, aunque no sean los que nos gustaría que fuesen. Es escéptico, des-ilusionante y auto limitante, porque se cuestiona a sí mismo en la búsqueda de explicaciones.
- El que se funda en deseos, creencias y expectativas. Es crédulo, ilusionante y crece hasta la extenuación, añadiendo invenciones que tapen los huecos de su propia ignorancia.
El primer tipo de pensamiento es impersonal y hasta cierto punto “objetivo” o al menos consensuado; mientras el segundo es marcadamente “subjetivo” e individual, creador de auto satisfecha estupidez. Ambos reflejan la eterna verdad presocrática: “Los despiertos habitan en un mundo común, los dormidos cada cual en el suyo” (Heráclito).
Crítica y acrítica, pesimismo y optimismo, están ahí porque son imprescindibles en las decisiones humanas y coexisten en individuos y sociedades. El problema es que las diosas Razón e Ilusión estén desequilibradas. Por ejemplo, aunque en USA están las mejores universidades del mundo, el 95% de su población padece “analfabetismo científico” (constatado). En nuestro ámbito, muchas personas pueden manejar herramientas complejas, mientras mantienen ideas absurdas y un desconocimiento básico de algo tan elemental como la economía real, como duramente estamos reaprendiendo.
También Carl Sagan nos previno contra la catastrófica prevalencia del segundo tipo de pensamiento, mediante el que nadie duda en darse la razón a sí mismo:
“Incapaces de discernir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos deslizando, casi sin darnos cuenta, en la superstición y la oscuridad”.
No podemos cambiar la forma en que somos pero sí cómo actuamos, cambiando nuestras decisiones. Decidir sólo con ilusiones, termina en una cadena de errores.
Seamos serios, eligiendo una fuente equilibrada y realista de pensamiento.


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