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El Ángel Caído, de Asa Schwarz

2015 octubre 19
por Eduardo Angulo Pinedo

Suecia, 2015, Ed. Planeta, Barcelona, 251 pp.

 

Es la historia de Nova Barakel, de Estocolmo, que a los 19 años quiere mejorar el mundo. Preocupada por el medio ambiente, se afilia a Greenpeace y, con dos colegas, funda un grupo para atacar, con pintadas y manifestaciones, a las empresas que forman el Dirty Thirty, las treinta empresas más contaminantes del planeta.

Interesante la primera mitad del libro, con debates, argumentos y planes en la organización ecologista y datos sobre las empresas contaminantes. Pero la segunda mitad es a descartar. Realmente, no solo sobra sino que molesta y descalifica en parte a la primera mitad. Ya vale de conspìraciones y de organizaciones seculares con fines absolutamente increíbles. Mezclar en el mismo libro a Greenpeace y a un grupo que bien podría buscar, además, el código Da Vinci, es una insensatez. Se puede leer la primera mitad y, en cuanto aparezcan estos personajes misteriosos, cerrar el libro y regalárselo a alguien. A quien sea.

Mejillones y microplásticos

2015 agosto 4
por Eduardo Angulo Pinedo

Hemos hablado de la contaminación por plásticos en el mar y de cómo se han localizado en todos los océanos. Además, ya sabemos que estos plásticos se van fragmentando y, cuando tienen un diámetro menor de 5 milímetros, se clasifican como micro plásticos. Y también conocemos, en uno de los pocos estudios publicados sobre este tema, que hay micro plásticos en la cerveza y en la miel, es decir, en nuestros alimentos. Como dicen los autores, Gerd y Elizabeth Liebezeit, de la organización MarChemConsult de Varel, en Alemania, no hay más estudios que relacionen los micro plásticos y nuestra especie por que no se ha demostrado todavía que influyan en nuestra salud.

Pero está demostrado que producen deterioro a la salud de los ecosistemas del medio marino a través de los daños que producen a la flora marina y, sobre todo, a la fauna. Un típico alimento humano de origen marino, los mejillones, es también un buen centinela de la contaminación y de la salud de los mares. Por ello, el grupo liderado por Larraitz Garmendia, de la UPV/EHU en la Estación Marina de Plentzia-PIE, acaba de hacer público en la Conferencia Internacional sobre BioBanking que se ha celebrado en Nancy, Francia, del 30 de junio al 1 de julio, un estudio sobre la relación entre mejillones y micro plásticos.

Hemos definido los micro plásticos como fragmentos de plástico con un diámetro inferior a 5 milímetros. Los mejillones se nutren capturando el alimento por filtración de partículas del agua de mar (filtran hasta unos 200 litros de agua de mar por día). Por tanto, es sencillo plantear la hipótesis de que, entre esas partículas filtradas, pueden estar los micro plásticos y que, por tanto, pueden llegar hasta el sistema digestivo.

Las imágenes de microscopio obtenidas en el sistema digestivo demuestran que los mejillones ingieren micro plásticos de un tamaño inferior a los 5 milímetros y, además, en el experimento del grupo de Larraitz Garmendia, llegan hasta el estómago y la glándula digestiva en menos de 1 hora. Mientras que los micro plásticos de menor tamaño se acumulan, a veces por decenas, los de mayor diámetro incluso deforman los conductos de la glándula digestiva.

Queda por ver qué ocurre después de las 72 horas, tiempo máximo en el experimento, y detectar si los micro plásticos se acumulan o, si se eliminan, cómo lo hacen.

Por otra parte, ya en 2008 se publicaron las primeras referencias de la relación entre mejillones y microplásticos. Fue Mark Browne, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, quien, con mejillones de Cornualles y en el laboratorio, probó que los microplásticos aparecían en el tubo digestivo de los mejillones.

Y más recientemente, Lisbeth Van Cauwenberghe y Colin Janssen, de la Universidad de Gante, en Bélgica, con mejillones de granjas y comprados en el supermercado, han encontrado que, de media, cada mejillón lleva unas 90 partículas de microplásticos. O sea, han calculado que, por año, cada europeo puede ingerir unas 11000 partículas de microplásticos si es un consumidor habitual de mejillones. Parece que podemos absorberlos en nuestro intestino aunque faltan datos que lo certifiquen.

 

*Garmendia, L. y 9 colaboradores. 2015. A comparison of optical methods to determine polystyrene microplastics in mussel tissues, suitable by retrospwective studies based on ESBS’specimens. Environmental Specimen Banks International Conference, Nancy, 30 June-1 July 2015.

Katsnelson, A. 2015. News feature: Microplastics present pollution puzzle. Proceedings of the National Academy of Sciences USA 112: 5547-5549.

*Liebezeit, G. & E. Liebezeit. 2014. Synthetic particles as contaminants in German beers. Food Additives & Contaminants Part A 31: 1574-1578.

*Van Cauwenberghe, L. & C.R. janssen. 2014. Microplastics in bivalves cultured for human consumption. Environmental Pollution 193: 65-70.

Rapaces y contaminación

2015 junio 8
por Eduardo Angulo Pinedo

Para detectar la contaminación y conocer la acumulación de contaminantes en los seres vivos es interesante la utilización de especies salvajes como centinelas. Uno de los grupos que se está empezando a estudiar son las aves rapaces. Pilar Gómez, de la Universidad de Murcia, ha reunido a 14 investigadores de 13 centros de 9 países de Europa para conocer lo que se hace en el continente para localizar contaminantes en las aves rapaces. Pretenden demostrar el potencial, según las directivas de la Unión Europea, que supone coordinar los estudios regionales que utilizan rapaces como centinelas de la contaminación.

Encuentran que, en los últimos 50 años, se han hecho 52 campañas de seguimiento de la contaminación con rapaces en 44 países europeos, con Suecia, Alemania e Italia a la cabeza, y todas con una duración superior a 5 años. En España se han hecho cuatro campañas de 1992 en adelante. Los últimos 20 años se han hecho 23 campañas y todavía siguen en 15 países. En las rapaces, durante estas campañas, se ha encontrado insecticidas organoclorados, PCBs y metales. En 6 países, por lo menos, han aparecido fungicidas, productos ignífugos y venenos contra los roedores (son parte importante de la dieta de muchas rapaces). Para estudios futuros, en el 77% de estas campañas se han guardado y archivado las muestras.

Las especies más investigadas en 6-10 de los países son el Busardo Ratonero, Cernícalo Vulgar, Águila Real, Pigargo Europeo, Halcón Peregrino, Cárabo Común y Lechuza Común. Se analizan, sobre todo, plumas y huevos y, rara vez, tejidos del cuerpo, sobre todo el hígado.

Los autores detectan falta de coordinación entre estas campañas de muestreo, sobre todo con los países de Europa oriental. Si existiese esa coordinación, las campañas se podrían hacer a nivel continental y serían mucho más eficaces.

 

*Gómez-Ramírez, P. y 14 colaboradores. 2014. An overview of existing raptor contaminant monitoring activities in Europe. Environment International 67: 12-21.

Respuestas al cambio climático

2015 mayo 31
por Eduardo Angulo Pinedo

El presidente Barack Obama ha hecho público el tercer informe sobre el seguimiento del clima en Estados Unidos. Elaborado por más de 300 expertos en el clima, este informe da a conocer no solo el impacto que el cambio climático  tendrá en Estados Unidos en los próximos 100 años, sino los cambios que son evidentes ya en nuestros días. Síntomas del cambio climático y tendencias para el futuro son el aumento de la temperatura, la subida del nivel del mar, los veranos más largos y cálidos, las lluvias torrenciales y las tempestades, los períodos de sequía, los incendios forestales, las olas de calor, los inviernos más cortos o las plagas de insectos.

Algunos de estos cambios o tendencias se dan o se darán en todo el país o solo en determinadas regiones, pero todos ellos cambiarán la vida de los ciudadanos y deben provocar medidas enérgicas y sin demora para prevenir y mitigar sus consecuencias. Nancy Grimm y sus colegas, de la Universidad Estatal de Arizona en Tempe, resumen algunos de estos impactos y sus consecuencias desde un análisis ecológico. Por ejemplo, debido a la subida del nivel del mar se inundarán zonas de la costa lo que supone la pérdida de las especies que viven en las marismas, los cambios en los efectos que producen las tormentas marinas o la reubicación de los habitantes de las costas. O, debido al aumento de los incendios forestales en el oeste de Estados Unidos, desaparecerán los pinos en algunas áreas muy castigadas, aumentarán las plagas de insectos y extenderán su zona de distribución las especies invasoras. O, en pesquerías tradicionales, desaparecerán o cambiarán su distribución algunas especies y aumentará la sobrepesca y la contaminación en otras zonas.

Veamos algunos ejemplos de investigaciones centradas en asuntos más concretos.

 

Pesquerías

Las pesquerías marinas proveen 80 millones de toneladas por año de alimentos ricos en proteínas y micronutrientes para la alimentación de nuestra especie y contribuyen con 230.000.000.000 de dólares a la economía global, a la vez que suponen el medio de vida del 8% de la población mundial. Además, por el aumento de la población mundial y las recomendaciones de cambiar a una dieta más sana, la presión para la captura de más pescado aumenta cada año. Y, por si fuera poco, el cambio climático, con el aumento de la temperatura del agua y la subida del nivel del mar, también influye en el rendimiento y conservación de las pesquerías. Manuel Barange y sus colegas, del Laboratorio Marino de Plymouth, en Inglaterra, han analizado las respuestas físicas, biológicas y humanas al cambio climático en relación con las pesquerías (también firma este trabajo Gorka Merino, de AZTI-Tecnalia en Pasaia).

Utilizan los datos de las zonas marinas económicas exclusivas de 67 países que suponen, aproximadamente, el 60% de las capturas de pesca a nivel mundial. Los resultados, después del análisis estadístico, implican un aumento de las capturas en latitudes altas, es decir, más al norte en el hemisferio norte (por ejemplo, en el Mar del Norte) y más al sur en el hemisferio sur, y una disminución en las latitudes medias y bajas, en concreto en las zonas templadas y tropicales (por ejemplo, en las Islas Canarias). Hay que tener en cuenta que las variaciones regionales son muy grandes aunque rara vez, en la previsión para 2050, suben o bajan más del 10%, con una media global del 3.4%. Las áreas geográficas con los cambios más extremos serían África Occidental  (en el Golfo de Guinea) con un aumento, y el sur y sudeste de Asia, con una disminución de las capturas.

 

En el mar

No solo las pesquerías, una parte importante de la alimentación y la economía de nuestra sociedad, sino el mar en su totalidad responde al cambio climático. Elena Poloczanska, de la Universidad de Queensland en St. Lucia, en Australia, y 19 colegas de 21 instituciones de 8 países han revisado lo que sabemos de las respuestas de la vida marina al cambio climático. Entre los firmantes está Carlos Duarte, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados del CSIC en Esporles, Mallorca.

Los autores revisan los trabajos publicados, de 1990 a 2009, sobre respuestas, globales o regionales, de la vida marina al cambio climático. Deben describir alguna respuesta biológica después de algún ensayo y, además, discutida en relación con los impactos que se espera provoque el cambio climático. El 96% de los estudios se centran en los cambios de la temperatura y, el resto, en el pH, la desaparición del hielo y la subida del nivel del mar.

En total revisan 208 estudios, con 857 especies y grupos de especies y, de ellos, los autores extraen 1735 observaciones, con datos de muchos años, 41 de media y un rango de 19 a 343 años. El 82% de los resultados que aparecen en estos trabajos es consistente con los impactos que se esperan del cambio climático. Las especies cambian su distribución según varía la temperatura del agua del mar. Además, estas variaciones en la distribución y en los ciclos de reproducción y migración se asemejan a lo observado en el medio terrestre.

La velocidad de cambio geográfico en el mar es, de media, de 72 kilómetros por década. Las más rápidas son las especies del fitoplancton que llegan hasta 470 kilómetros por década, seguidas de los peces con 277 kilómetros por década. Cuando las áreas de distribución disminuyen, se encogen, las velocidades detectadas son más lentas, con una media de 15.5 kilómetros por década.

Los ciclos de migración o reproducción se adelantan una media de 4.4 días por década en primavera y verano, aunque hay grupos con mayor velocidad de cambio como las especies del fitoplancton, con una media de 6.3 días por década, más o menos un 50% más que la media, o los invertebrados pelágicos con 11.6 días por década.

En la Península Ibérica, los estudios en el Cantábrico y en el Mediterráneo son consistentes con los efectos que se esperan del cambio climático y, en cambio, en la fachada atlántica, sobre todo en Portugal, los resultados o son contrarios a lo esperado o, por lo menos, son equívocos y poco concluyentes.

 

En la montaña

En ese hábitat tan particular como es la ladera de una montaña, la hipótesis lógica es que, con los efectos del cambio climático, es decir, con la subida de la temperatura, la distribución de las especies subirá en altura, buscando zonas acordes con su temperatura ideal, y desaparecerán de las zonas bajas por tener una temperatura demasiado alta. Para verlo en detalle en un estudio concreto nos vamos a Arizona, a las montañas Sky Islands, con Richard Brusca y sus colegas de la Universidad de Arizona en Tucson.

En Arizona, la temperatura ha subido 1.4ºC de media desde 1976 y, en la década 2001-2010, ha marcado un récord desde 1900 y, además, desde 1950 hasta la actualidad es el periodo más cálido en los últimos 600 años. Por tanto, hay que esperar que las plantas hayan cambiado su distribución en las laderas de las Sky Islands.

Como es habitual, la respuesta de las especies puede ser diferente. Algunas han desaparecido de la zona de menos altitud de su área de distribución y no han subido en altura como, por ejemplo, el Juniperus deppeana que ha desaparecido en los 313 metros inferiores de altura en la ladera de las montañas, o el Quercus gambelli  con 252 metros menos, o el Thalictrum fendleri con 450 metros menos. Otras especies no han cambiado la banda inferior pero han subido en altitud en la ladera, como el Arctostraphy pungens con 132 metros más en altura. Hay algunas especies que han subido en altura tanto el margen inferior como el superior, como el Lotus greenei 593 metros más por arriba y 272 metros hacia arriba también en el límite inferior de su área de distribución. Y, finalmente, otras especies han encogido su distribución subiendo el límite inferior y bajando el superior, como la Mimosa aculeaticarpa con 244 metros menos por abajo y 337 menos por arriba, en total, unos 600 metros menos de área de distribución en las laderas de las montañas.

 

Bosques lluviosos del norte

Sin embargo, podemos suponer que, con el cambio climático, hay especies beneficiadas si amplían su área de distribución hacia los polos y, a la vez, resisten temperaturas más altas en su distribución hacia los trópicos. Algo así describen Tara Barrett y sus colegas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos en Portland, Oregon, para algunas especies de árboles de la costa del Pacífico de Norteamérica.

Como ya hemos visto, no todas las especies responden por igual. En la región de bosques templados húmedos que va del norte de California hasta el Golfo de Alaska, en 13 años, de 1995 a 2008, la biomasa del cedro rojo del Pacífico (Thuja plicata) ha crecido el 4.2% mientras que la  del pino de playa (Pinus contorta) ha disminuido el 4.6%. En el Golfo de Alaska, la biomasa del bosque de zonas altas ha crecido el 8% en los mismos 13 años. A los propios autores les parece sorprendente que, según su expansión los últimos 13 años y calculando su extensión futura para los próximos 100 años, la planta parásita muérdago enano, que crece sobre otros árboles, aumentará su biomasa en un rango que va del 374% hasta el 757%.

 

Los mamíferos del Ártico

El Ártico es una zona que debemos suponer que es muy susceptible al calentamiento global, al cambio climático en definitiva. El clima templado se extenderá hacia el norte según aumente la temperatura, la tundra desaparecerá en grandes áreas y las especies que viven en estos hábitats norteños se verán afectadas. Anouschka Hof y sus colegas, de la Universidad de Umea en Suecia, han modelado lo que puede ocurrir con las especies de mamíferos que viven en el norte de Escandinavia y de Rusia.

Revisan los datos conocidos de distribución, de 2000 a 2010, de 61 especies de mamíferos que viven en estas zonas. Encuentran unas 426 citas de media para cada especie. Solo tres especies son raras y tienen menos de 30 citas y, además, el zorro ártico es una especie en peligro de extinción. Con modelos de ordenador predicen la distribución de las 61 especies para 2080 basándose en las variaciones que se han observado en el clima entre 1950 y 2000.

Según el modelo, 43 de las 61 especies de mamíferos estudiadas aumentarán su área de distribución hacia el norte y hacia el este. El aumento de las áreas será muy potente e irá desde el 8335% hasta el 12068%. Aparecerán, además, en el Subártico especies desconocidas hasta ahora procedentes de las zonas templadas situadas más al sur.

Las especies se moverán hacia el norte una media de 7.9 kilómetros por año, es decir, 632 kilómetros de media para el 2080. Pero también hay algunas especies que disminuirán y algunas, como el lemming y el zorro ártico, pueden llegar a desaparecer. Son los animales más especializados en clima frío que, si sube la temperatura por el calentamiento global, no tienen a dónde ir hacia el norte, allí estará el Océano Ártico seguramente deshelado.

 

Nuestra respuesta

Somos la especie que, según el mayor consenso entre científicos, estamos causando el cambio climático. Aceptar esta hipótesis nos obliga a pensar que algo debemos hacer para mitigarlo y para adaptarnos a sus consecuencias. Aunque solo sea por puro egoísmo evolutivo de nuestra especie y ya que somos los únicos en ser conscientes y razonar sobre ello, algo debemos hacer. Pero, para hacer, para planificar qué hacer, debemos saber y, como todos no somos expertos en el cambio climático, dependemos  de lo que se investiga y de lo que nos cuentan.  Y, en nuestra sociedad, esto significa, sobre todo, que dependemos de lo que nos cuentan los medios. Por tanto, los medios de comunicación tienen un papel crucial en lo que los ciudadanos saben, en este caso concreto, sobre el cambio climático. Veamos un par de estudios al respecto.

Los científicos, siendo como son y como es su trabajo, rara vez nos transmiten certezas absolutas y, a menudo, se centran en posibilidades, probabilidades e incertidumbres. Todo esto aparece en los informes del IPCC (International Panel on Climate Change), el organismo que reúne a los expertos en cambio climático. Cuando hablan del pasado, nos cuentan certezas, pero cuando proyectan hacia el futuro solo pueden comunicar posibilidades y probabilidades. Por ello, Adriana Bailey y sus colegas, de la Universidad de Colorado en Boulder, han estudiado la elección de términos que hacen varios periódicos cuando transmiten al público los informes del IPCC.

Han estudiado la transmisión al público de los informes del IPCC de los años 2001 y 2007 en los periódicos de Estados Unidos New York Times y Wall Street Journal y en los españoles El País y El Mundo. Casi hay el doble de textos en los periódicos españoles que en los norteamericanos, aunque los artículos de estos últimos son mucho más largos. En general, en todos los periódicos examinados hay más textos en 2007 que en 2001.

Todos eligen parecidos términos para transmitir, sobre todo, incertidumbre y, curiosamente, cuanto más acuerdo hay entre los expertos de que es la especie humana la causante del cambio climático, más términos de incertidumbre utilizan los periodistas al tratar de ello. Además, destacan los términos que utilizan los expertos del IPCC cuando diferencian, como decía antes, entre lo que ya ha pasado y se sabe y la incertidumbre del futuro siempre adornada de estadísticas, cifras, posibilidades y probabilidades, términos que frecuentemente desaparecen en los titulares.

También se han analizado las noticias sobre el cambio climático en televisión. Lo han hecho Sol Hart y Lauren Feldman, de las universidades de Michigan en Ann Arbor y de Rutgers en New Brunswick, respectivamente. Han estudiado el contenido de los noticiarios nacionales de las cadenas de televisión ABC, CBS y NBC entre 2005 y 2011 e identificado el párrafo central de cada noticia que es, además, el que resume el contenido. Consiguen aislar 789 párrafos y codifican, en estos titulares, los sustantivos que dan sentido a las noticias. En total, son 440 sustantivos a analizar en detalle.

Los autores encuentran que titulares y sustantivos llevan a dos conceptos diferentes referidos al cambio climático: impactos del cambio sobre el medio ambiente y sobre nuestra sociedad, y acciones necesarias para mitigar el cambio y adaptarnos a sus consecuencias. Por tanto, impactos y acciones.

Rara vez impacto y acción se analizan a la vez. Incluso aunque aparezcan en el mismo texto, lo habitual es describir el impacto real o previsto y, a continuación, plantear las acciones para tratar las consecuencias del impacto. En general, ambos conceptos se discuten independientemente uno de otro. Además, en los titulares suele haber consenso sobre los impactos y, después, se da un mensaje de poca eficacia en las acciones para solucionarlo. Es más, en el 53% de las noticias el impacto se refiere al medio ambiente mientras que en cerca del 40% las acciones son un asunto político.

 

*Bailey, A., L. Giangola & M.T. Boykoff. 2014. How grammatical choice shapes media representations of climate (Un)certainty. Environmental Communication 8: 197-215.

*Barange, M. y 8 colaboradores. 2014. Impact of climate change on marine ecosystem production in societies dependen ton fisheries. Nature Climate Change DOI: 109.1038/NCLIMATE2119

*Brusca, R.C. y 6 colaboradores. 2013. Dramatic response to climate change in the Southwest: Robert Whittaker’s 1963 Arizona Mountain plant transect revisited. Ecology and Evolution DOI: 10.1002/ece3.720

*Grimm, N.B. y 7 colaboradores. 2013. Climate-change impacts on ecological systems: introduction to a US assessment. Frontiers in Ecology and Environment 11: 456-464.

*Hart, P.S. & L. Feldman. 2014. Threat without efficacy? Climate change on U.S. network news. Science Communication 36: 325-351.

*Hof, A.R., R. Jansson & C. Nilsson. 2012. Future climate change will favour non-specialist mammals in the (Sub)Artics. PLOS ONE 7: e52574

*Melillo, J.M., T.C. Richmond & G.W. Yohe (eds.). 2014. Highlights of climate change impacts in the United States: The Third National Climate Assessment. Global Change Research Program. Washington, DC. 148 pp.

*Parks, N. 2013. Tangled trends for temperate rain forests as temperatures take up. Science Findings January.

*Poloczanska, E.S. y 19 colaboradores. 2013. Global imprint of climate change on marine life. Nature Climate Change DOI: 10.1038/NCLIMATE1958

 

 

 

Plástico en el Támesis

2015 mayo 9
por Eduardo Angulo Pinedo

Ya conocemos las enormes islas de plástico que giran y giran en los océanos, en especial, en el Pacífico Norte y el Atlántico Sur. Estos plásticos llegan al océano con el viento o en vertidos directos pero, también, desde tierra por los ríos que en el mar desembocan. En algunos estudios, pocos por cierto, la basura de plásticos tiene su origen en el río que allí desemboca más que venir desde el mar. Por ello, David Morritt y sus colegas, de la Universidad de Londres Royal Holloway, han estudiado la presencia de plásticos en el Támesis. Reconocen que se ve flotar la basura en el río y como llega al mar pero se preguntan si hay más plásticos en el fondo y pretenden cuantificarlos.

Colocan, entre septiembre y octubre de 2012, siete redes de las utilizadas para pescar anguilas (son como nuestros botrinos) para atrapar el plástico que baja por el Támesis, cerca del fondo y en el medio metro por encima. El tramo del Támesis donde echan las redes está, más o menos, a medio camino entre Londres y el mar. Las redes se inspeccionan y se recoge la basura capturada cada tres días lo que supone, en total, 29 muestreos. En total se recogen 8490 fragmentos de basura de plástico que se separan en 54 categorías que, a su vez, se reagrupan en 7 para facilitar en análisis de los datos.

La media de lo obtenido en las siete redes y en los 29 muestreos  es del 25.3% de plásticos procedentes de envases de alimentos, el 23.64% de plásticos en general sin origen evidente, el 21.49% de origen sanitario incluyendo abundantes condones usados, el 18.99% de envases y cajas relacionadas con el tabaco, y por debajo del 5% quedan las bolsas de plástico y los utensilios de vajillas de plástico.

Está claro que el Támesis contribuye a la presencia de plásticos en el mar, y no solo con lo que vemos porque flota sino con mucho más que está en el fondo del río.

 

*Morritt, D. Y 4 colaboradores. 2014. Plastic in the Thames: A river runs through it. Marine Pollution Bulletin 78: 196-200.

 

Basura en el mar

2015 mayo 9
por Eduardo Angulo Pinedo

Ya hemos hablado de esta basura en el mar, la que flota en los océanos, la que llena los fondos marinos y la que se mueve entre dos aguas. Es uno de los riesgos para la salud del mar que más rápido crece en estos tiempos de suciedad y vertidos. El UNEP, o Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la define como “cualquier material sólido persistente, manufacturado o procesado por el hombre, vertido o abandonado en el ambiente costero o marino”. En el año 2009, el UNEP calculó que unos 6.4 millones de toneladas de basura llegaban al mar cada año.

Además de la repelente estética que esta basura crea en los mares y océanos, también puede ser confundida con alimento por muchas especies de la fauna marina provocando, a menudo, daños irreparables y muerte. El plástico, en muchos casos, se enreda en el cuerpo de estos animales interfiriendo en su crecimiento. Por otra parte y sobre todo la basura flotante, ayuda a la dispersión a una velocidad que dobla la natural y convierte a muchas especies en invasoras. La mayor parte de esta basura son plásticos que, por su persistencia, durabilidad y composición, desprenden durante mucho tiempo tóxicos, como los bifenilos policlorados (PCBs) o las dioxinas, que pueden ser letales para la fauna marina.

La distribución de esta basura en la columna de agua es muy variable y depende, además de la densidad propia de sus componentes, de corrientes, profundidad de la zona, temperatura y salinidad del agua y otros factores. Quizá la menos estudiada es la basura que ya ha llegado a los fondos marinos y, para conocer su distribución y cantidad, Christopher Pham y sus colegas, de la Universidad de Azores en Horta, ha coordinado, junto a 22 investigadores de 8 países (de España intervienen la Universidad de Barcelona y el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC en Blanes), varias campañas de muestreo desde el Océano Ártico hasta el sur de la Península Ibérica y desde Grecia hasta el centro del Atlántico Norte.

Las recogidas de muestras se hicieron de 1999 a 2011 en 32 lugares como cañones submarinos, taludes continentales, zonas profundas y demás hábitats marinos, y desde 35 a 4500 metros de profundidad. Los muestreos se hicieron por medio de fotografías y videos y por recogidas directas con redes de arrastre.

La basura aparece en los 32 puntos de muestreo, o sea, en todos los lugares y a todas las profundidades. Sobre todo hay bolsas de plástico, botellas de vidrio y restos de hilo y redes de pesca. Los lugares con más densidad son el Cañón de Lisboa (con 66 fragmentos de basura por hectárea), el Cañón de Blanes (con 32), el Cañón de Guilvinec, frente a Bretaña (con 32), y el Cañón de Setubal (con 24). Los autores sugieren que los cañones submarinos, situados entre los taludes continentales, zonas cercanas a la costa donde más basura se vierte, son el camino de comunicación natural entre ellas y los fondos marinos, lugar de acumulación final. El lugar con menos basura, menos de 2 fragmentos por hectárea, es el Golfo de Lyon, en el Mediterráneo.

En cuanto a la composición de la basura, entre los 546 fragmentos observados por video o fotografía o recogidos en la redes de arrastre hay, como decía, plásticos, con el 41%, y redes y líneas de pesca, con el 34%. También hay, e menor cantidad, metal, con el 7%, vidrio, con el 4%, y escoria de carbón, con el 1%. Y en el 13% que nos queda hay de todo como, por ejemplo, madera, papel, cartón, ropa, cerámica y fragmentos inidentificables.

 

*Pham, C.K. y 22 colaboradores. 2014. Marine litter distribution and density in European seas, from the shelves to deep basins. PLOS ONE 9: e95839

Fracking y salud pública

2015 mayo 6
por Eduardo Angulo Pinedo

En Estados Unidos se vive el boom del fracking, de la extracción no convencional de gas natural, sobre todo de metano, de las placas de esquisto en que se encuentra alojado en grietas microscópicas.  La inyección de agua con aditivos a gran presión provoca la ruptura de las grietas y la liberación del gas. En los últimos diez años esta técnica se ha aplicado a fondo en Estados Unidos. Así, de 18485 pozos de extracción de gas en 2004 hemos pasado a 25145 en 2007 y, además, se ha calculado que se abren unos 11000 pozos nuevos cada año. Se ha conseguido que en 2011 el 95% del gas consumido en Estados Unidos sea de origen doméstico.

Como nos cuentan John Adgate y su grupo, de la Universidad de Colorado en Denver, cuantos más pozos se abren más posibilidades hay de que cerca de ellos haya personas que allí viven y trabajan. Y, por tanto, también crece el riesgo de que se vean expuestos a sustancias químicas y otros estresantes como ruido o tráfico de camiones. Por todo ello, los autores han revisado lo que hasta ahora sabemos de los riesgos del fracking para la salud pública y, también, sugieren las investigaciones necesarias para aclarar incertidumbres sobre esos riesgos.

Brevemente, identifican como los factores estrés más importantes para los trabajadores del fracking la mortalidad, que es siete veces más alta que en la industria en general; la exposición a productos tóxicos, como el metano o los gases de la combustión de motores; y los accidentes laborales.

Para los que viven cerca de los pozos, los principales riesgos son la contaminación atmosférica con los gases de la extracción y la combustión que, además, actúa a distancia; la contaminación de los acuíferos con aditivos del agua inyectada a presión o con los gases que se extraen, sobre todo el metano; la contaminación del suelo con vertidos de agua contaminadas y de combustibles fósiles; el aumento del tráfico que supone, en algunos de los pozos de extracción, llega a los 1000 camiones; la contaminación acústica con el funcionamiento de los pozos y el aumento de tráfico, con aumentos de hasta el 40% donde se ha medido; los accidentes de tráfico provocados por los camiones; y el estrés psicosocial por los cambios que se producen en la comunidad, en origen rural y con pocos vecinos, por el aumento de personas, dinero y delitos.

Para terminar hay que destacar que las investigaciones sobre estos riesgos para la salud pública se ven dificultadas porque habitualmente no existen datos anteriores a la llegada del fracking y, por ello, no hay con qué comparar los posibles cambios y, si los hay, no es fácil demostrar qué los ha causado.

 

*Adgate, J.L., B.D. Goldstein & L.M. McKenzie. 2014. Potential public health hazards, exposures and health effects from unconventioal natural gas development. Environmental Science and Technology doi: 10.1021/es404621d.

Chernobyl

2015 marzo 31
por Eduardo Angulo Pinedo

Fue el 26 de abril de 1986, hace 29 años, cuando el reactor número 4 de la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, situada a 18 kilómetros de Chernobyl, hoy en Ucrania, explotó y provocó, junto con el accidente de Fukushima, el mayor desastre nuclear de la historia. Ahora siguen casi 200000 kilómetros cuadrados (como un tercio de la Península Ibérica) contaminados con isótopos radiactivos como el cesio 137, el estroncio 90 o el plutonio 239. Permanecerán por siglos en el entorno de Chernobyl, aunque con una distribución irregular. Contaminan el suelo y un punto concreto con una concentración alta puede encontrarse a pocos metros de otro lugar totalmente limpio. Por ello, un área de unos 30 kilómetros de radio alrededor de la central se convirtió en la Zona de Exclusión de Chernobyl en la que está prohibido entrar. Como afirman Timothy Mousseau y Anders Moller, de la Universidad de Carolina del Sur en Columbia y de la Universidad París-Sur en Orsay respectivamente, no hay acuerdo entre los expertos sobre la abundancia y la diversidad de la fauna en la zona de Chernobyl más afectada por el accidente.

Hay informes, sobre todo del Foro de Chernobyl, una organización oficial dependiente de las Naciones Unidas y de los gobiernos de la zona, que afirman, con fecha de 2006, que “las poblaciones de algunas plantas y animales han aumentado, y la contaminación ambiental actual ha tenido un impacto positivo en los seres vivos de la Zona de Exclusión de Charnobyl”. Según Mosseau y Moller, esta conclusión se basa en estimaciones personales y tiene una base científica limitada. Proponen repasar lo que hasta ahora sabemos, incluyendo sus propias investigaciones, y empiezan con los estudios sobre la golondrina común (Hirundo rustica) y seguirán con otras especies animales.

Es una especie con una distribución casi global, conocida y con datos que se pueden comparar con lo que encuentran Mosseau y Moller en Chernobyl. Por ejemplo, el número de mutaciones que se han encontrado en su ADN de los espermatozoides y los óvulos es de 2 a 10 veces mayor que el descrito en otros lugares. Además, hay cambios notables en la morfología y la movilidad de estas células. Las deformaciones aparecen en un 40% más que en el esperma de golondrinas de otras zonas de Ucrania y de España donde es raro que pasen del 5%. También es menor la viabilidad de los huevos y la supervivencia de los pollos.

La conducta de la reproducción de las golondrinas, especie migradora, implica que vuelva a la zona, incluso al mismo nido, en que se crió o se reprodujo el año anterior. Si se marcan las golondrinas y se cuentan e identifican cuando llegan en primavera, podemos suponer que las que no vuelven es que han muerto. En España regresan al mismo lugar el 45% de los individuos; en Chernobyl lo hacen algo más de la mitad, el 28%.

Además, las golondrinas de Chernobyl presentan malformaciones en los adultos. Hay ejemplares albinos, con colores anormales y deformidades en las plumas, sobre todo en la típica doble cola de esta especie. También hay un gran número de tumores en la cabeza, pies, pico y cabeza. Estas anormalidades aparecen en el 20% de los ejemplares de Chernobyl frente a menos del 2% en España.

En cuanto al resto de especies de aves que aparecen en Chernobyl, los autores hacen recuentos de 2006 a 2009, paseando por la zona, parando cada 100 metros y anotando las especies que observan y el número de ejemplares. El número de especies es menos de la mitad del esperado y, en número de ejemplares, es menos de un tercio. No todas las especies se ven afectadas por igual e, incluso, hay algunas en las que hay más ejemplares de los esperados. Es un tema a investigar más a fondo.

También desde 2006, Mousseau y Moller han estudiado la abundancia de otros grupos animales como insectos, incluyendo abejas, saltamontes, mariposas y libélulas, anfibios y reptiles, y en todos los casos las poblaciones han disminuido. En grandes mamíferos, como alces, ciervos, osos y lobos, la población también ha bajado después del estudio de sus huellas en la nieve recién caída.

El 11 de marzo de 2011 se inició el accidente en la central nuclear de Fukushima, en el Japón. Para nuestros autores expertos en Chernobyl, Mousseau y Moller, ha llegado el momento de comparar sus resultados de Ucrania con lo que está ocurriendo en el Japón. Para ello organizan un recuento de fauna en los alrededores de Fukushima con el grupo de Isao Nishiumi, de la Universidad Rikkyo de Tokyo.

En total muestrean 898 lugares entre 2006 y 2009 en Chernobyl, y 300 sitios en 2011 en bosques al oeste de la zona de exclusión de Fukushima. Cuentan aves, arañas (el número de telas de araña), saltamontes, libélulas, abejorros, mariposas, grillos, anfibios, reptiles y mamíferos.

Como vimos en el trabajo anterior, en Chernobyl todos los grupos animales bajan en número de ejemplares. En cambio, en Fukushima solo lo hacen tres de los siete muestreados: aves mariposas y grillos. Incluso las arañas son más abundantes.

Los autores suponen que en Fukushima se han hecho los recuentos a los pocos meses del accidente con lo que hay más radioactividad en lugares más concretos. En Chernobyl, el mayor peligro para las especies es el número de mutaciones y las malformaciones que provocan. Su acumulación, después de tantos años del accidente, hace que los peligros sean mayores pero más lentos. Proponen la hipótesis de que lo que pasó en Chernobyl ocurrirá dentro de un tiempo en Fukushima.

 

*Moller, A.P. y 4 colaboradores. 2013. Differences in effects of radiation on abundance of animals in Fukushima. Ecological Indicators 24: 75-81.

*Mousseau, T.A. & A.P. Moller. 2011. Landscape portrait: A look at the impacts of radioactive contaminants on Chernobyl’s wildlife. Bulletin of the Atomic Scientists 67: 38-46.

Una trampa para cuervos, de Ann Cleeves

2015 febrero 26
por Eduardo Angulo Pinedo

 

 

Maeva Ed., Madrid, 455 pp., 2014.

 

Es la historia de tres biólogas que forman el equipo de una empresa encargada de evaluar el impacto ambiental de una cantera cuya explotación depende del resultado final de su trabajo. Además, la cantera estará en una Reserva Natural y los puestos de trabajo permitirán salir de la crisis a los pueblos de alrededor.

La autora, Ann Cleeves, describe las técnicas que utilizan las biólogas en el estudio de la fauna y la flora del entorno. Una de ellas es botánica, otra experta en ornitología y la jefa del equipo y protagonista de la novela, es ecóloga y especialista en los estudios de impacto. Los conflictos con los pueblos del entorno de la Reserva y con sus habitantes son parte esencial de la trama.

Es un libro en el que el entorno está presente, tanto por las consecuencias que pueden tener los trabajos en la cantera como por la relación íntima que se crea entre los personajes y el medio ambiente.

Un tema que aparece en pocos textos de ficción y que, bien desarrollado por Ann Cleeves como novela policíaca, convierten a Una trampa para cuervos en un libro recomendable.

Biodiversidad urbana

2015 febrero 25
por Eduardo Angulo Pinedo

La mitad de la humanidad vive en las ciudades que, sin embargo, ocupan menos del 3% de la superficie terrestre del planeta. Las especies, tanto plantas como animales, que ocupaban los hábitats que ahora son urbanos están en riesgo de desaparecer. Además, la población urbana que vive en ciudades crece, de media, un 1% anual y, por tanto, la superficie urbana también crece. Todo ello llevó a Myla Aronson y sus colegas, de la Universidad Estatal de Nueva Jersey en New Brunswick, a proponer que sería interesante conocer la biodiversidad urbana como base para hacer factible su conservación.

Estudian las bases de datos de presencia de aves, en 54 ciudades y desde 1950, y de plantas, en 110 ciudades y desde 1960. Las ciudades pertenecen a 36 países de todos los continentes; de España, hay datos de Valencia.

La media de especies de aves para las 54 ciudades estudiadas es de 112.5, con un rango que va de 24 a 368, y en plantas, para las 110 ciudades es de 766 especies con un rango de 269 a 2528.

De las 10052 especies de aves que se han identificado hasta ahora en nuestro planeta, 2041, es decir, el 20%, aparecen en las ciudades. En plantas, los números son de 279107 especies en total y de 14240 en las ciudades lo que, en porcentaje, supone el 5%.

En general, el 98% de las aves y el 79% de las plantas de cada ciudad son propias de su entorno. Por tanto, el ambiente urbano no homogeniza la fauna y la flora urbana que son, como lo indican estos porcentajes, las típicas del área geográfica en que se encuentra la ciudad, sea cual sea el lugar del planeta estudiado. Por supuesto, hay especies invasoras que nuestra especie ha llevado por todo el mundo sobre todo desde Europa y a partir del siglo XVI. Como ejemplo de especies invasoras que aparecen en casi todas las ciudades están, entre las aves, la paloma doméstica (Columba livia) en 51 ciudades de las 54 estudiadas, o el gorrión común (Passer domesticus) en 48 ciudades, y entre las plantas, la bolsa de pastor (Capsella bursa pastoris) en el 95% de las ciudades o la pamplina (Stellaria media) en el 94%.

Como cifras finales se puede decir que sólo el 25% de la flora del entorno de una ciudad crece en su interior y, en las aves, es únicamente del 8%. Pero hay fauna y flora dentro de las ciudades y estudios como este de Myla Aronson deberían llevar al desarrollo de planes de gestión y conservación. No hay que olvidar que la gran mayoría de especies proceden del propio entorno de la ciudad.

 

*Aronson, M.F.J. y 23 colaboradores. 2014. A global analysis of the impacts of urbanization on bird and plant diversity reveals key anthropogenic drivers. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences 281: DOI: 10.1098/rspb.2013.3330