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No me mires que te imito

2012 junio 6
por Xabier Iglesias

 

Pablo Herreros Ubalde

www.somosprimates.com

@somosprimates

En un experimento realizado por Victoria Horner, de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, se enseñó a varios niños cómo conseguir una recompensa que dispensa un mecanismo, insertado en una caja cuadrada, mediante tres acciones diferentes y consecutivas: la primera, con un bastón abrir un pestillo en la parte superior de la caja que impide el acceso a un agujero; la segunda, introducir el bastón por el orificio golpeando varias veces; la tercera, extraer la recompensa de una trampilla que da acceso a un dispensador. Debido a que la caja es opaca, no se puede apreciar la relación entre causa-efecto, y por tanto, no es posible conocer la función exacta de los dos primeros movimientos.

Con la caja opaca niños y chimpancés imitan los movimientos enseñados para la obtención de la recompensa.

 

Seguidamente, se repite la experiencia con una caja transparente idéntica a la anterior en la que se puede observar que la primera y la segunda acción son completamente absurdas y no sirven para nada. La única diferencia entre las dos cajas consiste en que una es opaca y la otra transparente. La primera no ofrece información sobre los resultados de las maniobras, mientras que la segunda sí. Para sorpresa de los investigadores, ante la caja transparente, los niños repetían las acciones inútiles, sin importarles el resultado, realizando cada movimiento y reproduciendo cada detalle con sumo cuidado. Los niños tienden a imitar las acciones al margen de la eficiencia de sus comportamientos. Cuando estas pruebas se repitieron con chimpancés, los resultados fueron completamente diferentes. Éstos imitaban cuando se les presentaba la tarea con la caja negra, pero no con la transparente, pues en este caso iban directos a la obtención de la recompensa. La emulación fue la estrategia más usada por los chimpancés cuando las consecuencias de sus acciones eran observables.

Al repetir el experimento con la caja trasparente, los chimpancés, a diferencia de los niños, iban directamente a la obtención de la recompensa.

 

¿Por qué los niños no usaron la lógica para extraer la recompensa de una manera más eficaz?

Lo que realmente quería estudiar Horner mediante esta prueba es si los chimpancés y los niños usan la emulación o la imitación para aprender. La emulación es el proceso de aprendizaje a través de la observación en el que se centra la atención en los resultados de las acciones. Por ejemplo, muchos aprendemos a usar un martillo observando el efecto del mismo sobre un clavo. Al emular, buscamos reproducir el proceso usando acciones propias con un mismo fin, es decir, similares pero no idénticas a las observadas, que en este caso es insertarlo en el interior de la madera.

La emulación es un tipo de aprendizaje social en el cual el observador reproduce las acciones de un modelo en vez de los detalles, ya que sólo requiere la reproducción de las acciones con suficiente fidelidad como para obtener el objetivo deseado, sin tener que conocer las relaciones causales implicadas; algo que para los niños humanos parece ser de vital importancia.

Por el contrario, la imitación es la reproducción detallada de todos los elementos del proceso, que incluyen desde cómo cogerlo hasta la posición del brazo, etc. Las ventajas de una reproducción exacta de las conductas son diversas. En la mayoría de los comportamientos que tienen que ver con la vida en sociedad, lo importante no es el resultado final sino la manera en que lo haces. Aprender conductas asociadas a convenciones sociales son conocimientos de especial relevancia para los primates humanos y no-humanos. Además, imitar fielmente permite que cualquier innovación se difunda rápidamente por una población como lo pólvora. La emulación es un proceso más lento aunque puede ser una estrategia más adecuada que la imitación en determinados contextos. Por ejemplo, cuando las relaciones causales son manifiestas, la emulación es mejor porque ofrece mayor flexibilidad y plasticidad. Por el contrario, la imitación es más eficiente cuando dichas relaciones causales no son fácilmente percibidas y son difíciles de deducir. A medida que avanza la vida, los seres humanos, abandonamos estrategias de imitación para usar otras de carácter más emulativo. Por esta razón, cuando estas pruebas se realizaron con varios adultos humanos, éstos optaban por estrategias más parecidas a las otros primates, pues iban directos a por la meta.

De manera general se acepta que los simios son expertos imitadores. Algunos expertos, como Michael Tomasello, no están de acuerdo y reservan esta característica en exclusiva para el ser humano; al menos en su versión completa. Él cree que las crías de los primates aprenden por observación y emulación, pero no imitación real.

En los años setenta, el primatólogo Geza Teleki llevó a cabo un interesante ensayo en la colonia de chimpancés de Gombe. Intentó pescar termitas por sí mismo, observando cómo lo hacían los otros chimpancés. Tardó varias semanas en atrapar sus primeras presas. Emular los movimientos no era suficiente, también era preciso imitar a la perfección, ya que existen momentos precisos, acciones concretas, tiempos, etc. Descubrió que, al igual que ocurre con otros procesos importantes, para aprender es necesario una combinación de ambas técnicas.

Gracias a este tipo de estudios, sabemos que en la vida en sociedad, no basta con el resultado. La manera en la que se desarrolla el proceso es de vital importancia, pues de ello dependerá la aceptación o rechazo de la “manada”. En muchas de las acciones que llevamos a cabo en grupo el objetivo último es irrelevante. Lo importante es cómo las hacemos y si están en línea o contradicción con las normas sociales. Por ésta y otras razones, sabemos que la imitación es una estrategia adaptativa humana favorecida por selección natural en la que lo que importa es el camino, no el destino final.

 

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