Pompas, María, vídeos solidarios y mis mejores deseos.

Hoy he comprado al peque un chisme de pompas. (¿Pompero?) No para que sople él, no.

Yo soplo pompas y él se parte de risa e intenta explotarlas. Es digno de ver, yo me desinflo y el se hincha a reír.

Pero el viento me ha jugado una buena, buenísima y una mala, malísima pasada.

¿Para qué soplar, si puede hacerlo el aire? He levantado el brazo y ¡voilá! ¡Un torrente de pompas, pequeñas y grandes se han desparramado por doquier! Unos brazos como aspas de molino, van y vienen y su risa cantarina ahogada por los saltos, me alegra. Me hace feliz.

Un remolino hace que las pompas recién liberadas, se apelotonen en mi cara. Unas han elegido alojarse en mi ojo derecho, otras han entrado por mi boca abierta y muchas me han mojado los labios. ¡Pruf! ¡Infernal sabor a caramelo de “fairy”!

He girado para esquivar el viento, pero como una broma macarra, también lo ha hecho el viento. ¡Más jabón para la digestión! El ojo izquierdo, que tenía envidia del derecho, también ha tenido su ración de detergente.

Momento de dejar el juego, que uno de los participantes está herido. El nene, que se estaba divirtiendo, pedía más saltando y brincando: “¡pompa, pompa, pompa!”

¿Cómo negarse a estas palabras tan bien pronunciadas? Pero antes urgía la búsqueda de un lugar más resguardado de las pompas y su loco baile. Tras encontrarlo, hemos seguido jugando.

Pero el escozor en el ojo derecho ha hecho que nos retiráramos a casa. Me ha sorprendido, lo bien que ha aceptado el fin del juego. Ha insistido un poco, pero lo ha entendido.

Por el camino con un ojo iba vigilando la carrera del niño y con el otro guiñaba, en un triste intento de aliviar la película de jabón. Os aseguro que no buscaba ligue (la gente me miraba raro), intentaba que una lágrima arrastrase el detergente. ¡Y solo me faltaba que de tanto pestañear, se produjese espuma! (¡Un poco exagerada, lo sé!)

Ya en el hogar, un buen chorro de agua, arregla lo que estropeó el viento. He guardado el chisme, hasta una nueva orden, ¡un día sin viento traicionero!

Os he hablado muchas veces del libro y documental “María y yo”, aquí y aquí. Me hice eco, cuando “María paseaba por San Sebastián ” y por otros certámenes de cine. Pero hoy, os cuento que María se paseará del brazo del Goya.

Este documental sobre autismo, opta a nueve candidaturas: mejor película, mejor dirección novel, mejor guión adaptado, mejor dirección de producción, mejor dirección de fotografía, mejor montaje, mejor sonido, mejores efectos especiales y mejor película documental.

¡Desde aquí, mucha suerte! Se la merecen.

¡Más cosas!

Si en Noviembre, tomé las pastillas que recomiendan MSF (médicos sin fronteras) para mi enfermedad crónica de Dolor Ajeno, en Diciembre os invito a: “Una historia solidaria que recauda dinero para UNICEF, cada vez que alguien la ve”

ING Direct, y UNICEF han puesto en marcha un vídeo subido al Youtube, que sólo se puede ver si donas 1,20€, que es el precio del sms.

Si mandas un sms, al 28028 con la palabra DONAR y recibes un código en tu movil. Lo introduces en el casillero y le das al “ver vídeo”

(1,20€ en Moviestar y Orange; resto máx 1,42€) Los operadores darán el dinero a UNICEF.

Me ha parecido precioso y conmovedor. Con los colores cálidos de África y una fotografía fantástica. Una gran historia con un gran final que comienza cuando haces la donación. Al igual que el vídeo.

No desvelaré nada, pero sí que esos ojos, esos ojos grandes y oscuros, me han emocionado.

Yo he visto el vídeo, ¿lo verás tú? ¿Harás que la historia tenga un final feliz? ¿Sonreirás como yo?

¡Es el precio de un café y el de felicidad, de unos niños! ¡Dona!

Me ha sido imposible subir el vídeo, así que puedes pinchar aquí, para acceder a la campaña.



Y ya por fin, Desearos un feliz 2011.
Qué la diosa fortuna os sonría, si tenéis ilusiones para el día 22. Qué el amor, el trabajo, la salud, os acompañe a todos y cada uno de vosotros.
Y no me puedo despedir, sin agradeceros todas las palabras de cariño, esperanza, ánimos y alegría. No me cansaré de daros las gracias, por la ayuda en la búsqueda de un poco de visibilidad para con nuestros niños y adultos, diagnosticados de autismo.
Gracias.
Hasta el año que viene.
Muchos, muchos, muchísimos besos


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