
El lehendakari Ibarretxe, que ha elevado a categoría de doctrina la inclusión de los dos géneros gramaticales en su discurso y ha contagiado a otros muchos políticos (y políticas) vascos (y vascas), pertenece a una cofradía, la de San Roque, que excluye a las mujeres en su celebración anual más importante. Entiéndeme, las excluye de comer, pero seguro que no prescinde de ellas ni para que cocinen, ni pongan la mesa, ni la sirvan, ni frieguen después.
Lo cuenta aquí Góngora.
La cofradía de San Roque, la más importante y arraigada de Llodio (cuna del lehendakari), que se creó en 1599, celebra a finales de agosto una comida de hermandad en los pórticos de la iglesia; pero por aquellas cosas de finales del siglo XVI, solo asisten a ella hombres. Hay que reconocer que desde el XVI algo han cambiado las cosas. Pero nunca hasta ayer se había replanteado la celebración. O sus términos.
Ibarretxe, como puede verse en esta foto, ha participado de la comilona.

Se le ve alegre, no me digas, con esa cara de escuchar con deleite que pone a veces. No parece en absoluto compungido por no tener a su lado a mujeres en las que confía.
En esta otra, cuando sale de la reunión en que se decidía el futuro. Ya se había decidido. Es decir, él ha participado en esa decisión.

La cosa ha acabado medio bien, pero mal, porque a pesar de que han ganado quienes desean comer con mujeres, los estatutos de la cofradía obligan a una mayoría cualificada. Por tanto, la mayoría simple no sirve: este año los cofrades serán otra vez hombres.
Parece un presagio. El lehendakari no ha conseguido convencer en casa. La parte masculina de sus vascos y sus vascas ha decidido por una mayoría insuficiente que las vascas de Llodio no comen ese día en el pórtico de la iglesia. ¿Almorzará él la víspera en Ajuria Enea o ya habrá hecho el traslado?

