Teniendo en cuenta las intrigas y comadreos que ya se escuchan aquí y allá debido a las elecciones autonómicas, conviene no olvidar que los salientes del anterior Gobierno sólo dejaron en la caja fuerte de Ajuria Enea un yogurt caducado a los nuevos inquilinos. Además, los despachos eran un auténtico lio de cables y cámaras al más puro método Bond. Con razón Garaikoetxea en su etapa y López después, comentaron que “oían voces” cuando iban al baño. Esta chapuza fue aún peor que aquella famosa “ñapa” de doña Esperanza. Bueno; pelillos a la mar. Todavía colean los injustificados viajes evangelizadores del señor Ibarretxe para explicar su “Plan”. También la aprobación en minutos de partidas y asuntos que habían estado aparcados 30 años -por no mencionar el escabroso tema Guggenheim, o el ferry y sus bonos-. Se practicaron zancadillas y todo tipo de triquiñuelas para confundir al personal o desviar la atención. Barrunto que, como las demás historias -señora Azkárate y sus ruinosos y nunca esclarecidos cambios de divisa-, ya todo ha pasado a mejor vida. Éste es el país donde nunca ocurre nada. Corrijo: a Margaretha Geertruida Zelle sí que le pasó, pero fue en otro. Después de elecciones surgirán las ineludibles coyundas impúdicas entre géneros de distinta especie. Luego dirán que el tamaño no importa…

