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Alex Txikon: “Cambio el K2 por en Nanga Parbat”

2015 enero 20

Alex Txikon no es de los que se desaniman fácilmente. Hace apenas dos semanas, una notificación del Gobierno chino daba al traste con los planes de escalar el K2 en invierno, junto a kazajo Denis Urubko y el polaco Adam Bielecki. Alegando problemas de seguridad por revueltas internas, China les prohibía la entrada. Meses de preparativos, toneladas de ilusión y unos cuantos miles de euros ya adelantados a las agencias locales para organizar la expedición se iban a la basura. Pero, tras el golpe inicial, Alex apenas necesitó un día para poner en marcha un plan B: cambiar el K2 por el Nanga Parbat, el otro ochomil que falta por ascender en invierno, hacia el que partió ayer mismo.

Aunque para ello ha tenido que sobreponerse a los peligros añadidos de esta montaña. En su campo base, los talibanes mataron hace dos años a once alpinistas y desde entonces es una montaña tachada por muchos montañeros, como su compañero Denis Urubko. «¿Miedo?, para nada –asegura el de Lemoa– ahora mismo es uno de los lugares más seguros de Pakistán. El Ejército nos vigilará en todo momento».

– ¿Por qué os han prohibido ir al K2?

Alex posa con parte del material de la expedición.


– La verdad es que no lo sabemos muy bien. Desde luego nos han dado unos motivos, pero yo, sinceramente, no lo tengo muy claro. Desde el principio tuvimos problemas cuando, tras cerrar todo el viaje con una agencia de Pakistán, un agente chino, una tal Mister Lee, logró que nos bloquearan el permiso por no haber tramitado el viaje a través de él. Dicho de otro modo, un comisionista local muy bien relacionado con las autoridades chinas se mosqueó porque habíamos pasado por encima de él y nos lo hizo pagar.

– ¿Qué hicisteis?
– Movimos Roma con Santiago. Al final, la solución fue cambiar de agencia y hacerlo con una con el visto bueno del Mister Lee ese, aunque por el camino perdimos casi dos semanas y cerca de 30.000 euros, ya que muchos pagos estaban ya hechos con la otra agencia y hubo que volver a hacerlos con la nueva.

– Y entonces llegó la prohibición del Gobierno chino.
– Sí. Cuando ya estaba todo arreglado y el viaje cerrado con las nuevas fechas, apenas una semana antes de la partida, le enviaron a Denis como jefe de expedición el aviso de cierre de fronteras. Nos quedamos en estado de shock.

– Pero os darían alguna explicación más.
– Que va. Para nada. Solo que debido a los últimos actos terroristas que se habían producido en la región de Sinkiang, consideraban que la zona era muy peligrosa para los extranjeros y que cerraban la frontera. Punto y final.

Con los últimos preparativos.

– Un duro golpe.
– En un primer momento no te lo crees. No reaccionas. Piensas que es un mal sueño. ¡Todo el trabajo de casi medio año de preparativos a la basura! Pero tras el sopapo inicial enseguida dije: «hay que hacer algo. Tengo una expedición montada. Mi cabeza está ya más allí que aquí y no puedo echar por la borda tanto trabajo y dinero».

– Y surge la idea del Nanga Parbat.
– Eso es. Fue como un chispazo. Una de las muchas ideas que se me pasó por la cabeza al principio. Pero luego, más tranquilo, volví sobre ella y dije: «¡Por qué no! ¡Cambio el K2 por el Nanga Parbat!». Y en una semana lo reorganicé todo.

– Pero sin Denis y Adam.
– Les conté mi plan y la respuesta de Denis ya me la imaginaba. Más de una vez ha dicho, en público y en privado, que después de la matanza de 2013, nunca volverá a Pakistán. Varios de los que mataron eran amigos suyos y además él es militar. Y a Adam le costó un poco más, pero también me dijo que no. Está esperando un hijo para abril y me imagino que tampoco es el mejor plan en su situación.

– O sea que vas solo.
– Bueno… Voy solo desde aquí, pero allí voy a tener a dos compañeros de cordada locales, Muhammad Ali ‘Sadpara’ y Muhammad Kan. Y la verdad, es algo que me hace mucha ilusión. He estado ya once veces en Pakistán y tengo allí muy buenos amigos. Y muchos son alpinistas. Y muy buenos. Que solo han trabajado como porteadores de altura, pero que no tienen nada que envidiar a los sherpas. Ali ha escalado todos los ochomiles salvo el K2, ha hecho cima dos veces en el Nanga y ha estado en 4 invernales en el Karakorum. Y Kan tiene todos los ochomiles de Pakistán salvo el Broad Peak. Me hace mucha ilusión formar cordada con ellos e intentar un ochomil juntos. Si algo me han enseñado todos estos años de expediciones es a respetar cada vez más a las personas como tales, más que como alpinistas.

– En 2013, los talibanes mataron a once alpinistas en ese campo base. ¿Eres consciente de adónde vas?
– Por supuesto. Lo he pensado muy bien.

– ¿Tienes miedo?
– No. Cuando le propuse a Ali ir y le planteé las dudas sobre la seguridad me dijo: «Mira Alex, si voy allí es porque sé que es seguro». Ahora mismo, el Nanga Parbat será de los sitios más seguros de Pakistán. El Ejército nos va a escoltar durante toda la aproximación y en el campo base también vamos a estar vigilados por soldados.

– ¿Cuál es el planteamiento de la expedición? ¿Has decidido la ruta?
– Iremos por la vertiente Diamir. Una vez allí, cuando veamos las condiciones de la pared, decidiremos la ruta por la que lo intentamos, aunque mi preferencia es la vía Kirshoffer.

Accidente en la vertiente Diamir
Alex Txikon no va a estar solo en el Nanga Parbat (8.125 m.) este invierno. La ‘montaña asesina’, como también es conocida por las tragedias que han vivido en sus paredes, acoge otras cuatro expediciones que buscan también su primera invernal: una rusa por la vertiente Rakiot y otras tres por la Diamir: un grupo iraní, un italiano y una pareja polaco-francesa.

En los útimos días, los integrantes de esta cordada, Tomasz Mackiewicz y Elisabeth Revol, han acaparado la atención. Hace casi diez días salieron del campo base con la intención de aclimatar y equipar hasta los 7.000 metros la ruta Messner por la que están subiendo, pero luego anunciaron que ante la buena previsión meteorológica iban a intentar llegar a la cumbre. Luego, el silencio. Su teléfono satélite se quedó mudo. Y cuando todas las alarmas empezaban ya a encender, el lunes aparecieron en el campo base.  Estaban vivos de milagro. Al menos Tomasz, que había sobrevivido a una caída de 50 metros en una grieta, tenía varias costillas rotas y “probablemente”, según sus palabras, un pulmón perforado. “Elisabeth logró sacarlo y ayudarle a llegar al CB. “Me ha salvado la vida”, confesó el polaco.

Su retorno al campo base sirvió también para aclarar, en principio, la polémica surgida la semana pasada cuando  Daniele Nardi, con el que se habían asociado para equipar la ruta, emitió un comunicado en el que les «expulsaba» de la expedición porque el ataque a cima lo habían realizado sin su permiso. “Cuando nos fuimos para arriba, Nardi no estaba en el campo base, pues estaba trabajando en el espolón Mummery. Él quería que nosotros fuéramos allí con él, pero lo rechazamos porque teníamos otros planes. De todos modos, desde el principio le dije que no iba a subir por su ruta. Estuvimos de acuerdo en que usaríamos el campo base compartiendo los costes”.

Vertiente Diamir del Nanga Parbat desde el campo base. La cima es la punta más a la derecha del promontorio central. Fotos: Fernando J. Pérez

Una escalada para la historia

2015 enero 16

«Esto no es un esfuerzo para conquistar una cima. Es la realización de un sueño». El tuit lanzado al mundo por Kevin Jorgenson el martes, un día antes de completar la ruta, ya con todas las dificultades superadas, resume lo que significa para la escalada en grandes paredes (big wall) lo conseguido junto con Tommy Caldwell durante los últimos 19 días.

En lo personal, hay poco que añadir. El «sueño»se hizo realidad el miércoles, poco después de las tres de la tarde (once de la noche en España), cuando llegaron a la cima. Pero atrás quedaban nada menos que

Jorgenson, felicitado por su pareja tras completar la vía. Foto: Reuters

siete años de estudios de la vía, preparativos e intentos y 19 días colgados de la pared en los que han vivido de todo.

En lo alpinístico, el logro de Tommy Caldwell y Kevin Jorgeson marca un antes y un después en la escalada en grandes paredes. Una vez más, lo que hasta ahora era imposible deja de serlo y el ser humano sube un nuevo peldaño en la escala de la dificultad para elevar el listón hacia unos límites de nuevo inciertos.

Y en lo mediático, también esta ascensión será recordada como un hito. Ha sido seguida masivamente en vivo y en directo por las redes sociales, retrasmitida en directo por Internet, con entrevistas en directo a los protagonistas, que a su vez iban relatando en tiempo real en las redes sociales sus exitos y sus frustraciones, sus miedos y sus alegrías… Ni el propio Barak Obama se ha podido abstraer al tirón mediático y ayer mandó un mensaje de felicitación a los dos escaladores.

Relatadas la consecuencias, la pregunta parece obvia: ¿Qué es lo que han hecho estos dos alpinistas de 30 y 36 años para convertirse en portada de periódicos y telediarios de medio mundo? La respuesta es insultantemente sencilla, y quizá esa sea la clave de todo: han escalado con la única ayuda de sus manos y sus pies (’en libre’ según el argot escalador) una pared absolutamente vertical de casi mil metros de altura, utilizando las cuerdas solo para asegurarse y no caer al

Detalle de las manos de Jorgeson. Foto: Reuters

vacío en caso de fallo). El problema es que esa pared es El Capitán del Parque de Yosemite, una de las moles rocosas más emblemáticas y difíciles de la escalada mundial, y la vía por la que lo han conseguido es ‘Dawn Wall’, una línea de escalada que hasta ahora se pensaba que era imposible completar ‘en libre’ ante sus 31 ‘largos’ de altísima dificultad, la mitad de ellos por encima del grado 8a, incluidos dos 9a, la máxima dificultad en escalada deportiva que existe.

Decenas de personas vivieron en directo la escalada desde la base de la pared. Foto: Adidas

Así que no es difícil entender que, ante estas dificultades, los 19 días de escalada se hayan convertido en muchos momentos en un auténtico calvario en el que solo su fuerza mental y su determinación por lograrlo han evitado el fracaso. Probablemente, el momento clave llegó en el largo 15, justo en el ecuador de la escalada, y el segundo de los 9a de la vía. Tommy Caldwell lo superó sin problemas, pero Kevin Jorgeson acusó el mal estado de sus dedos, prácticamente en carne viva por culpa de los estrechos y afilados agarres de los pasajes anteriores, y se atascó.

Siete días estuvo allí intentándolo una y otra vez, varios de ellos de descanso obligado para regenerar las maltrechas yemas de sus manos. En total, realizó once ‘pegues’ (intentos) agónicos hasta que por fin logró ‘encadenar’ el largo (hacerlo de un tirón sin caerse). El desbloqueo fisicó y mental fue tal que a partir de ahí los dos escaladores completaron la ascensión en apenas tres días más.

Los 31 largos
L1: 7b. L2: 7c+. L3: 8a+. L4: 7b. L5: 7c. L6: 8a+. L7: 8b+. L8: 8b. L9: 8a+. L10: 8b+. L11: 7b. L12: 8c (Molar Traverse). L13: 7c. L14: 9a (The First Traverse). L15: 9a (segundo de The Grand Traverses). L16: 8b+ (Loop Pitch, por T. Caldwell en dos largos 6c+ y 8b+) o 8c+ (Dyno Pitch, por K. Jorgeson). L17: 8a+. L18: 8a+. L19: 8a+. L20: 8b. L21: 7b+. L22: 5c. L23: 6c. L24: 6c. L25: 7a. L26: 6c+. L27: 7b+. L28: 7b. L29: 7b. L30: 7c+. L31: 7b.

 

Varios momentos de la escalada (Fotos: Adidas):

El último desafío del Himalaya

2015 enero 13

“Quiero partirme la crisma, pasar frío, sentir la soledad, perderme en las montañas días y días, vivir una experiencia única, una aventura total, que cuando una anciana nepalí me ofrezca una taza de te y el calor de su hogar al llegar a su pueblo, sucio y cansado, tras nosecuantos días sin ver a un ser humano, me parezca que entro en el paraíso…”. Todo esto y mucho más es lo que espera Iñigo Iruretagoiena, un getxotarra de 36 años curtido en mil batallas -eso sí, todas montañeras, desde el ascenso al Aconcagua hasta la ultratrail Everest Trail Race- que ha decidido recorrer la cordillera del Himalaya de este a oeste.

A Iru, como prefiere que le llamen, le esperan casi dos mil kilómetros de caminata por un itinerario que pasa por los campos base de las nueve montañas de más de ochomil metros que hay en suelo nepalí. Es la conocida como Alta Ruta del Himalaya, un sendero de largo recorrido que atraviesa la cresta del Himalaya Central, superando una veintena de collados a más de 5.000 metros de altitud (dos de ellos a más de 6.000 metros) y que solo un puñado de personas en el mundo han logrado completar.

Pero cuando descubrió esta ruta, el mero hecho de realizarla le debió parecer un reto insuficiente al gexotarra, así que se propuso hacerla en invierno, en solitario y “en la mayor autonomía posible”. Y ahí sí. Ahí, el reto adquiere dimensiones épicas. Tanto que sólo lo ha logrado una persona. Otro español, el almeriense Javier Campos, que desde 2011 figura en el libro Guinness de los récords tras realizarlo -de oeste a este, el sentido contrario al que quiere hacer Iru- en 85 días, y que inmortalizó en el libro ‘El país Azafrán’, finalista del Premio Desnivel de Literatura 2012, y el documental con el mismo título.

Y de momento, lo vivido por Iru en sus primeras semanas de aventura parecen responder a sus aspiraciones de tener una experiencia al límite. A finales de noviembre viajó a Katmandú con 2.000 euros en el bolsillo, una mochila de 16 kilos y toneladas de ilusión como único equipaje. Su plan era solucionar los trámites administrativos y de permisos en tres o cuatro días y partir inmediatamente hacia el campo base del Kangchenjunga, el ochomil más oriental de Nepal y primera etapa de su periplo. Pero se topó con la burocracia del país. En cuanto dijo que iba a ir en solitario le cerraron todas las puertas. Tras casi dos semanas de gestiones por ministerios y oficinas administrativas se cansó de esperar y pergreñó un plan: “conseguí permisos y pases para varias zonas en plan legal, más una fotocopia del pasaporte de un colega al que en la parte de atrás escribí un texto explicando que era mi compañero de viaje pero que se tuvo que volver a casa y por eso sigo yo solo”. Luego, la realidad le está demostrando que es poco probable que le pidan los documentos.

Tras 26 horas “imposibles de resumir” en autobús para hacer los casi mil kilómetros que separan Katmandú de Taplejung, el 10 de diciembre comenzó “a patear” con destino a la base Kangchenjunga. Y si lo que buscaba era aventura, la ha encontrado nada más comenzar. “Salí de Taplejung y en tres días estaba en Ghunsa. El recorrido es brutal, espectacular, pura selva, muy boscoso. En otros dos días estaba en el campo base, pero llegué de noche y no veía nada. Esa misma noche empezó a nevar y nevar y ya de madrugada la tienda estaba casi tapada. En cuanto clareó quise salir y bajar hacia Ghunsa, pero el camino estaba totalmente tapado, era imposible de adivinarlo y volví atrás como pude. Y todo esto sin parar de nevar”. La aventura no habçia hecho más que comenzar…

“Encontré una chabola, rompí la cerradura y me metí dentro. Allí estuve dos días y medio y al menos conseguí hacer fuego para calentarme un poco y derretir nieve. Por si fuera poco, la falta de aclimatación me dio fuerte -había realizado el recorrido Tapeljung-campo base en 5 días cuando lo habitual es el doble- y no paraba de vomitar, además de que parecía que la cabeza me iba a estallar. Al final, viendo que seguía nevando decido arriesgarme y salir. Con nieve hasta la cintura, tardo 12 horas en bajar lo que había tardado 3 en subir hasta Khangpachen”, una aldea desierta en invierno. “Paso allí la noche pero el tiempo empeora otra vez, así que vuelvo a quedar atrapado. No hay nada ni nadie y soy incapaz de ver el camino. Aguanto allí cuatro días en los que el termómetro apenas sube de los 18 bajo cero. Hasta que un día aparece un grupo de personas que están cogiendo las cámaras de rastreo del leopardo de las nieves. Me quedo con ellos hasta que bajan a Ghunsa y en dos días estoy de vuelta en Taplejung”.

Iru parte inmediatamente hacia su siguiente objetivo: el campo base del Makalu, pero pronto se da cuenta que es inviable. Las nevadas le impiden progresar, así que dirige sus pasos hacia el base del Everest. “Tras seis días intensos y duros con muchísimos desniveles” el 28 de diciembre llega a Lukla, la puerta de entrada hacia el campo base del Everest. “No es la primera vez que estoy aquí pero se me hace raro ya que no hay ni cristo. Solo me he cruzado un pequeño grupo de turistas, los primeros que veo en 20 días. Mañana partiré hacia el CB del Everest , pero esta vez lo haré despacito, para que no me pase como en el Kangchenjunga…” escribe a sus amigos por WhastApp.

Silencio hasta el 2 de enero, cuando de nuevo da señales de vida: “¡Aquí estamos¡ Zorionak, Urte Berri On y Feliz año a todos. Me he plantado en el campo base del Everest en tres días (lo habitual son 6/7 días), con la mala suerte de que al día siguiente salió todo cerrado y no pude sacar fotos buenas. El día a peor. Una pena. He bajado a Namche Bazar en un día, voy a comprar algunas cosas que necesita y mañana salgo para Jiri”, camino se su siguiente objetivo: el campo base del Manaslu. “Está haciendo mucho invierno y me lo estoy comiendo a base de bien. En una bajada de hielo me fui al suelo y llevo días que la espalda fastidiada, pero no tengo nada. Es solo el golpe. Por lo demás estoy muy fuerte. Cuando estabáis todos borrachos y comiendo cosas ricas, el menda estaba a casi 5.500 metros, con unas patatas y unas galletas… ¡y a las seis y media de la tarde en el saco! Jajajaja”.

 

 

 

 

David Breashears: “¡Por supuesto que el Everest sigue vivo para el alpinismo!”

2014 diciembre 18

Hillary y Tenzing fueron los primeros en subirlo. Y Messner el encargado de demostrar lo que hasta entonces se creía imposible en el Techo del Mundo. Pero el que de verdad metió el Everest en el salón de las casas de medio mundo, el que lo acercó al gran público, fue David Breashears. Este alpinista, cineasta, explorador, escritor y orador profesional estadounidense de 58 años fue el encargado de transmitir, en 1983, las primeras imágenes de televisión en vivo desde la cima del Everest. Dos años más tarde se convirtió en el primer norteamericano en subirlo dos veces (lo ha escalado cinco veces en total) y en 1996 rodó la primera pelicula IMAX (alta resolución) sobre el Techo del Mundo. Sus más de cuarenta documentales, la mayoría sobre el Himalaya, le han valido cuatro premios Emmy.

Pero sus esfuerzos en los último años se ha centrado en sensibilizar al gran público acerca de las consecuencias del cambio climático en la gran cordillera. Para ello ha creado Glacier Works, una ONG que centra su foco en los glaciares himaláyicos. Una muestra de su trabajo se puede ver durante esta semana del Bilbao Mendi Film Festival en las estaciones de metro de Bilbao: Una serie de fotos comparativas de glaciares en la que se muestra el retroceso que han sufrido en los últimos años.

– ¿Qué es lo que quiere enseñar al público con la exposición de fotos de glaciares?
– Antes de nada quiero dar las gracias con la oportunidad que me ha dado el Mendi Film porque esta exposición es un resumen de todas las que he hecho y es la mejor de todas las que he hecho hasta ahora sobre los glaciares. Reconozco que al principio fui un poco excéptico cuando me dijeron que la exposición iba a ser en el metro, pero luego he comprobado que el metro de Bilbao no tiene nada que ver con lo que es un metro de una gran ciudad como Londres o Nueva York. También fue una sorpresa para mí fue saber que lo ha diseñado Norman Foster y comprobar que está tan limpio. Ha sido fabuloso.
Respecto a la pregunta, yo empece a escalar en 1979 y cuando vas tantas veces al Himalaya es dificil darte cuenta de los cambios que se van produciendo allí. Por eso la exposición está basada en imágenes comparativas en las que se ve la evolución de los glaciares en épocas distintas y muestra la regresión que se está produciendo en ellos por culpa del cambio climático y el calentamiento global del planeta.

– Por qué eligió los glaciares para sensibilizar sobre el cambio climático?
– El momento en el que desperté al problema es cuando en 2007 me pidieron una reportaje fotográfico sobre los glaciares de la cara norte del Everest. Hasta entonces, los científicos que trataban el cambio climático no se habian fijado en el Himalaya, lo hacian solo en los polos, que son sitios remotos donde solo viven los exploradores y científicos y la gente no ve el problema del deshielo. Sin embargo, en el Himalaya es una cordillera poblada, donde vive gente, y rodeada por los dos países más poblados del planeta. Y la rápida regresión de los glaciares lo convierte en un sitio perfecto para hacer llegar al mundo los problemas del cambio climático.
A partir del momento en el que fui a hacer ese reportaje sobre los glaciares y vi el problema decidí que había que hacer llegar a la gente ese problema y concienciarla sobre lo que supone. Las fotos no son solo para el publico, sino que sirven también de herramienta a los científicos, para estudiar la regresión de los glaciares. La zona del Himalaya donde trabajo es una área difícil, remota, fría, sin apenas oxigeno y es difícil llegar hasta allí, así que es un trabajo perfecto para alpinistas con experiencia o sherpas. Para los científicos es difícil estar allí, a pie de glaciar estudiando su evolución, pero mi experiencia de casi una veintena de expediciones trabajando muchas veces a mas de seis mil metros de altitud me permite obtener datos muy valiosos en lugares y latitudes de los que se desconocía toda información científica.

– ¿Cuál es el mensaje que pretende transmitir?
-Sobre todo intentamos llegar a políticos y educadores. Es un proyecto más científico que deportivo. El objetivo es buscar una concienciación en la gente que permita iniciar un debate público y abierto sobre el problema del cambio climático. Nos hemos dado cuenta que la gente esta bastante saturada de imágenes del Antártico sobre el cambio climático. La gente se ha acostumbrado a verlas y ya no tienen efecto. Es una tarea muy difícil porque la alarma lleva sonando mucho tiempo y la gente ha dejado de prestarle atención. Lo que busco es devolverle a la gente la curiosidad, que vea las dos fotos de un mismo glaciar, le llame la atención y se haga preguntas, que se pregunte cuales son las causas de porqué está ocurriendo eso.

– Pero los mandatarios no se deciden a tomar medidas serias. ¿Qué haría falta para que el mundo se tome en serio de verdad el cambio climático? ¿Quizás una gran catástrofe?
– Primero tenemos que fijarnos en la naturaleza humana, que desde hace millones de años, ha sido capaz de responder a las sucesivas amenazas que ha ido teniendo y sobrevivir a ellas. El problema es, y quiero que la gente lo entienda, que el cambio climático no es algo abstracto, sino que se trata de una amenaza real y perceptible. Me gustas poner el ejemplo del tabaco para explicarlo. Si la gente al fumar un cigarro caería fulminado no fumaría nadie, pero al ser algo muy lento y progresivo lo sigue haciendo. Con el cambio climático pasa lo mismo. Al ser algo a largo plazo -en la medida humana, porque en la del planeta no lo es- la gente no ve el peligro real que supone para la humanidad.

– ¿Puede ser entonces un problema de educación?
– Efectivamente, puede que estamos enseñando mal lo que es el cambio climático. La gente se asoma a la ventana y no ve un problema, sino nubes o un cielo azul. Así que lo más importante es crear leyes que permitan una manera de vivir más eficiente, en una sociedad que no use el carbón de una forma tan masiva y en la que las energías alternativas se vayan abarantando según aumente su consumo. Y cuando la gente vea que puede vivir igual de bien se estará empezando a ganar la batalla. Un buen ejemplo es el el río de vuestra ciudad, el Nervión. Hace 50 años estaba mucho más sucio y la gente no se quejaba, pero ahora que está mucho más limpio, seguro que los habitantes de Bilbao no aceptarían que volviese a estar tan sucio como antes.

– ¿Es optimista o pesimista sobre el futuro?
-Ser pesimistas es no tener ninguna motivación en la vida, así que yo soy optimista. Por naturaleza. El hombre tiene la capacidad de adaptarse. Lo ha demostrado desde que existe sobre la tierra, es lo que nos ha permitido llegar hasta aquí y, ahora lo debe de volver a demostrar. El problema es que lleguemos demasiado tarde. Por eso hay que actuar ya. Porque el planeta lleva ya muchos años enviándonos señales de alarma.

– Es uno de los pioneros del Everest en cuanto a popularizarlos con sus peliculas y su escaladas. ¿Se imaginaba que el Everest se podía convertir en lo que es ahora?
– No, desde luego que no. Yo fui por primera vez al Everest en 1981, por la vertiente tibetana. Y eramos la única expedición que había en el campo base. E hice cumbre por primera vez en 1983, por Nepal, y también estábamos solos en el campo base. Escalar en aquellos años el Everest era una actividad casi intima. Yo me convertí ese año en la persona número 137 que pisaba la cima desde que 30 años atrás lo lograran por primera vez Edmund Hillary Tenzing Norgay. Desde luego era inconcebible pensar que apenas 15 años después esa cifra sea superior ya a las tres mil personas, que suman además más de cinco mil ascensiones.

– ¿Qué es lo que ha pasado en ese tiempo para que se haya producido esa evolución?
– Ese cambio se ha producido porque ha cambiado la mentalidad. En esos años, el Everest era un gran desafío pero solo si se escalaba sin oxígeno. Alpinísticamente, sus vías normales no tenían ya interés. Hasta que llegaron algunas agencias y el Gobierno de Nepal vieron el negocio que podría suponer ayudar a gente normal a subir el Everest. Así nació el turismo de alta montaña. Así que entenderás que para mi, que he estado solo en el campo base del Everest con media docena de compañeros, ver que ahora se llegan a juntar más de mil personas en el el ,mismo lugar es difícil de entender.

-¿Sería partidario de establecer algún tipo de limite, de cupo, en el Everest para evitar tanto los problemas medioambientales como de accidentes que producen su masificación?
– El problema es que nunca se ha realizado un estudio serio del impacto que suponen tantas personas y en tan poco espacio de tiempo para la montaña. La basura, por ejemplo, es un problema más estético que mediambiental. El verdadero problema son los residuos humanos y su tratamiento. O que todos los equipos siguen la misma ruta. Además, cada vez hay más gente, porque las expediciones comerciales lo organizan todo tan bien que cada vez hay mas gente que hace cumbre. Y se produce una especie de efecto llamada. Cada vez quiere ir más gente porque cada vez mas gente hace cima. Y todo eso se produce, además, en un periodo muy corto de tiempo, que es cuando la meteo permite los ataques a cumbre, apenas una o dos semanas al año. Lo deseable sería evitar esas concentraciones, intentar repartir a lo largo de más tiempo la presencia de los alpinistas. Pero claro, a los que les tocara los periodos malos meteorológicamente hablando esa solución no les gustaría. Y si a ello le sumamos la importante fuente de ingresos que supone el Everest y el resto de ochomiles para las autoridades locales, que tendrían que ser las encargadas de establecer esas limitaciones, la solución en realmente complicada.

– ¿Como persona que popularizó el Everest no se siente un poco responsable de en lo que se ha convertido el Techo del

Fotos: Luis Ángel Gómez

Mundo?
– Es algo en lo que he pensado muchas veces. Desde luego, la masificación es innegable, pero el icono del Everest siempre ha estado allí. Efectivamente, la película de IMAX ha acercado la montaña a la gente, pero creo que sin ella también se hubiese producido. Es una cuestión de tendencia general, de que a la gente le atrae los retos, y el Everest lo es especialmente.

– Pero es que ha pasado de ser una montaña para alpinistas a serlo para turistas.
– La tecnología ha permitido acercarla a la gente. El material técnico, los equipos de oxígeno son tan buenos y las previsiones meteorológicas tan exactas que casi te garantizan la cumbre. Cuando a alguien le preguntas por qué va al Everest la respuesta el obvia… “¡es el Everest, la montaña más alta del mundo!”. Y cuando le peguntas sobre su capacidad técnica la respuesta es “¿si lo ha subido un ciego, un cojo, un niño o un anciano, porque no voy a poderlo hacer yo?” Y ahí es donde acaba el alpinismo y empieza el turismo de alta montaña.

– ¿Cree que el Everest ha muerto para el alpinismo?
– No. En absoluto. El Everest tiene muchas rutas, en realidad la mayoria, que están a salvo del turismo de altura. El problema es que la roca del Everest es de muy mala calidad y eso limita y hace muy peligroso intentarlo por otras rutas. Pero escalar el Everest sin oxígeno sigue siendo una gran desafío. O hacerlo en estilo alpino. ¡Por supuesto que el Everest sigue vivo para el alpinismo! ¡Y sigue siendo uno de sus desafíos más grandes! Hoy más que nunca, lo importante en el alpinismo no es la cima, sino la forma de llegar a ella.

Jordi Corominas: “Los alpinistas estamos vivos porque somos unos cobardes”

2014 diciembre 17
por Fernando J. Pérez

Jordi Corominas (Barcelona, 1958) es una especie de leyenda viva del alpinismo nacional. Poco amigo del foco mediático –en realidad lo evita como los gatos al agua–, sus logros alpinísticos están rodeados de un halo de misterio que no hace más que engrandecer el mito. Y no son pocos: decenas de aperturas por todo el mundo, muchas en solitario y a montañas vírgenes, con una guinda reservada a los más grandes: la repetición (única hasta el momento) en 2004 de la ‘magic line’, la vía más difícil jamás abierta en el K2. Esta semana ha pasado por Bilbao con motivo del Mendi Film, donde el domingo participó en una charla sobre la escalada en solitario, su especialidad, junto con Hansjörg Auer y Remi Thivel. Su única petición al Festival fue «nada de prensa», aunque finalmente accedió a hablar con EL CORREO.

– ¿Por qué vas solo a la montaña, a escalar? ¿Qué buscas?
– Creo que la pregunta básica es por qué escalamos. Porque te da una serie de satisfacciones, y es algo muy personal. Y la escalada en solitario lleva todo eso al extremo. Casi nunca hay fotos, se habla poco de ello… es algo muy íntimo. Muchas escaladas en solitarias te las guardas para ti. Por eso existe y por eso hay gente que lo hace. Puede ser mas tarde o puede ser antes, pero yo creo que todos los alpinistas hay un momento en el que queremos subir solos a una montaña. Impregnarte mucho más del sitio donde estás. Eso, para lograrlo en su plenitud, tienes que hacerlo solo.

– Algunos definen la escalada en solitario como una especie de ruleta rusa. ¿Estás de acuerdo?

Jordi Corominas charla con Alberto Iñurrategi durante un receso de las proyecciones del Bilbao Mendi Film Festival (Foto: Enrique Moreno Esquibel)

– Por supuesto que no. Podemos estar un poquito trastornados por los efectos de la altitud, pero no llegamos a la locura (sonrisa). Estoy de acuerdo que cuando escalas en solitario discurres por una línea un poco más fina que en otros estilos de escalada. Pero cuando lo haces es porque estás totalmente convencido de que lo puedes haces. Creo que nadie escala para matarse. Y si lo haces en solitario menos aún.

– ¿Te gusta el ‘solo’ pero luego eres guía, que es la antitesis?
– Es la diferencia entre mi hobby y mi trabajo. Lo que pasa en mi caso ambos están en el mismo terreno. Pero son dos cosas totalmente distintas. Está claro que mi mentalidad y planteamiento de las cosas no tienen nada que ver cuando trabajo guiando a gente en la montaña, momentos en el que soy responsable de gestionar su seguridad, a cuando voy yo solo a esa montaña, que busco disfrutar de lo que más me gusta hacer.

– ¿En una sociedad que prima la seguridad por encima de todo, tes siente un poco como un bicho raro?
– Claro que somos unos bichos raros. ¿Y? Para mí al menos no es ningún problema.

-¿Un alpinista en solitario tiene miedo?
– Desde luego que tienes miedo. Y gracias a ellos estás vivo. Los alpinistas estamos vivos porque somos unos cobardes. Pero el miedo es algo que gestionas antes de meterte en la pared o en la montaña. Te concentras de una manera que lo dejas de lado. Antes sí; cuando ves la pared por primera vez o te planteas hacerla dices “ufff…” Pero luego, una vez que te preparas y te conciencias, el miedo queda al margen. Estás tan concentrado mentalmente que no lo sientes. Estás tan metido en lo que vas a hacer que pasa alguien junto a ti y ni te das cuenta. En el K2, por ejemplo, nunca tuve la sensación de miedo. Es algo que no puedes permitirte. Porque en lo único que piensas es en que tienes que salir vivo de allí. El cómo hacerlo te absorbe toda la energía.

– Las estadísticas de muertos entre los que escalan en ‘solo’ es mucho más alta. ¿Tan importante es escalar en solitario como para perder la vida en ello?
– Te respondo con otra pregunta: ¿Tan importante es hacer alpinismo como para matarte? Al final, el ‘solo’ es una modalidad más del alpinismo. Y el alpinismo te gusta porque entraña un riesgo, un reto, una incertidumbre. Son elementos de los que intentas aprender, saber gestionarlos, que es lo que realmente te atrae de este deporte. Esa lucha por hacerlo mejor, por superarnos y superar el reto propuesto. Si supiésemos que nos íbamos a matar ¿para qué ir? Te quedas en casa y ya está. Porque desde luego suicidas no somos.

– ¿Qué papel juega el ego en el alpinismo?
– Siempre se ha dicho que los alpinistas tenemos mucho ego. Pero yo creo que es un poco como la vida misma. A todos nos gusta que nos reconozcan lo que hacemos o que nos den una palmadita. Eso te hincha. Evidentemente muchas escaladas se hacen, en solitario o con compañero, para demostrar que puedo hacerlo o que soy el mejor. Pero cuando esa excusa la usas para hacer escalada en solitario es un juego peligroso. Porque tú tendrás un ego muy grande, pero a las piedras y a las grietas eso les da igual. Es una herramienta que todos tenemos y que sabiendo usarla es muy útil, pero que si vas a escalar solo te lo tienes que pensar bien. Tener la sangre fría de saber por qué lo haces, porque si es para hincharte un poco más, igual acabas explotando.

Jordi Corominas (Foto: Telepress)

– ¿La culminación de ese ir solo a la montaña fue el K2?
– No. El K2 no fue una escalada en solitario. Lo acabe solo por una serie de circunstancias. Hay otras montañas en las que sí he elegido ir solo. En el K2 hubo un trabajo de cuatro personas en el que el punto final, la cumbre, por cosas que pasaron, lo tuve que hacer yo. Y como ya tienes ese habito pues tampoco me costó. Pero no fue una montaña que eligiese yo hacer expresamente en solitario.

– ¿Crees que la escalada en solitario exige más la existencia de pruebas, como fotos u otro tipo de documentación?
– A mí me da absolutamente igual. Ni lo voy a contar ni voy a hacer fotos, Para mí la escalada es una experiencia tan personal que no pienso que después lo tengo que contar a nadie. En todo caso a los amigos tomando una cerveza. Además, voy tan concentrado que ni me acuerdo de hacer fotos.

– ¿Qué escalada es de la que más orgulloso te sientes?
– Hay muchas montañas que tienen su historia para mí. El K2 fue desde luego importante, pero luego igual hay alguna que hice hace muchos años que en ese momento tuvieron un significado muy especial para mí. Mis primeras montañas, por ejemplo, quizá eran mas sencillas, pero me marcaron mucho porque fueron las que me hicieron darme cuentas de lo que me gustaba esto. O con quien has ido… hay factores que hacen que sean muchas las montañas que te marcan o te traen un recuerdo especial.

– ¿Por qué has hablado tan poco del K2?
-No es que haya hablado poco del K2. Es que he hablado poco de todo. El otro día, por ejemplo, me llamaron para hablar de él y le comenté al interlocutor que tengo ocho seismiles en solitario. Y eso nadie lo sabe. Para mi es algo muy personal, y el mundo de la montaña lo veo hoy en día con una parte de imagen y de vender como sea lo que haces que no me gusta nada. No quiero entrar ahí y por eso no hablo de nada de lo que yo hago. Lo cual no quiere decir que no reflexione sobre lo que hago y escriba. Eso es otra cosa.

– ¿Te gusta más escribir?
– Sí, sí. Sin duda. Puedo hablar con un amigo, pero hacerlo a un publico que está ahí, en una entrevista, no me sale. Escribir, sin embargo, sí. Y lo hago pensando en alguien concreto, en un amigo al que se lo estoy contando. Desde luego eso lo leerá mucha gente, pero me resulta más comodo hacerlo con esa idea. Al escribir te metes en tu mundo, cuentas exactamente lo que quieres contar y queda ahí, sin intermediarios. El que quiere lo lee y el que no quiere no lo lee.

– ¿Pero se trata de un problema de comunicación? De publicidad?
– Una cosa es que yo voy, hago algo y lo cuento, pero otra cosa es que hoy se vende demasiado. La gente parece que da más importancia a contar lo que has hecho que a hacerlo. Marco Pretzl comentó hace no mucho que el pertenecía al pequeño grupo de alpinistas que solo cuentan lo que han hecho. Hoy en día hay un mundo alrededor del alpinismo que le hace perder parte de su misterio, de su incógnita.

– ¿Esa concepcion clásica del alpinismo como una actividad personal y de compromiso ha muerto o está en vías de extinción?
– No. Cuando vas al Himalaya o a una gran cordillera y ves todo lo que hay para hacer, o hablas con alpinistas como Thavel o Auer (sus compañeros de coloquio el domingo en el Mendi Film) ves que no. Lo que si es verdad es que siempre será un reducto pequeño. Quererlo hacer grande o convertirlo en algo de grandes medios yo creo que no va con el alpinismo. Pero que existirá ese núcleo de gente?, por supuesto. Y hablo de gente joven, de veintitantos años, así que la sucesión está asegurada. Mientras haya montañas habrá el alpinismo en esta concepción que te digo.

Corominas observa la exposición sobre la Copa Regil de esquí de montaña en la Sala BBK (Foto: Telepress)

– ¿Pero el turismo de montaña no tiene el peligro de comerse el terreno de ese alpinismo del que hablas? Y lo que está pasando en el Everest estos últimos años es el ejemplo más claro.
-Pero eso pasa en todas las montañas famosas. Existe el turismo de montaña desde luego, pero yo acabo de llegar del Nepal, de ir a una montaña que hay cerca del Cho Oyu, en un valle en el que hacía 10 años que no entraba nadie. Hay tal cantidad de montañas que eso no debiera ser un problema. No hay que irse tan lejos, aquí en Euskadi, si vas al Gorbeia vas a encontrar a cientos de personas. Pero seguro que hay un monte cercano, o incluso el propio Gorbeia por otra ruta, donde estás solo y no encuentras a nadie.

– Desde hace un par de años Jordi Tosas y tú trabajáis con Kilian Jornet ¿Cual es vuestro papel en el proyecto ‘Summit of my life’ del corredor de montaña catalán?
– El de ser sus maestros en el tema de la altitud. Enseñarle con nuestras experiencias las claves necesarias para desenvolverse en altitud. él es un corredor de fondo y ha escalado un poco, pero es lo que menos ha hecho y ahora quiere hacer más alpinismo, más montañas altas, y nuestro papel es transmitirle lo que para nosotros es el alpinismo. Que lo logremos o no es otra cosa.

– ¿Qué te parece Kilian Jornet?
– La primera vez que hablamos con él vimos que podía entender nuestro mensaje, nuestra idea de lo que es el alpinismo. Otra cosa es qué va a hacer ahora. Él ha ido logrando récords, pero ahora está en un momento de duda. Tiene que competir,,, este tema de los récords, que se le acaba ahora… Qué va a hacer el año que viene, si va a tender más hacia el alpinismo o hacia la competición. Está en esa encrucijada, pensando “igual me gustaria más hacer alpinismo, pero yo vivo de la competición…”.

– ¿En qué punto está su proyecto de batir el récord de velocidad de ascenso al Everest?
– Está en el mismo punto en el que están los demás récords que ha hecho. El tiene claro que a lo que va a ir al Everest es a batir un récord, no a hacer alpinismo. Él tiene claro que el itinerario será lo más fácil posible y que lo intentará hacer de la forma más autónoma posible. Casi es una escalada en solitario.

– ¿Crees que lo puede hacer?
– Sí. Lo puede hacer. Y de sobra. El problema es que el Everest te da poco margen. Una montaña más baja te da más opciones en cuanto a la meteorología, pero en el Everest tienes uno o dos días, y ese día tienes que encontrarte bien. Y encima ir rápido. Ahí es donde puede estar la duda, que pase algo. Pero si los elementos le respetan, no pasa nada externo y todo va normal, él lo puede hacer. Físicamente, en cuanto a resistencia, es un máquina.

– ¿En el mundo de la montaña Jordi Corominas esta considerado como una especie de gurú. Las pocas veces que habla se le escucha como si lo hiciera el gran oráculo. ¿Te ves a ti mismo así?
-Yo no me veo así, desde luego, pero no es la primera vez que me lo dicen. Gente joven que me sigue… Pero yo no soy ningún gurú de nadie. Quizá eso implica una responsabilidad sobre lo que hago, como lo hago y lo que digo… Igual es que tengo que escalar más en solitario y no decir nada…

 

 

Los Pirineos a la carrera

2014 agosto 12
por Fernando J. Pérez

Cuando llega el verano, la gente comienza a planificar sus vacaciones: playa, montaña, turismo cultural, cruceros… Cada uno elige de acuerdo a sus gustos. Quizás el único punto en común entre todos es el de tomárselas con tranquilidad, sin prisas, sin horarios. Todos menos Zigor Iturrieta (Euba, 1974). Este corredor de ultratrails (carreras de montaña de larga distancia) ha elegido este año una forma singular de pasar sus vacaciones: atravesar los Pirineos desde el Mediterráneo hasta el Cantábrico a la carrera. « Los conozco muy bien; he estado muchas veces, pero quería guisármelo y comérmelo yo solito», explica este vizcaíno que desvela al hablar su profesión de cocinero.

Salida en Cap de Creus.

Y por si hay dudas de la magnitud del empeño, un par de cifras sirven para ponerlo en valor. Son algo más 800 kilómetros de distancia en los que se salvan más de 40.000 metros de desnivel positivo. En realidad, falta una tercera variable para comprobar el mérito del vizcaíno. El recorrido discurre por un sendero balizado, el GR-11, que las guías publicadas recomiendan completar en 40 días. Zigor lo hizo en once. Y además en lo que él mismo denominó ‘regimen de autoasistencia’, «porque a mí lo que me gusta es correr, y si me hubiese planteado hacerlo en autosuficiencia llevándolo todo encima el peso de la mochila me habría impedido hacerlo a la carrera».

Por eso eligió una opción intermedia. No ha contado con colaboradores externos que le transportasen ropa, víveres, etc… y ha utilizado los refugios y albergues de la cordillera para comer y dormir. En la mochila llevaba lo imprescindible: tres mudas («al final de cada jornada me duchaba con la ropa para lavarla y así las iba rotando»), dos mantas térmicas («por si algún día el refugio estaba lleno»), una frontal, un impermeable, la cámara y las barritas energéticas diarias. «En total, tres kilos contando el agua». Un minimalismo en el equipaje que, reconoce, le podía haber costado el reto «si llega a hacer mal tiempo más de tres días seguidos».

Pero no lo hizo y pudo completar un desafío al que quiere restar todo atisbo de competición. «Yo lo he hecho como un desafío personal, no para batir ningún récord (Kilian Jornet lo hizo en 2010 en ocho días con todo tipo de asistencias). Todos los días paraba tranquilamente para comer de plato o un bocata, paraba para grabar vídeos… Eso lo tenía muy claro. Yo había ido a disfrutar», recuerda Zigor, al que la travesía le ha servido también para testar material de su nuevo patrocinador, la firma de equipamiento y ropa técnica Compressport.

Pero esos pequeños ‘placeres’ no han restado un ápice de dureza a su reto. «Por supuesto que ha sido duro. Muchísimo. El primer día llegué a La Junquera dando tumbos porque encima me perdí e hice varias horas de más. La etapa de Andorra es durísima y no sabes lo que sufrí. Y la de Panticosa… sólo pude hacer 40 kilómetros. No sé si fue el agua que bebí de algún arroyo o qué pero cogí una diarrea que se me podía seguir con el rastro… Ese día estuve a punto de irme para casa. O la última jornada, que me debí levantar con el pie izquierdo: primero me caí al cruzar un río y luego pisé una boñiga y también me fui al suelo. Todo rebozado pensé ‘más no me puede pasar, así que ya me puedo ir para casa’».

Una exigencia reflejada en los horarios que hizo: «Yo había calculado entre 8 y 12 horas corriendo cada día y al final me salieron entre 12 y 16». Pero que también le sirvió para descubrir sus propios límites. «Con el paso de los días tu resistencia mejora mucho y lo notas. Al final paraba más por cansancio psicológico que físico. Paraba porque estaba aburrido de correr, todo el día arriba y abajo».
Pero, al final, Zigor se queda con la experiencia personal. «Sin duda le doy más valor al aspecto personal que al deportivo. De lo que más he disfrutado ha sido de la soledad… así he terminado medio pirado», dice con buen humor, y se remite a los vídeos que ha grabado durante la travesía y que ha ido colgando en su cuenta de Facebook. «Creo que reflejan perfectamente lo que he vivido. Ha sido increíble, absolutamente recomendable». Así que espera repetir la experiencia en otras GR’s «aunque no se si podré porque espero familia…».

A falta de flores, ramo de acelgas en la llegada.

Y después de correr ochocientos kilómetros en once días con 40.000 metros de desnivel, cualquier persona pensaría sólo en descansar una buena temporada. Zigor no. Al día siguiente ya se dio una vuelta en bici «para soltar músculos» y todos los días de las vacaciones familiares que está pasando en Bretaña está saliendo a entrenar. «Carga de trabajo ya he hecho, pero ahora voy a ver si cojo un poco de chispa», explica.

El motivo es su participación, a finales de mes, en la Ultratrail del Mont Blanc (168 km, D+ 11.000 m.), la prueba más famosa del mundo. Allí se consagró en 2010 con su tercer puesto, pero quiere sacarse una espina. «Las dos veces que he terminado, de las cuatro que la he corrido, se acortó por las malas condiciones meteorológicas. Quiero hacer el recorrido completo de una vez y cerrar esa puerta, porque a mí me van más las carreras entre 80 y 120 kilómetros o las de varias etapas, en las que recupero bastante bien de un día para otro». Y su Transpirenaica es la mejor prueba de ello.

Alberto Iñurrategi: “El primer valor del alpinismo es volver con vida”

2014 agosto 4

Alberto en la cima del pilar sur (6.080 m).

Cuando las palabras más pronunciadas tras una expedición por tres tipos curtidos en las montañas más difíciles y exigentes del planeta son «peligro» y «límite» es que verdaderamente las han pasado canutas. Y si además se llaman Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, tres alpinistas que si por algo se caracterizan es por su modestia y rigor a la hora de relatar sus actividades, es que la actividad que han realizado tiene un valor alpinístico de muchos quilates: la apertura de una nueva ruta en el pilar Sur del Paiju Peak (6.610 m.), en el Karakorum paquistaní, dentro del proyecto WOPeak.

– Enhorabuena. La pared se ha resistido dos años, pero al final lo han conseguido.
– Bueno, en parte sí. No es lo que habíamos soñado, pero hemos hecho lo que era posible. Ha sido más que suficiente con lo que hemos hecho y, desde luego, estamos muy contentos.

Vallejo y Zabalza en las hamacas en el campo 2.

– ¿Se han quedado con muchas ganas de llegar a la cumbre principal?
– ¡Nooo! A ver. Todo esto nació de una línea que trazó Mikel en una foto. Y a partir de ahí nos marcamos el objetivo de llegar a la cima del Paiju Peak. Yo creo que los tres tenemos una forma de entender la montaña que implica acabar en la cumbre. Luego, una vez metidos en la pared, nos dimos cuenta de que ya el hecho de escalar la pared era un objetivo en sí mismo y además muy ambicioso. Y una vez que llegamos a la cumbre del pilar vimos que continuar sería un suicidio, algo sin ningún sentido. Por eso lo que hemos hecho nos ha dejado por un lado con la conciencia muy tranquila, pero por otro con la sensación de un sueño no cumplido, aunque es algo con lo que uno tiene que contar cuando se adentra en lo desconocido. Las cosas pocas veces salen como uno piensa cuando traza el plan sobre una foto. Así que valorando todo eso estamos encantados.

– ¿Se han encontrado en la pared lo que esperaban?
– Mi conclusión es bastante autocrítica. Habiendo estado el año pasado, en este nos ha pillado de sorpresa, con los calzones bajados, las condiciones que hemos encontrado. No las esperábamos tan malas, tan duras y difíciles. Esta es una montaña que coge mucha nieve y hielo y luego al ser una vertiente sur y no ser una montaña muy alta el hielo se transforma enseguida y la pared está drenando continuamente. El avance ha sido mucho más difícil de lo que preveíamos, con hielo, fisuras mojadas y caída de hielo y rocas continuamente. En ese sentido no hemos sido lo suficientemente previsores basándonos en la experiencia del año pasado y nos ha pillado un poco de sorpresa.

Los tres alpinistas con el pilar su detrás celebrando la ascensión.

– Parece que al final abrir ese pilar ha sido una cabezonería.
– Lo que pasa es que estas condiciones y esos problemas te los vas encontrando según vas ascendiendo. Y siempre con la esperanza de que el día siguiente será mejor y de que la pared estará en mejores condiciones. De que estaremos más protegidos y de que todo comenzará a ir sobre ruedas. Pero al final lo hemos vivido con mucha tensión. Y eso que afortunadamente los campos de hamacas los hemos podido situar en lugares seguros y esa protección al menos nos permitía dormir más o menos tranquilos. Pero durante el día ha habido secciones de la pared por las que pasábamos con mucha tensión. Y si esa situación se prolonga durante diez días de escalada, mentalmente es agotadora.

– O sea que se trata de una pared no sólo exigente técnicamente sino peligrosa en sus condiciones.
– Si, peligrosa por la continua caída de piedras y hielo y comprometida por la posibilidad que siempre existe en el Karakorum de un cambio rápido de tiempo. A partir de la mitad de la pared, la retirada habría sido muy peligrosa porque en seguida se transforma la nieve y la pared empieza a purgarla por todos los sitios. En ese sentido, esta pared es un ‘big wall’, pero con muchos elementos alpinos. No es una pared vertical o desplomada limpia donde más o menos estás protegido. Aquí hay neveros, en la parte de arriba del pilar hay cornisas que están desprendiendo continuamente hielo. Tiene un ambiente muy alpino. Luego, además de contar con secciones muy tiesas y de roca extraplomada, también tiene sus neveros donde hay que escalar a veces en hielo a veces en nieve… No es un ‘big wall’ como los que puedes encontrar en las Torres del Trango, con líneas directas y un peligro objetivo menor. Aquí hemos encontrado con elementos que te encuentras mas en paredes alpinas que en los ‘big wall’.

Mikel escalando el último largo antes de acceder a la arista cimera del pilar.

– Y esa peligrosidad quedó confirmada con el accidente de Juan. ¿Cómo sucedió?
– Fue mala suerte, pero a la vez una suerte extraordinaria. Saliendo el último día del campo de hamacas nos cayó un desprendimiento, que no sabes si es hielo o rocas hasta que te pasan al lado. Te pones a cubierto en cuanto oyes el silbido de las piedras al caer, pero esta vez una de ellas, del tamaño de una caja de zapatos, le dio a Juan en el hombro izquierdo. Pero que le podía haber dado en la cabeza y haberlo dejado tieso.

– ¿Cómo es la pared técnicamente?
– Al final han salido 35 largos para salvar un desnivel de 1.100 metros y aquí me dejo llevar por la opinión de Mikel, que tiene mucha más experiencia en este terreno. Y dice que hemos escalado hasta una dificultad de A3 en artificial, hasta 6b en libre y hasta M5 en mixto. En libre hemos escalado poquísimo, porque las condiciones no nos lo han permitido. O por hielo y nieve o porque la roca estaba empapada. Ha habido momentos en los que bajaban ríos por las fisuras y eso nos ha impedido escalar todo lo que hubiésemos querido en libre. Nos hemos puesto los pies de gato apenas en un largo cada uno, dos como mucho.

– ¿Es la escalada más difícil a la que se han enfrentado?
– Mikel dice que es lo más difícil que ha hecho en escalada en paredes grandes. Y eso saliendo de su boca creo que ya da una idea de la dificultad. Yo, que no tengo tanta experiencia en estas paredes y no soy el más indicado para hacer una valoración en ese sentido, lo que sí puedo decir es que en este tipo de terreno es lo más difícil que yo he hecho. Pero también te digo que no es ni lo más peligroso ni lo más difícil que he hecho. Creo que no se puede comparar con otras actividades como la travesía de los Broad Peak de 2011 o lo que hice en el Annapurna con Jean Christophe Lafaille en 2002. Son actividades tan diferentes que se me hace complicado compararlas.

Juan asegura a Mikel en otro momento de la escalada.

– ¿Cuando la han definido como una escalada al límite a que se referían?
– A la parte física. Ahí sí que hemos estado muy al límite. Han sido 10 días muy duros, sin descanso. Muy exigentes. Todos los días jumareando con peso, subiendo petates, escalando diez y doce horas todos los días, mal alimentados y mal hidratados… La suma de todo es que ha supuesto un deterioro físico impresionante. En este sentido sí creo que hemos andado muy cerca del límite.

– ¿Cree que no se puede llegar a la cumbre desde el pilar?
– Nosotros en ningún momento hemos dicho eso. Lo que decimos es que es algo que no tiene ningún sentido por el peligro que encierra. Corres más riesgo de no volver que de hacer cumbre y regresar y creo que el primer valor del alpinismo es volver con vida. Cuando uno ve una cosa tan fea y peligrosa y tan sin sentido lo normal es quedarse en la cabeza del pilar, como se quedó en 1984 la cordada italiana que abrió la arista oeste. Considero que el Paiju ofrece otras aristas y vertientes mucho más naturales y atractivas y con más sentido para alcanzar la cumbre principal que esta vía.

Fotos: Expedición WOPeak

 

 

 

Imagen nocturna del pilar sur con la tienda del campo 1 iluminada.

En el territorio de los dioses

2014 julio 23

Imagen nocturna de la imponente cara sur del Paiju Peak con la tienda del campo 1 iluminada en primer plano.

Los habitantes de los pueblos que se desperdigan por las laderas del Himalaya y el Karakorum consideran a las gigantescas montañas que se alzan sobre sus cabezas territorio sagrado. Es el lugar donde descansan los dioses. Unos paisajes virgenes tan bellos como inhóspitos, reservados a deidades y abonados a las leyendas. Por eso y por mucho más, las sensaciones que siente un escalador cuando progresa por

Mikel Zabalza, Juan Vallejo y Alberto Iñurrategi, en la tienda del campo 1.

un lugar nunca pisado por un ser humano son únicas. Y es justo lo que están viviendo Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza en la cara sur del Paiju Peak (6.610 m.), en el Karakorum paquistaní.
El problema es que, enfrascados de lleno en la escalada, la vertiente metáfisica de la hazaña se queda en el fondo de la mochila. Ahora se trata de ganarle cada metro a la pared vertical de mil metros en la que están metidos. De momento ya han sumado 800 para situarse a 5.800 metros, donde han ubicado el campo 3.

El sábado llegaron al C1 (5.200), tras la ya familiar pedrera rompepiernas de 1.800 metros de desnivel, y el domingo, cargados de nuevo «como mulas» ascendieron al C2 (5.500 m.). Hasta ahí habían equipado la pared en su anterior incursión. «El lunes avanzamos muy poco. Nos encontramos con mucho hielo por encima del C2; pasamos por fisuras taponadas de hielo, chimeneas muy lisas con hielo malo donde apenas podíamos agarrarnos. La escalada en hielo es

Metidos de lleno en el pilar, escalando entre los campos 1 y 2.

extenuante, técnicamente difícil e inestable. Son de los largos de escalada más horribles que he visto en mi vida», explica Zabalza vía satélite. Y no lo dice un cualquiera, sino el actual director del Equipo español de Jóvenes Alpinistas, probablemente el escalador español en activo con mejor currículo.

«Hoy (por el martes) hemos llegado al campo 3, que estará entre los 5.700 y 5.800». «Hemos hecho 5 largos de escalada en roca muy verticales. Esa parte alta de la pared es muy vertiginosa y no había una sola pequeña repisa para las reuniones; las hemos hecho en estribos, todo el tiempo colgados. Mañana (por ayer) trasladaremos el campo de los 5.500 a esos 5.800 metros y el jueves y viernes (por hoy y mañana) intentaremos llegar al final del pilar». Luego les quedarán otros seiscientos metros de terreno mixto (hielo nieve y roca) en los que tendrán que emplearse con crampones y piolet, hasta la cima de la montaña de la sal, significado de Paiju Peak.

Cruzando el glaciar camino de la pared.

No hay tiempo para más. «Cierro el teléfono». Hay que dosificar las baterías. Y todo lo demás. Es la servidumbre de escalar en estilo ‘cápsula’. Una vez que te metes en la pared ya no vuelves al campo base hasta dar por finalizada la escalada, regreses o no con la cima. La expedición WOPeak entró en ella el 19 de julio con un plan (comida, equipo y baterías) para doce días. Ya han consumido la mitad. A partir de mañana todo será una cuenta atrás con escaso margen para contingencias que supongas un retraso. Especialmente la meteorología. Así que «en dos días mandadnos otro parte meteorológico» es la última frase de Mikel antes de enmudecer el teléfono satélite y quedarse a solas con los dioses.

 

Fotos: Expedición WOPeak

Alex Txikon cambia los ochomiles por la paredes verticales del Trango

2014 julio 22

La tranquilidad apenas le ha durado mes y medio a Alex Txikon. Si se puede definir así a unas vacaciones consistentes en circunnavegar Menorca en kayak. El caso es que apenas 45 días después de volver del Kangchenjunga, el alpinista de Lemoa ya está inmerso en un nuevo proyecto. Cambia la altitud extrema de la tercera montaña más alta del planeta por la verticalidad de la pared con más desnivel del mundo: los dos mil metros de la Gran Torre del Trango (6.286 m), la principal aguja de las conocidas como Torres del Trango, en el corazón del Karakorum paquistaní, hacia donde partirá el jueves.

Las Torres del Trango. De izquierda a derecha, la Torre Monk, la Torre Sin Nombre y la Gran Torre.

Hay paredes más altas, sobre todo en los ochomiles, pero no son tan verticales como las del Trango. Así que este conjunto de agujas a orillas del glaciar del Baltoro son una especie de meca para los escaladores de grandes paredes de todo el mundo. Un lugar al que tienen que ir, al menos, una vez en su vida.

Las Torres del Trango son un grupo de vertiginosos picos y agujas de granito verticales que se elevan en la cordillera del Karakorum (Pakistán) por encima de los seis mil metros de altitud.

Las Torres forman parte del macizo del Trango, que se sitúa al Norte del glaciar del Baltoro, y flanqueadas por el glaciar del Trango (Oeste) y el glaciar Dunge (Este). La máxima altura que alcanza dicho grupo son los 6.650 metros del pico Kruksum Sur pero el interés recala un poco más al Sur, en las llamadas Torres. La mayor de ellas, llamada Gran Torre del Trango, alcanza los 6.286 metros y a su alrededor se encuentran otras como la Torre Sin Nombre (6.257 m), o la Trango Monk (6.150 m).

Las Torres del Trango ofrecen algunos de los acantilados de roca más grandes y difíciles de escalar en el mundo,, algunos de los cuales superan los 2.000 metros de desnivel. Sin embargo, entre ellos destaca la considerada caída vertical más abrupta y alta del mundo: la cara Oeste de la Gran Torre del Trango y sus 1.500 metros de pared vertical. Sus paredes son de una verticalidad casi absoluta (90º).

Pero como sucede con todas las montañas del Karakorum, el gran reto de la Gran Torre no son solo sus 6.286 metros de altura y la verticalidad de sus paredes, sino también la combinación entre falta de oxigeno y lo expuesta que está a las inclemencias del tiempo, algo que se acentúa aún más en la vertiente Noroeste.

La Torre Sin Nombre fue escalada por primera vez en 1976. La Gran Torre registró su primera ascensión en 1977 por los estadounidenses Galen Rowell, John Roskelley, Kim Schmitz, Jim Morrissey y Dennis Hennek por una ruta que comenzaba en la cara oeste (Trango Glacier), y subía por una combinación de largos de hielo y roca, finalizando en la cumbre Sur.

Mapa del Karakorum paquistaní. Las Torres del Trango están al norte del glaciar del Baltoro, la ruta de acceso a los ochomiles del Karakorum.

La cara Este de la Gran Torre fue escalada por primera vez en 1984 por los noruegos Hans Christian Doseth y Finn Daehli, que murieron en el descenso. Los primeros que subieron y bajaron fueron Xavier Bongard y John Middendorf en 1992, por la via The Grand Voyage, una ruta paralela a la que subieron los noruegos. En su día estas dos escaladas estuvieron consideradas como dos ‘big-wall’ más dificiles del mundo.

La actividad española en la Gran Torre se remonta a 1990, cuando Guillermo Bañales, Fernando Cobo, Jon Lazcano y Máximo Murcia abren Banana Mango Mix y se quedan a pocos metros de la cumbre, tras 16 largos (2.400 m., 6c/A2).

En el año 1992, los australianos Nic Feteris y Glenn Singleman escalaron hasta la cumbre de la Gran Torre del Trango y una vez allí se lanzaron en salto BASE desde una altura de 5.955 metros desde la cara Noroeste, aterrizando en la cara norte del Glaciar Dunge a 4.200 metros. Durante varios años, este salto BASE fue el realizado desde más altura del mundo.

Pero volvamos al proyecto de Alex Txikon, que contará en esta ocasión con dos expertos compañeros en el mundo vertical, el escalador navarro Ekaitz Maiz y el especialista catalán en escalada artificial David Palmada ‘Pelut’.

Alex y sus dos compañeros han fijado su objetivo en la principal de las Torres: la Gran Torre del Trango. Y más concretamente la vía Parallel World (2.580m, VI+, 7b, A3) abierta en 2011 en su cara Noroeste por las ucranianas Marina Kopteva y Anna Yaniskaya y la rusa Galina Chibitok. Una vía de exigencia y dificultad extremas que les valió para convertirse en la primeras mujeres en recibir el Piolet d’Or de Rusia, el máximo galardón del alpinismo en ese país.

Itinerario que sigue la vía 'Parallel World' por la cara Noroeste de la Gran Torre.

Marina Kopteva, Anna Yaniskaya y Galina Chibitok empezaron a trabajar su nueva ruta en la Gran Torre del Trango el 22 de julio, e hicieron cima el 25 de agosto de 2011, tras haber superado 2.000 metros de desnivel y haber recorrido un itinerario de 2.580 metros de hamacas. No regresaron a su campo base hasta el 29 de agosto, 38 días después de haber iniciado la escalada.

La ruta consta de cinco partes y, según las protagonistas: “Los primeros 18 largos son muy agradables, con escalada fácil en torno al 6a y buenas secciones de A2. Le sigue el primer bastión, con sistema de fisuras que se interrumpen. Una cresta muy simple, pero dura por el tiempo que sufrimos, con tormentas, hielo y poca visibilidad. Las cuerdas se cubrían de hielo. Seguimos por unas pendientes de nieve y hielo sencillas y nada peligrosas. Y finalmente un segundo bastión mucho más duro técnicamente que el primero”, según explicó Kopteva tras la realización.

La alpinista ucraniana destacó especialmente el mal tiempo que padecieron, que incrementó notablemente las dificultades de la vía: “Desde los 5.500 metros, el tiempo empeoró; parecía un invierno real. Todos los días llovía, hacía frío, teníamos miedo, los pies y las manos ni las sentíamos… Llegando al segundo bastión sufrimos tormentas de nieve. Fisuras heladas, secciones mixtas, dificultad para poner seguros, cima con tiempo asqueroso… Menos mal que al lado estaban escalando unos moscovitas que nos apoyaron con sus ánimos”.

Tras la apertura protagonizada en el verano de 2011 por Marina, Anna y Galina, la vía Parallel World nunca ha vuelto a escalarse, por lo que Alex Txikon, Ekaitz Maiz y Pelut intentarán la primera repetición.

De todas formas, Ekaitz Maiz explicaba durante la presentación de la expedición, realizada ayer en Bilbao, que aunque su objetivo inicial es la vía Parallel World, no descartan intentar otra y las condiciones de esta no son las más adecuadas. “Vamos con la idea de hacer la ‘Parallel World’. Nos gusta mucho su estética y su dificultad técnica y hemos hablado varias veces con sus tres aperturistas para conocer más detalles de ella, pero hasta que no lleguemos al pie de la montaña y veamos las condiciones en las que se encuentra la pared no decidiremos. Si no son las adecuadas no descartamos hacer otra vía, como ‘Bushido’ [1.960 m, A4, VII+, VII big wall, abierta en 2013 por los polacos Marek ‘Regan’ Raganowicz y Marcin ‘Yeti’ Tomaszewski], también en la cara Noroeste, o incluso abrir una nueva”.

Las características tanto de la vía como de la pared -“sin una sola repisa en la que montar una tienda de campaña”– obligarán a Alex, Ekaitz y Pelut a realizar la escalada en estilo cápsula (con hamacas de altura para dormir y sin retornar al suelo una vez que se internen en la pared) y calculan que les llevará entre 20 y 25 días. Esta circunstancia hace de la logística de la expedición uno de sus elementos más importantes, ya que deberán ascender con los cerca de 200 kilos de material que precisan tanto para la escalada como para sobrevivir en la pared durante tantos días.

Alex Txikon, que confía en que las congelaciones sufridas en el Kangchenjunga, aún sin curar del todo, no le causen problemas durante la escalada, incidía precisamente en este extremo. “En una expedición de este tipo la logística es una de las claves para su éxito. Son muchos días en la pared y debemos de medir muy bien lo que llevamos ya que cargar pared arriba con 200 kilos de material es una de las grandes dificultades del proyecto, casi tanto como la propia escalada. Aquí la experiencia de Pelut en logística de expediciones de este tipo ha sido fundamental”.

Una de las grandes novedades de la expedición es que los alpinistas realizarán conexiones en directo vía ‘streaming’ en las que relatarán y mostrarán su día a día en la pared e incluso pretenden retransmitir momentos puntuales de la escalada. Estas conexiones se podrán seguir tanto en la página web de Alex  como de la empresa de tecnología K35 , encargada de todo el soporte técnico de la expedición.

Los compañeros de Alex Txikon

Ekaitz Maiz

Nacido de Pamplona hace 34 años, Ekaitz Maiz comenzó a practicar la escalada hace 20 años, cuando apenas tenía 12, con su padre, en la arista del Txindoki y ya nunca paró. Él mismo asegura que le gustan “todos los aspectos de la montaña. No me dedico en exclusiva a la escalada deportiva, al búlder, o al alpinismo. Me gusta lo bueno de cada uno”. Así que su logros como escalador abarcan todas las especialidades. Y en todas ellas, por cierto, alcanzando un alto nivel de dificultad.

En escalada deportiva ha encadenado varios 9a (el primero Begi puntuan, en Etxauri), y a vista varios 8b, comenzando por Karma, en Lezaia). En bloque ha llegado a una propuesta de 8B+, Harribizi harribitxi.) En pared destacan Agur eta ohore (330m, 8a, Torre de Marboré), El Pilar del Cantábrico (500m, 8a+, 6b/A2+, Pico Urriellu) o Koldarren infernua (8a+, Foz de Burgi). En alpinismo tiene la apertura de Harritxoriak, WI5, M8 y 6c, Candanchú)…

En la actualidad, Ekaitz trabaja en el departamento industrial de Techrock y se dedica al montaje de estaciones meteorológicas.

Estas son las vías de dificultad 9a en deportiva que ha escalado Ekaitz:

  • Begi Puntuan (Etxauri, 2007) 
  • Sistematik ihes (Aizpun, 2008)
  • Basapiztien Eremua (Etxauri, 2009)
  • Harri Gosea (Etxauri, 2013)

David Palama ‘Pelut’

Pelut, como él prefiere que le llamen, nació en Manresa hace 41 años, es un mecánico de motos de carreras (ha participado 16 veces en el rally Dakar como asistente) enamorado de la escalada artificial extrema en grandes paredes, modalidad en la que está considerado como uno de los mejores del mundo.

En los últimos años ha repetido algunas de las vías de artificial más complejas del planeta:

  • Tramuntana (A4/7a) en el Picu Urriellu.
  • Intifada (A6) en Fisher Towers (EE UU).
  • El mirall impenetrable (A5) en Montserrat. 
  • Al infierno con el diablo (A4/6b) en el Peñon de Ifach.

Además, ha protagonizado algunas de las aperturas más difíciles de los últimos años, también en artificial:

  • Brothers on the wall (A5/6B) en Montserrat.
  • Ojú Peligru (A6+) en las Fisher Towers (EE UU). Premio FEDME 2009.
  • Sensacions (A4R/C3/6c+/M6/70º/VI 1.400m) en Mirror Peak (Baffin, Canadá). Premio FEDME 2010

Jabi Domínguez (ganador Hiru Haundiak 2014): “Dicen que esto es una bestialidad, pero lo hacemos dentro de unos límites placenteros”

2014 junio 23
por Fernando J. Pérez

Dado su interés, a continuación reproduzco la entrevista del compañero de EL CORREO de Álava Iñigo Miñón a Jabi Domínguez tras su victoria en la Hiru Haundiak 2014:

 

IÑIGO MIÑÓN
VITORIA. De lunes a viernes trabaja en un centro tecnológico; los fines de semana, corredor de ultratrails de montaña, una exigente disciplina deportiva en auge –carreras de larga distancia por la montaña–. «Lo compagino bien», dice Jabi Domínguez, un vitoriano de casi cuarenta años –los cumple el día 5 de agosto– que el pasado día 14 ganó la mítica Hiru Haundiak, un recorrido de 100 kilómetros a través del Gorbeia, el Anboto y el Aizkorri que terminó en 11 horas y 15 segundos. Su próximo reto está en Chamonix (Francia), el Campeonato del Mundo de la modalidad, otros 80 kilómetros con apenas dos semanas de recuperación. «No es lo más recomendable y no estaré al cien por cien, pero trataremos de hacerlo lo mejor posible y disfrutar», subraya el alavés.

– Récord personal y la Hiru Haundiak al bolsillo. Reto superado.
– Me hace mucha ilusión, es una prueba mítica. Hace dos años quedé segundo, pero con Iker Carrera en la prueba es como ganarla, porque él está a otro nivel. Aquello fue como un triunfo para mí, pero tener la txapela me hace una ilusión especial.

– Solo a partir de Otxandio, encadenó sin compañía el Anboto y el Aizkorri. Una carrera contra sí mismo.
– Yo las ultras las afronto así, a mi ritmo, si la gente me sigue bien y si no, también. Estoy acostumbrado a ir solo y no me supone ningún problema. Y al revés igual, si hay gente que lleva más ritmo y no puedo seguirle, no fuerzo. Yo en carrera pienso en mí, en mis cosas, y así puedo estar horas y horas.

– ¿Y qué piensa uno al correr por el monte de madrugada?
– De todo, hasta cosas del trabajo. Se te va la cabeza a muchos sitios, incluso hay veces que piensas qué haces pensando en eso. Generalmente son cosas positivas, te quedas con el paisaje, con imágenes bonitas, buscas la luna, sitios chulos… En algún tramo que no había mucho arbolado incluso apagué el frontal y corrí sólo con la luz de la luna, que me encanta.

– ¿Hay algún momento de dudas, miedos…?
– A veces flojeas un poco, en este tipo de carreras siempre hay altibajos. Intentas controlar el ritmo, buscar alguna referencia… Siempre hay alguna duda, pero bajas un poco el pistón, vuelves a recuperarte y cada vez tienes más seguridad. En ésta, cuando ves Araia ya lo tienes.

– ¿Cuál es el momento más complicado de esas once horas?
– El estómago nos suele dar problemas a casi todos. Comes algo y notas que te da vueltas, siempre tienes el miedo de que se te cierre, no puedas comer nada y te entre el pajarón. Entonces, apaga y vámonos. Unos ratos estás mejor y otros peor. Nunca sabes cuándo has tocado fondo y luego subes de nuevo. Se trata de que la diferencia entre los dos picos no sea muy grande.
«Sigue siendo un ‘hobby’»

– Lo que empezó siendo un ‘hobby’ ahora es una dedicación. ¿Se ajusta a su realidad?
– Sigue siendo un ‘hobby’, pero es un ‘hobby’ al que cada vez dedicas más tiempo. Si tienes resultados te motivas más. Cualquiera puede tener aficiones y mucha gente les dedica tiempo. En mi caso, me involucro bastante, me gusta, pero trato de que no trascienda más allá y reste en otras parcelas de mi vida. Sé dónde están mis límites.

– Alguien que hace un tercer puesto en la Ultra Trail del Mont Blanc ya no es un aficionado…
– Ya dije que entonces se alinearon todos los astros a mi favor, que no sabía ni si lo merecía. Sigo sin verme a la altura de los grandes, pero salió todo muy bien, hice buenos tiempos.

– ¿Cómo empieza su relación con las carreras de montaña?
– Yo empecé a correr casi por cabezonería, quería demostrarme que era capaz de hacer una maratón de asfalto. Yo de joven jugaba al fútbol, hice algo de escalada… Y estuve años sin hacer nada más que alguna pachanguilla con los colegas. Al llegar a los treinta, con la crisis de los treinta (ríe), me propuse hacer una maratón de asfalto. Después probé la montaña y ya no hubo marcha atrás. No hay color, es mucho más interesante y más gratificante. Hice una de 30 kilómetros, una de 40, los ultras…

– ¿Cuántas horas semanales le dedica a su preparación?
– Depende del punto de forma, del momento de la temporada. No llevo la cuenta, échale diez o quince horas. Me pongo un poco de acuerdo con el equipo (Team Vibram), me plantean las pruebas, les comento mis ideas y planifico.

– ¿Ha cambiado mucho el ambiente de la montaña, de este tipo de carreras, cada vez más profesionalizadas?
– La principal diferencia es que cada vez corre más gente. Y cada vez hay atletas más preparados, más competitividad por bajar tiempos, más carreras… Los montañeros más clásicos quizás sean reacios a todo esto, unos lo verán bien y otros mal. Es otra forma de vivir el monte, corriendo, sea en carrera o no. Cada uno hace lo que le gusta.
«Lo disfrutamos»

– ¿Cuántas veces le han dicho que está loco?
– Siempre, todo el mundo. Te dicen que hacer 100 kilómetros de noche es de locos. Tú sabes lo que es correr de noche, ellos no, hasta que no lo conoces no sabes la satisfacción que tienes. Como cualquier otra cosa que cuesta hacer, es muy gratificante, como quien hace un puzzle de 20.000 piezas.

– ¿Y cuál ha sido su ‘locura’ más grande?
– Por kilómetros serían las 100 millas de Gipuzkoa y la Ultra del Mont Blanc, que serán similares, unos 167. Por dificultad, quizás la travesía de los Picos de Europa, son 84, pero es la más técnica, de lo más duro que hay. Si tuviera el doble sería casi imposible. Pero esto lo hacemos porque nos gusta, hay límites que no sobrepasas, puedes estar más o menos cansado, pero si estás agonizando paras y ya está. Dicen que es una bestialidad, pero lo hacemos dentro de unos límites que consideramos, digamos, placenteros. Y lo disfrutamos.

Jabi Domíguez durante la ascensión al Aizkorri. (Foto: Hiru Haundiak)

 

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