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Los ochomiles de Pakistán viven su verano más negro

2013 agosto 19
por Fernando J. Pérez

Chungfeng Yang (44 años), el civil chino con más ochomiles escalados (12), incluyendo una repetición al Everest; Ali Hussain (24 años), natural del valle de Hushe (Pakistán) y cocinero de expediciones; Xevi Gómez (37), gerundense casado y con dos hijos; Artur Hajzek (51), leyenda del alpinismo polaco especializado en escaladas invernales; Zdenek Hruby (57), también padre de dos hijos y con ocho ochomiles en su haber; Marty Schmidt (53), guía de montaña californiano afincado en Nueva Zelanda y con siete ochomiles ascendidos; su hijo Denali (25).

Chungfeng Yang

¿Qué tienen en común estas siete personas? se preguntará el lector. Todos ellos han compartido un dramático destino este verano. Han perdido la vida en los cinco ochomiles que acoge Pakistán: K2, Nanga Parbat, Broad Peak, Gasherbrum I y Gasherbrum II. Son siete de los 22 montañeros que en los últimos dos meses, los que dura la temporada de ascensiones, han enterrado sus sueños en la cordillera más abrupta y salvaje del planeta. Una temporada negra que será recordada como la más mortal desde que en 1985 Albert F. Mummery y los dos gurkha que le acompañaban fallecieron en las laderas del Nanga Parbat buscando una ruta hacia su cumbre. El británico y sus dos soldados abrieron una trágica cuenta que suma ya 225 muertos en las cinco montañas de más de ochomil metros que hay en Pakistán.

La temporada se truncó nada más empezar. En un hecho sin precedentes en el mundo del alpinismo, un ataque terrorista al campo base del Nanga Parbat el 23 de junio costaba la vida a once personas. Un comando talibán disfrazado de montañeros ascendió hasta el campamento y tras reunir a los escaladores los ejecutaron a sangre fría. Las víctimas fueron 3 chinos, 3 ucranianos, 2 eslovacos, un sherpa, un lituano y un joven cocinero pakistaní al que creyeron de una etnia rival. Le preguntaron su nombre, y cuando respondió que se llamaba Ali Hussain le pegaron un tiro en la cabeza. La tragedia pudo ser mucho mayor si la mayoría de los alpinistas y sherpas de la media docena de expediciones que se habían marcado el Nanga Parbat como objetivo, casi una treinta, no llegan a encontrarse en los campos de altura de la montaña.

La noticia apuntilló la temporada alpinística en el Karakorum. Las expediciones al Nanga Parbat fueron suspendidas, salvo una que se encontraba en la vertiente opuesta a la del lugar de

Xevi Gómez, con un grupo de niños durante la arpximación al G-I

la tragedia. La cumbre que lograron 19 de julio se la dedicaron a los fallecidos. Muchas de las que iban a ir al resto de ochomiles anularon sus planes, además, por supuesto, de prácticamente todos los treking previstos. No hubo reproches. No podía haberlos. El miedo es libre. Las palabras del finlandés Samuli Mansikka tras abortar su expedición al G-I reflejaron el sentir general: «Aceptamos exponernos a posibles accidentes de escalada, avalanchas, mal tiempo… Pero ser asesinado por extremistas no forma parte de nuestro deporte».

Prácticamente, los únicos alpinistas que siguieron adelante con sus planes fueron los que ya estaban en los campos base o se encontraban inmersos en las marchas de aproximación. Apenas cuatro o cinco expediciones al Broad, G-I y G-II, cuando lo habitual es el doble y hasta el triple, y tres expediciones al K2.

Las estadísticas dicen que la segunda montaña más alta del planeta es también una de las más peligrosas, mientras que sus hermanas menores Broad Peak, G-I y G-II son de las más ‘seguras’. Este año, sin embargo, los acontecimientos se han empeñado en contradecirlo. El Broad, con cuatro fallecidos, y el G-I, con cinco, han batido su récord de muertos en una temporada. Solo el G-II ha mantenido su reputación como el ochomil con el menor índice de fallecidos (una veintena frente a casi mil ascensiones) y no ha vivido accidentes.

Las desgracias comenzaban pronto en el Broad. A principios de julio, la alemana Dana Heide (38 años) fallecía al caer en un torrente glaciar cuando volvía del campo 3. Pero el ‘Pico Amplio’ aún se reservaba su mayor tragedia. El 16 de julio, el planeta alpino se congratulaba con la cumbre lograda por tres escaladores iraníes tras abrir una nueva ruta en la cara suroeste. Era la actividad más importante de la temporada en el Karakorum. Pero las celebraciones dieron paso inmediatamente a la preocupación ante los problemas de Aidin Bozorgi, Pouya Keivan y Mojtaba Jarahi durante el descenso por la ruta normal. Se extraviaron y siguieron una arista equivocada que les llevó a un callejón sin salida cerca de la cota 7.500. Tras varios días de infructuosa búsqueda, finalmente fueron dados por muertos.

Memorial en recuerdo de Xevi Gómez, Álvaro Paredes y Albel Alonso

El tercer foco negro de este año en el Karakorum estuvo en el Gasherbrum I o Hidden Peak, que a comienzos de julio se cobraba su primera víctima. El polaco Artur Hajzer sufría una caída en el Corredor de los Japoneses, el tramo más técnico de la ruta normal, tras abortar su ataque a cumbre debido a una ventisca. Hajzer era uno de los himalayistas más destacados de Polonia. Su palmarés, que incluye siete ochomiles principales, está plagado de aperturas e invernales, entre las que destaca la primera invernal al Annapurna, junto a Jerzy Kukuczka, en 1987, y nuevas rutas al Manaslu (1986), Shisha Pangma (1987) y Annapurna Este (1988).

Pero la mayor tragedia en el Pico Oculta estaba aún por llegar. En la madrugada del 21 de julio, los alpinistas españoles Abel Alonso, Alfredo García, Xevi Gómez, David López y Álvaro Paredes partieron del último campo de altura hacia la cima. A cien metros de ella, Alfredo y David decidieron darse la vuelta ya que era tarde y el tiempo estaba cambiando. Abel, Xevi y Álvaro siguieron adelante y sobre las tres de la tarde llegaron a la cumbre. La peor de las previsiones se confirmó y durante las siguiente horas el tiempo empeoró. David y Alfredo se separaron y mientras el primero lograba alcanzar el campo 1, el riojano se extravió y pasó una noche al raso. Al día siguiente, pudieron darle por teléfono satélite las coordinadas del campo 3, en el que aguantó tres días antes de ser rescatado. Para entonces, ya se había perdido todo rastro de Abel, Xevi y Álvaro y la esperanza de encontrarlos con vida se había esfumado. En su última comunicación, horas después de hacer cima, explicaron que descendían con problemas y creían haberse desviado de la ruta. Después, el silencio.

Artur Hajzer, con Alex Txikon en invierno de 2012

Una semana después, el protagonismo se trasladaba al K2, inhabitualmente tranquilo este año. Los pocos alpinistas que lo habían intentado, entre ellos Alex Txikon, se habían dado por vencidos ante la acumulación de nieve que presentaba la vía del espolón de Abruzzos. Todos menos el experimentado guía Marty Schmidt y su hijo Denali, que decidieron continuar adelante. Llegaron hasta el campo 3 (7.200 m.), pero no se volvió a saber nada de ellos. Días después, varios sherpas subieron hasta el campamento para recuperar el material de sus clientes y comprobaron que había sido arrasado por una avalancha. De Marty y Denali no había ni rastro.

Marty y Denali schmidt

Y hace apenas una semana, cuando la temporada parecía ya terminada, el G-1 se cobraba un último tributo en el checo Zdenek Hruby, que sufría una caída de mil metros cuando intentaba abrir una nueva vía en la cara suroeste. De nuevo, la montaña se llevaba a un grande. Hruby, casado y con dos hijos, era uno de los mejores alpinistas de su país. Realizaba todas sus ascensiones en estilo alpino o ligero, había recibido cuatro veces el premio a la mejor actividad del año y también había sido premiado con el trofeo europeo ‘Fair Play’ por haber salvado la vida a un polaco y un español en el Dhaulagiri.

Un tributo, por cierto, al que habría que sumar en este año la muerte de los polacos Maciej Berbeka y Tomasz Kowalski en marzo pasado, que fallecían durante el descenso tras lograr la primera invernal al Broad Peak junto con Adam Bielecki, Artur Malek; y la desaparición del alpinista y snowboarder francés Joel Wischnewski, desaparecido en el Nanga Parbat en febrero cuando intentaba lograr la primera ascensión invernal, y además en solitario, a la ‘montaña asesina’. Tres muertos más que añadir a un 2013 definitivamente funesto para los ochomiles de Pakistán

Los cinco ochomiles de Pakistán

K2 (8.611 m)
Este verano han muerto 2 personas y no ha habido cimas. En toda su historia suma 336 cimas y 82 muertos (indice de peligrosidad: 24,4%, el segundo más alto de los 14 ochomiles tras el Annapurna).

Nanga Parbat (8.125 m)
El único ochomil paquistaní de la cordillera del Himalaya ha sumado 11 muertos en el ataque terrorista del CB de la vertiente Diamir y 4 cimas logradas por la vertiente Rupal. Su historia cuenta 341 ascensiones y 68 muertos (19,9%).

Gasherbrum I (8.080 m)
En 2013 han muerto 5 alpinistas y a tenido 17 cumbres. En total, 337 cima y 34 muertos (10,1%).

Broad Peak (8.051 m)
6 cimas y 4 muertos este año para un total de 422 ascensiones y 29 muertos (6,9%).

Gasherbrum II (8.034 m)
28 cimas y ningún muerto este año. En total, 962 cumbres y 20 muertos (2,1%).

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