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Una excursión en el funicular de Bulnes

2008 junio 22

El funicular entre Poncebos y Bulnes ha acercado esta población a la civilización y ha dejado a la Canal del Tejo o del Texiu en el olvido. Este viejo camino fue hasta la inauguración del funicular en el invierno del año 2.001 la vía histórica de aproximación al pueblo. Era por donde los vecinos han tenido que subir y bajar constantemente con sus pertrechos, alimentos, animales y enfermos.
El remonte es un medio de transporte costoso y controvertido que para muchos ha significado la ruptura del aislamiento tradicional de Bulnes, y para otros una inversión desafortunada y negativa para el medio ambiente y las costumbres sociales del entorno. Desde que comenzaron las obras en 1998, estuvo envuelto en polémicas y protestas, incluidos recursos judiciales por parte de grupos ecologistas.
El funicular está gestionado por ALSA (teléfono 985 84680). Horarios, temporada baja: de 10h-12.30h y de 14h-18h. En temporada alta (julio, agosto y septiembre) se alarga el cierre hasta las 20:00 h.
Aprovechando un par de días libres subimos hasta Bulnes a la nueva usanza: en tren cremallera. Los lugareños lo tienen gratis. El resto (los montañeros y turistas en general) tiene que pagar algo más de 16 euros (16,91 ida y vuelta) para saltar desde la orilla del Cares hasta el barrio de abajo de Bulnes, conocido como La Villa que se encuentra a 656 metros de altitud.
Aparte de precio, que me parece caro, el gran inconveniente del funicular es el parking ubicado junto a la boca inferior. Es pequeño y con poco espacio para maniobrar. Tuvimos que aparcar en la esquina de la carretera, al otro lado del puente. Y eso que no aún estamos en temporada alta.
El viaje es muy rápido. En un cuarto de hora (siete minutos de tren) estábamos en la boca de la estación superior. Una corta caminata (15’) nos llevó hasta la entrada del pueblo. El viajero que no haya vuelto a Bulnes desde hace algunos años lo encontrará completamente cambiado. Mejorado, con las calles empedradas, sin charcos y la mayoría de las casas restauradas. Aún recuerdo la primera vez que subí con mi padre, José Luis Muñoyerro ‘Munitibar’. Fue allá por 1965. Era una aldea asturiana de montaña, embarrada y llena de boñigas, con todos los inconvenientes y ninguna de las ventajas de la vida rural.
El cementerio está a la izquierda. Fue uno de los pocos de España que estuvo techado para poder enterrar a los muertos durante el invierno. Eran tiempos de grandes e históricas nevadas, que cortaban el paso e incomunicaban aún más el pueblo. En él fue enterrado el ovetense ‘El Cuco’, primer muerto en las paredes del Naranjo de Bulnes. En la tapia puede verse una placa dedicada a este malogrado escalador.
A la derecha quedan las ruinas de la antigua casa rectoral. Fue la casa más noble del pueblo y donde vivía el cura. Aún se conserva la mitad del arco de medio punto de la puerta principal. Frente a ella hay un enorme tilo.
La iglesia está consagrada a San Martín. No tiene mayor historia. Es de una nave, con pórtico frontal y lateral, cabecera cuadrada y espadaña. El arroyo se cruza por un puente y nos proporciona acceso al pueblo. Encontraremos viviendas transformadas en albergues.
Parajes que guardan todavía el forraje para el ganado, y algunas cuadras y corrales.
Aquí es donde se encuentran los establecimientos públicos: Bar Bulnes (985 845934); Casa Guillermina (985 845939 ); El Albergue Peña Maín, propiedad del hijo de Guillermina (mismo teléfono) y La Casa del Chiflón, antiguo Albergue de Bulnes, (985 845943), donde se puede contactar con el refugio de Urriello. También hay una tienda de productos asturianos.
En el barrio del Castillo, (a 15’ a pie), encontramos la Casa Rural El Caleyón (985 845944). Tiene servicio de bar y restaurante. Desde esta barriado parte el camino que sube hasta las invernales de Amuesa (algo más de dos horas de dura pendiente).
Bulnes es un pueblo muy antiguo que quizá tenga origen romano. Se supone que fue un puesto avanzado asentado en el barrio de Arriba o del Castillo, donde aún hay una torre. El historiador Sánchez de Albornoz hace mención a la existencia de este pueblo. Dice que fue por donde pasaron los moros huyendo del desastre de Covadonga. Llegaron a Bulnes por Amuesa. Subieron a Pandébano, bajaron a Áliva, para ser aniquilados en Cantabria. Por eso esta ruta montañera es denominada en la actualidad Ruta de la Reconquista.
En nuestra última excursión subimos en el funicular y volvimos a pie por la ruta tradicional de la Canal del Tejo. El letrero que en Poncebos indica la duración de la subida, ha sido colocado por caminantes fuera de serie. Nos informa que en 1h 1/4’ de marcha estaremos en Bulnes. Una previsión excesivamente optimista, puesto que son cuatro kilómetros en línea recta con 400 metros de desnivel.
Fotos Teresa Marina (junio 2008)

elcorreo.com

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