Dividendo Confidencial Nº 40

“Dividendo Confidencial” es una sección fija de este blog dedicada a intuiciones, rumores y otros cotilleos que, por sus características, deficiencias de rigor, etc., no puedan alcanzar el grado de noticia.

Ruptura: La Salida de Iñaki Hidaldo del equipo de gobierno de la Diputación de Bizkaia viene precedida, al parecer, de un desencuentro radical con quien será designado diputado general del territorio por tercera vez consecutiva, José Luis Bilbao. Quien fuera en el pasado el hombre de confianza de Bilbao, al parecer, se había convertido en el “michelín” de su equipo. ¿Las razones? Los mentideros, generalmente bien informados, apuntan dos razones. La primera y más importante es que Bilbao le hace responsable directo del fiasco generado en torno al proyecto de casas prefabricadas Habidite, del empresario Jabyer Fernández. Puede ser, pero yo recuerdo a un Bilbao tan enamorado de aquel proyecto, que me cuesta creer que acuse a otros de lo sucedido. También, apuntan, Hidalgo dedicaba en los últimos tiempos mucho tiempo a jugar al golf y descuidaba sus responsabilidades forales. Un enamorado del golf, como yo, perdonaría semejante flaqueza, pero Bilbao no. Sin embargo, un vistazo a la base de datos de la Federación Española de Golf, en el mismo momento de escribir esto, me permite afirmar que, a la vista del hándicap oficial que ostenta Hidalgo, o no es verdad que dedicase mucho tiempo a tan bello deporte o es de los que por mucho tiempo que dediquen al hierro, no prosperan….

Coincidencia: Curiosa, al menos, es la similitud del diseño que tienen el prototipo del vehículo Hiriko, promovido en Vitoria por un conjunto de empresas vascas y el modelo Twizy que Renault presentó hace más de un año en el salón de Paris, como concept car, y que estará en el mercado a finales de este año, según ha anunciado recientemente la compañía automovilística gala. El Twizy, también eléctrico, saldrá al mercado por unos 7.000 euros y se fabricará en la planta que tiene esta compañía en Valladolid. Me temo que Hiriko va a llegar tarde. Para la comparación, aquí van las dos fotos.

Matices: Sorprendente fallo de matiz el de la cadena de televisión Intereconomía. La pasada semana, alguien me contó que estaba dispuesto a aportar dinero a esta cadena, dentro de la campaña de recolección de fondos que han desplegado, según dicen, para compensar las zancadillas que les pone el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La misma persona me reconocía que decidió no aportar ni un euro, cuando vio que el ingreso había que hacerlo en una cuenta de La Caixa. Y es que los hay que no admiten ni el más mínimo desliz….

Velocidad: En la última rueda de prensa de la patronal vasca Confebask, su presidente, Miguel Lazpiur, compareció con un flamante ordenador portátil. Uno de esos rojos “tuneados” por la marca Ferrari. ¿Y eso? –pregunté- ¿Es que el presi quiere ir a toda leche? ¿Acaso se ha hecho fan de Fernándo Alonso? ¿Es alguna extraña alianza con Emilio Botín? “No –me aclararon rápidamente-. Es el ordenador que le han puesto los del hotel. Sin más.”

Los empresarios y Bildu


Hay una clara división de opiniones. Destacados representantes de organizaciones empresariales han asegurado que en el colectivo “no existe” una preocupación especial ante las cotas de poder que Bildu puede asumir en Euskadi, incluso asumiendo que pueden gobernar la Diputación foral de Guipúzcoa y, con ello, su aparato fiscal. Algunos empresarios, a título individual, sin embargo, han trasladado su preocupación en las conversaciones privadas que han mantenido con destacados responsables de la Administración vasca. Aparentemente, estos últimos son minoría.

No hay que olvidar que el empresario, por definición, suele ser “filogubernamental”, esté quien esté en el poder. Salvo contadas excepciones, los empresarios tienden a ser cautos en relación al poder político. No hay misterios. De cada dos euros que se mueven en Euskadi, más o menos, uno procede de la economía pública. Muchas empresas se juegan buena parte de sus ingresos con las administraciones públicas y no hay nada más cobarde que un millón de dólares o de euros. Y dado que los partidos, en esa dimensión, se convierten en clientes, no cabe sino aplicar la primera directriz de cualquier empresa: el cliente siempre tiene razón.

Pero también es cierto que en el orden de prioridades de los empresarios vascos hoy, junio de 2011, las cuestiones relacionadas con la política no están en el primer lugar. Lo que les quita el sueño es la crisis, la falta de pedidos, la recuperación lenta, la estrechez del crédito y la duda de si podrán pagar sus nóminas a finales de año. Así las cosas, pensar ahora en la modificación de la tributación de los beneficios, por ejemplo, no se intuye como algo urgente. El tipo impositivo del Impuesto de Sociedades importa poco cuando no hay beneficios y estamos en esas, desgraciadamente.

¿Puede haber también algo de ‘síndrome de Estocolmo’ en esa reacción? Puede ser. Las declaraciones de algunos responsables de organizaciones patronales han sonado –quizá no era su intención pero ha sido así- a una auténtica bienvenida. Tampoco es despreciable la idea de que después de muchos años de sentirse perseguidos, extorsionados, limitados en su capacidad de actuar y vivir, asumir que el tributo es un gobierno foral de Bildu en minoría puede asumirse como un “mal menor”.

El mercado financiero pedirá elecciones anticipadas

No es aventurado pronosticar que, salvo milagros, el mercado financiero internacional, esos que prestan dinero a nuestra economía, va a iniciar una campaña de presión sobre España, que puede conducir de forma ineludible a la convocatoria de elecciones generales anticipadas a la vuelta del verano.

Eso que genéricamente se conoce como “los mercados”, tiene varios segmentos pero podemos dividirlo en dos grandes grupos. El primero está formado por quienes prestan su dinero a España, mediante la suscripción de deuda privada o pública o a través de la inversión directa. El segundo, por desgracia cada días más importante y decisivo, por quienes realizan apuestas a la baja. Los especuladores en “posiciones cortas”. Los carroñeros de la crisis.

Intuyo que los primeros van a ponerse un poco más en guardia de lo que ya estaban ante la posición del Gobierno español. Serán más cautos a la hora de invertir en España, porque a nadie le gusta prestar dinero a una empresa en la que el consejero delegado está cuestionado por el consejo de administración, tiene a los socios cabreados y ya se sabe que abandonará la compañía de mala manera. Los inversores exigen “visibilidad” de futuro, estabilidad, gestión clara y un rumbo cierto. Como resultado, menos dinero, tipos de interés más altos y, en definitiva, menos alimento para la economía nacional. Los segundos, los especuladores, se van a cebar y también a forrar. La debilidad de un Gobierno es la debilidad de un país y ellos lo saben. Zapatero está definitivamente acabado y el PSOE barrido. Un mal equipo directivo para España S. A., empresa en crisis.

No comparto la tesis de que el electorado le ha dado la espalda por hacer recortes, reformas laborales o de pensiones o, como se dice en términos genéricos, por abandonar la política de izquierdas. El electorado le ha abandonado por fracasar, no tener éxito, se incapaz de obtener resultados en el medio plazo y alimentar una nómina de parados que no deja de crecer. De otra forma no se entendería el apoyo masivo que ha recibido el Partido Popular que, como todo el mundo sabe, hace política de derechas, persigue ajustes más duros y no promete, precisamente, una lluvia de subsidios. Nuestra sociedad prima los resultados y se fija menos en la fórmula para conseguirlos. La ideología clásica ha quedado relegada a un segundo plano.

Zapatero, simplemente, se equivocó al negar la crisis en el inicio de la legislatura lo que le llevó a retrasar, más allá de lo recomendable, la adopción de las primeras y tímidas medidas correctoras y… se le pasó el arroz. Luego, ya metido en la mitad del mandato, le dio miedo ser contundente y se quedó a medio camino. Apadrinó una reforma laboral que no contenta a nadie y, lo peor, que se ha revelado ineficaz. Dilató la reforma de las pensiones hasta el aburrimiento y la de la negociación colectiva aún no ha visto la luz. Le ha faltado olfato para detectar la evolución de la crisis y más aún para elegir el camino de salida.

El presidente del Gobierno se ha equivocado en muchas cosas. La principal en materia económica, quizá, confundir que el diálogo de los agentes sociales es un camino pero no un fin en sí mismo. Los ciudadanos eligen cada cuatro años a un presidente de Gobierno para que ejerza, gestione España S. A., asuma riesgos y, preferentemente, obtenga buenos resultados. Nada distinto de lo que hacen los accionistas de una sociedad anónima. Ni los electores ni los socios de una mercantil designan un presidente ejecutivo para que sea un mero convocante de reuniones.

Si Zapatero ha fracasado, que venga el siguiente. Es el mensaje de las elecciones del pasado domingo, aún a sabiendas de que nadie tiene una varita mágica para conseguir la ansiada superación de la crisis. El mensaje de las elecciones es un grito de pura desesperación. Pero, por alguna extraña razón, los gobernantes –no sólo los políticos, muchas veces también los de las empresas privadas- se vuelven sordos como tapias.

La dudosa ventaja de cancelar la hipoteca a cambio del piso

No acabo de entender la aparente euforia que genera en una amplia mayoría de la sociedad la posibilidad de cancelar una hipoteca con la devolución del activo inmobiliario cuya adquisición fue objeto del préstamo. Tengo para mí que, en este caso, el remedio puede ser bastante peor que la enfermedad. A veces y este es para mí un caso claro, una solución aparentemente populista es un auténtico abrazo de oso que puede asfixiarte.

Dudo que un cambio legislativo pueda modificar los compromisos que existen entre las entidades financieras y quienes han recibido en el pasado un crédito hipotecario. Me temo que en este caso esa modificación a posteriori es más seria que la que el Gobierno español ha aplicado, por ejemplo, a la producción de energía eléctrica en campos solares, que ha dejado prácticamente colgados de la brocha a muchos inversores y a no pocas entidades financieras. Las consecuencias de un cambio semejante pueden ser brutales, para unas entidades financieras que no están precisamente en su mejor momento. Y, a la vista está, cuando el sector financiero tiene gripe, el resto de la sociedad anda con pulmonía.

Pero, supongamos que la modificación normativa se aplica de cara al futuro y que a partir de determinada fecha todos los préstamos hipotecarios tienen, como única garantía, el bien objeto del préstamo. ¿Qué sucedería?

Como nadie puede obligar a un banco a dar créditos en condiciones que considere inapropiadas, es lógico pensar que las entidades financieras exigirían a sus clientes garantías adicionales. Esto es, un aval personal. Estaríamos, por tanto, en una posición idéntica a la del punto de partida y de nada serviría la modificación legal.

Vayamos más lejos y supongamos que una ley –ignoro si es posible hacer una cosa semejante- prohíbe literalmente a las entidades financieras establecer garantías adicionales en un crédito hipotecario. ¿Qué sucedería entonces? Pues lo lógico es pensar que se modificaría el esquema del cálculo de riesgos y con ello las condiciones de concesión de los créditos. Bancos y cajas extremarían las cautelas. Así, si en el pasado financiaban hasta el 100% del valor de un piso e incluso más –en una auténtica borrachera crediticia, cuyas consecuencias apenas hemos comenzado a pagar- y ahora no pasan del 80% salvo para clientes ‘premium’, no dudarían en rebajar hasta el 70% o incluso más el porcentaje a financiar. Con ello reducirían el riesgo que asumen ante una bajada de los precios inmobiliarios, como el que se vive en estos momentos, y la previsible demora que pueden sufrir hasta que conviertan en dinero líquido los ladrillos.

¿Quién puede ahorrar el 30% del valor de un piso? Los más jóvenes, seguro que no.

La importancia de Petronor en el presupuesto público


Admito que cualquier desearía para el territorio en el que vive un modelo idílico. Para unos, el paraíso debe ser un sitio lleno de marismas, playas semidesiertas y ausencia de cemento. Para otros, el territorio en el que vivir debería estar plagado de empresas de servicios sin industria. Otros desearían –yo me apuntaría a esta última fórmula en el caso de poder vivir como rentista- que en 100 kilómetros a la redonda sólo existiesen campos de golf y zonas residenciales de baja densidad. Pero quizá, para poder vivir en equilibrio, hace falta un poco de todo. Incluso un poco de industria de esa que no resulta muy agradable.

Tenía yo en la cabeza que Petronor era el principal contribuyente de la Hacienda vizcaína –quizá también de la vasca-, pero una visita a sus instalaciones y una “lluvia de datos” por parte de sus máximos responsables me ha permitido comprobar que, si bien no es del todo rigurosa esa afirmación, la importancia económica real de la refinería que se asienta en el municipio de Muskiz es mucho mayor de lo que yo imaginaba.

Y lo es no sólo por la inversión multimillonaria que ha emprendido hace meses; o por os casi 1.000 puestos de trabajo permanentes que tiene, sino por lo que aporta de riqueza al presupuesto público. De forma directa, según estimaciones de la propia empresa, cada año ingresa unos 500 millones de euros en las arcas públicas, fruto de los impuestos de Sociedades, IVA, etc. Pero la cifra real de su contribución supera el doble de esa cantidad y se acerca a los 1.100 millones. Y ello, porque la existencia de Petronor ha permitido que exista también en Vizcaya –antes en Muskiz y desde hace algún tiempo en Santurtzi- el depósito de combustibles de CLH, convertido en depósito fiscal. Esto es, el punto en el que cada litro de combustible que sale al mercado queda gravado con el Impuesto Especial de Hidrocarburos. La actividad de CLH y sus Impuestos Especiales aportan en torno a 600 millones de euros anuales a las arcas de la Diputación de Vizcaya y, con ello, al conjunto de la Administración vasca. De no existir la refinería, imagino, tampoco estaría en sus inmediaciones el depósito fiscal de CLH.

Más o menos, décima arriba o abajo, lo que Petronor y sus derivadas aportan al Presupuesto público es el 10% de la recaudación total por impuestos que se recauda en Euskadi. Se dice pronto, pero hay que poner un euro sobre otro para darse cuenta de la magnitud. Quizá sirva también considerar que eso supone el 45% del gasto anual de Osakidetza y en torno al 40% de todo el presupuesto del Departamento de Educación para este año.

Si además de su aportación económica, Josu Jon Imaz y los suyos consiguen un día de estos que esa instalación deje de emitir ese aroma a “Octan Essence”, que no es precisamente una fragancia de Loewe, ¡puede ser la leche!

Iberdrola, Murphy y Renovables


Ya conocen el principio básico de la Ley de Murphy: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Explicado de otra forma, “cuando se cae la tostada, siempre lo hace por el lado de la mantequilla”. Algo de esto ha debido suceder en torno a la decisión de Iberdrola de reabsorber su filial, Iberdrola Renovables, que sacó a Bolsa en 2007, mediante una oferta con la que consiguió colocar el 20% del capital.

Las razones de fondo de Iberdrola para acometer esta operación son de sobra conocidas. El mercado bursátil no estaba por la labor de conceder una valoración elevada a las empresas dedicadas a la promoción y explotación de parques eólicos. En parte porque son inversiones con un prolongado periodo de maduración y también porque el Gobierno español ha hecho una pirueta con doble tirabuzón, que ha recortado las subvenciones que reciben estas empresas por cada megavatio que producen. En definitiva, a Iberdrola, su filial de Renovables le afeaba el balance consolidado en el lado del pasivo, por el elevado endeudamiento de la compañía, que no tenía su merecida compensación en el activo, por la baja cotización de sus acciones. “Si hay que estar en Bolsa se está”, debió pensar Galán en su día cuando vio la posibilidad de ingresar 4.500 millones de euros al sacar la filial al mercado, “pero estar para nada….” Esto último es lo que debió pensar antes del pasado 8 de marzo, cuando anunció la recompra de las acciones.

La operación tiene muchas aristas pero no me detendré en los cálculos financieros, tan volubles como el propio mercado bursátil que deja obsoletas las ecuaciones de canje en tan sólo unas sesiones. Hay una vertiente que me parece curiosa: la asimetría de la entrada y la salida en el mercado. Algo sobre lo que, espero, la CNMV reflexionará de cara al futuro, para que no pueda volver a producirse –y ya van unas cuantas…- situaciones similares. Cuando los inversores compraron en 2007 aquellas acciones de Iberdrola Renovables lo hicieron voluntariamente. Ahora, deberán desprenderse de ellas quieran o no. Legal, pero impresentable.

Lo curioso del caso es que Iberdrola decidió anunciar la recompra justo en el momento en que el mercado iba a comenzar a sobrevalorar la energía eólica. Claro está, ni Galán ni su consejo de administración conocían entonces el tsunami que iba a asolar Japón, ni los problemas que iba a atravesar desde ese día la energía nuclear como consecuencia del desastre en la central de Fukushima. ¿La Ley de Murphy se ha cebado con Iberdrola? Desde que se anunció la operación, las acciones de la filial Renovables, ahora ya ligadas a una ecuación de canje con los títulos de la matriz, se han revalorizado tan sólo el 12,9%. Las de Fersa, una compañía infinitamente más modesta pero dedicada también a la explotación de parques eólicos, han aumentado su valor un 30,3%.

Dividendo Confidencial Nº 39

“Dividendo Confidencial” es una sección fija de este blog dedicada a intuiciones, rumores y otros cotilleos que, por sus características, deficiencias de rigor, etc., no puedan alcanzar el grado de noticia.

Malestar: El que hay en el Departamento de Industria del Gobierno vasco por las circunstancias que han rodeado a la venta de la empresa alavesa Guascor a la norteamericana Dresser-Rand. Hay dos ‘molestias’. La primera es directa. Responsables de Ejecutivo habían escuchado rumores sobre la existencia de negociaciones para la venta y preguntaron en la compañía, donde les negaron con rotundidad la operación. Más tarde se la encontraron hecha. La segunda tiene matices políticos. Mientras que el PNV ha protestado en el Parlamento por las condiciones de venta de las acciones de Naturgás al grupo portugués EDP –el acuerdo admite que dentro de unos años, la multinacional podrá hacerse con la totalidad de las acciones- en este caso ha sucedido todo lo contrario. Destacados dirigentes nacionalistas han saludado la venta de Guascor e incluso han asegurado que será buena para el futuro de la actividad de la compañía en Euskadi.

Fusiones: La corporación tecnológica IK4 parece caminar hacia una fusión real de los centros tecnológicos que la componen, en un proceso animado desde la Administración y que trata de seguir la estela marcada por Tecnalia, donde tras muchos años de devaneos ya ha finalizado la integración. Al menos en lo que respecta a los aspectos jurídicos. El problema en IK4 es, al parecer, la dificultad de sumar peras con manzanas. Algunos de los centros que componen la corporación son fundaciones con patronos privados y otros cooperativas. Esto es, la misma dificultad que existiría para intentar fusionar la Kutxa guipuzcoana con Ipar Kutxa. ¿Por qué me habrá venido este ejemplo a la cabeza? No se……

Adivinanza: ¿Por qué se ha negado la firma automovilística Mercedes a vender ni una sola de las furgonetas eléctricas que ha fabricado en la planta de Vitoria, como primera serie de un proyecto piloto? Creo recordar que se iban a fabricar un centenar. Recientemente se hizo público que Eroski había adquirido algunas unidades para utilizarlas como furgoneta de reparto de sus hipermercados. En realidad, Eroski va a utilizar estas furgonetas mediante un contrato de ‘renting’, ante la negativa de la compañía a ceder la propiedad.

Curiosidad: En algunas mesas de las oficinas del Ente Vasco de la Energía, situadas en el edifico que el Gobierno vasco tienen en Bilbao y que alberga también a la Spri, hay un cartelito con una especie de protocolo de obligado cumplimiento para las reuniones. Entre las disposiciones figura la “obligación” de mantener apagados y fuera de la mesa los teléfonos móviles mientras dure la reunión.

Malestar: Esto es lo que siente un número creciente de pasajeros que utilizan habitualmente el aeropuerto de Fuenterrabía, ante la cada vez más habitual suspensión de vuelos programados con Madrid, sin explicación alguna.

Las empresas vascas también pueden morir de éxito


El pasado viernes se conoció la venta de la empresa vasca Guascor a la multinacional norteamericana Dresser-Rand. Guascor, que a principios de la década de los 90 estaba prácticamente al borde de la liquidación, es una empresa de éxito. Fabrica grandes motores marinos, que son también utilizados en la producción de energía eléctrica, especialmente en zonas de difícil acceso. Algo que en España es difícil de imaginar pero que en el Amazonas, por ejemplo, es manita de santo.

El esquema es algo que comienza a resultar tópico. Empresa de tamaño mediano o grande; controlada por un empresario individual o un grupo familiar; que adquiere un desarrollo fulgurante y una presencia internacional destacada. Y zas, se vende. Pasa a manos de otra compañía, habitualmente mucho más grande, con intereses más globales y también más alejados del País Vasco.

Da igual la cantidad pagada por las empresas. En este caso, además, me atrevo a decir que el principal accionista de Guascor, el empresario alavés Joseba Grajales, se merece el premio. Entre la empresa hundida que cogió en sus brazos y la que ahora suelta hay muchas dosis de esfuerzo, riesgo financiero personal y sobre todo, lo más difícil, ideas y empuje para ponerlas en marcha. Se pongan como se pongan los que venden, en este y otros casos similares que no es necesario detallar, el riesgo de enfermar para una empresa es directamente proporcional a la distancia que media entre su edificio y el que alberga el cuartel general de la compañía. Lo mismo sucede con los proveedores locales. Y si no, que se lo pregunten a quienes eran proveedores de Endesa, que han visto reducida notablemente su actividad para ser sustituidos, “misteriosamente”, por otras firmas italianas.

Un paréntesis, porque no me puedo reprimir. El viernes, tras conocerse la venta, Guascor distribuyó un documento a modo de argumentario positivo de la operación. El primer párrafo es impresionante. Delibes, de levantar la cabeza, volvería a reposar en su tumba con sólo leerlo una vez. Decía así: “La transacción que hoy ve la luz pública, supone el fortalecimiento sinérgico hacia el liderazgo mundial en la provisión de energía de alto valor añadido en soluciones para aplicaciones de los sistemas de potencia y compresión a la infraestructura energética desde una óptica sostenible basada en las nuevas fuentes de las soluciones medio ambientales y de las nuevas energías”. Textual. ¡¡Toma goma, Jeroma!! Y…me arriesgaría a decir que esa pluma….. me suena… Pero dejémoslo ahí.

Volvamos al tema. Creo, sinceramente, que esta venta es mala para el País Vasco. Si me equivoco, mejor para todos. La solución, dentro de algunos años. Quizá este país ha maltratado un poco o un mucho a los grandes empresarios, les ha hecho la vida incómoda y, además, lejos de reconocerles las ideas y el esfuerzo, les mira con indisimulada envidia malsana. Y ellos venden, se alejan o se van del todo.


En el despacho del presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, hay un pequeño letrero en un portarretratos, escrito en inglés. El mensaje es contundente: “Toda empresa –puede leerse- necesita tres personas: Un hombre de negocios, un soñador y un hijo de puta”. Pues bien, dado que de los últimos andamos sobrados y que de soñadores tampoco estamos mal, me temo que tenemos un problema con los hombres de negocio. Se nos están marchando.

Una ocurrencia a 110 por hora

Aparentemente, la decisión del Gobierno de reducir la velocidad en las autopistas puede estar justificada por una necesidad imperiosa de ahorrar combustible, como consecuencia de la inestabilidad política que viven los países árabes y los problemas que ello puede generar en el suministro de petróleo. Pero tiene toda la pinta de ser una ocurrencia, una más del ministro de Industria, Miguel Sebastián, al que se le adjudica también la paternidad de algunas de las medidas más absurdas del actual gabinete. Entre ellas, la implantación de una deducción lineal en el IRPF por importe de 400 euros –ya desterrada-, que tan sólo contribuyó a acelerar el agujero en las arcas públicas. También le corresponde el ‘Plan E’, en el que la inversión en algunas actuaciones apenas si superaba el coste del cartel que, obligatoriamente, había que instalar para publicitar la actuación.

Puede ser necesaria ésta y otras medidas pero, ¿no estamos, más bien, ante la enésima improvisación del Gobierno? El Ejecutivo decidió hace tiempo mantener la moratoria nuclear. Perfecto. También limitó la expansión de las energías renovables porque consideraba que su coste era excesivo. De acuerdo. Pero, ahora, hay que adoptar medidas urgentes porque la inestabilidad política de esos países -¿acaso han gozado de estabilidad real alguna vez?- hace evidente las debilidades de un sistema energético excesivamente dependiente del petróleo.

Puestos a adoptar medidas urgentes, en esta línea, el Gobierno debería haber aparcado los actuales coches oficiales, con motores tan potentes que consumen entre dos y tres veces más que la media. Así, por ejemplo, el que utilice un Opel Corsa puede ir por la autopista a 130 kilómetros a la hora consumiendo incluso menos que un Audi A6 a 90 kilómetros por hora. Así las cosas, los que conduzcan una moto pueden ir a 140, sin ir más lejos.

También debería prohibir a sus ministros, presidente incluido, viajar en los aviones de la Fuerza Aérea por su excesivo consumo de queroseno y que los viajes, incluso el trayecto habitual entre Madrid-Bruselas, los hagan en tren. También deberían prodigar sus intervenciones en la próxima campaña electoral a través de videoconferencia, para evitar desplazamientos no necesariamente justificados. ¿A que no hay…..?

Rumasa: Capitalismo en estado puro

Ha saltado estos días una de las espoletas nacionales más telegrafiadas de la historia. Las dificultades del grupo empresarial Nueva Rumasa no han hecho sino comenzar. Su constante apelación a los ciudadanos con la colocación de ‘papelines’ de alta remuneración no era sino un grito casi desesperado que algunos, unos 5.000 ciudadanos, debieron interpretar de forma equivocada.

La mini-suspensión de pagos que han anunciado les permite gozar de la protección judicial durante un breve periodo de tiempo, no superior a cuatro meses. No es difícil adivinar, sin embargo, que el lio en el que se ha metido el grupo empresarial del inefable Ruiz Mateos alcanzará proporciones aún mayores, como consecuencia de la desconfianza adicional que va a generar este suceso. Si a perro flaco todo son pulgas, a empresas con problemas de pago todo son acreedores.

¿Engaño? En principio y salvo que se demuestre lo contrario, más bien hay que hablar de “seducción”. Un empresario busca inversores; la banca se niega a ampliarle el crédito y busca refugio en la colocación de deuda privada y también en una ampliación de capital. Encuentra gente dispuesta a arriesgarse con él. La crisis del momento y los problemas estructurales de muchas de las empresas hacen el resto. Nadie obligó a los inversores a colocar su dinero en manos de estos empresarios y, si lo hicieron, fue porque voluntariamente decidieron apostar por ese caballo. Unos días se gana y otros se pierde. Capitalismo en estado puro, nada más. El resto son milongas pamperas.

El pequeño matiz de esta historia está en un estudio sociológico que nadie ha hecho todavía y que echo en falta. ¿Qué motivó a esos 5.000 inversores a poner su dinero en manos de este empresario? ¿Sólo la búsqueda de una alta remuneración para sus ahorros? En este caso no lo creo. Tengo para mí, que en muchos de esos inversores había también una motivación romántica. La de ayudar al pobre Don José María a reconstruir el panal que, pensarán, le robó el PSOE en aquella primera legislatura de Felipe González.

Creo firmemente en la libertad de Ruiz Mateos y los suyos para hacer negocios y arruinarse, de la misma forma que esos inversores han optado, libremente, por colocar parte de su patrimonio en el proyecto. No hay que rasgarse las vestiduras por ello. Son cosas de la vida. Ahora bien, lo que el Código Penal debería recoger es un castigo severo e inflexible para cualquier empresario que levanta los dedos haciendo la señal de victoria, el mismo día en que anuncia que deja de pagar sus deudas y que va a proponer a sus acreedores apuntar una parte de las mismas en la barra de hielo. Lo de arriesgar y perder es capitalismo, lo de los dedos es tomadura de pelo.

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