Crantor y la Atlántida de Platón


Por Georgeos Díaz-Montexano


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Crantor fue el primero en realizar un estudio sobre los trabajos de Platón (poco tiempo después de su fallecimiento), y es posible que se haya hasta tomado la molestia de viajar a Egipto, a Sáis, para comprobar la veracidad de la narración sobre la Atlántida, pues según nos informa Proclo (Procli Diadochi in Platonis Timaeum Commentaria) Crantor dio testimonio sobre la existencia de unas estelas donde se hallaba registrada la historia de la guerra entre Atenas y Atlantis, la misma que los sacerdotes habían transmitido a Solón varios siglos antes, alrededor del año 560 a.C. Veamos la cita de Proclo sobre Crantor y la Atlántida de Platón:

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“… Algunos dicen que todo el conjunto de la narración sobre los Atlantes es puramente histórico, sobre todo el primer intérprete de Platón, Crantor. Dice que fue objeto de bromas por sus contemporáneos, no por la invención de la política (República) sino por la trascripción de los egipcios. Ciertamente, mucho se hizo de las bromas un discurso, sobre todo acerca de los egipcios y lo referido sobre la historia de los Atenienses y los Atlantes, y de como los Atenienses vivieron una vez de acuerdo a la política (República). Él (Crantor) dio testimonio sobre los profetas (sacerdotes) de los Egipcios, y las estelas que aún se conservan con los escritos comentados. …” (Traducción metafrástica por Georgeos Díaz-Montexano, 2002)

Aunque muchos aún duda (sin presentar argumentos verdaderamente razonables) de este hecho atribuido a Crantor sobre la acreditación de la existencia de estelas egipcias con la historia de Atlantis, sin embargo, es obvio que el hecho en si mismo, es una prueba directa de la existencia una discusión temprana sobre la ficción o realidad de la historia de la Atlántida como se desprende de esta cita de Proclo sobre Crantor y la Atlántida de Platón.

A propósito de Proclo, no son pocas las falacias creadas a partir de malas (intencionadas o no) interpretaciones de sus textos con relación a la Atlántida, y que como siempre ocurre, encabezadas por prestigiosos académicos llegan a convertirse casi en dogmas -al sustentarse en criterios de autoridad-, aunque no sean mas que meras patrañas, veamos el siguiente ejemplo: “Proclus, in his commentary on this overture to the dialogue, holds that Atlantis is an inferior, hence more achievable, version of the ideal city sketched in the conversation of the previous day and written up by Plato as the Republic.” (M. J. Edwards, de la “Christ Church”, Oxford, en su revisión de “Dominic O’Meara, Platonopolis. Platonic Political Philosophy in Late Antiquity. Oxford: Clarendon Press, 2003, revisión aparecida nada menos que en la prestigiosa publicación académica “Bryn Mawr Classical Review” 2004.01.08) En cualquier caso, esto es absolutamente falso, en ningún momento Proclo afirma (ni siquiera opina) que la narración de Atlantis fuera una versión de la ciudad ideal como ejemplo de las conversaciones supuestamente tenidas el día anterior sobre la República, quizás por eso no se citan las fuentes directas, es decir, los textos en griego con sus respectivas traducciones, que es lo que debería hacerse en casos como estos. Total, el papel aguanta todo lo que le eches encima, y más si eres un prestigioso académico.

Volviendo a Crantor, él era un filósofo, y al igual que sus maestros y otros grandes filósofos de la época, su máximo interés era la búsqueda de la verdad, y no era propio ni digno de un filósofo clásico de aquellos tiempos, menos de uno formado en la misma Academia y que llegó a ser muy celebrado por la pureza de su doctrina moral -siendo muy alabado entre los autores antiguos y muy usado por Cicerón- falsificar una historia como esta, inventándose una verificación de la historia de la Atlántida a través de unas estelas existentes en Sáis.

¿Por qué razón, verdaderamente científica, no podemos creer en este testimonio tan revelador de Crantor?, ¿qué indicios lógicos nos permiten pensar que Crantor mintió?

No es ético -ni por supuesto científico- convertir también en un mentiroso a Crantor, sólo por el hecho de que no nos guste o convenga para nuestras creencias su aportación sobre la veracidad histórica de la historia narrada por Platón sobre la Atlántida, si en cualquier caso, que los escritos existieran en Sáis no demostraría -solo por ello- que la Atlántida existió realmente, aunque sí libraría definitivamente a Platón de las reiteradas acusaciones de falsificador de la historia e inventor de fábulas, vertidas contra él por los escépticos de siempre, pues como se ha visto esta es una lucha muy antigua: los escépticos (por desgracia la mayoría pseudoescépticos) contra los que siempre han ofrecido a Platón a Crantor y a otros muchos autores como mínimo la presunción de honestidad intelectual.

Ningún científico de nuestros tiempos tiene en su poder ni una sola prueba científica incuestionable que permita acusar también a Crantor de mentiroso o falsificador de la historia, igual que se ha hecho de manera injusta con Platón; por consiguiente, mientras no existan verdaderas pruebas con peso suficiente, nuestro deber es concederle a Crantor (y a Platón, por supuesto) la presunción de inocencia, y aceptar que ha sido honesto y que nos cuenta la verdad, al menos hasta que se pueda demostrar lo contrario. Y si él ha sido honesto, entonces ello demuestra que Platón también lo ha sido al afirmar en sus escritos que la historia le había llegado a Critias el Menor a través de una copia de un trabajo redactado por Solón en el cual se acreditaba que este la había recibido de unos sacerdotes egipcios cuando visitó Sáis, allá por el 560 a.C.

Crantor no era un filósofo cualquiera o uno más del montón, sus trabajos eran muy numerosos; Diógenes Laertio dice que consistieron en unas 30.000 líneas, pero de éstas sólo unos pocos fragmentos se han preservado. Según parece los temas morales fue lo que más ocupó su atención y esto nos dice mucho sobre su persona, un filósofo moralista no es precisamente el arquetipo de un mentiroso ni el de una persona indigna y manipuladora que sea capaz de llegar hasta falsificar la verdad inventándose historias sobre la existencia de textos antiguos. Horacio (Ep. i. 2. 4) clasifica a Crantor como filósofo moral, y habla de él de una forma que demuestra que las escrituras de Crantor eran muy leídas y conocidas generalmente en Roma en aquella época.

No se puede argumentar siquiera que Crantor tuviera algún interés personal por acreditar a Platón, puesto que al analizar su obra (Peri Penthous) no se desprende de ella ningún interés o pasión por pontificar todo lo que decía Platón, al contrario en muchos puntos discrepa y hasta cuestiona (de acorde al más fiel pensamiento filosófico de la época) algunas de sus ideas, llegando a exponer sobre la teoría de las almas de Platón el uso de suposiciones imaginativas que se podrían unir a ella simplemente como adorno literario. En realidad, no existe ni la más mínima evidencia en la obra de Crantor que justifique -ni siquiera como hipótesis probable- que él pudiera haberse inventado la verificación de la existencia de unas estelas en Egipto con los textos que narraban la misma historia de la guerra entre Atlantis y Atenas que Solón había llevado a Grecia varios siglos antes, y que fue después utilizada por Platón en el Timeo y en el Critias. Lo único que no podemos saber -de momento- es si realmente Crantor viajó a Egipto y lo comprobó él mismo, o si solamente se hizo eco de lo que leyó en otra fuente, pues el comentario de Proclo no nos dice nada al respecto.

Crantor y Plutarco

En la obra de Plutarco se encuentran varios extractos de la obra de Crantor sobre todo en el tratado sobre Apollonio, esto es lo que se ha podido constatar, pero hay algo mucho más interesante aún en la obra de Plutarco que podría también apuntar a un uso de escritos de Crantor, y es precisamente cuando Plutarco al hablar de la Atlántida (que veremos con más detalles en el capítulo de la Atlántida y Plutarco), menciona el nombre de los dos sacerdotes que le transmitieron la historia a Solón: Sonkhis de Sáis, y Psenophis de Heliópolis.

Este detalle que había pasado prácticamente inadvertido en los anteriores estudios sobre la Atlántida de Platón puede ser más importante de lo que parece, ya que si bien Plutarco no nos dice de donde obtuvo esta información, el hecho en si mismo nos advierte de que Plutarco debió conocer otra fuente ajena a la de Platón, pues este no menciona en el Timeo ni en el Critias los nombres de estos dos sacerdotes, ni siquiera la cantidad de los mismos. Así pues, Plutarco o bien tuvo acceso a una copia del mismo escrito de Solón o bien obtuvo la información en Egipto o quizás de unos escritos de Crantor redactados por este después de su visita al país del Nilo.

Es de suponer que si Crantor realmente llegó a estar en Egipto (y no se basó en otra fuente escrita) haya pues redactado aunque sea un breve informe de su experiencias en Egipto y de toda la información que allí obtuvo en su indagación sobre la historia de la Atlántida, por lo que es muy probable que los sacerdotes egipcios, partiendo de la fecha de la visita de Solón a Sáis, le hallan informado a él (o a su fuente) de los nombres de los sacerdotes que en aquél entonces hablaron con Solón.

Fuentes:

Harry Thurston Peck, Harpers Dictionary of Classical Antiquities (1898).
[Crantor]
[Proclus]

Nesselrath, Heinz-Günther: Atlantis auf ägyptischen Stelen? Der Philosoph Krantor als Epigraphiker, in: ZPE 135 (2001), 33-35.

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