Ir al contenido

De vuelta

2012 abril 16
por Janire Prudencio

Justo hoy hace un mes que regresé del continente helado. Atrás dejé Isla Decepción, los pingüinos barbijo que nos visitaban a la hora del desayuno y los lobos marinos que nadaban con nosotros mientras íbamos en la zodiac. Un mes que me ha servido para darme cuenta de dónde he estado, lo afortunada que he sido y hacer una recopilación de todo lo vivido.

Cómo ya sabeis cerramos la base el día 2 de marzo, nuestra base a diferencia de otras que se encuentran en el continente antártico sólo está abierta durante el verano austral. Este año ha estado abierta desde el 23 de noviembre hasta el 2 de marzo. ¡Casi nada!

Después de cerrar nuestra base y a bordo del BIO Las Palmas nos fuimos a la Isla Livingston, ya que teníamos que colaborar en las tareas de cierre de la otra base española: Juan Carlos I. Y una vez terminamos allí nos fuimos… ¡Al continente! Sí, sí… ¡Otra vez! La verdad es que si ir al continente antártico es una suerte, poder ir dos veces es algo que jamás hubiera imaginado. Además tuve la suerte de poder visitar bases diferentes a las de la primera vez, así que volvió a ser una experiencia genial. Pero eso ya os lo contaré más adelante…

Lo único malo que tuvo este viaje por el sur es que me resfrié y no pude disfrutar del todo del viaje. Además me quedé afónica así que no podía ni hablar, ni gritar, ni nada, ¡con lo que yo hablo! Pero bueno, fue una cosa insignificante y aproveché los días que pasamos en Ushuaia para recuperarme. Y de Ushuaia me fui a Iguazú, al calorcito. Pase de estar a bajo cero a 38ºC, ¡qué calor! La verdad que fue un cambio radical, pero por visitar las cataratas de Iguazú, mereció la pena. ¡Ya os contaré!

Y el día 14 de marzo muy muy a mi pesar embarqué en el vuelo Buenos Aires – Madrid, que me trajo de vuelta a casa…


PD. Os dejo una foto de la base ucraniana Verdansky, la más austral de todas las que hemos visitado: ¡65º 15′ S!

Una jornada de trabajo en la Antártida

2012 marzo 13
por Janire Prudencio

En el post de presentación, os hablé de que mi tarea aquí en Isla Decepción era establecer el semáforo volcánico. ¿Por qué? Pues porque esta isla es uno de los principales focos volcánicos de la Antártida. Y, durante los meses en que hay gente aquí -desde finales de noviembre a principios de marzo, entre personal científico y turistas que vienen en cruceros- es importante saber si en algún momento el volcán podría despertar. Os voy a explicar cómo lo hacemos el doctor Alfonso Ontiveros, profesor de la Universidad de Jaén e investigador principal del proyecto, y yo.

Las actividades de la jornada las organizamos el día anterior en una reunión que tenemos con el Jefe de la base. Como yo soy la que me quedo hasta el cierre de la campaña, decidimos que yo participaría en esta reuniones como “responsable” del grupo. Lo primero que hago es mirar el calendario para ver si tenemos un cambio de baterías programado (cambiamos baterías cada 4 días) y se lo comunico al jefe de la base.

Después de desayunar vamos al módulo científico, miramos el ordenador donde recibimos los datos en tiempo real (es el único de la base que permanece 24 h encendido, para que, en caso de que se produzca un terremoto, dirigirnos allí cuanto antes). Si hay alguna estación caída, es decir, de la que no recibimos datos en tiempo real, primero reiniciamos el programa, por si hubiera habido algún fallo. Si sigue sin funcionar, interrogamos la estación, y, si tampoco responde, posiblemente es que se han agotado las baterías. Si teníamos pendiente hacer la ruta de las estaciones para el cambio de las baterías, no hay problema. Si no, se lo comunicamos al jefe para poder embarcarnos en alguna zodiac para hacer el cambio. Las actividades en zodiac o a pie nos llevan casi toda la mañana.

Si todo está tranquilo y no tenemos que salir siempre hay cosas que hacer por la base: como por ejemplo, la preparación de una estación que vamos a dejar aquí en el invierno y que vamos a poder interrogarla mediante satélite o sino, ahora que se acerca el final de la campaña, tenemos que ir organizando el material.

Normalmente realizamos el conteo de eventos para establecer el semáforo volcánico a las 18 horas, antes de la reunión, y analizamos las últimas 24 h, es decir, desde las 19.00 horas del día anterior a las 18.59 del día presente. Dependiendo de la cantidad, tipo y localización de eventos establecemos el semáforo volcánico. Si todo está bien, marcamos el verde. Si está en rojo, es decir, si se registra tanta actividad que indica que el volcán va a entrar en erupción, habría que evacuar la base. Si está en naranja, los científicos y el jefe de la base deciden qué hacer. Por suerte, durante toda esta campaña, ¡no hemos cambiado el color verde!

En ocasiones, cuando no tenemos que revisar material y/o hay eventos que requieren un seguimiento mayor, antes de comer solemos hacer un conteo de 12 horas más o menos, para saber si ha habido alguna evolución. De igual manera, a veces, encontramos algunos eventos que tenemos que procesar para saber si tienen alguna importancia o no. Por ejemplo, el otro día registrado un evento que debido al ruido no sabíamos muy bien lo que era y tuve que analizarlo y realizarle el espectrograma para saber qué era. Este procesado lo hacemos o por la mañana si tenemos tiempo o sino por la tarde antes de realizar el conteo.

A las 20.15 tenemos la reunión con el jefe de la base. En esta reunión todos los proyectos informamos al jefe de la evolución de nuestros proyectos y, como os decía al principio, si necesitamos algún apoyo para el día siguiente, como la zodiac, por ejemplo. Media hora después se reúnen los militares con el mismo objetivo y una vez que terminen, cenamos.

Un poquito más tarde nos vamos a dormir… Creo que todos dormimos del tirón hasta que a las 8.00 suena la música que han elegido las ‘Marías’ ese día y vuelta a empezar…

Comer en la Antártida

2012 marzo 8

Ya os comenté en el post sobre el Ejército de Tierra, que gestiona la base científica Gabriel de Castilla en Isla Decepción, que, entre todas sus tareas, está la de prepararnos la comida a todos los que allí vivimos, científicos y militares. Los cocineros, como ya os comenté, son David y Mari, y les ayudan las dos personas a los que cada día les toca las tareas de la casa, a los que llamamos ‘Marías’.

Como creo que os podréis imaginas, desgraciadamente hay muy pocos productos que puedan ser frescos, más allá de la fruta y alguna verdura. Carne y pescado tienen que estar congelados para que aguanten, y hemos de ir con mucho ojo con los productos con fecha de caducidad, como por ejemplo los yogures.

Sin embargo, no hemos tenido ninguna limitación a la hora de comer. Cada vez que llega el buque oceánico ‘Las Palmas’ nos trae productos para llenar la nevera. Cuando los frescos se acaban, y pasamos días sin poder tomar una ensalada, por ejemplo, la echamos de menos, pero para hacerlo más llevable, disponemos de las manos de David y Mari, ¡¡que son unos artistas y nos han cuidado mucho!!

El semáforo volcánico

2012 marzo 5

Os he estado hablando desde la primera entrada del blog que el objetivo principal de nuestro proyecto es la vigilancia sismovolcánica del volcán, porque como ya os he contado muchas veces, Isla Decepción no es más que la parte emergida de la caldera de un volcán.

Para poder establecer ese semáforo necesitamos “escuchar al volcán”. Los ruidos que se producen en el volcán, ya sea por pequeñas fracturas, o las vibraciones que se producen cuando un gas viaja a través de un conducto, que no son perceptibles para el oído humano, pero sí lo perciben nuestros sensores: los sismómetros. Para lograr esta monitorización de la actividad sísmica tenemos una red formada por 4 estaciones sísmicas desplegados por la isla: en colina sísmica, en obsidianas, en cráteres del 70 y en refugio chileno. Estas estaciones están enlazadas vía wifi con un ordenador en el que se visualizan los diferentes eventos que se producen en tiempo real lo que se registra en cada estación, para en caso de terremoto acudir allí rápidamente y ver qué ha ocurrido.

A última hora de la tarde y antes de la reunión con el jefe de la base, nos descargamos los datos que han ido registrando las estaciones en las últimas 24 horas y realizamos el “conteo”. Lo llamamos así porque “contamos” cuántos eventos han ocurrido en estas 24 horas. Tras el conteo y la evaluación de los mismos y el análisis de estos resultados se determina el color del semáforo volcánico. El color del semáforo indica precisamente el nivel de alerta al que nos enfrentamos.

Como veis el semáforo es una herramienta con la que asesoramos al jefe de la base diariamente sobre el nivel de emergencia volcánica. Si todo sigue con luz verde, como ha ocurrido durante toda la campaña, podemos realizar nuestras actividades con normalidad. Pero en caso de encontrarnos en otra situación de alerta o de riesgo, el jefe de la base evalúa la situación y en caso necesario, pone en marcha el plan de emergencia volcánica que tiene como objetivo evacuar la isla eligiendo la ruta de evacuación y el campamento temporal más adecuado en función de la situación del volcán, el lugar de la erupción y la deriva de la nube de cenizas si existiese. Esta ruta de evacuación se decide con el responsable de montaña, el Cap. Barba, quien además nos repartiría una mochila de supervivencia a cada uno, con ración de comida para 3 días, un saco de dormir, una tienda de campaña… A la espera de que algún barco pueda venir a rescatarnos.

Pero como os he dicho, al volcán no se le han subido los “colores” en toda la campaña.

Protocolo de apertura… y de cierre

2012 marzo 2

Cómo sabéis yo llegué a la isla la madrugada del 19 al 20 de enero a bordo del BIO Hespérides. Llegué a mitad de campaña porque veníamos a relevar al Dr. José Antonio Peña y la Dra. Teresa Teixidó, que habían estado realizando la vigilancia sismovolcánica durante la primera mitad de la campaña. Ellos fueron los que “abrieron” la base e hicieron algo de suma importancia que es el protocolo de apertura.

Todo comienza con un reconocimiento visual desde el barco. El barco da una vuelta a la isla y se comprueba que no existe ninguna evidencia de que el volcán esté en erupción (fumarolas, columnas de ceniza, fuentes de lava…). Una vez que se comprueba esto, se procede al desembarco de los responsables de sísmica y al jefe de base y a otro militar de apoyo para establecer el primer semáforo volcánico. Para obtener información suficiente para dar este primer semáforo se realizan dos acciones: por una parte se instala una estación sísmica para tener un registro de la isla en tiempo real y por otra, se descargan los datos de la estación permanente, aproximadamente del último mes y se procesan para ver que ha ocurrido en este tiempo y saber si hay un incremento de actividad sismovolcánica.

Entonces, una vez que se tienen todos los registros, el actual y el del último mes, se establece el semáforo. Si está verde, si hay luz verde, se procede al desembarco de todo el personal, del material y se comienza a abrir la base.

Lo mismo pasa al final de la campaña, por eso debe de quedar como mínimo un responsable de sísmica y por eso me he quedado yo hasta el final de la campaña. Si los registros sísmicos son normales, no hay problema. Pero si comienza a haber una reactivación del sistema, si el número de eventos aumenta o empiezan a haber signos de una posible erupción, debería de comunicárselo al jefe de la base para que adelantásemos el cierre de la base o, en el peor de los casos, empezásemos a pensar en una evacuación.

Este año y por primera vez (y yo como responsable del cierre de la base también tengo este objetivo) se va a dejar una estación sísmica durante el invierno y estará conectada vía satélite. La idea es que la estación “se despierte” unos días antes de la apertura de la base. Mediante satélite se conectará con la estación y se observará en tiempo real el registro, es decir, lo que está pasando en la isla. Así, días antes de la apertura sabremos cuál es el estado del volcán, lo cual supone un gran adelanto a la hora de la apertura de la base y por supuesto, es una medida de seguridad. Este año es el primero, así que aún estamos en fase de prueba, veremos a ver si funciona. Ahora mismo no es factible una estación que registre y se pueda interrogar a tiempo real porque no hay manera de alimentarla.

Yo ya me estoy despidiendo de la base Gabriel de Castilla… En unas horas acabará mi aventura en la Antártida, pero os seguiré contando cómo ha sido esta gran experiencia que nunca podré olvidar.

 

¡Cumpleaños en la Antártida!

2012 marzo 1
por Janire Prudencio

Os decía hace unos días que uno de los días más especiales fue cuando visité la pingüinera de Morro Bailey. Y no puedo pasar por alto explicaros lo que sucedió al día siguiente, algo que, sin duda, nunca podré olvidar. Y es que el 27 de enero… ¡Cumplí 27 años en la Antártida! Tuve que madrugar, tuve que trabajar, fue un día como otro cualquiera, pero el hecho de pasarlo en la Antártida, ese simple hecho, ya lo hacía especial. Podría parecer un día duro, pasar el día de mi cumpleaños sin mis aitas, sin Sergio… En otras circunstancias seguro lo hubiera sido, pero no aquí.

Me despertaron con el cumpleaños feliz de Parchís a todo volumen (¡gracias a las Marías!) y mis compañeras de habitación empezaron a gritarme ¡Feliz cumpleaños! Siguieron haciéndolo en el baño, en el comedor, en el módulo científico… Ese día cada vez que me cruzaba con alguien: ¡Feliz cumpleaños, Janire! Y a la hora de comer, sin que yo me esperase nada vino la gran sorpresa… Mari, la cocinera me había preparado una tarta gigante por mi cumpleaños. La tarta era verde, como si fuera hierba y encima tenía un volcán riquísimo de flan y chocolate. Además con la ayuda de Bea habían hecho una ‘mini Janire pingüina’, ¡hasta una estación sísmica!


 

 

Fue increíble, un gran detalle de parte de todos. Pero no quedó ahí la cosa. El jefe de base, en nombre de todos los participantes de la campaña, me regaló un reloj precioso con el símbolo de la base. Sin duda, ocupará un lugar especial en cuanto llegue a casa. El día 27 también ocupará un lugar especial en mi corazón a partir de ahora.

¿Cómo es la base Gabriel de Castilla?

2012 febrero 28
por Janire Prudencio

 

 

Hoy os quiero explicar cómo son las instalaciones de la base Gabriel de Castilla, una de las dos bases científicas que existen en Isla Decepción. ¿A que es bonita esta imagen? La ha tomado Eduardo, el ‘Doc’ de la expedición y que cómo podéis observar se ha convertido en el fotógrafo oficial de la campaña.

Como podéis ver, la imagen está formada por una docena de módulos. Los que más utilizamos son el de vida, el dormitorio y el científico. En el módulo de vida convivimos: ahí desayunamos, comemos y cenamos todos juntos, y hacemos vida. Normalmente la cena suele ser más relajada, ha terminado la jornada de trabajo y estamos más relajados, aunque muchas son las noches que tenemos que volver al módulo científico para terminar un trabajo o para preparar algo para el día siguiente. Entonces, en aquellos días que tenemos todo preparado y nos sobra un poco de tiempo antes de irnos a dormir, ponemos una película. Tengo que reconoceros que apenas hemos puesto 3 o 4 películas, porque casi no nos queda tiempo libre y, a veces, si nos queda preferimos irnos a descansar a la cama. Aún así y sobre todo los sábados, como los domingos nos levantamos un poquito más tarde, solemos hacer alguna actividad más lúdica, como organizar un campeonato de futbolín, de mus, de karaoke… Yo no estaba aquí pero el día de Reyes, ¡organizaron una cabalgata! Cualquier cosa, por pequeña que sea, sirve para salir de la rutina y la verdad que es una inyección de aire fresco que nos ayuda a todos a olvidarnos del trabajo.

En el módulo dormitorio comparto habitación con otras 3 chicas más. En la habitación tenemos 2 literas y además tenemos un armario pequeño para cada una, con un perchero y un montón de baldas para poner todas nuestras cosas. En el mismo módulo dormitorio tenemos 5 baños y 4 duchas y son indistintamente para hombres y para mujeres. Además, cerca del módulo científico hay tres iglús amarillos, y dos de ellos los han habilitado para que sean dormitorios. Tenemos agua caliente durante todo el día. Eso sí, cómo el calentamiento del agua tiene un coste energético tan alto, nos piden que nos demos duchas rápidas y que aproximadamente nos duchemos una vez cada dos días. Pero es muy flexible, los buceadores por ejemplo, siempre pueden ducharse después de una inmersión y hay gente que se ducha todas las mañanas porque si no, no se despiertan del todo, no tenemos verdaderos problemas.

Esos son los módulos que más utilizamos, pero en realidad hay muchos más. Tenemos una incineradora, donde Aitor, el veterinario, incinera todo el material orgánico y el papel y el cartón, y varios contenedores donde guardar los residuos, ya que, quitando los que incineramos, los demás vuelven a salir tal y como han entrado. También disponemos de un ‘mercadona’, el almacén de comida, y un ‘chino’, donde tenemos de todo un poco. Tenemos también un contenedor congelador, donde a parte de congelar la comida, muchos proyectos congelan allí sus muestras, y en otro módulo guardamos todas las cosas relacionadas con la navegación y los trajes viking. Tenemos una enfermería, hogar del ‘Doc’. No me puedo olvidar del taller, con todas las herramientas que puedas imaginar y tampoco del gimnasio.

 

¡Como una ciudad en miniatura!

Visita a la pingüinera de Morro Baily

2012 febrero 27
por Janire Prudencio

La rutina está haciendo que los días pasen rapidísimo aquí en la Antártida, aunque en estas semanas hay algunos días que recuerdo con especial cariño y que no me gustaría que se pasasen por alto.

Los investigadores de proyecto de Javier Benayas que analizan los impactos del turismo en diferentes puntos de Isla Decepción debían de ir a la pingüinera de Morro Baily (la más grande de pingüino Barbijo de toda la Antártida), para hacer mediciones de metales pesados y para intentar coger alguna pluma de los pingüinos para medirles el estrés. No tenían programado el día, porque tenía que ser un día que hiciese buen tiempo y prever aquí un día así, con sol y con poco viento, es misión imposible. Normalmente tenemos entre 5 y -5 ºC, pero la sensación térmica puede bajar notablemente si tenemos fuertes rachas de viento y raro es el día en el que no sopla el viento por aquí.

Pero el 26 de enero amaneció soleado, el primer día soleado de lo que llevaban de campaña y apenas había viento, era el día perfecto. El jefe de la base nos preguntó a los diferentes proyectos si queríamos ir de apoyo, y como mi compañero Alfonso que estaba de ocupado en la base y no podía ir, tuve la gran suerte de acompañarles. Fue un día mágico, impresionante, espectacular.

Nos trasladamos en zodiac hasta Balleneros y desde allí, cogiendo una vaguada llegamos a la ventana del chileno y desde allí fuimos atravesando el glaciar del monte Pond hasta llegar a morro Baily. Las vistas eran increíbles, se veía la costa recta de la isla perfectamente, no podían haber elegido un nombre mejor porque es extrañamente rectísima. Vimos la formación geológica a la que llaman aguja de máquina de coser y allí, a lo lejos, empezaban a verse un montón de pequeñas manchas blancas que se movían: ¡¡eran los pingüinos!!

Después de alrededor de 4 horas de caminata llegamos al primer cerro de la pingüinera, la distancia al mar es considerable y parece increíble que los pingüinos hayan llegado hasta allí. En todos los cerros que tenemos a la vista hay pequeños grupos de pingüinos. Los barbijos tienen una característica especial y es que elijen a las parejas según si les gusta o no el nido de piedritas circular que han preparado.

Nos fijamos que los polluelos ya están en fase de guardería, los padres agrupan a los polluelos en un rincón y los cuidan entre todos. Es gracioso ver a los polluelos porque parecen peluches con ese plumaje gris, dan ganas de llevarte uno a casa, pero las normas aquí son estrictas, debemos de estar a más de 5 metros de los pingüinos para no perjudicarles. Según nos vamos acercando al mar vemos que están perfectamente organizados, por un carril van los pingüinos que regresan a los nidos y por el otro, los que van en busca de alimentos al mar, ¡es como una autopista! Es increíble mirar a un lado y al otro y ver pingüinos por todas partes. Algunos están tumbados en la tierra, otros dando saltos entre las rocas para llegar “a casa”, otros alimentando a los polluelos…es un verdadero espectáculo. Aprovechando el buen tiempo, podemos comer en la playa de la costa recta, entre glaciares, rodeados de pingüinos y disfrutando de la tranquilidad de la isla…

Un día maravilloso, como el siguiente… ¡Pero eso lo dejo para otro día!

Mi aventura en la Antártida, mañana en EL CORREO

2012 febrero 23
por Janire Prudencio

Muchos me habéis preguntado vía e-mail o les habéis comentado a mis aitas el por qué del “parón” del blog. No, no os he abandonado, tampoco he dejado de escribir. Todo tiene una explicación y creo que es el momento de contaros lo que he estado preparando junto a Luis Alfonso y Maribel, los encargados de ciencia de El Correo.

No os podéis imaginar la ilusión que me hizo cuando me propusieron esta aventura, es como una recompensa al trabajo bien hecho, a mi experiencia en la Antártida y al amor por mis volcanes. Poder contaros todo lo que estoy viviendo aquí es increíble, algo que no me imaginaba cuando el 9 de enero cogí el avión con destino a Buenos Aires.

Si os ha gustado el blog, desde aquí, desde la Base Gabriel de Castilla en Isla Decepción en la Antártida os invito a que leáis el reportaje sobre mi experiencia antártica que hemos preparado, sobretodo, con mucho cariño.

Se publicará mañana viernes, en el suplemento de Ciencia de El Correo. Espero que os guste y disfrutéis tanto como me he disfrutado yo contándoos mi experiencia.

Continente antártico II

2012 febrero 17
por Janire Prudencio

Después de disfrutar de la base Primavera volvimos a Las Palmas. Había sido un día intenso, como os conté en el primer capítulo sobre el continente antártico y nunca agradecí tanto montarme en el barco como aquel día. A bordo la cena es a las 19.30 (hay un turno a las 20.30, pero nosotros estábamos en el primero) y llegamos justo para cenar. Cenamos, repasamos algunos correos y nos fuimos a dormir. Llevábamos un día de adelanto, por lo que podíamos permitirnos el lujo de ir a visitar alguna base de la península antártica. Así que durante la noche seguimos bajando hacía el sur y amanecimos en frente de la base ucraniana Vernadsky allá por el paralelo 65. Llamamos por radio, intentamos acercarnos lo más posible para poder desembarcar, pero fue imposible, había muchísimo iceberg, muchísimo bras y era muy peligroso navegar con la zodiac por esas aguas. Así que empezamos a atravesar canales antárticos: Neumayer, Gerlache, Lemaire… Impresionante. Creo que cada vez que lo recuerdo se me ponen los ojos como platos, como si estuviera viéndolo de nuevo.

 

No sé cómo describiros cómo son los canales… ¡Son tan diferentes a Isla Decepción! Da igual hacía qué lado mires que te encuentras grandes paredes de tierra que aparecen de la nada y alcanzan cientos de metros, glaciares que aparecen casi misteriosamente de esas paredes y acaban en el mar e icebergs, miles de icebergs flotando sobre el mar que el barco intenta ir esquivando.

 

 

 

 

Como no nos había salido bien lo de Vernadsky probamos suerte con la base inglesa Palmer, y a esta sí que pudimos bajar. Esta tanto como la ucraniana son bases permanentes, es decir, están todo el año abiertas (la nuestra, Gabriel de Castilla, sólo está abierta en el verano austral). La verdad que la base tenia de todo: una colección de DVD impresionante, al menos 1000 películas seguro que había, unos sillones que a más de uno nos hubiera gustado llevarnos a casa, tenían jacuzzi… La verdad es que mal, lo que se dice mal, no podían pasarlo.

Después fuimos a otra base inglesa, Port Lockroy y está base me encantó. No es una base como tal, en realidad es una base convertida en museo. En los años 60 abandonaron la base, en los 80 cuando volvieron a recuperarla los pingüinos la habían invadido. Desde entonces han ido restaurándola poco a poco hasta convertirla en lo que es hoy en día: un museo. Han dejado todo tal y cual estaba en los años 60: comida, ropas, la radio (que todavía funciona). Es auténticamente espectacular ver en qué condiciones vivían allí.

 

 

Y además, la base tiene un encanto especial y es que está rodeada de pingüinos, están tan acostumbrados a ver a gente (creo recordar que es el 3º sitio más visitado de la Antártida) que paseas a su lado sin que se inmuten. A mi uno mientras hacia una foto me picó, ¡y varias veces! Es este pequeñín que tenéis aquí… ¡Para comérselo!

 

elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.