MISIVA A LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA

Señores académicos, llamo su atención para que se hagan cargo de lo que está ocurriendo en España. Su institución, que se dedica a limpiar, fijar y dar esplendor a la lengua castellana -o española que dicen en Latinoamérica-, debe agarrarse los machos y hacer frente a esta situación. El caso, es que en los últimos años algunas palabras o términos de nuestra rica lengua, se están quedando un tanto obsoletos, fuera de onda que dirían nuestros adolescentes y adolescentas. Ustedes, que se vanaglorian de recoger los cambios léxicos de la población, y luego aplicarlos en su diccionario. Y nunca al revés, a pesar de que algunos miembros y miembras del gobierno o la gobierna se lo pidan. Ustedes, deben ahora coger el toro por los cuernos y hacer justicia.

Pues bien, les imploro que observen la sociedad española en la que vivimos, o más bien sobrevivimos, en la que nos encontramos actualmente y ya desde hace unos años. Olvídense de la población regular, de la gente de la calle, incluso de los intelectuales-o al menos de la mayoría-, y fíjense en esas castas superiores, castas de dominio jurídico y político de nuestra sociedad-y digo nuestra porque a ustedes algo les toca también-. Ya saben, diputados, alcaldes, ministros, tesoreros, duques, mamporreros de los poderosos y mucha más gente de la misma catadura y jaez. Muchos de ellos, elegidos democráticamente -o al menos en eso se escudan para hacer de su capa un sayo-, y otros tantos colocados allí por la verdadera y antiquísima democracia española, conocida como dedocracia-otro término que deberían recoger en su diccionario, o al menos revisar-.

Pero el asunto al que me refiero, por el cual el abajo firmante se decide a hundir tecla, no es otro que pedirles-casi rogarles-, que al igual que recogen las nuevas acepciones o términos más usados por la población para hacerlos suyos-y de todos los hispanohablantes-, hagan lo mismo con las que menos se usan, esas que nadie pronuncia, que han quedado un tanto obsoletas, en desuso. En definitiva, esas palabras que nos suenan como desconocidas por su mínimo uso en la sociedad española.

Por ello, les solicito que eliminen de su diccionario el verbo dimitir. Un verbo que no se contempla en este país, un verbo arcaíco, anticuado y desfasado. Nadie con un puesto importante en España lo usa, tal vez porque no conocen su significado, tal vez porque lo emplean en la forma verbal incorrecta. Quizás no sea necesario eliminar el verbo dimitir en su totalidad, pero sí ha de hacerse con su primera persona, pues esta, en el presente de indicativo “Yo dimito” no se estila. Si haciéndolo en demasía la segunda persona del mismo tiempo verbal. Por no hablar del imperativo “Tu dimite, o Usted dimita”, que se escucha a diario, tanto y por tantos bandos de los antiguamente llamados ideológicos, que incluso aburre.

Algunos políticos- por poner un ejemplo sin maldad de una profesión cualquiera-, si que son capaces de usar la primera persona del futuro de indicativo del verbo comentado “Yo dimitiré”, pero siempre añadiendo un condicionante, tal como la necesidad de que se demuestre para ello, tal o cual cosa, esta o aquella acusación. Asunto que se convierte en la primera persona del condicional de indicativo, cuando estos hechos condicionales se demuestran, “Yo dimitiría pero…….”O incluso la primera persona del pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo “Yo hubiera o hubiese dimitido pero….” buscando la excusa fácil. Y que tras mucho darle vueltas a la perdiz, todos-o casi-, acaban saltando por encima de la primera persona del presente de indicativo, y sin entonar el mea culpa en ningún caso, prefiriendo usar la infantil, y tan denostada acusación entre políticos del, tú más.

Este uso conscientemente parcial de la lengua castellana, así como las metáforas utilizadas para ocultar lo que realmente se lleva a cabo, podrían ser consideradas por el ciudadano medio como una falta de respeto al humilde trabajador. De no ser porque este verbo, y sobre todo la primera persona en todas sus variantes ha caído en desuso, por caduco.

Pero como ya les he comentado anteriormente, lo anticuado de ciertos términos nos hacen ver que no está tan mal el país. Y que estos individuos, esos golfos, no se van, no dejan su puesto y tampoco su desorbitado sueldo semi vitalicio, no porque se pasen las leyes por la bragueta, sino porque no pueden entender el significado de un verbo que está muerto por vulgar, entre las clases gobernantes y demócratas de los estados del mundo desarrollado.

He de reconocer que tal vez la medida de eliminar un verbo y sus sinónimos, e incluso una parte de las conjugaciones de estos, puede ser un gran problema, un desajuste tremebundo. Pues algunas personas-las menos-, si que lo suelen utilizar en su ignorancia, tal vez como término a extinguir, o dejándolo en manos de los miembros de las clases de baja estofa. Siendo estos los únicos que han de dimitir cuando meten la pata, o les pillan trincando lo que no es suyo. Por ello, creo firmemente que para esta clase superior deberían crear un nuevo tiempo verbal, siempre y únicamente en primera persona. Me permito además, proponerles que dicho tiempo verbal, pueda denominarse, Futuro de corruptivo mañanero compuesto. El cual, podría quedar de la siguiente forma: Yo dimitiré cuando me canse de robar dinero público. Y así sucesivamente.

 

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