Creo que es de noche. Llueve. No veo el final del cielo pero presiento que hoy se ha vestido de negro.
Tick, tack, tick, tack. Me habla el reloj ha sabiendas de que después de tantas horas por fin nos entendemos. Tick, tack, tick, tack , es su melodía inacabada, su propio lenguaje que estando atento y con el paso del tiempo he llegado a comprender. No hay tiempo entre el tick y el tack, no hay fluir entre minutos, ni un triste goteo en la máquina del hacer días. No amanece, es de noche, no hay pintores que den gracia y luz a este día gris. Los árboles están teñidos de gris y los ronquidos sordos con de color marrón.
Abnegado, los poros inundados, se ahoga mi cuerpo con el gris oscuro del aire. Ni lágrimas me quedan ya que llorar. Mis ojos antes vivos, con las vasijas de lágrimas llenas ahora están secos como en un desierto. Solo quedan rastros de días pasados y de tanto que hace que no llueve las legañas de la última noche que dormí ahora son fósiles. Pensé en correr y salir de una vez por todas de este círculo vicioso de noche y calor, Pensé que si todo era un sueño quizás podía pellizcarme para despertar. Pienso como los que nacieron en un día de diciembre de huelga, como los que caminan analizando todo lo que sus ojos pueden registrar .
Pienso en que si todo esto es un sueño puedo caminar siempre hacia adelante hasta buscar el famoso acantilado. Pienso en soñar y buscar un supermercado abierto para comprar un pico y una pala y unos cuantos sacos para tirar abajo las paredes que de negro pintan la noche. Nada puede ser infinito ni siquiera la noche y el negro de la habitación. No hay pared que se resista, ni siquiera importa el color. Huele a luz, huele a esperanza, a luz cálida que el sol tiene en un amanecer en una playa.
Huele a tantas cosas, a tantos recuerdos que pienso si no son desvarios de mi personalidad. No recuerdo que hice ayer, ni siquiera si cerré los ojos desesperado para soñar y no ver el presente.
Da igual las horas de oscuridad, la vida como el tiempo es un ciclo.
Al final siempre amanece.

