Cada día que pasa tengo más presente un libro. ’1984′, de George Orwell. Para quien no les suene mucho, es la novela en la que aparece el personaje de Big Brother (el Gran Hermano, aunque, al parecer, la traducción correcta sería Hermano Mayor). Pues bien, parece que este personaje que todo lo vigila ha tomado el Facebook. Sí, esa red social donde nos metemos para encontrar a nuestros amigos, colgar fotos, zascandilear y echarnos unas risas.
Hoy ha salido a la luz que una adolescente norteamericana ha sido despedida por comentar que su trabajo era aburrido. Kimberly asegura que ni siquiera mencionó la compañía que la tenía contratada, pero a su jefe no le gustó mucho la opinión de la chica y le dio la carta de despido… “Si no está contenta…”, pues eso, a la calle.
No es el primer caso, hace unos meses, otro trabajador fue protagonista de una historia similar: se le rescindió el contrato por mentir sobre una baja. Dijo que estaba enfermo y luego, en su Facebook se burlaba de ello. Cuando su superior lo vio, obviamente, le llamó a su despacho y le enseñó por dónde se sale. Lógico, porque lo que hizo, además de poco inteligente, merecía castigo.
Sin embargo, el caso de Kimberly no lo veo yo tan claro. Y me provoca serias dudas sobre el uso que se le da a la red social. Algunos podrán decir que todo esto se ataja regulando la privacidad de tu perfil y no aceptando al jefe como ‘amigo’, pero… ¿Es lícito y ético que la empresa utilice tus comentarios en el Facebook para despedirte?
Es como si, un día, se metiera en una conversación privada que tú mantienes con un conocido en la calle cuando te estás quejando del mal día que has tenido y te despiede por tus lamentos, ¿no creen? Sobre todo si el uso que se le da al Facebook por parte del trabajador es estrictamente de ocio y no es un perfil de trabajo (hay empresas cuyos contratados deben tener perfil para comunicarse entre ellos, promocionar la compañía, sus productos, etc.)






