Quizá hasta del pésimo improperio se pueda extraer alguna enseñanza. Por gracia o por desgracia, los diccionarios son muy ricos en escarnios, más que en palabras lisonjeras. Peor aún, la infancia y juventud aprende y usa con más soltura las pullas que los elogios. Sólo con la edad, a veces nunca, se aprende el poder

