Una noche, hace muchas lunas, entramos muy serios y sobriamente ataviados cuatro tipos en un bar del Casco Viejo de Bilbao y el camarero se vino a nuestro lado de la barra y nos dijo con expresión de comprendernos y de aceptarnos: “¿Qué? ¿Sois gays?” Nos reímos de la burla hacia cuatro tíos que querían sobre todo ligar pero que pasaban la velada en tan densa conversación.
Pienso en bares machotes de aquel Bilbao, en viejas gradas de fútbol o en los ejércitos con la misma inclinación intelectual de aquel camarero; “¿Qué? ¿Sois gays?” Y lo mismo pensé de los partidos unionistas cuando llegué a Irlanda del Norte. Eran todos hombres y había en la provincia y en el caso de algunos diputados historias de homosexualidad escabrosa. Vamos, que tenian la pinta de encajar en el retrato del gran machote que es además antigay porque tiene una fuerte pulsión gay que reprime. Palabrería, pero es verdad.
En aquel paisaje apareció hacia 1994 una ‘queen’. Era un tipo joven y alto, con gusto por trajes estridentes y peinados con acento, y una manera de hablar que declaraba su inclinación. Trataba con la gente de la prensa. En su partido había un tipo ya mayor, que habia sido militarote y además terco.
El tipo joven emprendió pronto excursiones profesionales y vitales más allá de la provincia y el político fue elevado a las más altas posiciones honoríficas. Hace unas semanas se metió en un lío, porque al ser preguntado en una radio por una ley de homosexualidad la rechazó comparándola con la aceptación del sexo con animales.
Pero a los pocos días aquel joven ‘gay’ de su partido padece un muy grave infarto en un país asiático, donde habia tenido su última desventura amorosa y una temprana decadencia en los tinglados de la política.
Este hombre allí yacente está muriéndose solo y sus amigos en Belfast y en Londres hacen lo que pueden, muy poco, para ayudar. Pero el militarote da calladamente el golpe maestro. Entra en una comisaria de policía donde todo el mundo conoce su nomre y sus galones y ordena que se busque a la familia del moribundo, que se había roto en algún momento del pasado y con la que no tenia relaciones.
Concluye con la estampa de los padres y la hermana de la ‘queen’ en torno a la cama de un hospital en Asia esta anécdota sobre las ambigüedades del hoy, que me contó ayer un hombre en una reunión de varios hombres.

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