He detectado dos conexiones vizcainas en Manchester (United, la Liga Europa y todo eso).
La primera es una placa en el Ayuntamiento con un discurso de Dolores Ibarruri. Pueden ver la historia de este tipo de monumemtos y recuerdos pro republicanos aquí y la foto aquí. Y pueden leer aquí una interesante conversación entre padres porque una escuela ha enviado de regreso a casa a una niña por llevar una camiseta con la estampa de La Pasionaria.
La segunda conexión bilbaína es una ausencia, toma ya. En el cuatro de trofeos del Manchester United hay leones pero ninguno de San Mamés. Uno conmemora el partido contra el Sporting de Lisboa en 1964. Otro, más pretencioso, el de la Liga de Campeones contra el Olympique de Lyon, en 2008. Y el último león, horror de horrores, son dos y tiran del carruaje de Cibeles. Recuerda este trofeo el tipo de hojalatería que uno puede comprar en la plaza del Espolón como recuerdo de su visita a Logroño y conmemora el partido de la Liga de Campeones contra el Real Madrid, en 2000.
Tomando notas de los precios de un bocadillo de patatas rehogadas en grasa de vacuno en ‘Theatre of Food’, cerca de Old Trafford, el dueño me observa mosqueado a través del escaparate. Entro y le cuento que estoy escribiendo un artículo en el que invitaré a la gente que viene de Bilao a ver el partido a seguir la costumbre local de comer por el camino una ración de chips. ¿De dónde vienen? Me pregunta. Bilbao, Spain, le digo. Pueden comer nuestro kebab, sentencia.
El hincha más apasionado que conozco del Manchester United es una hincha, M. Esposa y madre de dos historiadores. Ella, historiadora de la medicina. Nació en el barrio de Old Trafford. Marido e hijo son hinchas absolutos. Ella tiene un rostro dulce y claro, una de esas miradas aceradas que se encuentran en el norte. Sabe de fútbol pero su adhesión es algo más duro e intocable: memorias de aromas, el ruido de una puerta, aquel día tan feliz,…

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