¿Les repugna esta imagen? A mí me ocurría cuando seguía con pasión el tinglado del fútbol. El Real Madrid nunca fue batido en el estadio de Atocha desde el año en el que nací hasta una noche en la que presencié la paliza que dieron a los blancos unos vecinos de mi quinta. Y además los árbitros les ayudaban. Y además, si no querías que el Madriz ganase a la Fiorentina, eras el enemigo de España. Y además todo lo demás.
Aquí no ocurriría. Le dices a uno del Liverpool que debe desear que el Manchester United gane al Spartak de Praga y te ve como el individuo más ridículo que ha conocido.
Hace ya unos años, cuando Phill Ball presentó su ‘White Storm’ en inglés, nos juntamos un grupo de corresponsales con él. Los del Madrid salieron ponderando la inteligencia de la indagación. Los otros salimos comentando que el chaval parece estupendo pero que antes beber la cicuta de Sócrates que escribir un verso de loa a Florentino.
Aquí, un Sócrates.

Aquí, Sócrates, el verdadero.

Phil fue a vivir a San Sebastián al mismo tiempo, más o menos, que yo viajaba de allí para acá. Y sus libros, desde su bien humorada y aleccionadora ‘autobiografía’ del maestro primerizo, ‘Hapless Teacher’, hasta su primero sobre el fútbol español, Morbo- lo mejor que se ha publicado en este país sobre esa cosa- son muy buenos.
En Morbo hace, en su capítulo sevillano, lo que los periodistas ‘oficiales’ nunca podemos hacer. Citar a los taxistas. Para que se hagan una idea. En este fin de semana en el que Irlanda ha votado sí al Tratado de Lisboa, he recordado que, hace mil años, no creo que era el primer referéndum sobre el Tratado de Niza pero pudo ser, un taxista me dio la mejor cita que jamás he tenido sobre las complicaciones irlandesas y europeas: “El Gobierno nos dice que por cada libra que damos a la UE nos dan cinco. Lo que no entiendo es por qué no nos dan las cuatro directamente”.
Pero no la pude meter en el artículo, porque era un taxista, sin nombre ni apellidos. En ‘Morbo’, Phil recorría Sevilla un día de partido de rivalidad local con taxistas del Betis y del Sevilla y componía un retrato excelente de la ciudad en torno al fútbol. Los buenos libros de deporte siempre tratan de algo más que del juego. ‘Morbo’ es el retrato de un país.
Leí ‘Tormenta Blanca’ en inglés. Es una indagación sana, desprejuiciada, sobre el Real Madrid, esa institución,…eeehhhh, repugnante. Qué peso me he quitado de encima.
Escribe el epílogo un buen amigo, Santiago Segurola. Y Guillem Balagué, que es el cronista del fútbol español en los medios británicos, escribe el prólogo.
En la final que jugó el Madrid contra el Bayern Leverkusen en Hampden Park, en Glasgow, descubrí con alarma en el descanso que se me había fastidiado el transformador del portátil. Cuando el partido es nocturno, como era aquel, los cronistas vemos la primera parte, escribimos en el descanso y vemos la segunda mientras escribimos, esperando que al final no haya un gol o una memez que nos obligue a cambiar todo. Nuestros colegas, tan magníficos en horas diurnas pero más tensos a medida que avanza la hora del cierre, esperan que les envíes la crónica quince minutos después del pitido final.
Sin portátil y tras escribir la crónica a mano, descubrí que el nuevo fútbol ya no permite a la vieja masa de hombres abandonar sobriamente las gradas y a los cronistas teclear en calma mientras cae la noche y se congelan los cartílagos. Hay ahora cohetes, música, megafonía estridente.
Cuando comencé a dictar la crónica a una colega de Bilbao que no sabía ni papa de fútbol- Zidane, Z de Zoroastro, I de irredento, D de dermatólogos, A de Anaximandro, N de narcotizante, E de epistemología-, tuve que que refugiarme bajo el pupitre para ver si conseguíamos oirnos.
Mientras gritaba como un energúmeno allí acuclillado, me volví y vi la perfecta hilera de los colegas alemanes, con sus abrigos de buen corte para todos los climas, tecleando con diez dedos en sus portátiles de gigaplatino. Observaban el espectáculo de mi ser como una muestra más de todos los fallidos planes de convergencia. Y me dio la risa tonta. Guillem, que me había ofrecido su portátil en el descanso, observó luego aquello con una serenidad que aún aprecio.
A quienes les interesa la sociedad del fútbol recomiendo la lectura de ‘Tormenta Blanca‘. Se deja leer con gusto.
Se presenta en La Casa del Libro, en La Gran Vía, Madrid, a las 6.30, mañana, martes.

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